Fue inevitable

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– ¿Podrías dejar de culparme por tu desliz? Yo no te obligue a besar a Sasuke… de nuevo.

El ruidito desaprobatorio que hizo Hinata, sentada a su lado, no le ayudo a sentirse mejor. Tampoco la ligereza con la que Sakura estaba tomando el tema en cuestión. Dios, quería golpear algo. De ser posible a sí mismo.

–Preferiría no hablar de este tipo de temas en un lugar tan público, Sakura-san. Muchos oídos indiscretos alrededor…

La pelirosa se llevo una mano a boca, percatándose tardíamente del lugar en que se encontraban reunidos. La cafetería de la universidad, mal lugar. Muy mal lugar.

–Lo siento, Hinata –junto sus manos frente a su rostro, pidiendo disculpas por su impertinencia a la joven frente a ella– No volverá a pasar.

Naruto, quien tenía su cabeza apoyada en el regazo de Hyuuga, se golpeo el rostro con las palmas. Le molestaba la forma tan sumisa que adquiría el carácter de su amiga de la infancia cuando la de cabellos negros estaba presente. Dios, que era tan obvia que resultaba estresante observarla.

–No te preocupes, luego me lo compensaras.

Lo dicho.

–Chicas, si van a comenzar a coquetear descaradamente frente a mí, les rogaría que lo hicieran cuando estemos los tres solos y sin público alrededor que pudiera sufrir un sangrado nasal por la escena yuri gratuita.

No necesito ver el rostro de Hinata para saber que se había sonrojado hasta las raíces del cabello por su comentario. Naruto, idiota y el sonido de sus costillas siendo golpeadas por unos tacos aguja cinco; tampoco había necesidad de preguntar a razón de que Sakura lo estaba agrediendo, de nuevo. Se frotó el lugar, buscando aminorar el dolor. La pelirosa no era conocida por su delicadeza.

– ¿Que vas a hacer con Ino?

Y ahí estaba el problema más importante y la razón principal para estar reunidos. Ino, su adorada prima; y su repentino regreso a tierras japonesas luego de tantos años en el extranjero.

–Nada –sus dedos fueron firmemente apretados por los de Hinata – No voy a hacer nada.

–Y sobre Sasuke…?

El rubio suspiró frustrado. El tema del cual no quería hablar. ¿Qué hacer? Se habían besado luego de cierta confluencia de situaciones para nada planeadas; y habían sido descubiertos por una incrédula Ino, quien no daba crédito a sus ojos –y que cuando se recupero del shock inicial lo había abofeteado para luego salir corriendo–. Más oportuna, imposible.

–No lo sé, realmente no lo sé.

Sakura se reclinó sobre el respaldo del sofá, llevándose a los labios una de las galletas de la cesta sobre la mesita de té. Hinata, frente a ella, repasaba con los dedos los rubios cabellos del Naruto con actitud ausente. La de ojos esmeralda intuía que sus pensamientos se encontraban muy lejos de ahí, en una época que ella daría todo por cambiar. Eso no fue tu culpa, Hina.

–No voy a tratar de entender tus motivos para lo que hiciste esa noche, pero si tú aun sientes algo… –dejo la frase sin concluir.

Naruto se irguió de su improvisada cama exaltada ante lo dicho por la otra.

–Yo no…

–Tú sí.

Se quedó en silencio, no sabiendo como rebatir sus palabras.

Hinata tenía un don para ver a través de él. Saber y entender cosas de las cuales ni él mismo se percataba. Siempre había sido así.

Tal vez por eso ella jamás había intentado nada mas con él, porque se daba cuenta que lo suyo no tenía futuro.

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– ¡No puedo creer que me convencieras para hacerlo!

Kushina rió ante la actitud avergonzada de la azabache. ¡Mikoto necesitaba un poco de adrenalina en su vida! Y ella como buena amiga que era, se la había proporcionado.

–Pero si sales hermosa. ¡Aun somos jóvenes y tenemos derecho a divertirnos un poco a costas de los hombres!

