Celebración.
Enjugué un par de gotas de sudor de mi frente mientras observaba el apartamento reluciente. Sí, había pasado toda la tarde ocupada en limpiar, lavar, fregar y sacudir, pero ahora que notaba los resultados, me sentía satisfecha.
Deshice con cuidado la coleta que me había hecho antes y me tumbé en el sofá por un momento. ¿Podría utilizar el agotamiento resultado de mi jornada de limpieza para evitar todo el embrollo de 'la celebración? Mi respuesta, simple y poco placentera: no podía. Y era cierto, pues estaba cien por ciento segura de que cualquier pretexto brillante que se me ocurriera sería enviado al basurero municipal. Santana era una de las únicas personas que conseguían hacer que mis decisiones tambalearan, y eso aunado a su enorme habilidad en la manipulación y el chantaje, me hacían un blanco fácil en ciertas circunstancias.
Miré al techo blanco por unos cuantos segundos más, imaginando la perspectiva de la tarde si hubiese permanecido con el pico cerrado. Seguramente me encontraría en una galería de arte, o en una librería enorme en busca de un nuevo título, y en el peor de los casos, en cama mirando alguna película clásica, acompañada de un bowl de palomitas.
— ¡Al diablo todo! — grité como si alguien pudiese escucharme y finalmente me puse de pie , para caminar hacia el baño— Yo no quiero una gran fiesta…
Pasé un buen tiempo en la tina sin pensar nada en concreto: el sonido de una de mis listas de reproducción junto con un par de velas aromáticas hacían que todo fuese perfecto; razón por la cual prolongué ese momento todo lo posible. Finalmente salí y me cubrí con un albornoz, pues aún no tenía decisión alguna sobre mi atuendo, y mi cabello necesitaba secarse.
Justo cuando enchufé la secadora de cabello, escuché unos golpes rítmicos en la puerta. ¡Ja! Jamás llegó a formarse alguna duda sobre la identidad de mi visitante, por lo cual caminé hasta la entrada, medio cubierta por el albornoz y aún con el cabello humedecido. Hablé incluso antes de tirar de la puerta y encontrarme con ella.
— Conoces dónde se encuentra la llave secreta.
— Lo sé, pero sabes que no me gusta ser una 'intrusa'— llevé mi mirada hacia la pequeña charola de cartón que llevaba en manos y sonreí cuando vi un vaso de capuccino de vainilla con mi nombre, proveniente de Starbucks—. Hola Q.
— Rach — sin más invitación para que entrase que una sonrisa, me hice a un lado y esperé que estuviese dentro para cerrar de nuevo—. ¿Qué tal va todo?
Aquella pequeña chica de cabello castaño oscuro me miró con aquellos grandes ojos marrones, que gracias a mi pregunta se iluminaron como si se hubiese sabido ganadora de la lotería ese día.
— Nada puede ir mejor ¿puedes creerlo? Hoy recibí una llamada de parte de 'Wicked' y adivina quién resultó convocada para la próxima selección —dejó los vasos sobre la pequeña mesita de centro, y dio unos brinquitos antes de señalarse a sí misma con los pulgares—. No tienes idea de lo feliz que eso me hace.
— Créeme que imagino lo que estás sintiendo, ¡felicidades! — caminé cuidadosamente hasta el sofá, y me tumbé unos segundos, justo los suficientes para recordar que aún seguía en fachas y que, saliese o no, necesitaba estar presentable . Me puse de pie y crucé los brazos sobre mi pecho, en espera de que mi compañera me diera la pauta para regresar a mi habitación y así poder cambiarme, o que comenzara a parlotear y yo tuviese que escuchar sus relatos; en realidad estaría bien con cualquiera que fuese su elección.
— He recibido una llamada de Santana —
¡Joder! ¿Acaso podía ser más veloz? Suspiré, esta vez en señal de derrota y dejé caer los brazos a mis costados. No necesitaba saber las palabras exactas de Santana, pero las imaginaba. Comencé la caminata de vuelta al cuarto de baño y hablé con una voz un tono más agudo de lo normal, segura de que ella me seguiría .
— ¿Ah sí? ¿Qué te ha dicho?
— No mucho más que a ti, supongo —se encogió de hombros y se deshizo del abrigo gris que usaba ese día, dejándolo sobre una de mis almohadas—. Una fiesta no suena a mala idea, pero seguramente querrás hacer algo 'menos escandaloso', ¿no es así?
'Exacto'. Respondí para mis adentros y me apresuré a secar y cepillar mi cabellera. Quizá no tendría una fiesta enorme, pero si Santana quería celebrar, lo haríamos a mi manera. Caminé ágilmente por la suave alfombra que cubría la totalidad del piso de mi habitación y llegué al armario, que seguramente me sorprendería facilitando la elección de mi atuendo. Casi de inmediato encontré un vestido color salmón con un pequeño estampado a flores en la orilla, junto a un blazer negro sencillo. Eso, combinado con unas medias, y unos buenos zapatos, era lo mejor que podía vestir: aún no tenía idea del lugar exacto que visitaríamos, pero mi atuendo (ni muy formal, ni muy informal), me daba la oportunidad de pasar inadvertida fuese el sitio que fuese.
