–¡Muy bien, una vez más!– Gritó mientras recibía otro golpe.

–¡Prepárate, de esta no te salvarás!– Respondió con otro ataque, este lo encadenó totalmente, evitando que se movilizara, lo tenía bajo control, sin embargo… se salió de control estrellando a Shi contra una roca. –Uh-oh...–

–Es… estoy bien...– Respondió saliendo de entre las rocas.

–¡Jajaja estás hecho picadillo jajaja!– Comenzó a burlarse de él, a lo que Shi simplemente sonrió.

Me alegra mucho que esté feliz y que haya logrado controlar el 1080...– Pensó mientras se levantaba. –¡Pero eso me dolió muchooooo…!

Funbarioka, año 2000.

–Hoy la Luna está triste...–

–¿Qué dice, joven Shi?– Preguntó la peli rosa nerviosamente mientras lo veía.

–Dije que hoy la Luna está llorando...– Dijo con una mirada melancólica hacia la hermosa madre de la noche.

–Pero si no ha derramado ni una lágrima.– Respondió, comprendiendo su conversación.

–Quiere verse, quiere sentirse, no, quiere ser fuerte, pero esta verdad… incluso a mí me ha partido el corazón que creí perder hacer ya tanto tiempo, y es que… cuando la Luna llora… los cerezos se marchitan...– Sus ojos se posaban en ella, sonriendo hacia aquella hermosa Luna llena que adornaba el cielo junto con las estrellas, en esa triste noche…

–Le tiene gran afecto a esas plantas, joven.– Expresó sonrojándose un poco.

–¿Plantas?–

–Sí, a los lotos y cerezos, siempre le veo cuidando mucho de las plantas de la pensión.– Dijo mientras se ponía cada vez más nerviosa.

–En el Monte Osore los cultivaba bastante… te preguntarás… ¿Cómo algo tan bello puede crecer en un lugar como ese?– Desvió la mirada hacia la pensión.

–Necesito que me ayude a cuidar de este cerezo...– Respondió mientras bajaba la mirada algo triste.

–No es un cerezo, es una flor de loto.– Escuchó que le decía antes de entrar a la pensión.

–¿Una flor de loto?– Preguntó confusa.

–Sí, los lotos son hermosos, sus pétalos son tan delicados, pero aun así… estos se atreven a flotar en el agua, antes que caer hundidos, contemplan la Luna, en espera de algo, aunque no saben qué es… esperan aquello que creyeron haber olvidado… la flor inmaculada que florece en el agua en busca de la luz es la promesa de pureza y elevación espiritual.–

–Vaya… no había pensado eso de esas flores...– Expresó ella con ilusión. –Es por eso que le gustan...– Intuyó.

–Sí, pero… creo que algunos son más difíciles que otros… después de todo, un loto siempre será libre, no hay razón para aprisionarlo, si quiere flotar en el agua, que lo haga.– Respondió cerrando la puerta detrás suyo.

–Oye, en serio lo lamento, todos sabíamos de tus planes pero… eres el único que sabe perfectamente sobre el Setbusun...–

–No te preocupes, Ryu, después de todo fue una orden de mi amo, he servido a la Familia Asakura desde hace tiempo y lo sabes.– Respondió al del tupé mientras se encaminaba a otro lugar.

–No lo haces solo por eso.– Dijo con una sonrisa.

Ya los meses pasaron como cuando las hojas de un árbol caen en otoño, tal era el caso que Tamao tenía muy presente que su idea tal vez no fue la mejor, dejar a su "esposo" al cuidado de su "hijo" y es que, era la primera vez que Shi se encargaba solo de Hana, era cierto, el niño era muy apegado a él, pero no quitaba que no estuviese quieto ni una hora, ni un minuto, ni un segundo, pero bueno, tenía que salir con Ryu hacia Izumo por órdenes de Yohmei, y las Hanagumi habían ido a visitar a su amo Hao hace ya unos días, en fin, solo quedaron Shi y Hana, y eso era lo que más temía Tamao, suspiró, estaba exagerando, ¿Qué tan difícil sería cuidar a un bebé solo? Aunque ella propiamente tampoco había estado sola desde un principio, confiaba firmemente en su novio para el trabajo, pero…

–¡Mierda, mierda, mierda, mierda, me fui por solo dos minutos y ya perdí al mocoso!– Repetía una y otra vez mientras trataba de localizar al pequeño bebé, que había perdido hace menos de cinco minutos.

En el patio, cierto pequeño andaba a gatas muy felizmente, riendo de vez en cuando al oír los gritos desconsolados de su "papá" que sin duda alguna estaría sudando frío en esos instantes, y no era broma, Shi estaba tan nervioso que empapó de sudor la camiseta roja que llevaba puesta.

–¡Hana!– Gritó. –¡Anda que si lo pierdo o el pasa algo malo me irá muy mal, no sólo con Tamao sino peor...!– Pausó unos segundos antes de hacer una cara de miseria. –¡CON ANNA!– Gritó para sí mismo imaginando lo que le pasaría si perdía al bebé.

