Bienvenidos!

Os traigo un nuevo capitulo. Siento haber tardado tanto. Espero que el próximo no se haga esperar tanto. Deseo que os guste!

**ssnuffless**

Disclaimer: estos personajes no me pertenecen y no saco ningún beneficio con ello y bla,bla, bla. Ya se sabe! Que gracias Jotaká por prestarme a tus personajes para hacer con ellos lo que me de la santa gana xD

El auror

La habitación era pequeña pero muy acogedora. Tenia una cama pequeña, un armario lo suficientemente grande como para guardar su ropa, acceso a un baño compartido solo con Harry y un pequeño escritorio en el que poder estudiar. Sophie sonrió al pensar en ello. Estudiar. Toda su vida había trabajado duro para poder ahorrar lo suficiente como para permitirse unos estudios. Y debido a la gran deuda que su padre le había dejado al morir, cada vez veía su meta mas lejos. Mas de la mitad de lo que cobraba como camarera lo debía abonar a la compañía deudora y con el resto del sueldo debía pagar alquiler, comida y demás gastos. Y aunque se había llegado a pluriemplear para poder ahorrar un poco, veía como su meta quedaba a años luz, pues no eran unos estudios muy económicos que digamos. Harry se había ofrecido en mas de una ocasión para prestarle el dinero que necesitara o para pagar el todo el alquiler con el fin de que la chica pudiese ahorrar un poco mas. Pero ella era terca, no quería mas prestamos ni vivir a costa de nadie. Tenía que trabajar duro y ser responsable, y así algún día podría ver su sueño echo realidad. Y es por eso que la carta que le había llegado esa mañana la enfurecia.

Se había despertado temprano para desayunar con Harry y desearle suerte. El chico tenía las pruebas físicas y estaba muy nervioso. Después del desayuno el y Remus se marcharon, y Sirius se ofreció a hacerle de guía turístico por Londres. Así que había subido a la habitación dispuesta a darse una ducha cuando se topó con una enorme y preciosa lechuza gris que llevaba una pergamino y un paquete para ella.

Le arrebató la correspondencia con cierto recelo y esta alzó el vuelo veloz. Abrió el pergamino, que tan solo contenía una par de lineas escritas con una pulcra caligrafía:

"Aunque se que no deseabas nada a cambio, acepta esto como agradecimiento por lo de ayer.

D. Malfoy."

Dejó a un lado el pergamino y abrió el paquete con curiosidad. Dentro se encontraba "El manual del perfecto medimago" por la academia San Mungo. También había una lista de materiales y una carta de bienvenida con una citación:

Estimada sra. Rousseau

Le damos la bienvenida a nuestra academia. Dentro del paquete encontrará la lista de ingredientes necesarios para el curso. Le recordamos que de no haber realizado el examen básico de iniciación, debe presentarse en nuestras oficinas situadas en el ala sur del hospital para concertar una cita. Así mismo, le recordamos que el curso tendrá inicio el día 23 de septiembre. Le adjuntamos los horarios y los precios acordados tras el ingreso de su matricula.

Att. Departamento de formación San Mungo.

La chica tubo que releer la carta al menos tres veces para asimilar lo que decía. ¿Malfoy le había pagado la matricula de la escuela? ¿Por que? ¿A caso ella no le había dejado claro que no quería nada de el?

Le echo un vistazo a los presupuestos:

Estimada sra. Rousseau

Le adjuntamos los pagos del curso tal como acordamos.

Curso para la formación del Medimago.

El curso se compone de 4 años de duración. A parte del pago inicial de la matrícula, que deberá abonarse anualmente el alumno deberá correr con los gastos mensuales del curso.

-Matrícula: 29.500 galeones/año

- Materiales del aula: 59 galeones/mes

- Profesorado: 10 galeones/mes

- Tasas administrativas: 50 galeones/año

El pago mensual que deberá abonar en nuestra cuenta de gringots será de 69 galeones. Quedará exenta de pagar la matrícula y las tasas administrativas anuales, que ya han sido abonadas. Asimismo le recordamos que pese a haber corrido con los gastos de matriculación y de las tasas por los siguientes 4 años, el hecho de no realizar el pago mensual será motivo para la suspensión de las clases.