Mikoto dejo la tablet sobre la mesa, la cual aun mostraba las fotografías de la sesión que tuvo el día anterior, y suspiró cansada. Ahora recién se ponía a considerar las consecuencias de sus displicencias con Kushina. Fugaku no va a estar nada feliz cuando vea esto. Y no es que a ella le importara mucho su opinión sobre sus acciones, pero la familia tenía una reputación que mantener. Aunque él también ha hecho lo suyo con sus aventuras de oficina. Y con las niñeras universitarias.

Aunque su esposo hubiera tratado de mantener sus deslices extramatrimoniales fuera de su conocimiento, jamás lo había logrado. Ella lo supo desde el mismo momento en que conocía a la señorita de turno –o al asistente, su esposo jamás había discriminado en ese sentido–; no era tan estúpida como para pensar que su querido contrataba a sus empleados valorando solo sus habilidades y destrezas laborales.

–Solo espero que no hagas mal uso de esto…

–Vamos, ¿hace cuanto que nos conocemos? Tu sabes que yo jamás sería capaz de…

Pero Mikoto no pudo saber de lo que su amiga jamás sería capaz ya que Kushina, frente a ella, de pronto cayó. Su vista fija es un punto detrás de ella. Curiosa sobre que podría suscitar tal reacción en la pelirroja, decidió girarse para poder saber que era lo que la otra miraba con tanta estupefacción.

– ¿Qué. í? –dijo la pelirroja, destilando hiel en cada una de sus palabras.

–Tanto tiempo sin verte, tía. Y a usted también, querida nuera –respondió una voz cantarina

Ino sonrió radiante, sin prestar atención a la incrédula mirada de las dos mujeres mayores. Japón siempre le traía tantas satisfacciones. Lástima que no pudiera pasar más tiempo en esas tierras. Tal vez debería considerar alargar su visita. Sobre todo si podía conseguir tal expresión en la esposa de su querido tío.

–Largo de aquí, Ino. Y no pienso repetirlo dos veces. Te dije que jamás regresaras –Kushina apretó fuerte el móvil en su mano derecha. Si esa niña no salía de su vista en menos de un minuto ella no se hacía responsable de lo que ocurriera.

–Pero si usted no manda sobre mí. Yo hago lo que deseo. Siempre lo he hecho. –la rubia jugueteo con las borlas de su bufanda, e ignorando la advertencia, se sentó en uno de los sillones del lugar.

–Tal parece que a pesar de los años aun no aprendes modales. –Mikoto se levanto de su sitió, negándose a estar en la misma habitación en la que Ino Namikaze permaneciera

Ino sonrió en toda respuesta– ¿Y qué tal esta Fugaku-san? La última vez que lo vi estaba bastante cómodo con su nueva secretaria entre las piernas. Mándele mis buenos deseos.

Mikoto sabía que era muy inmaduro dejarse provocar por una jovencita que tenia la edad de ser su hija. Kushina también estaba consciente de eso; pero saber y hacer no siempre van de la mano. Y los problemas pasados muy pocas veces se pueden olvidar o perdonar. No cuando la fuente de ellos está frente a ti vestida con ropa de diseñador y una sonrisa pintada en la cara.

– Me temo que eso no es de la incumbencia de alguien ajena a la familia; ya que gracias a dios, mi hijo ya se canso de ti.

–Pero mi Sasuke no se ha cansado de mí. Él me ama. Nos amamos. Simplemente está confundido.

–Deja de engañarte a ti misma, niña. Él ya te dejó –La azabache no estaba para seguir con los desvaríos de una cría rubia con serios problemas psicológicos. Su hijo le había comunicado la gran noticia hace unos días, y ella no había podido estar más que feliz por eso.

La sonrisa que había llevado Ino desde que ingreso se borró en un segundo. La miro furiosamente, rebatiéndole con lo que ella consideraba una verdad absoluta.

–¡No lo hizo! Fue Naruto quien lo está confundiendo... Siempre trata de quitármelo, pero no lo lograra. Yo ya le gane una vez, y lo volveré a hacer –Ino se levantó del sillón –Ya lo verán. Las invitare a mi boda, no lo duden – Y sin más que decir, dio media vuelta y salió por la puerta, azotándola contra el marco.

Kushina volteó a ver a Mikoto, sus ojos reflejando la confusión que la no grata visita le había dejado.

–¿Que es lo que está loca ha dicho sobre nuestros hijos?

