–Tamao…– Habló entre las sombras, mientras ella permanecía de espaldas.
–Ahora sé que no debí dejarte ir hace siete años.– Respondió viendo a la luna llena, que brillaba intensamente.
–No soy capaz de amar a nadie más que a ti.– Le dijo mientras se acercaba a ella, quién comenzaba derramar lágrimas de los ojos.
Funbarioka, año 2000-1
–Buenos días cariño…– Lo besó en la mejilla, sin embargo…
–¿¡QUÉ TIENEN DE BUENOS CUANDO AYER ME CORTASTE EL CABELLOOOOOO!?– Le gritó exasperado mientras hacía de su escena una dramatización de telenovela.
–¡Shi Jaaku no seas infantil, es sólo un maldito corte de cabello!– Reclamó la peli rosa con enfado.
–¡PERO ERA MI CABELLO!– Gritó de nuevo.
–¡Parecías un estúpido león, y cuando te trataste de dejar la barba…!–
–¡Me la cortaste en la noche, sabes que tengo el sueño pesado!–
–¡Si tanto te fastidia deberíamos divorciarnos entonces!–
–Tamao… te recuerdo que… ¡NUNCA NOS CASAMOS!–
Y esa fue la gota que derramó el vaso, inmediatamente, Tamao le dio una cachetada tremenda y con los ojos lagrimosos salió corriendo de la habitación.
–Ta-ta ¡TAMAO ESPERA!– Gritó corriendo tras ella, luego de meditar sus palabras.
–Oye Shi, ¿Qué pasa?– Preguntó Manta.
–¡¿TAMAO?!– Le preguntó a centímetros de su cara.
–A eso me refiero…– Respondió alejándose. –Hace un momento entró al cuarto de Hana lagrimando ¿Qué pasa?– Le dijo señalando la puerta al final del pasillo.
–¡Tamao!– Gritó corriendo hacia la puerta, mientras dejaba al enano cabezón muy confundido.
–¡LÁRGATE IMBÉCIL!– Respondió sin quitarle el seguro a la puerta.
–¡Tamao, ábreme por favor!– Pidió tocando la puerta.
–¡Fuera Shi, no quiero ver tu maldita cara!– Fue la respuesta agresiva de su "esposa".
–Mi cerezo… no te enojes conmigo… lo que dije fue…– Pero sus palabras fueron interrumpidas de nuevo.
–¡Que te largues, no me hagas usar el "Último"!–
–Por favor…– Pidió de nuevo, a su lado apareció una bestia negra con espinas en la espalda, enormes garras y dos filosos colmillos blancos que chupaban sangre.
–¿Qué hiciste?– Preguntó mientras levitaba sus fantasmal forma.
–¡Oh, vamos Naktsune, siempre que sales quiero beber sangre y se me salen los colmillos, vete!– Reclamó tocando la puerta.
–Si más no recuerdo casi nunca salgo, de vez en cuando no está mal, además, siempre me dices que no salga enfrente de un tal Hana, ¡Y ni siquiera sé quién es!–
–¡Baka, sabes que si lo haces el Daidara no Hakuto saldría a la fuerza con tu presencia, no quiero ver el Setsubun por ahora, gracias, ahora vete que estorbas!–
–¡Sólo tira la maldita puerta! Pero bueno… me voy a vagar, nos vemos…– Desapareció yéndose por la ventana, que se cerró luego de haber pasado.
–Que payaso es… sólo pudo haberla atravesado…– Exclamó molesto mientras se rascaba la cabeza, pero de repente la puerta se abrió de golpe, era Tamao que salía con un abrigo por la ocasión, junto con Hana. –¡Qué bueno ya era hora!– Le dijo sin embargo ella no respondió.
–¡Papá abdazo!– Gritó Hana estirando sus brazos.
–No Hana, tu padre es un miserable, un desgraciado, un idiota.– Le dijo mientras seguía ignorando a Shi.
–Idi…iota... ¡iota iota iota!– Comenzó a gritarle mientras lo señalaba.
–No creo que sea bueno que le enseñes cosas así…– Respondió Shi con una gota de sudor en la nuca, mientras trataba de seguirle el paso a Tamao mientras salían de la pensión.
–¿Y quién está encargado de su educación?– Reclamó molesta.
–¡Pues los DOS!– Dijo mientras trataba de seguirla.
–No lo creo, eres una figura paterna muy negativa, eres irresponsable, idiota, infantil, testarudo, solo te preocupas por tu maldita jardinería y hablando de… ¡CREO QUE ES LO ÚNICO QUE TE INTERESA!– Le gritó de frente, aun cuando él era media cabeza más alto.
–¡Tamao las plantas no los son todo para mí!– Contradijo seguro.
–¿Entonces qué?– Le gritó de nuevo.