Sin más que hacer respecto a mi aspecto, regresé junto a Rachel, y me senté en la cama, junto a ella, y procurando no hacer tanto alboroto, pues ella se encontraba concentrada en la lectura de un libro que recién había dejado en la mesita de noche: Hojas de Hierba.
— Lo siento — justo después de que notó mi presencia, cerró el libro de sopetón y me miró con expresión apenada. Sonreí, enternecida por su gesto, al momento que negaba con la cabeza.
— No lo sientas. Es un libro interesante.
— En verdad que lo es.
Iba a comenzar con un comentario acerca de la trama de los poemas de Whitman, pero entonces escuché el tintineo de unas llaves al hacer contacto con la cerradura de la puerta principal; me tumbé boca abajo en el espacio restante de la cama y escondí mi cabeza en la almohada: era hora.
Agudicé mi oído y entonces percibí el sonido de unos tacones avanzar hasta detenerse en el marco de la puerta de mi habitación.
— ¿Estás lista?
— ¿Sabes Santana? Creo que deberíamos celebrar aquí. No es necesario que hagamos todo un alboroto por tres meses — Rachel se apresuró a responder antes de que yo pudiese siquiera tomar impulso para levantarme. A decir verdad, hubiese deseado que cerrara su boca: su tono, poco convencido no podía más que darle la razón a Santana en cuanto al tema de la celebración. Me impulsé con los codos hasta quedar sentada, junto a Rachel, y a unos pasos de la otra chica que nos acompañaba.
Miré a ambas con seriedad, y entonces recordé la resolución que había tomado unas horas antes.
— Podemos ir a 'Kiss & Fly'. Queda a unos cuantos minutos, y es un pub muy tranquilo.
—Lo que quieras, rubia —noté el tono exasperado de Santana, mientras la observaba mirar su reloj cada cinco segundos—. ¿Podemos irnos ya?
—¡Bien! — concluí la pequeña charla y me levanté para acercarme al armario, tomar un bolso que hacía juego a mi atuendo y dirigirme a la entrada. Estuve a punto de tomar las llaves de mi auto, pero una cálida y firme mano aprisionó mi muñeca.
—Nah, yo conduzco.
Segunda derrota del día.
Accedí sin darle más vueltas al asunto y caminé delante de ambas chicas, sin decir palabra alguna. Ahora que lo pensaba, todo parecía como una enorme conspiración en mi contra; incluso llegué a imaginar que me atarían de las manos y me torturarían hasta hacer lo que ellas quisiesen. ¡Bah!
Llegamos al estacionamiento y me detuve ante el impresionante convertible rojo, acorde a la personalidad de su dueña. Suspiré y eché una rápida hojeada a mi pequeño beatle azul metálico que descansaba a unos metros: 'esta vez no', pronuncié en su dirección y a manera de despedida mientras subía al auto de Santana.
—¿Dónde está Rachel?
— Se fue a recoger a su novio monstruo. Nos encontraremos con ella después— se colocó el cinturón de seguridad y sonrió complacida al escuchar el rugido del auto; retomó la conversación de antes a regañadientes—. ¿Dónde se encuentra ese lugar que dices?
—Toma la avenida central y anda un par de calles a la derecha, después del primer retorno.
Tomó una bocanada de aire y entonces condujo en silencio, hasta que comenzó a sonar una canción por la radio, la cual tarareó distraídamente:
Here we are again
I feel the chemicals kickin' in
It's gettin heavier
And I wanna run and hide
I wanna run and hide.
La admiré por los minutos que duró la canción; tenía una voz potente que siempre me había gustado, y, por otra parte, me encantaba el ceñido vestido negro que llegaba justo a la mitad de sus muslos. Una señal de alerta retumbó en mi cabeza, que trataba de responder a una pregunta: ¿ella o el vestido?
Sacudí la cabeza y miré a la acera que pasaba volando frente a mi mirada: no otra vez. Aquella era la segunda vez que mis pensamientos tomaban un rumbo peligroso, así que me concentré en contar todos los autos grises que pasaran frente a mí. Una idea infantil, pero efectiva para distraerme de cualquier cosa que pudiese cruzarse por mi cabeza.
Minutos después llegamos al sitio que había recomendado para esa noche, encontrando ahí el ambiente perfecto para pasar una buena noche en compañía de mis amigos. Entramos y me encargué de buscar una mesa amplia, justo para tener un buen espacio para nuestros futuros acompañantes.
— Esto es una ofensa a las celebraciones —me miró ceñuda mientras cruzaba las piernas, después de tomar asiento en un alto banco—, ¿cómo sobreviviste a la universidad?
— Justo de la manera que tú no lo hiciste — apenas pronuncié las últimas palabras, comenzó a sonar una canción pop, la cual conocía escasamente, pues sólo la había escuchado unas veces en la radio.
—¿Sabes qué? No puedo con esto — la miré levantarse del asiento, y decidí que no haría nada para detenerla: si quería hacer cualquier otra cosa, podría prescindir de mi compañía.
Lo que no esperaba era que ella tomara mi mano y me arrastrara con ella de vuelta al convertible.
— Hoy aprenderás el significado de una buena celebración…
¡Hola! Disculpen la demora, pero tuve problemas con mi portátil. Como sea, lo prometido es deuda: una 'celebración' y otras cosas ( ;) ) vienen para el próximo ep. Déjenme sus reviews, y háganme engordar xD
