¡Hola! Este capítulo mi amigo y yo se lo dedicamos a: Hanoi-chan! Tus dibujos nos inspiran! :D
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–Yo.– Dijo quitándose la capucha, mostrando su traje de batalla, estaba serio, su mirada no reflejaba ninguna emoción o algún pensamiento que atravesase su mente, su katana estaba en la funda que colgaba de su espalda baja.
–Que grata sorpresa, ¿No lo crees?– Esta vez Death Cannon sólo sonrió complaciente, al ver que la expresión de Hana reflejaba entre confusión y temor.
–¡Shi, ¿Qué haces?!– Preguntó Tamao mientras lo veía con una mirada de tristeza.
–Silencio.– Respondió a secas mientras se acercaba más a Hana.
–Tú… ¿Por qué, por qué… ¡Por qué!?– Gritó histérico mientras se hacía hacia atrás.
–Mitsuki, vámonos.– Dijo dándose la vuelta y comenzando a caminar.
–Jo… yo quería jugar un poco con el Equipo Hao.– Replicó mientras lo seguía con una sonrisa.
–Hoy las flores se marchitarán...– Dijo Death Cannon con una sonrisa siniestra antes de desaparecer junto con Mitsuki entre las sombras.
–No entiendo… ¡Tú no quieres hacer esto!– Gritó Manta mientras lo veía.
–No necesito que me digas quién soy, soy Shi Jaaku Kurayami, soy un arma, y debo acabar contigo.– Desenfundó su katana, estaba listo para pelear.
–¿Por qué… por qué… ¡Por qué!?–
Funbarioka, año 2004.
–¿Por qué tengo que ir?– Refunfuñó fastidiado, mientras caminaba de la mano con él.
–¡Oh vamos! ¿No estás emocionado ni un poquito?– Le preguntó dándole una cálida sonrisa.
–¡No, quiero quedarme en casa contigo y con mamá!– Respondió mientras hacía un puchero, a lo que él se rió, lo tomó en sus brazos y le sonrió de nuevo.
–Hoy comienzas el jardín de infancia, conocerás muchos niños y te divertirás mucho, ya lo verás.– Le dijo mientras él agachaba la cabeza.
–Pero… no quiero...– Respondió mientras su voz comenzaba a quebrarse.
–Hana, mi niño, te vas a divertir, ¡En serio, y comerás el rico almuerzo que te preparó Ryu!– Shi lo abrazó con fuerza al sentir que las lágrimas del niño comenzaban a salir.
–¡No, no, no, no, no!– Gritaba mientras lo abrazaba con todas sus fuerzas.
–Vamos… ya casi es hora de que entres y...– Pausó para ver su reloj. –¡Ya vamos tarde!– Gritó mientras comenzaba a correr con Hana en un brazo y la mochila en el otro.
–¿Quién es usted?– Preguntó la maestra con una dulce sonrisa mientras revisaba la lista.
–¿Eh...? ¡Oh, soy Shi Kur… Asakura jejeje!– Le dijo muy nervioso.
–¿Kurasakura? No ese apellido no está en la lista, señor.– Respondió amablemente.
–¡No, es sólo Asakura!– Corrigió de inmediato. –Joder… casi digo mi verdadero apellido… – Pensó por un momento.
–¡Ah, entonces tú debes ser Hana!– Dijo agachándose mientras que el niño no se despegaba de la mano de Shi.
–¡Eso no le importa!– Gritó sacándole la lengua.
–¡No seas grosero!– Le dijo mientras volteaba a ver a la maestra que tenía una gran sonrisa. –¡Lo siento, lo siento, lo siento!– Inclinaba la cabeza varias veces.
El día transcurrió como debía ser, llegó la tarde, osea, la hora de la salida.
–¿Y… cómo te fue?– Preguntó mientras cargaba la mochila.
–Papá...– Dijo mientras caminaba cabizbajo.
–¿Si, dime?–
–¿Los deseos se cumplen?– Preguntó mientras lo veía con inocencia, él lo pensó por unos minutos, hasta que decidió una respuesta.
–Sí, definitivamente, pero...– Shi se agachó hasta su altura y comenzó a ver el cielo.
–¿Pero qué?– Hana insistió decidido mientras esperaba la respuesta.
–Debes hacerlo con el corazón.– Le sonrió mientras se ponía de pie.
–¡Sí, yo quiero que se cumpla!– Dijo mientras levantaba el puño decidido.
–Jajaja está bien, está bien, ¡Pero no lo digas! O no se cumple.– Respondió mientras comenzaban a caminar de nuevo.