Att. Departamento administrativo de San Mungo.

En cuanto terminó de leer, tuvo que sentarse para asimilar lo que estaba leyendo. Malfoy no solo la había inscrito en la academia, si no que le había pagado la matrícula de los cuatro años que duraba el curso y de las correspondientes tasas. ¿Por que? Volvió a leer las dos lineas que le había escrito el rubio. ¿Un regalo de agradecimiento? ¡Menudo regalo! La gente no regalaba cosas así, ¡ni siquiera la conocía! No podía aceptarlo. Por mucha ilusión que le hiciera. No estaba bien. Guardó el manual en su bolsa, junto con las cartas y salió en busca de Sirius.


El reloj marcaba las once en punto cuando un hombre alto y corpulento abrió la puerta que se encontraba delante de Harry. Aunque parecía en buena forma, las pequeñas canas que cubrían su cabellera castaña y su incipiente barba delataban que ya debería rondar la cuarentena.

Harry estaba nervioso, aunque no como la mayoría de los que le rodeaban. A parte de él, se encontraban seis chicos mas o menos de su edad, y una chica menuda que no paraba de dar vueltas por la salita en el que estaban esperando. Todos ellos se presentaban a las duras pruebas para ser auror y Harry sabía que la mayoría no pasarían el examen. Incluso tenia serias dudas sobre si él realmente estaba preparado.

- Buenos días, mi nombre es Marcel Anderson. Y soy el jefe del departamento de aurores en funciones. Como la mayoría ya debéis saber nuestro jefe se encuentra recuperándose de sus lesiones así que yo seré el encargado de examinaros. El examen consta de cuatro pruebas que miden vuestra forma física y vuestros conocimientos. Así que acompáñenme que vamos a empezar.

Todos los presentes se levantaron y acompañaron al hombre hacia la zona de entrenamiento de los aurores, que era donde se realizarían las pruebas.

Severus Snape siempre había sido un hombre se costumbres. Se levantaba cada día a la misma hora, desayunaba a la misma hora y se marchaba siempre a la misma hora ha trabajar. Nunca llegaba tarde y jamás faltaba al trabajo. Solía planearse toda la semana rigurosamente y dejaba pocas cosas al azar. Le gustaba que su día a día estuviese tan meticulosamente calculado, y si le salía algún imprevisto (un cambio de horario, una cita cancelada, etc…) solía molestarse de sobre manera.

Por eso, en cuanto pudo caminar por su propio pie solicitó el alta voluntaria del Hospital de San Mungo en el que había ingresado tras el atentado. Los medimagos habían tratado de persuadir lo para que reposara en el hospital un para de semanas mas, pero el se había negado en rotundo. Lo primero que había echo al salir había sido ir al ministerio para solicitar el alta laboral. Y ese había sido su mayor quebradero de cabeza desde su salida de San Mungo. Debido a su alto cargo, le correspondía al ministro de magia decidir si se encontraba en forma para volver a su trabajo. Pero por desgracia, el actual ministro era su terco y recio ahijado, que no daba su brazo a torcer y que deseaba que el descansara mas. ¿Descansara?¿De que? Se encontraba perfectamente, salvo por su pierna izquierda que le hacía cojear de vez en cuando pero que no le suponía ningún impedimento para trabajar.

Y así había pasado toda la semana; levantándose a la misma hora, desayunando a la misma hora y presentándose a la misma hora en el despacho de Draco para acabar peleando con el (siempre a la misma hora). Pero aquella mañana fue diferente, pues a pesar de presentarse en las oficinas del ministro a la misma hora de siempre, se encontró con la sorpresa de que Draco no había llegado.

- ¿Como puede ser? Siempre quedamos a la misma hora.

- Sr. Snape el tenía asuntos que atender y me ha pedido que le diga que puede esperarlo aquí.- la secretaria, una mujer regordeta y cuarentona a la que Draco le tenía un gran aprecio, parecía estar harta de explicarle una y otra vez lo mismo.

- Pues llame lo. ¿No usa él esos apara-tejos muggles que tanto os fascinan ahora? ¿Como se llama?

- Móvil, sr. Snape. Pero ya se lo he dicho, no contesta mis llamadas así que va a tener que esperar.

