–¿Qu-qué estás… ¡Haciendo aquí!?– Le gritó mientras lo pateaba hasta enviarlo hasta el fondo de la habitación.
–Ufff… supongo que no me esperaba que respondieras así.– Dijo con ironía mientras se quitaba el polvo de encima.
–¿¡Qué le vives metiendo patadas a medio mundo!?– Le gritó Gakko, a lo que recibió una patada.
–Hana, me alegro de verte más fuerte que la última vez.– Le dijo mientras se acercaba.
–¿Y tú qué me dices, idiota, por qué estás aquí?– Le preguntó mientras se cruzaba de brazos.
–Shi vino a entrenarte.– Le respondió Tamao con una sonrisa.
–¿¡Quééé!?– Gritaron Yohane y Gakko al mismo tiempo.
–C-creí que Shi-san era el enemigo…– Dijo Yohane sorprendido.
–Entonces… ¿Po-por qué enseñarle a Hana?– Preguntó Gakko.
–Él ya no está más al servicio de Death Cannon.– Respondió Manta. –Yo lo traje hasta aquí.–
–¿Cómo?– Preguntó Hana viéndolo sorprendido.
–Digamos que mi hermano y yo, tuvimos un acuerdo.– Respondió a secas.
–Me alegra que estés aquí de nuevo, volviste, tal y como lo prometiste.– Le dijo Tamao mientras lo tomaba por el brazo.
–Es mi deber obedecer a mi amo, a mi verdadero amo.– Completó con una sonrisa.
–¿Tu amo?– Preguntó Yohane.
–Se refiere a Yoh-sama.– Intervino Alumi quién aparecía con Silver Wing.
–Hmmrrr…– Gruñó mientras fruncía el ceño.
–Bueno, basta de ello, Alumi, ¿Por qué no mejor nos relajamos?– Propuso Tamao mientras todos se dispersaban.
–Seguirás siendo un idiota, ¿Oíste?– Amenazó Hana mientras se daba la vuelta.
–No esperaba nada más.– Le respondió. –Por cierto, quiero recordarte, que no te fíes de esa actitud que tienes, niño.– Sonrió mientras se volteaba.
–¡No soy un niño!– Le gritó con una venita en la sien.
–Jejeje, no te alteres, pareces un viejo ahora.–
–¡Tú eres el viejo!– Respondió con confianza.
–¡Tengo veintiocho años mocoso, no estoy viejo!– Reclamó enfadado.
–Sí claro, viejo tonto, ¿No es así, Shi-dad?–
–¿Cómo me dijiste?– Se volteó al oír eso.
–¿Qué, te molesta? A mí no, así que te acostumbras, para mí eres mi padre.– Dijo de lo más normal con una pequeña sonrisa mientras Shi desviaba la mirada con un leve sonrojo.
–¿No me queda de otra, verdad?– Cuestionó cruzando los brazos.
–Parece que no.– Respondió Tamao con una sonrisa.
–Por cierto, Shi-dad…– Habló Hana mientras tenía una sonrisa macabra. –Me debes varios regalos de cumpleaños y navidad.–
–…–
–¡BAKAAAAA!– Y ese fue el golpe de Tamao.
Más tarde, Men se encontraba viendo las estrellas, mientras el viento soplaba, Bason y Shamash estaban a su lado, preocupados por aquello que le ocurría al chico.
–¿Cuánto tiempo estarás ahí parado, Shi?– Preguntó el Tao.
–El tiempo que quieras, hasta que decidas hablar.– Respondió entre las sombras.
–Ahh…– Suspiró. –Está bien, Bason, Shamash, váyanse.– Ordenó y los espíritus desaparecieron.
–No cierres tu corazón, Men Tao.– Le dijo mientras se acercaba. –¿Puedo sentarme?– Preguntó viéndolo con una sonrisa.
–Adelante.– Respondió a secas.
–Lamento lo de tu madre.– Le dijo viendo las estrellas.