Otra vez se rió al ver escondido entre unos arbustos como el "adulto" corría de un lado para otro, levantando todo lo que estuviese frente suyo, tirando cada cosa que obstruyera el camino, o su camino, golpeándose con la mayoría de cosas y casi destrozando otras, sí, para Hana ese era el mayor espectáculo del mundo, ver como este hombre al que veía como su padre… actuaba como un desconsolado idiota…

–Sin duda alguna estoy perdido...– Exclamó mientras incrustaba la cabeza en el suelo, dándose golpecitos continuamente, si no lo encontraba en menos de que Tamao volviera, su existencia estaría muy corta a partir de unos minutos.

Ver como se golpeaba a sí mismo, causó que el pequeño riera a carcajadas al ver como él se iba a golpear a sí mismo con una enorme roca del jardín, pero antes de hacerlo, escuchó las risitas provenientes del arbusto en donde el pequeño se escondía, esto lo enfadó un poco, Hana, que seguía carcajeándose, fue tomado por sorpresa entre los brazos del hombre, que sin duda alguna no se estaba riendo, así que se le quedó viendo directamente.

–¿Crees que fue gracioso, no, Hana?– Espetó, al parecer, estaba furioso.

Hana se le quedó viendo por más tiempo, esperando un regaño de su parte mientras se le formaba un puchero, pero, cuando el mayor sonrió y lo vio con ternura, se tranquilizó.

–No puedo enojarme contigo, mi florecita de loto, ¡Ya que lo que has hecho fue muy inteligente!– Le dijo muy contento mientras lo alzaba hacia arriba y abajo una y otra vez, cosa que provocaba sonoras risas en el infante.

–¿Qué hacéis ustedes dos aquí en el patio?– Preguntó una voz desde el pórtico de la pensión.

–¡Oh, nada Tamao, Hana y yo sólo jugábamos!– Respondió mientras lo abrazaba, pero Tamao no se creería eso tan fácil.

–Oh… ¿En serio, entonces por qué estás todo sudado?– Contrarrestó con la pregunta para que a Shi se le pusieran los pelos de punta, cosa que hizo reír a Hana.

–Ehhh… es que yo… sólo estaba… la verdad… je, pues verás, ¡Es una historia grandiosa!–

–Deberías dejar de torturarlo de esa manera, Tamao.– Esa voz fue de Ryu, que estaba detrás de la peli rosa.

–Está bien, pero más tarde me lo explicas todo, Shi.– Dio media vuelta antes de irse.

Si bien la noche podía ser muy tranquila, en este caso no era así, había una gran tormenta azotando la colina Funbari, Tamao se levantó al escuchar los lloriqueos provenientes de la habitación contigua, sabía que debía ir a calmar al tornado de la tormenta, irónico, ¿No?

–2:00 de la mañana...– Revisó el reloj que había en un mueble cercano.

Antes de entrar, se fijó en que el ruido cesó, entró creyendo que algo malo había pasado, sin embargo.

–Shi, ¿Qué haces aquí?– Preguntó mientras veía como él podía apaciguar con facilidad al niño que dormitaba en sus brazos.

–Cuando la luna llora...–

Presente.

–Lo mejor es llorar junto a ella, para que se apacigüe en armonía con uno mismo...–

Hana lo veía con una mirada bastante extraña, entre enfado y confusión, haciendo una mueca.

–¡NO TE ENTIENDOOOO!– Gritó pateándolo en el rostro.

–¡Ahhhh no patees a la gente!– Le gritó revolcándose en el piso.

–¡No hables como un idiota!– Respondió.

–¡Eso no es ser idiota, son metáforas y frases!– Reclamó aún con el pie marcado en el rostro. –¡Creí que con el tiempo lo entenderías!– Dijo con cascaditas en los ojos.

–Pues verás que no...– Refunfuñó.

–Hana, las cosas están por comenzar, quiero que sepas que F.O.M no es un chiste, ni menos es un juego donde las peleas son inofensivas, trata de controlar esos onis, porque aún no sabes de lo que eres capaz, así que por favor piénsalo, ahora que puedes usar el 1080, tienes una ventaja, pero te advierto que el camino no será fácil, porque no habrá flores en él.– Shi se levantó del suelo, se acercó a él y le puso la mano en el hombro.

–¿Entonces qué habrá?– Preguntó viendo su expresión seria.

–Espinas, mi flor de loto, espinas...– Respondió con una leve sonrisa, al momento en que Hana bajó la mirada él se la levantó de nuevo desde el mentón y se agachó un poco hasta quedar cara a cara. –Pero eso puede cambiar.– Sonrió cálidamente.

–¿Cómo?– Preguntó con melancolía. –No sé ni siquiera quién soy en realidad, y no puedo recordarlo...– Confesó con rencor apretando los puños.

–Cuando las flores abran sus pétalos nuevamente...– Vio hacia el techo de la cueva, brillante, cristalino, muy hermoso adornando aquél momento. –Los árboles entonces podrán resurgir para ayudar a que aquél loto vuelva a brillar con armonía… – Cerró los ojos, una ráfaga de viento los azotó al momento de que varias hojas cubrían el lugar.

–Armonía… con mi corazón...– Musitó comprendiendo las palabras de Shi, quién le sonrió de nuevo.

–Sólo entonces recordarás quién eres en realidad, adiós, mi niño.– Se separó de él, entrando entre la oscuridad de la cueva, una ráfaga de pétalos de loto lo cubrieron desapareciendo, de esa manera Hana pudo saber que no sería hasta otra batalla, donde se reencontraría con él.

–Adiós, "papá".–