Volvió a sentarse en los sofás que habían en la salita de la secretaria con disgusto. Eran ya las diez pasadas. Ellos siempre se veían a las 09.30 exactas. Nunca llegaba tarde, y Malfoy siempre se reservaba esa hora pues sabía que el se presentaría le gustase o no.

Hoy se había levantado con la convicción de que Draco claudicaría al fin, y le dejaría reincorporarse al trabajo. Además, hoy eran las pruebas para auror y Severus deseaba poder supervisarlas. No es que no confiara en Marcel pero el era algo mas blando y lo ultimo que Severus deseaba era a unos nuevos aurores blandengues que no aguantasen ni el primer asalto.

Después del atentado, sus hombres había estado investigando a los posibles autores pero no habían echo mas que dar palos de ciego. No había manera de saber quien estaba detrás de todo eso y aquello lo enfurecía.

Finalmente la puerta se abrió y apareció ante el un sonriente Draco.

- Vaya, parece que tenemos un buen día ¿eh? Espero que eso signifique que vienes dispuesto a darme el alta.

- Buenos días a ti también Severus. ¿Has desayunado?

- ¿Vas a darme el alta?

- Tal vez, pero creo que primero deberíamos tomarnos un café y charlar tranquilamente.

- Sr. Malfoy ¿quiere que les traiga café?- la secretaria se levantó dispuesta a satisfacer a su apuesto jefe.

- No Theressa, no hace falta. Iremos nosotros, prefiero charlar en publico que nunca se sabe contigo…- le sonrió de forma traviesa y eso hizo que todas sus alarmas saltasen. ¿Que narices estaba tramando el desgraciado de su ahijado?


El ministerio de magia estaba repleto de gente que corría de un lado a otro. Sophie caminaba dando grandes zancadas, y es que conforme avanzaba el tiempo su enfado aumentaba. A su lado Sirius la seguía intentando convencerla de que aceptara el regalo.

Le había explicado al moreno su situación (obviando algunos detalles como la relación pasada entre Harry y Snape) con la esperanza de encontrar apoyo. Pero este no hacía mas que repetirle una y otra vez que debía aceptar lo que Malfoy le había regalado por que según el "Puede que sea un narcisista, un interesado y un manipulador. Pero te aseguro que Malfoy esta hiper forrado, asi que creeme, para el regalarte eso es el equivalente a comprar bombones. ¿A caso devolverías unos bombones? ¡Ni hablar! Te los zamparías todos sin rechistar. Así que coje eso, que es lo que siempre has querido. Aprovecha esta oportunidad. ¡Aunque venga de Malfoy!".

- A ver, para- Sirius la cogió de brazo y le impidió que subiera en el ascensor.

- Sirius, ¡no insistas mas! Voy a devolverlo y punto. No esta bien.

- Pero es una buena oportunidad.

- Ya tendré otras. Trabajare duro, como he echo hasta ahora. Y tal vez mas adelante…

- ¿Mas adelante? ¿Cuando? ¿Cuando cumplas los cuarenta?

- ¡No exageres!

-Mira Sophie, yo se que eres una buena persona. Siempre estas dispuesta a ayudar a los demás, ¿por que no te dejas ayudar por una vez?

- Por que esto no es una ayuda. No es la ayuda de un bueno y rico amigo. Es un pago por aliarme con el para conseguir que Harry se quedara en Londres. ¡Y yo no quiero eso! Ayude a que Harry se enfrentase a sus miedos para que pudiera ser feliz. Porque es mi amigo y le quiero. Así que no necesito ningún pago. ¿Vale?

- Yo no lo veo asi. Solo es un regalo. Pero haz lo que quieras, yo no seré participe de como tiras esta oportunidad a la borda. Ve a ver a Malfoy que yo iré a ver a Remus a la tienda. Cualquier cosa, ya sabes donde estoy.

Sophie vio como Sirius daba marcha atrás. Suspiró molesta y subió al ascensor.


Harry se miró en el espejo nervioso. Intento peinarse un poco en vano. Acababa de realizar todas las pruebas y tras una pausa para ducharse, todos los candidatos debían dirigirse nuevamente a las oficinas. Allí les llamaran uno por uno para indicarles los resultados de las pruebas.