Mikoto solo negó, no queriendo hablar de ese tema con la otra. Tantos años se había mantenido callada, pero al parecer el destino se empeñaba en desenterrar todos los problemas que había pensado olvidar.

Kushina, cuando podré decirte que lo que paso hace casi diez años también fue tu culpa. Tuya, mía… y sobre todo de Minato.

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Naruto deslizó sus dedos por las páginas gastadas del álbum de fotos. Cuantas veces había querido deshacerse de él, pero no había podido hacerlo. Después de todo, eso era una parte de sí mismo. Una parte de su pasado que había deseado con todas sus fuerzas olvidar, borrar de su memoria. O tal vez cambiar.

¿Cuántas veces se había preguntado qué hubiera pasado si su encuentro con Sasuke hubiera sucedido en otras circunstancias? Si Ino no hubiera interferido. Si Itachi no le hubiera hecho sentir tan inseguro. Si él no hubiera involucrado a Hinata de esa manera.

Pero luego se daba cuenta de lo inútil que eso era. Lo hecho, hecho estaba.

Ino no ha cambiado nada. Sigue igual a como eran en secundaría. ¿No lo crees?

Sakura tenía razón. No es que él hubiera esperado que lo hiciera. Ino siempre había sido así. Incluso desde antes de conocerla y tratarla, él ya sabía del complejo de princesa que se cargaba su prima. Era esa una de las razones para haberse negado en rotundo a aceptarla en su casa. De no haber muerto los padres de la Ino – los cuales eran grandes amigos de su padre- muchas cosas serían diferentes en esos momentos.

Pero de no haber estado Ino ahí, tú y Sasuke-kun jamás se habrían hablado. Deberías considerar eso antes de quejarte.

¿Jamás? Podría ser cierto. Ellos no habían logrado llevarse bien durante las veces en que sus madres los habían tenido en una misma habitación. Había sido solo hasta que Ino llego a su vida –y trajo tantos problemas– que decidió acercarse a al morocho. Pasar más tiempo con él, esforzarse en ser amigos y de esa manera molestar a la rubia.

Si Ino no hubiera desarrollado una obsesión malsana con Sasuke, él no habría tenido la necesidad de fingir interés cuando el otro se le confesó; y mucho menos haber aceptado salir con él, a pesar de la relación que él tenía con la otra. Porque Ino pensaba que ya había ganado al obtener la aprobación del padre de Sasuke y una promesa de compromiso; pero él tenía los sentimientos de Sasuke, y eso siempre pesaba más.

A veces, al recordar esos días, se daba cuenta que había sido un verdadero bastardo. Pero luego recordaba todo lo que le hizo Sasuke, y sabía que no había sido el único.

Al final, ambos se habían hecho daño mutuamente.

Eran adolescentes, después de todo.

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Hinata llevaba mirando la pecera del gran salón bastante rato. No era la primera vez que estaba en el lugar, varias sesiones fotográficas en las que había participado habían ocurrido ahí mismo. Pero jamás había tenido la oportunidad de admirar la decoración por más de cinco minutos. Ahora si podía.

–No recordaba que te gustaran los peces, Hinata.

–Hya!

Se sobresalto tanto al escuchar a alguien hablarle desde atrás que tropezó con los bajos de su bufanda y se precipito al piso.

Sasuke la tomo por el brazo, evitando que la muchacha cayera.

–S-sasuke-san, mu-muchas gracias... –suspiró aliviada al ver que no había caído.

– ¿Qué haces aquí?

Hinata se soltó del agarre y arreglo sus ropas. Sus ojos pálidos no se desviaron en ningún momento mientras hablaba.

–Deseo hablar contigo, Sasuke-san ¿Podríamos ir a un lugar más privado? Es importante.

El azabache le sostuvo la mirada, esperando que como en tiempos pasados, se acobardara y terminara huyendo. No sucedió esta vez. Resignándose a tener que atender a la chica, giro sobre sus talones y comenzó a caminar con dirección a uno de los ascensores del hotel. Su habitación estaría bien. Ella le siguió.

Cuando la puerta de su habitación se cerró, Hinata se plantó frente a él y dijo lo último que había esperado escuchar de ella.

–Deberías regresar con Naruto-kun.

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