–¿Conociste a mi madre?– Preguntó Men tratando de que su voz no se quebrase.
–Sí… los Soldados X trataron de asesinarme en su momento, ya que servía al Rey Shaman, pero ella… no era tan mala, solo quería lo mejor para todos, pero no se daba cuenta de que para ello lastimó a muchos.– Explicó con una voz suave.
–Nunca hablé de esto con nadie, ¿Por qué te lo cuento entonces?– Preguntó bajando la mirada.
–Llorar está bien, Men, así que adelante.– Le dijo con una sonrisa.
–¿¡Quién dice que quiero llorar!?– Le gritó.
–No puedo verlas pero puedo saber que lloras.– Comentó riendo un poco.
–¿Cómo lo sabes?– Sollozó molesto.
–Haces lo mismo que hacía Hana, baka.– Sonrió mientras veía la rosa en su mano. –¿Sabes? Se dice que cuando una rosa abre sus pétalos en tu mano, significa que algo bueno pasará.– Le dijo mientras Men levantaba la mirada.
–¿¡Qué tonterías dices!? ¡Me habían dicho que hablabas como un estúpido pero no creí que…!– Se cortó al sentir como Shi colocaba su dedo índice en su frente, mientras sus lágrimas corrían por su cara, colocó la rosa en sus manos, en inmediatamente esta se abrió.
–¿Ves? Conmigo no pasó nada, pero a ti, esta rosa te dijo que algo bueno se acerca, Men, no olvides quién eres por ocultar tus sentimientos.– No sonreía, pero Men pudo sentirse extrañamente mejor, hasta que vio la rosa, y le sonrió.
–Ahora entiendo por qué tú.– Sonrió levemente.
–Tal vez, pero, ¿Qué harás ahora?–
–Hmp, no me rendiré, soy un Tao.– Dijo orgulloso.
–Está bien, pequeño guerrero.– Rió a lo que Men se sonrojó.
–Será mejor que entre, tú ve cuando te sientas mejor, te enseñaré algunas cosas si quieres, quiero ver ese over soul tuyo.– Se paró y se fue, mientras Men sonreía viendo la rosa en su mano.
–Mamá...–
–¡Ahhhh, eso no es justo, hiciste trampa, lo sé!– Gritó mientras se paraba y le apuntaba.
–Perdiste, y no hice trampa jajaja, eres bastante terco…– Le dijo mientras se levantaba. –Mejor vamos por algo de beber, ¿Ok?–
–Sí, vamos.– Respondió mientras lo seguía.
Hana y Shi caminaban por las calles, mientras las luces de la ciudad y el tránsito hacían ruido, las personas caminaban y el frío se hacía muy presente.
–Qué ruidosa es Norteamérica.– Dijo Hana mientras veía a los autos pasar.
–Jejeje, no te sorprendas, Japón es igual, solo que nunca lo has visto así.– Respondió Shi mientras bebía de su café.
–¿Por qué lo hiciste?– Preguntó de repente.
–¿Qué cosa?–
–¿Por qué te fuiste en realidad?–
Shi suspiró levemente mientras volvía a beber. – Verás, a veces no necesitamos algo, y por eso creemos necesitarlo, yo creí que mi hermano era algo que yo necesitaba a mi lado, y por eso me quedé con él en lugar de volver, lo siento mucho.– Le dijo mientras veía al cielo.
–No te preocupes por eso, Shi-dad.– Respondió.
–Aún no has arreglado ese conflicto en tu corazón, ¿Verdad?– Intuyó con una sonrisa.
–¿Conflicto?– Preguntó Hana mientras se confundía.
–Y con tu padre.– Completó.
–No tengo ningún conflicto contigo.– Respondió desviando la mirada.
–Hana…– Insistió sin quitar su sonrisa.
–Está bien, está bien, ¿Por qué te interesa qué siento por el idiota?– Preguntó sin interés.
–Hana, es tu padre.– Le dijo con una gota de sudor en la sien.