Recogió sus cosas lentamente y caminó lentamente, intentando relajarse. Ya esta, lo que tenga que ser, será! Se decía una y otra vez, pero no lograba tranquilizarse. Se sentó de nuevo en los incómodos bancos a esperar a que le llamaran.

- Potter, Harry- era de nuevo Anderson el que los citaba.

- Si, soy yo.

- Adelante.

La habitación era pequeña y sin ventanas. Había antorchas por todos lados así que estaba bien iluminada. Solo había una pequeña mesa ovalada con seis sillas a su alrededor. Debía ser una sala para reuniones. Anderson se sentó y le hizo un gesto para que el hiciera lo mismo.

- Bueno Potter. Tengo que decir que para mi es un honor poder contar contigo en nuestro departamento de aurores.

- ¿De veras? - no se lo creía. Había sido tan directo que le había desconcertado.

- Si, has echo unas pruebas excelentes. De lo mejor que he visto por aquí en mucho tiempo.

- Muchas gracias señor.

- Solo una advertencia Potter. Seras tratado como cualquier auror y no se te permitirá un trato especial. ¿Queda claro?

- Por supuesto no pretendo…-Harry no acabó su frase, pues la puerta del despacho se abrió de par en par.

-Buenos días señor. ¿Ya se reincorpora?- Anderson se levantó de su asiento.

- Si Anderson, ya no hace falta que te encargues de esto-aquella voz hizo que a Harry se le erizaran hasta los pelos de la nuca.

No, no podía ser. No se atrevía a girarse y encararse al hombre que acababa de entrar.

- Sr. Potter, deje que le presente a nuestro jefe del departamento de aurores.

Finalmente Harry se giró lentamente, intentando mostrar normalidad a pesar de que el pulso se le había acelerado de tal manera que creía que en cualquier momento podía darle un infarto.

Severus estaba prácticamente como siempre. Le había crecido el pelo lo bastante como para recogérselo en una pequeña coleta. Su semblante era serio, y su mirada estaba cargada de odio. Lo notaba. Le miró un instante fijamente, sin decir nada y con el ceño fruncido. Harry no se atrevía a pronunciar ni una sola palabra.

- Sr. Snape, este es Harry Potter. Aunque bueno, usted ya le conoce. Se de sobras que ambos lucharon juntos en la guerra. El se ha presentado a las pruebas y las ha pasado con excelente nota. A partir de hoy formara parte de nuestro departamento.- Anderson parecía contento. Sonreía abiertamente.

- Bien- Snape rompió su silencio- Dele las instrucciones necesarias, a él y a los que hayan pasado las pruebas. Les quiero mañana a las nueve en punto aquí.

- Por supuesto señor.

- Voy a ponerme al día, venga a mi despacho cuando acabe- no esperó respuesta, tras echarle una última mirada de reproche a Harry, dió media vuelta y salió de la sala.

- Disculpe Potter. Nuestro jefe se acaba de incorporar después de una larga baja.

- ¿Larga baja?

- ¿No lo sabe? Ha salido en todos los periódicos.

- He estado viviendo fuera.

- Hace un mes alguien intentó asesinarlo. Fue en la inauguración del nuevo teatro. Estaba todo planeado para que la explosión le matara a el y a los que estaban a su alrededor. Pero por suerte alguien nos alertó y pudimos evacuar el lugar. A la salida, aprovechando el caos un hombre vestido de negro atacó a Snape. Le lanzó una maldición y huyó del lugar. No pudimos atraparlo.

- ¿Una explosión? ¿Y quién querría matarlo?- Harry se horrorizó ante el hecho. ¿Y si Snape hubiese muerto? La idea de un Severus muerto hizo que a Harry le entrase miedo.

- Si. Una explosión, con un artefacto muggle. Sospechamos que aquel hombre que estaba fuera esperaba el momento indicado para activarla. Y como no salió bien intentó matarlo. Estamos investigando Potter. Si quiere mañana le daré mas detalles, puede ver los informes, tal vez usted sea capaz de ver algo que se nos escapara.

- Por supuesto. Me gustaría echarles un ojo.

- Si le interesa puedo ponerle en el caso.