–Quiero que estemos juntos para siempre...– Pensó mientras lo tomaba de la mano.
Presente.
–¡No te lo permitiré!– Alumi atacó mientras la katana de Shi y su O.S chocaban.
–¡Yohane, Men!– Gritó Gakko que se acercaba al enemigo listo con DIVA para atcar.
–No interfieran...– Musitó Shi mientras lanzaba a Alumi lejos.
Cuando atacaron de nuevo, una especie de barrera les impidió el paso.
–¿Qué es esto?– Dijo Men, que examinaba el obstáculo.
–No podemos pasar...– Respondió Alumi mientras veía la situación.
–No… no… ¡Detente, ¿Qué demonios te pasa?!– Gritó Tamao.
–¡O.S Rokkubīsuto!–
–¡Over soul, Hana cuidado!– Gritó Ryu.
Pocos centímetros fueron los que faltaron para que Hana fuese atravesado por el O.S de Shi, que se quedó de espaldas antes de incrustar la katana en el suelo, que comenzó a elevar la tierra, Hana los evadió mientras tomaba la Futsunomitama no Tsurugi, pero no serviría de nada, sin Amidamaru a su lado, lo único que le quedaba.
–¡Onis, salgan!– Gritó, los onis salieron directo hacia Shi, que los cortó con su katana.
–Aún no tienes el nivel, eres débil, me das pena.– Dijo frío y cortante, estaba serio, su mirada no tenía expresión alguna, sus ojos rojos cada vez comenzaban a incrustarse cruelmente contra los ámbar de Hana, que no tenía de otra, Shi iba en serio.
–Esto no tiene sentido… ¿Por qué actúa así?– Preguntó Manta.
–Shi… Hana...– Susurró Tamao mientras veía la escena con dolor.
–¡No debo permitirme dejarte con vida, Asakura Hana!– Gritó mientras se impulsaba hacia él.
–¡Detente, ¿Qué te pasa?!– Gritó Hana mientras la Futsunomitama no Tsurugi y la katana chocaban.
–La espada Futsunomitama es sagrada, por lo que no me sorprende que pueda resistir el choque de Furyoku sin entrar en posesión de objetos con algún espíritu.– Dijo Shi mientras lo atacaba, Hana sólo estaba a la defensiva, no podía atacar, aunque quisiera, era una posesión de objetos contra su fuerza física.
–No lo entiendo, Death Cannon es tu hermano… pero es un desgraciado… ¿Por qué?– Preguntó mientras lanzaba más onis directo a Shi.
–Que él sea mi hermano no tiene nada que ver con esto… Yo soy el propietario de mi vida, y esto lo hago porque quiero.– Invocó a varios onis pequeños que luchaban contra los enviados por Hana.
–¿Entonces por qué?– Preguntó Hana mientras ambas armas volvían a chocar.
–Derrótame y te daré la respuesta que buscas.– Respondió a secas.
–Nunca pude comprenderte… siempre estabas tan melancólico… Shi… ¿Por qué no pudiste ver la felicidad, frente a tus ojos?– Preguntó Tamao.
–La felicidad no existe, sólo la complacencia, nos sentimos bien creando nuestra realidad perfecta, que no nos damos cuenta de lo miserables que somos realmente… Onis, Kai.– Varios onis comenzaban a salir del suelo, invocados por Shi, Hana trataba de acabar con ellos, en vano, eran demasiados, recibió el primer golpe de su enemigo, Shi lo golpeó en el rostro.
–Eres un maldito… nos engañaste durante tanto tiempo...– Dijo Ryu mientras veía la batalla.
–No es así.– Dijo Tamao. –Si en verdad lo hubiera hecho, ¿No crees que nos hubiese atacado hace años?– Preguntó mientras veía a Ryu.
–Esto es por culpa de Yvs...– Dijo Alumi.
–¿De qué hablas?– Preguntó Gakko.
–Yvs tenía planeado esto, no sé lo que quiere, pero se validó de un equipo fuerte, ¿Por qué crees que no participaron en la SF? – Esto chocó en las mentes de todos. –Ese sujeto tiene la misma edad que mi sensei, por lo que, ¿Por qué simplemente se negó?–
–Quería que participaran en la flor de maíz...– Dijo Men.
–Rayos… ¡Eso es trampa, ¿No lo crees, Alumi-san?!– Preguntó Yohane.
–No, más bien, es estrategia, lo único que puedo deducir ahora es que el supuesto maestro de Shi estaba bajo órdenes de Yvs.– Respondió mientras Silver Wing aparecía a su lado.
–¡Pero era su maestro, no él!– Reclamó Namaha.
