Funbarioka: Año 2000-2001, diciembre.

Hana estaba más que fascinado con lo que veía frente a sus ojos, era algo que no había visto, pero se veía genial, era un árbol, sí, peor este tenía forma de flecha y era todo verde y grande, y por supuesto, la persona detrás de él no podía meterlo.

–¡Shi ya mete el pino a la casa!– Gritó Tamao mientras el árbol iba de atrás a adelante y viceversa, sin parar una y otra vez, pero eso sí, no pasaba de la puerta.

–¡Es que no cabe!– Gritó otra voz desde afuera, Hana volteó a todos lados buscando a la persona que gritaba, al no encontrarlo, se estaba desesperando.

–Pab… pab… pap… ¡Papá!– Gritó luego de su gran esfuerzo, sin embargo este no acudió.

–¡Tamao!– Gritó de nuevo la voz.

–¡No romperemos la puerta, así que debes hacerlo entrar a como dé lugar!– Ordenó mientras el árbol seguía atorado.

–¡Papá! – Gritó otra vez, esta vez tampoco respondió, así que un puchero comenzaba a formarse en su cara.

–¿No quieres que te ayude?– Preguntó Ryu apareciendo.

–¡Sí por favor, esta cochinada no se mete!– Reclamó la voz otra vez.

–En primer lugar él fue el que lo compró…– Dijo Matilda.

–Y también dijo que lo había medido…– Habló Kanna.

–¡Sólo métanlo que me desespera verlo ahí atorado!– Gritó Tamao mientras se iba.

–Papá…– Musitó Hana viendo a su madre, a lo que Tamao sólo vio con la ceja arqueada a la puerta y al árbol.

–Se quedará afuera hasta que meta esa cosa.– Terminó mientras iba a contestar el teléfono que acababa de sonar.

Hana se desesperó e que nadie le hiciera caso, y mucho menos que Shi apareciera por cualquier lado, así que sacó el arma más potente que tenía a la mano, o más bien, en la garganta, y...

–¡BUAAAAAAAAAAAA!–

–¡Ay qué fuerte llanto!– Gritó Ryu, en eso, el árbol mágicamente se movió, salió volando y, le cayó encima.

–¿¡Qué ocurre!?– Entró Tamao mientras veía a Ryu aplastado y a Shi clavando el rostro en el piso mientras Hana seguía llorando desconsoladamente.

–El caos en esta casa reina en menos de dos minutos…– Esa fue la voz de Manta, quién acababa de llegar a las aguas termales.

Más tarde…

–Traje los adornos que me pediste Tamao.– Dijo Manta entregándole una caja.

–Gracias, pero no hables tan fuerte…– Le dijo Tamao en un tono bajo.

–¿¡Dijiste algoooo!? – Preguntó Ryu gritando. –¡Creo que me quedé sordo!–

–Ah… olvídalo, voy a dejar la caja, ¿Puedes ir por el inútil de mi novio?– Le pidió a Manta con una sonrisa.

–Sí, claro.– Respondió este mientras se levantaba y subía las escaleras.

Manta entró en la habitación, esperando encontrarse con un caos total, ya que apenas hace tres minutos, el turbulento llanto de Hana al fin había cesado.

–Oye Shi, ¿Estás aquí?– Preguntó entrando, sin embargo, calló de inmediato.

–Shh…– Susurró este caminando despacio y suavemente mientras se mecía un poco con Hana en sus brazos, mientras este dormía profundamente.

–¡Oh, perdón! Es sólo que Tamao me envió a ver qué te había pasado.– Dijo Manta en susurro también mientras caminaba de puntillas al lado de Shi, quién veía la luna.

–Oye, ¿En serio lo entrenarás para controlar el Setsubun?– Preguntó Manta viendo de igual forma a aquella luna.

–No, por ahora no… pero cuando "eso" empiece deberé enseñarle.– Respondió mientras cubría a Hana con una mantita azul con estrellas amarillas.

–¿"Eso"?– Curioseó como siempre el enano cabezón.

–Ya lo verás Manta, ya lo verás…–

Presente.

–Hoy no hace un buen día…– Dijo Gakko.

–¿Qué te hace decir eso?– Preguntó Men Tao sin mucho interés.

–¿Bromeas, verdad?– Cuestionó el pelirrojo. –¡ESTAMOS EN EL DESIERTO!–

Caminaron por un largo rato, hasta que se cansaron totalmente, su furyoku era bajo y les dolían los pies.

–¿Cuánto falta?– Preguntó Gakko mientras el calor lo derribaba.