A Harry no le hacía falta pensárselo mucho, no podía perder a Severus. Y si alguien había intentado matarlo una vez, era cuestión de tiempo que lo volviese a intentar. No, no, no puedo permitirlo. Se repetía una y otra vez. Por que a pesar de todo, a pesar del tiempo, Harry no había dejado de pensar en el. Jamás, ni un instante. Por mucho que intentase olvidar aquello, por muchos chicos con los que estuviese, siempre acudían a su mente imágenes de aquellos meses en los que había podido conocerle como nunca. Aquellos meses en los que el se había dado cuenta de que no se conocía a si mismo, en los que comprendió finalmente, que se había pasado la vida haciendo lo que los demás esperaban de él. Sin plantearse que era lo que quería, si era feliz. Y fue él el único que pudo abrirle los ojos. A Harry le dió un brinco el corazón y no pudo evitar estremecerse. Por mas que quisiera, no podía evitar que esos sentimientos volvieran a el. No podía evitar que sus piernas se volviesen mantequilla cuando el lo miraba, que el pulso se le acelerada y que su boca pareciera adquirir una espantosa torpeza que le hacía hablar como un orco, o peor aún, que se volviese mudo.

- Me encantaría formar parte de el caso.

- Perfecto Potter, creo que usted será de gran ayuda. Pase por la recepción y le darán un pase, los uniformes y toda la información que necesite. Le veo mañana a las nueve en punto.

- Muchas gracias- Harry se levantó y le estrechó la mano.- Hasta mañana

- Hasta mañana Potter.

Harry se dirigía hacia la recepción cuando de repente una idea le cruzó por la mente. Si alguien había intentado matar a Severus, Draco debería estar muy preocupado. Y si encima los aurores no consiguen ninguna pista del autor de los echos… ¿Cuanto tiempo faltaría para que volviesen a intentar matarle? Draco estaría haciendo todo lo posible para proteger a su padrino. Lo conocía bien y sabía que haría cualquier cosa por él. Cualquier cosa... Como engatusar-le a él para que volviese... ¡Maldito cabrón manipulador! Harry empezó a enfurecerse. Ese maldito le había engañado para que volviese.

Redirigió sus paso hacia el despacho de Malfoy. Enfurecido. Le iba a oír. ¡Maldito engatusador! Ahora Harry lo veía claro. Draco solo quería que Harry se hiciera auror para poder estar cerca de Snape. Sabía que en cuanto supiese lo del atentado el haría todo lo posible por dar con los culpables y proteger a Severus. Y no estaba errado, Harry haría cualquier cosa por garantizar la seguridad del que una vez fue su amante...


Draco no tenía reuniones ese día. Se había encargado de anularlas o cambiarlas de día. Su secretaria le había mirado como si se hubiese vuelto loco. ¿Que necesita el día despejado? Le había preguntado con curiosidad. Draco se limitó a sonreirle. Mañana tendré un día duro y lleno de interrupciones. Será mejor así.

Miró su reloj que marcaba las doce en punto y se preguntó quien vendría primero. Pero no le hizo falta pensar mucho pues la puerta de su despacho se abrio de golpe y un molesto Severus Snape entró en su despacho.

- ¿A que juegas?

-Veo que hoy no estas de humor. ¿No deberías estar contento con el regreso al trabajo? Es lo que llevas deseando toda la semana...

-No me vengas con esas. ¿Que hace Potter aquí?

-Pues... si no me equivoco ha venido para ser auror. ¿No es lo que siempre quiso?

-No me jodas Draco. Se que estas detrás de todo esto. Llevas toda la semana evitando que me incorporase al trabajo y me dejas hacerlo justamente hoy. Y que casualidad! Me he perdido las pruebas de los nuevos aurores. En las que casualmente participaba Potter...

-Severus, sabes que era cuestión de tiempo que os volvierais a encontrar...

- ¿Y tenía que ser ahora? Al menos podridas habérmelo consultado.

- No habrías aceptado. Ademas, Harry será un buen auror. Y ahora mismo necesitamos a personas como el en el departamento.

-¿Que necesitamos a alguien como el? ¿Alguien impulsivo, terco y con una facilidad innata para saltarse las normas?

- Si Severus, necesitamos a alguien así. Alguien capaz de hacer lo imposible por proteger a la gente que quiere..