–¿Y qué? Lo he visto… Nunca, casi nunca, para mí ese sujeto no es nadie.– Respondió con una sonrisa triunfadora.
–Veo que sigues siendo igual de orgulloso, niño.– Le dijo con una leve sonrisa.
–Y tú igual de idiota.– Sonrió mientras le daba una patada.
–¡Ah, que no hagas eso!– Reclamó de inmediato sobándose el rostro.
–¿Por qué no? Jajaja me divierte.– Dijo con una sonrisa confiada.
–Ya verás mocoso, eso dolió.– Le dijo bufando mientras se cruzaba de brazos. –A propósito, ¿La chica Apache que está en tu equipo es tu prometida, no?– Sonrió pícaramente mientras Hana se sonrojaba a más no poder.
–¡CÁLLATE!– Hana calló al momento de sentir la mano de sentir la mano de Shi sobre su cabeza, lo veía con una sonrisa.
–Estoy orgulloso de ti, realmente te has vuelto muy fuerte.– Expresó mientras lo despeinaba un poco.
–Gra-gracias.– Dijo sonrojándose. –Me alegra que estés de vuelta.– Completó desviando la mirada.
–Vamos, se hace tarde, mi flor de loto.– Completó con una sonrisa mientras comenzaban a caminar.
–Parece que volvieron.– Dijo Gakko al oír la puerta.
–Hana-kun se veía más contento que de costumbre.– Dijo Yohane.
–ES obvio, por mi parte está bien, Shi-sempai es un buen espadachín, puede enseñarles algunas cosas para sacar ventaja.– Habló Alumi junto a Silver Wing.
–Lo más probable es que también les enseñe como matar gente jajaja.– Dijo el pájaro recibiendo un golpe de su shaman.
–Bienvenidos.– Dijo Tamao mientras se sentaba en un sofá, tenía el cabello mojado y lo peinaba delicadamente, mientras Hana y Shi entraban, el segundo, sonrojándose.
–Oye Hana, ¿Por qué no vas por unos postres para todos, eh?– Le dijo sacando de su pantalón una billetera y entregándole el dinero.
–¿Y crees que yo sé dónde queda la repostería?– Preguntó de mala gana.
–Naktsune, guíalo por favor.– Ordenó a su espíritu mientras la hitodama se iba al lado de Hana.
–¡Ah que cosa tan fea jajaja!– Se burló mientras lo veía.
–Así que tú eres Hana, valla mocoso, pareces todo un problema.– Respondió mientras ambos se iban.
–¿No dirás nada?– Preguntó Tamao cepillándose mientras sentía como él se sentaba a su lado.
–Te ves igual de hermosa de cómo te recuerdo, tal vez más.– Le dijo tomando mechones de su cabello y oliéndolos suavemente disfrutaba del aroma.
–Me preguntó qué habrás hecho con tu hermano.– Divagó.
–Seguramente Death Cannon ha de estar furioso.– Volvió a oler su cabello. –Tu cabello huele bien, Tamao.– Habló acariciándole la espalda mientras ella pasaba su mano por su mejilla delicadamente.
–Te tardaste siete años, vaya que puntual eres, dijiste "nos veremos pronto".– Habló divertida sintiendo como él comenzaba a besarle el cuello.
–Siete años no son mucho…– Respondió mientras la besaba en los labios.
–No, no fue casi nada.– Completó mientras ambos se recostaban en el sofá de esa habitación, por donde la luz de la luna, y la leve nevada que caía los dejaba en completo silencio, por fin se tenían uno al otro de nuevo, por fin podían entregarse totalmente, bueno casi, ya que...
–¡AHHHH ¿QUÉ ESTÁN HACIENDO?!– Gritó Hana al lado de Naktsune mientas veían la escena.
–¡Hana!– Gritó Shi mientras él y Tamao se cubrían.
–¡HANA ESTÁS EN PROBLEMAS!– Gritó Tamao. –¡ÚLTIMO SHUGEN!–