–No lo sé, pero "ese sujeto" nos dijo que buscáramos por aquí algo perdido…– Respondió Alumi mientras seguían su camino arrastrando a Gakko.

–¡Ahhh ya me cansé, OS…!– Hana fue detenido por un kunai que cayó cerca de sus pies.

–Ni pienses hacer Over Soul con tu estado actual, niño.– La voz provenía de algún lugar que no podían ver, sin embargo, aquella mujer encapuchada apareció a paso lento caminando hacia ellos.

–¡Es Mitsuki!– Dijo Men sacando su arma.

–Si juegas con fuego, ten por seguro que te quemarás, al menos eso dice Shi cuando quieres enfrentarte a algo a lo que no puedes vencer.– Habló quitándose la capucha, revelando esos cabellos azul oscuro, y sus ojos plateados, siempre llevando consigo sus kunais para atacar en cualquier momento.

–¡¿Cómo es que una bazofia como tú está en su equipo?!– Preguntó Hana listo para atacar.

–Shi es mi novio.– Respondió con una sonrisa macabra en el rostro.

–¿¡Qué!?– Fue lo que se escuchó detrás de todos, al voltearse, sus ojos quedaron muy abiertos.

–Mamá Tamao…– Musitó Hana al ver como Tamao bajaba el rostro, desenvainaba a Harusame, y lo elevaba de nuevo con lágrimas en los ojos.

–Eso no es verdad…– Dijo Tamao mientras le apuntaba con la punta de la espada.

–¡Ja, ¿No fuiste tú la que le dijo que fuese libre?!– Habló Mitsuki mientras todos estaban a la defensiva, sacó sus kunai y apuntó hacia Tamao. –Él es como un ave, mientras esté en una jaula, al momento de ser liberado, elevará sus alas hasta encontrar su propio nido.–

Esas palabras, sólo hacían enfadar a Tamao, y aún más a Hana, que estaba dispuesto a hacer su over soul.

–¡Ya me hartaste, O.S: ONI!– Al momento de atacar, Hana fue atacado por la garra de un oni que salió del suelo, cayó de pie, sin embargo, estaba furioso y con la mirada baja. –¿¡POR QUÉ POR QUÉ POR QUÉ POR QUÉ!?– Repetía gritando con rabia.

–Porque sí.– Respondió Shi apareciendo de entre la arena.

–Hay cosas que ustedes no entienden.– Dijo Mitsuki mientras iba al lado de Shi, reposándose en su pecho.

–¡Ya basta, te haremos justicia bastardo!– Gritó Alumi mientras hacía su O.S.

–Esto es de lo peor, Tamao-san aún…– Dijo Yohane haciendo su O.S de igual forma.

–¡Y no te perdonaremos!– Gakko ya con DIVA lista para cortar lo que sea.

–Shi, vamos a matarlos, por favor…– Le pidió Mitsuki mientras sacaba sus kunai.

–No, en primer lugar viniste aquí fuera de las órdenes de nuestro amo, y en segundo, Death Cannon está furioso, vámonos.– Ordenó dándose la vuelta, sin embargo, la Futsunomitama no Tsurugi cayó frente a él.

–¡¿Te irás, así nada más? ¡CANALLA!– Le gritó Hana histérico, furioso y más que nunca, decepcionado. –¡ERES UN TRAIDOR ¿QUÉ PASÓ CON TODO LO QUE ME DIJISTE EN EL PASADO?!– Gritó por última vez tirándose al piso. –¿Qué pasó… con lo de que nos querías más que nada en este mundo…?– Musitó mientras agachaba la cabeza, apretando los puños.

–Shi…– Dijo Tamao mientras dejaba caer a Harusame.

–Lo siento Tamao, pero el pasado… es el ayer…– Terminó antes de que él y Mitsuki se fueran en una tormenta de arena.

–Lo siento…– Le dijo Mitsuki, mientras caminaba a su lado.

–Tranquila, es el plan de Death Cannon… sin embargo…– Dijo con rencor, mientras desviaba la mirada con remordimiento.

–Shi… aún piensas en ella…– Le dijo mientras seguían caminando, él suspiró y vio hacia el cielo.

–Tamao…–

Funbarioka, año 2000-2001, diciembre por la noche.

–Para por favor…– Dijo Tamao mientras sonreía maliciosamente, realmente le gustaba sentirlo así de cerca.

–¿Por qué? A mí me gusta, me gustas…– Respondió besándole el cuello mientras la exploraba.