Severus le miró fijamente. No dijo nada por un instante, pero él lo conocía bien. Sabía que había tocado un punto delicado.

- No me vengas con esa Malfoy.

- Solo dale una oportunidad.

- Pienso despedirlo en cuanto se salte alguna orden. Que te quede claro.

- No es sano que te guardes tanto odio Severus...

Draco oyó como la puerta de sus despacho se abría de par en par. Harry se paró en el umbral un poco sorprendido. Estaba claro que no esperaba encontrarse a Severus ahí. El rubio sonrió para sus adentros. ¡Que predecibles podían llegar a ser!

- Hola Harry- saludó levantándose de su silla.

Snape se levantó de su asiento.

- Malfoy, no pienso cambiar de parece. Asi que tu verás- tras lanzar-le una última mirada de reproche, Snape despareció por la puerta. Harry se había apartado para dejarle paso y bajó la mirada cuando el pasó.

- Harry ¿Va todo bien?

- ¡Eres un cabrón manipulador!- cerró la puerta y se sentó delante de el. El rubio volvió a ocupar su asiento.

- Vaya... ¡Me has pillado!

- Desgraciado. ¿Por que no me lo contaste?

- ¿Habrías aceptado el trabajo Harry? De haberlo sabido. ¿Lo habrías echo?- suspiró cansado- Mira Harry, es verdad que te he utilizado un poco para que volvieras. Pensé en contártelo todo pero no sabia como reaccionarías. Así que opte por omitir detalles.

Harry bajó la mirada hacia sus manos que jugueteaban con el broche de su túnica. Parecía que en su cabeza se estaba librando una batalla.

- Creo... creo que si me hubiese dicho la verdad hubiese venido sin pensarlo

A Draco le sorprendió la respuesta del chico. No esperaba aquello. Al menos no tan rápido. Perecía que el encuentro con los Weasley no solo le había brindado la paz que necesitaba para volver, también le había abierto los ojos.

- Vaya... En ese caso, lo siento. Prometo no volver a ocultarte información ni ha volver a utilizarte de esa forma.

- Esta bien Draco. Pero que sepas que me debes una por esto. Y me lo pienso cobrar- Harry se levantó sonriendo.

- De acuerdo tu dirás. ¿Te marchas ya?

- Si, hay algunos asuntos que me gustaría arreglar antes de irme.

Se despidió de Harry y le pidió a su secretaria que le trajese un café. Pensaba que Harry se enfadaría mas y que le montaría una escena pero se equivocó. Y se alegró por ello. Quizá aun hubiese esperanza en esos dos. Aprovecho su pausa para revisar su correo personal. La mayoría eran de su madre reprochando le por no visitarla mas a menudo, por no haber acudido a la fiesta de turno o por no haberse casado aun. Para ella era un horror que su único hijo no contrajese matrimonio. Su madre era una mujer de costumbres y se dedicaba a atosigarle. El la comprendía, ella estaba sola en la gran mansión, pues Lucius cumplía condena por su participación en la guerra a favor de Voldemort. Y aunque entendía que su madre podía sentirse sola y que deseaba poder volver a llenar la mansión con la risa de niños y con una perfecta nuera de buena familia, educada y familiar, el no pensaba como ella. Se centraba en su trabajo, pues a parte del ministerio debía administrar las empresas de su padre que le había quedado en herencia cuando el entró en Azkaban. No es que su hubiese dado al celibato ni mucho menos. No quería una relación con nadie. Sus relaciones solo duraban una noche. Se lo había impuesto como norma. Y realmente le encantaba.

La puerta se volvió ha abrir interrumpiendo sus pensamientos. ¿Es que ya nadie llamaba a la puerta? Alzó la vista de su correspondencia y la vio allí plantada. Se había recogido el pelo en una especie de moño echo a toda prisa, pues se le escapaban algunos mechones. El flequillo ya casi podía taparle los ojos. Draco encontraba fascinante la mirada de la chica. Aunque ahora mismo le miraba con el mayor odio que podía tener.

- ¿De que va todo esto?- le mostró un paquete que el conocía bien.

- Buenos días a ti también.

La chica recorrió los metros que la separaban para plantar le encima de la mesa el paquete.