–¡BUAAAAAAAAA!–
–¡Mira lo que hicist…!– Tamao fue interrumpida, mientras Shi los abrazaba a ambos con fuerza, mientras Hana se tranquilizaba lentamente aferrándose de su playera.
–Los son ustedes, Tamao, no importa si soy tu esposo o tu novio, para mí ustedes los son todo, haría cualquier cosa por verlos felices, qué importa mi cabello, de crecer tiene, y cuando lo haga, lo cortaré de nuevo, si eso te hace feliz, entonces lo haré.– Le dijo aflojando el abrazo, pero sin soltarlos.
–Shi…– Musitó ella con lágrimas en los ojos, mientras él la besaba tiernamente en los labios.
–Shh… no se diga más, vamos a casa, que hace frío.–
–Baka, solo tú saliste sin abrigo.– Le dijo con una sonrisa.
–Bueno, déjame ir por él y nos vamos a comer afuera, ¿Si?– Le preguntó mientras veía como la nieve comenzaba a caer.
–Sí, como tú digas, mi amado esposo.– Susurró con una sonrisa mientras veía como Shi corría hacia la pensión.
Presente.
–Shi… tu cabello…– Dijo ella en cuanto vio como él se quitó la capucha.
–Aunque me desagrada un poco… siento que me parezco a Death Cannon.– Dijo con una ceja arqueada.
–Jejeje tienes razón, que mal hermano tienes, pero es tu familia…– Dijo viendo a las estrellas.
–No, no, mi familia siempre ha sido otra, familia no es tu sangre, es quienes están contigo y a quienes amas.– Respondió con una sonrisa.
–Entonces, si es así… Vuelve, vuelve Shi, por favor, Hana y yo te queremos de regreso…– Pidió ella, mientras lloraba al momento de abrazarlo, Shi abrió los ojos de par en par, mientras se quedaba quieto, sin duda alguna, lo que le habían pedido había sido algo muy difícil de contestar.
Funbarioka, año 2000-1.
–Papá… papá… papá…– Decía una y otra vez mientras le toqueteaba la mejilla.
–Hmm… buenos días mi niño lindo…– Respondió entreabriendo los ojos mientras se volteaba.
Hana infló sus mofletes mientras fruncía el ceño. –¡Papá papá papá papá iota, papá iota!– Gritó tirándosele encima.
–Uff… menuda palabra que aprendiste…– Dijo con desgano mientras lo abrazaba y le daba un beso en la mejilla. –No la digas, es mala.–
Tamao servía el desayuno, mientras prendía el televisor se sentó, y a los tres segundos.
–Buenos días…– Bostezó con el cabello alborotado hacia arriba, y unas ojeras.
–Hola Shi, ¿Cómo dormiste?– Preguntó tratando de aguantarse la risa.
–Jaja, muy graciosa.– Sarcasmo evidente. –Tu hijo llegó a despertarme, luego se me tiró encima y me dijo idiota, ¿De dónde habrá aprendido esa palabra, por cierto?– Preguntó viendo como Tamao debió la mirada rápidamente.
–Mejor come, que se enfría.– Respondió nerviosa.
–Ajá…– Dijo sentándose a su lado, no sin antes plantarle un beso en los labios.
–Vaya, parece que ya no lloras por tu cabello.– Comentó la peli rosa.
–Ni me lo recuerdes…– Respondió con cascaditas en los ojos.
–Hay cosas que no entiendo de ti, ¿Qué de importante es tu cabello?– Preguntó Naktsune apareciendo a su lado en forma de hitodama.
–Lo es, y mucho.– Respondió mientras la bola se iba volando por la ventana.
–Le das mucha libertad a tu espíritu.– Comentó la peli rosa.
–Tú también, ¿Dónde están Konchi y Ponchi, por cierto?–
–¡BUAAAAAAA!– Se oyó de repente, Shi y Tamao se pararon al instante, mientras corrían hacia el lugar de donde provenían los gritos.
Cuando llegaron al lugar, Konchi y Ponchi estaban tendidos en el suelo, cada uno con un chinchón enorme en la cabeza, mientras Hana lloraba desconsoladamente , al ver a Tamao y a Shi, extendió sus manos hacia ellos, Tamao lo tomó en sus brazos y comenzó a mecerlo suavemente, mientras Shi acariciaba su pelito rubio.
–¿Qué pasó?– Preguntó Shi desconcertado el ver a los espíritus.
–Ese mocoso…– Dijo Konchi.
–Tiene una patada de lo peor…– Completó Ponchi.
–Pues claro, ustedes le dan miedo con esas caras de depravados.– Respondió de mala gana Tamao mientras seguía tranquilizando a Hana, que se aferraba a ella ocultándose de los espíritus.
–¡Oh vamos, no somos tan malos!– Dijo Konchi.