–Hana… podría oírnos…– Reclamó mientras tocaba sus pectorales.

–No creo que sepa qué estamos haciendo…– Le dijo mordiéndole el labio inferior. –Además, ¿Se supone que estamos casados, no? Jejeje…– Rió maliciosamente antes de hacerla entrar por completo bajo el cobertor.

–¡Buenos días!– Dijo Tamao entrando a la cocina.

–Oye Tamao, ¿Qué te pasa? Estás muy contenta Jejeje…– Dijo Manta con una sonrisa.

–Eh… bueno, sí… Jejeje…– Respondió Tamao tratando de no sonrojarse.

–¡Hola a todos, buenos días!– Saludó Shi entrando mientras cargaba a Hana que estaba medio dormido recostado en su pecho.

–Vaya, pero si los dos están igual de contentos…– Dijo Ryu entrando con el desayuno.

–Bueno… es que… – Tamao se sonrojó con una sonrisa tímida mientras trataba de ocultar su rubor.

–¡Es porque anoche ella y Drácula no durmieron!– Apareció Konchi.

–¡Sí, y qué gran escándalo hacían!– Gritó Ponchi.

–¡Konchi, Ponchi!– Les gritó Tamao furiosa y sonrojada mientras Manta y Ryu también lo hacían.

–No tiene nada de malo Jejeje… ustedes son novios, es normal, creo.– Dijo Manta al ver como Tamao los torturaba.

–Bueno sí…– Dijo Shi con una sonrisa mientras se sonrojaba.

Hana abrió lentamente sus ojos, mientras vio a la cara de Shi, lo tomó del cabello y lo comenzó a jalar mientras reía.

–¡Ay no, eso duele!– Gritó mientras su cabello era jalado ferozmente por el bebé que reía a carcajada pura de sus gestos.

–¡Hana, no!– Llegó Tamao a regañarlo. –A tu papi no le jalas el cabello así, sé que parece una palmera amarilla pero no debes jalárselo.– Le dijo con una sonrisa.

–¿Cómo que palmera amarilla?– Preguntó Shi con cascaditas en los ojos.

–¡Pues eso pareces!– Se burló Tamao mientras le daba un papel con algo escrito.

–¿Qué es esto?– Preguntó mientras lo veía tratando de alejar a Hana de su cabello.

–Es para que te cortes el cabello, se lo das al peluquero y él te lo corta.– Respondió con una mirada y sonrisa maliciosas.

–¿¡Qué, que me lo corte!?– Gritó espantado.

–Oye Manta… ¿Tú crees?– Preguntó Ryu.

–¿Qué si no conociera toda la historia pensaría que son una verdadera familia? Sí, definitivamente lo creería.– Respondió con una sonrisa.

–¡No Tamao, por favor mi cabello no!– Gritó poniéndose de rodillas.

–Que patético eres…– Dijo Tamao mientras cargaba a Hana quién se reía al verlos a ambos de esa manera.

–¡No iré a cortarme el cabello!– Le gritó mientras se ponía firme.

Más tarde.

–Ya casi terminamos…– Dijo el peluquero mientras daba unos toques finales.

–Hmmm… ¡Má, Pá!– Gritó Hana en las piernas de Tamao mientras esta leía una revista.

–Tranquilo Hana, tu papá ya casi termina y…– Pero fue interrumpida.

–¡AHHHHHHHH!– Ese fue un grito que de seguro todo el centro comercial oyó, más cuando Shi tiró el espejo y se puso en blanco al verse completamente. –¡Mi cabello!– Gritó con cascaditas en los ojos.

–Wooow…– Dijo Tamao. –¡Definitivamente hay una gran mejoría!– Dijo mientras lo veía.

–¿¡Bromeas, qué le pasó a mi cabello!?– Reclamó viendo su ahora cabello corto peinado hacia atrás.

–Te ves como un caballero.– Le dijo con una sonrisa. –Y más sexy, tu papá se ve muy bien, ¿No lo crees Hana?– Le preguntó.

–¡Papá!– Gritó Hana alzando sus bracitos hacia él, mientras este lo cargaba.

–Me veo, me siento, totalmente ridículo…– Respondió mientras se iban a casa.

Presente.

Hana estaba recostado en el pasto, había sido un día largo y agotador, no quería saber nada ni ver nada, y mucho menos a él.

–Vete, no quiero verte.– Dijo mientras cerraba los ojos.

–No vengo a verte a ti.– Respondió entre las sombras.

–¿Entonces?– Preguntó con interés.

–Quiero hablar con Tamao.–