- No lo quiero.

- ¿Por que?

- ¿Por que? Te dije claramente que si te ayudaba era por Harry. Y que no quería nada a cambio. Así que ya te lo puedes quedar.

- No te lo tomes así. Solo es un regalo de agradecimiento, nada mas.

- ¿Un regalo de agradecimiento? ¿Estas chalado o que?

- ¿Que tiene de malo? ¿No es lo que querías?

- ¿Que clase de regalo de agradecimiento es ese? ¡No es normal Draco! La gente normal no hace esos regalos.

- ¿A no?¿Y que regalan?

- ¿Que regalan? Pues... bombones, libros, una cena...

- ¿Me estas pidiendo una cita o algo?- el sonrió con picardía.

- ¡¿Que?! ¡No! Te estoy diciendo que ese no es un regalo normal y que no lo quiero.

- Pues yo no pienso devolverlo. Ademas, es de mal gusto devolver un regalo.

-¡Pues haberme regalado algo mas normal!

- ¡Que pesada con algo normal!- Draco se levantó de su asiento y se puso la túnica.

- ¿A donde vas?

- ¿No quieres un regalo normal? Pues vamos a comer anda. Que tengo hambre.

La chica le miró sorprendida.

- Tampoco estoy diciendo que...

- Basta. Te doy un regalo normal, en agradecimiento por lo de ayer te invito a comer.

- Vale, pero devolverás eso.

- No. Quieres algo normal, pues vale, me parece bien. Pero no pienso devolverlo. Haz lo que quieras con el. Aprovéchalo o desperdicia-lo. Eso ya es cosa tuya.

La chica le miró con una mezcla de sorpresa, molestia y duda. Volvió a mirar el paquete.

- Si me lo quedo no hace falta que me invites a comer.

- ¡Venga ya! Deja de marearme. ¿No querías algo normal? Pues vamos- Draco dejó escapar una sonrisa.

- Vale. Pero yo elijo el sitio- se levantó y volvió a guardarse el paquete en su bolso.

- Como quieras. Llevo discutiendo toda la mañana así que no pienso seguir haciéndolo.

- ¿Discutiendo? ¿Ya se han encontrado Harry y Snape?

- Si, al fin han vuelto a encontrarse...

Y Draco se sintió feliz por un momento. Tenía esperanza en esos dos. Y esperaba que al fin las cosas empezaran a arreglarse...


A Harry no le costó encontrar el despacho de Snape. Se encontraba delante de la puerta en la que se podía leer " jefe del departamento de aurores" . Había llegado hasta allí dispuesto ha hablar con el e intentar aclarar algunas cosas. Pero ahora que se encontraba delante del despacho, parecía que había perdido toda su determinación.

Llevaba allí mas de media hora sin atreverse a llamar a la puerta. De vez en cuando alguien pasaba por alli y se le quedaba mirando con intriga.

Finalmente la puerta se abrió y Severus apareció ante sus ojos.

- ¿Cuanto tiempo piensas quedarte ahí parado?

Harry le miró con sorpresa.

- La puerta tiene un hechizo para que pueda ver el exterior, pero al mismo tiempo no permite que se vea desde fuera Potter.

Notó como enrojecía hasta las pestañas.

- Em... bueno... yo...- de repente se había quedado mudo. No lograba que le salieran las palabras.

- ¿Tu que?- Severus se cruzó de brazos. Su rostro era una mascara inescrutable y Harry no sabia decir a ciencia cierta si estaba enfadado o irritado o lo que fuera. Le miraba con esos ojos negros tan penetrantes que le hacían sentirse desnudo y frágil.

Inspiró profundamente tratando de calmarse y de recuperar el valor que le había abandonado en el peor momento. Vamos Harry, ya es hora de que espabiles. Se lo decía constantemente.

- Quiero hablar contigo- lo dijo tan rápido que por un momento dudo si le había podido entender.

- ¿Hablar conmigo? No creo que tengamos nada de que hablar Potter- esas palabras hirieron a Harrry en el fondo de su ser.

- Pues yo creo que si- se armó de valor y entró en el despacho esperando a que Severus hiciera lo mismo.

Este dudó un instante y tras cerrar la puerta ocupó su sitio delante del moreno.