–Pues no lo son, pero incluso andan sin ropa, eso da asco.– Dijo Shi.
–Shi…– Dijo Tamao.
–¿Si amor?– Preguntó con una sonrisa.
–Se nos olvidó algo…– Comentó.
–¿A sí, qué?– Preguntó con curiosidad.
–Se nos olvidó comprar la despensa, esta semana nos tocaba a nosotros…– Dijo mientras salía de la habitación junto con él, dejando a los espíritus pasmados en el suelo, mientras Hana les sacaba la lengua aún con lágrimas en los ojos.
–¿Estás lista?– Preguntó Shi mientras secaba la cara de Hana con un pequeño pañuelo.
–Sí ya casi.– Respondió dentro de la habitación.
–Ok.– Respondió. –No debes golpear a Konchi y a Ponchi, son los espíritus de mami, así que no, ¿De acuerdo?– Le preguntó mientras lo cargaba y le besaba la frente.
–¡Mira eso, y eso, es hermoso, hay que comprarlo!– Dijo Tamao mientras metía a miles de tiendas.
–Tamao ya me cansé… yo cargo todo y encima estoy cuidando de Hana…– Dijo con cascaditas en los ojos.
–Bueno pues entonces siéntate y espera aquí con Hana.– Dijo mientras se iba.
–Mami…– Dijo Hana viendo como Tamao se iba, a punto de estallar en llanto.
–¿Eh? ¡No, lo menos que quiero ahora es un berrinche tuyo, ven!– Le dijo tomándolo en sus brazos y sonriéndole. –Mami se fue a comprar cosas… eh… importantes… así que no tarda en regresar, no llores.– Le pidió mientras no dejaba de sonreír, Hana parpadeó un par de veces y luego…
–¡BUAAAAAAA!–
Más tarde.
–¿Dónde estás? ¡Te voy a encontrar!– Decía mientras caminaba por la pensión como si fuese un monstruo.
–¿Todavía no? Shi, deja de jugar, es hora de que Hana se valla a la cama.– Sentenció la peli rosa.
–Sí Tamao, pero es bueno que los niños hagan actividades recreativas antes de dormir, así duermen más tranquilos.– Respondió con pose triunfante.
–Eso lo leíste en una revista en el centro comercial.– Dijo mientras Shi entraba en su zona de depresión en una esquina rodado de un aura negra.
–Hora de dormir.– Sentenció Shi mientras tenía un chinchón en la cabeza.
–¡No!– Gritó Hana mientras hacía un puchero.
–Que sí…– Respondió sobándose. –Fue tu mamá la que lo ordenó, y por eso me pegó…– Dijo con cascaditas en los ojos.
–¡No, no, no, no, no!–
–Sí, sí, sí, sí y cuantos más "No" digas, más "Sí" obtendrás.– Le dijo recostándolo mientras Hana hacía un puchero más grande y se cruzaba de brazos.
–Hmm…– Se le quedó viendo enojado.
–No me pongas esa cara, ya es tarde y tienes que dormir, y yo pues, tengo que ponerme hielo en la cabeza…– Dijo mientras se levantaba.
–Papi…– Llamó, Shi se volteó.
–¿Qué?– Preguntó a secas.
–¡Te quiedlo!– Le gritó mientras estiraba sus brazos hacia él.
Shi sonrió con ternura. –Yo también te quiero hijo, que descanses.– Respondió dándole un beso en la frente y saliendo.
Presente.
–¡Fueron más de TRES HORAS metidos en esa jodida cueva!– Gritó Gakko.
–Y a pesar de todo no encontramos nada de lo que dijiste.– Dijo Yohane.
–Eh… bueno es que…–
–Adelántense yo llego en un rato.– Dijo Hana apartándose de ambos.
–¿A dónde vas?– Preguntó Gakko sin mucho interés, ya sabía la respuesta.
–Eso no te interesa, idiota.– Respondió mientras caminaba en dirección contraria.
Gakko y Yohane caminaban hacia el hotel donde se hospedaban, en donde estaban Tamao, Ryu y al parecer había llegado Manta con alguien más, al verlo…
–¡AHHHHH!– Gritó Gakko exasperado.
–No… es… posible…– Musitó Yohane.
–¿Qué ocurre, por qué les sorprende tanto, par de idiotas?– Preguntó Alumi.
Pasaron varias horas, y Hana decidió volver al hotel, esperando siempre encontrarse con las mismas cosas aburridas, abrió la puerta…
–¡Ya llegué!– Gritó.
–Bienvenido, Hana.– Dijo Tamao más sonriente que de costumbre.
–Mamá Tamao ¿Qué o…?– Pero se detuvo al ver lo que tenía delante de sus ojos.
–Okaerinasai, Hana-chan.– Respondió la persona saliendo del comedor, realmente aquello era algo que nadie esperaba.
Continuará…