–Idiota, su maestro conocía todo acerca de Setbusun, desde que era, hasta extrañamente poder controlar al usuario, por lo que aquellos que tienen esa extraña habilidad, cayeron en manos de ese sujeto.– Continuó la rubia mientras se cruzaba de brazos. –No me extraña que haya ido por Hana.–
–¿¡Qué!?– Todos estaban aturdidos, ninguno comprendía bien la situación.
–Mocosos, ¿No lo entienden?– Dijo Silver Wing. –Shi asesinó a su propio maestro, para mantener el Setbusun inactivo en Hana, a cambio de la vida de su maestro, como un intercambio, Yvs se convirtió en el amo de este sujeto.–
–¿Quiere decir...?– Yohane estaba confundido, no sabía ni cómo expresarlo. –¿...Que él...lo hizo para proteger a Hana...?–
–De un destino similar al suyo, después de todo, fueron órdenes de Anna-sensi y Yoh-sama.– Completó la itako mientras veía la escena, no podían hacer nada, sólo quedarse de brazos cruzados.
–¡Onis, salagan!–
–No es suficiente… invocando onis débiles sólo lograrás agotarte.– Dijo mientras se colocaba la máscara.
–¡Cállate, ¿Me estás dando clases?!– Replicó mientras los onis atacaban al enemigo, pero antes de chocar contra él, se desintegraban.
–Si invocas onis en vano lo único que lograrás será morir de nuevo, ya suficiente problemas hay como para que te des el lujo de hacer alguna estupidez, mi flor de loto.– Dijo mientras otro oni de desvanecía antes de chocar contra él. –Siempre y cuando tu corazón no sea fuerte, no lograrás siquiera tocarme.– Se acercó rápidamente a él y lo lanzó de una patada lejos.
–N-no puedo...– Dijo mientras Shi le daba puñetazos, hasta el punto de sacarle sangre.
–...– Los golpes se detuvieron, Hana estaba tendido en el suelo, sintió como Shi lo levantaba del suelo. –Vendrás conmigo.– Dijo a secas, la pared se disolvió y las garras los soltaron a todos, pero en el momento en que vieron, ya no estaban ni Hana, ni tampoco Shi.
–¡Debemos buscarlos!– Dijo Tamao, mientras tomaba a Harusame en sus manos.
–Aunque los buscáramos, no los encontraríamos, ese sujeto es rápido, no me sorprende que ya estén lejos.–
–¿Entonces qué hacemos?– Preguntó Yohane.
–Dudo mucho que lo lleve con Death Cannon, así que sólo nos resta esperar...– Respondió viendo al cielo.
Abrió los ojos lentamente, mientras veía a su alrededor, parecía un oasis, dentro de una cueva el agua era cristalina, y hablando de cristales, varios de ellos iluminaban hermosamente el lugar que reflejaba un color azul profundo.
–¿En dónde estoy...?– Preguntó levantándose, no tenía la Futsunomitama no Tsurugi, y estaba vendado del pecho. –Una herida.– Notó al tocar que con el tacto le dolía.
–Durante la batalla te dañé con mi katana.– Escuchó una voz detrás suya, inmediatamente se volteó, aunque el cuerpo le dolía bastante.
–¿Piensas asesinarme?– Preguntó estando a la defensiva, sin embargo, la herida dolía batsante, le impedía moverse.
Shi, que apareció de entre las sombras, negó con la cabeza. –Sólo quiero hablar contigo.– Respondió mientras se sentaba cerca de la orilla del lago.
–¿Me has curado las heridas?– Preguntó observando las vendas.
Él asintió con la cabeza. –Utilicé el reiki para sanarte.–
–¿Sabes usar esa técnica?– Preguntó sorprendido.
–Sí, aunque para las personas normales sea sólo una ilusión, para nosotros los shamanes es distinto, mi flor de loto.– Respondió mientras sumergía los pies en el agua, dio unos golpecitos al lado suyo. –¿No vienes?–
–Delante de Death Cannon eres un verdadero bastardo.– Le dijo sentándose a su lado, mientras sumergía sus pies en el agua.
–Eso es porque Death Cannon es bastante… diferente, sus ideales se centran en la venganza y el odio, pero es mi hermano, y lo quiero mucho.– Respondió sonriéndole cálidamente.
–Hace años que no hacemos esto...– Dijo Hana mientras veía su reflejo en el agua.
–Sin duda alguna las luces de esta hermosa cueva nos permitirán cumplir nuestro objetivo.–
–¿Eh… qué quieres decir con eso?–
–Te enseñaré a usar el rosario de los 1080 adecuadamente.–