- No tengo tiempo para tonterías Potter- parecía molesto con su presencia.

- Tranquilo, seré breve. Tan solo quería disculparme por mi comportamiento en el pasado.

- Creo que es tarde para eso- últimamente todos le decían lo mismo.

- Me da igual. Sentía que te debía una disculpa, asi que lo siento. Es todo – Harry se levantó de su asiento.

- No se a que viene todo esto ahora.

- Viene por que pienso quedarme aquí. Y pienso trabajar como auror, te guste o no, por que he pasado las pruebas. Se ha acabado huir Severus- le miró con sorpresa ante la familiaridad con la que pronunció su nombre- Me parece que va siendo hora de encaminar mi vida un poco. Voy a quedarme, por que quiero recuperar mi vida. Quiero recuperar lo que un día tiré por la borda y no pienso darme por vencido. Por mucho que me digais que es tarde. No pienso darme por vencido. Luchare por recuperar lo que dejé atrás. Y eso te incluye a ti.

Harry no sabia de donde había podido sacar el valor para decirle todo eso. No había pensado bien lo que quería decirle. Pero en cuanto le vio, las palabras salieron de su boca casi sin pensar.

Snape no dijo nada, por una vez en la vida Harry le había dejado sin palabras. No quiso esperar una respuesta, simplemente se encaminó hacia la puerta.

- No tienes nada que hacer. Ya te lo he dicho. Es tarde para eso- lo dijo con un deje de amargura.

- No pienso darme por vencido- y dicho esto, el moreno abrió la puerta y salió del lugar.

Harry no podía evitar pensar que tal vez aun había esperanza. Tal vez debajo de ese manto de odio y resentimiento aún había algún sentimiento hacía el. Por que lo que ellos habían vivido había sido tan real e intenso que jamás había podido dejar de pensar en ello. Y en cuanto lo vio, después de tanto tiempo, todos los sentimientos que el creía muertos volvieron a el. Y al fin comprendió algo que en su día jamás llegó ni a plantearse; él se había enamorado de Severus Snape. Estaba perdidamente enamorado de él. Como nunca en sus veinticinco años lo había estado. Era intenso, real, tanto que la certeza de haberse dado cuenta de todo eso le hacía hasta costoso respirar. El pulso se le aceleraba y deseaba con todas sus fuerza que hubiese aun esperanza en ellos dos. Esperaba que si después de todo sus sentimientos no habían cambiado, entonces, tal vez, Severus aun sintiera algo. Por que no podía olvidarse tan fácilmente algo como aquello, tan intenso que les había dejado una huella incapaz de borrarse...


La pequeña biblioteca estaba repleta de libros y estanterías. Solo había una pequeña mesa en el centro que se encontraba repleta de libros abiertos y a medio leer. El joven que se encontraba repasando los libros llevaba una larga túnica negra y el pelo teñido de un color azul oscuro que resaltaba ante tanto negro.

- Señor... Ha venido Mikaelson a visitarle. Dice que tiene noticias importantes- su secretaria se había acercado a él discretamente.

- Bien, hágale pasar.

La mujer salió y volvió al poco seguida por un hombre extremadamente corpulento. El hombre se sentó delante de él.

- Mikaelson. Me alegro de verte. Bella dice que tienes noticias para mi.

-Si señor. Al parecer Snape se ha reincorporado hoy al trabajo.

- Interesante... Pero no veo en que nos puede afectar. ¿Todo marcha según lo previsto, verdad?

- Si, si por supuesto. Ya esta todo preparado.

- Entonces ¿Cual es el problema? ¿Por que hay uno, no? ¿O solo has venido hasta aquí para hablarme de la vuelta al trabajo de Snape?

- No señor. También quería advertirle de algo

-¿Advertirme?¿De que?

-Harry Potter ha vuelto señor. Y a partir de ahora trabajará en el departamento de aurores...

- Vaya... parece que la cosa se pone interesante- no pudo evitar soltar una risita.

A él le encantaba que le pusieran a prueba. Adoraba los retos y las competiciones. Y estaba dispuesto a ganar. Por que por mucho que el plan para acabar con Snape hubiese acabado mal no significaba nada. Aún le quedaban cartas debajo de la manga...

***Continuará***