–La próxima vez, uno de los dos caerá jeje, y ese no seré yo.– Dijo muy confiado.

–Sigue hablando, idiota.– Respondió con la Futsunomitama no Tsurugi en la mano.

–Gakko-kun y Hana-kun sólo se la pasan jugando…– Dijo Yohane, que los veía desde el barandal alejado del agua congelada.

–Lo más probable es que si uno de los dos cae al agua pesca un resfriado.– Respondió Men, viéndolos hacer tonterías.

–¿Tú qué dices, Alumi-san?– Preguntó Yohane, ella simplemente sonrió.

–Hana se va a caer.– Les dijo dándose la vuelta, luego de eso se escuchó un chapuzón de agua.

–¡Achú!– Estornudó por centésima vez, succionando nuevamente la mucosa que se generaba en su roja nariz.

–¿Qué hiciste que te enfermaste así, Hana?– Le preguntó Tamao tomándole la temperatura.

–Eso no es asunto tuyo.– Respondió hablando con un tono ronco y debido a la nariz congestionada no se le entendía muy bien, sin embargo recibió un pequeño golpe por atrás. –¡Auch!–

–Oye mocoso, respeta a tus mayores.– Le dijo mientras llevaba una bolsa de plástico con una caja dentro.

–Shi, ¿Trajiste lo que te pedí?– Preguntó Tamao con una sonrisa.

–Por supuesto que sí, ¿Sabes cuánto cuesta encontrar esta estúpida inyección?– Respondió viendo la pequeña caja.

–¿Inyección?– Preguntó Hana volteándolo a ver.

–Así es, inyección… espera… ¡Jajaja se me había olvidado, te dan miedo las inyecciones!– Comenzó a carcajearse.

–¡Eres un idiota!– Le gritó tratando de patearlo.

–¡Ya basta, Hana, pórtate bien, y tú, Shi, compórtate de tu edad!– Les pegó a ambos.

–Tranquila, sólo era una broma.– Respondió sobándose el chinchón que ahora tenía.

–Bueno, te pondré la inyección.– Dijo Tamao preparando la aguja.

–Ehh… ¡No la quiero!– Respondió el chico cruzándose de brazos. –Estoy perfectamente bien.–

–Claro que no, además, no puedo entrenarte si no te curas, así que póntela.– Ordenó Shi tomando su brazo y extendiéndoselo a Tamao.

–¡Oye no, ¿Qué haces?! – Gritó viendo la cosa esa acercarse a su brazo y... moviéndolo instintivamente.

–¡Oh vamos, quédate quieto!– Ordenó la pelirosa.

–¡Qu-que no la necesito!– Gritó de nuevo moviéndolo otra vez.

–Menudo rollo…– Musitó Shi, y luego, le hizo una llave.

–¡Déjame ir!– Le gritó tratando de patearlo de nuevo.

–Lo siento pero esto es por tu bien…– Y no supo cómo, recibió la patada.

Funbarioka, año 2004.

–¡No quiero no quiero no quiero no quiero!– Gritaba mientras le daba patadas y puñetazos.

–Arg, ¡Ya quédate quieto, sólo serán unos minutos!– Respondió, la verdad era que la espalda ya le dolía.

–Hana, ni siquiera has entrado a que te pongan la inyección y ya te estás quejando.– Dijo Tamao mientras leía una revista del consultorio.

–¡Pero no quiero, no, no, no!– Y dio una patada al aire, que dio en el rostro de Shi.

–A este paso se me caerá la nariz…– Susurró sobándose.

–¿Asakura?– Llamó la enfermera.

–¡Aquí!– Respondió Tamao.

–Bien, pueden pasar.– Respondió con una sonrisa mientras se iba.

–¡Bien, esto terminará pronto!– Dijo Tamao mientras caminaban hacia adentro.

–Hola buenos días.– Saludó el doctor.

–Hola, ¿Podemos terminar con esto ya?– Preguntó Shi tratando de detener a Hana que le seguía metiendo patadas.

–Jejeje veo que su hijo tiene mucha energía…– Sonrió el doctor. –Dime, ¿Le tienes miedo a las inyecciones?– Preguntó y recibió como respuesta una patada.

–¡No quiero, idiota!– Le gritó.

–Me dijo idiota…– Musitó el doctor, mientras preparaba la inyección. –Ahora ven y siéntate en la camilla, esto durará unos segundos.– Sonrió.

–Muy bien, Hana, sé que eres valiente y…– Pero Tamao paró al ver lo que pasaba.

–¡No, no quiero, no no no!– Gritaba aferrándose a la fuerza de la camisa de Shi.

–Por favor, suéltame, sólo será un pinchacito, así nada más Jejeje…– Le decía mientras trataba de que lo soltara. –Mira si quieres yo también me pongo una.– Le dijo sonriendo.

–¿Eh?– Preguntó el niño mientras lo veía, y lo soltaba.

–Así es, me pongo una inyección si tú te pones una.–

–Buena idea lo que hiciste allá.– Le dijo Tamao mientras lo tomaba del brazo.

–Esa cosa me dio sueño…– Respondió mientras cargaba a Hana y sostenía con la otra mano la de Tamao.

La noche caía cuando las horas pasaban, Tamao entró a la habitación de Hana, sin embargo al entrar, se dio cuenta de que tanto Hana como Shi estaban dormidos, el pequeño dormía en los brazos del mayor, que estaba sentado en una mecedora que quedaba casi al lado de la ventana.

–Hmp, no me sorprende para nada.– Sonrió mientras colocaba una manta sobre ambos, y cerraba la ventana.

Presente.

–¿Lo ves? No fue tan difícil.– Dijo Tamao mientras guardaba las cosas en su lugar.

–¿Bromeas? ¡Le hice una llave!– Respondió mientras salía del cuarto y bajaba las escaleras.

–Hola.– Saludó Hana mientras veía la televisión en el sofá.

–¿Cómo te sientes?– Le preguntó sentándose a su lado.

–¿Cómo crees?– Contradijo cambiando de canal.

–No creas que por estar enfermo dejaré que te saltes los entrenamientos.– Sonrió mientras se recostaba en el sofá.

–Por cierto… Shi-dad.– Habló Hana, mientras veía el té que tenía en las manos. –¿Crees que podré ganarle, a Death Cannon?– Preguntó apretando un poco el vaso.

–Te diré algo, puede que él sea un cazador, pero tú tienes algo que él no.– Le dijo mientras lo veía firmemente.

–¿Qué?– Preguntó con interés.

–Amor.– Sonrió mientras se acomodaba.

–Hm, de seguro con eso le gano al cazador que contrató el estúpido de Yosuke.– Rió con sarcasmo.

–Jajaja nunca juzgues lo que te digo.–

Tamao bajó las escaleras, mientras se dirigía a la cocina para buscar algunas cosas, sin embargo se topó con algo que sin duda alguna, le sacó una pequeña risilla.

–Hay algunas cosas que nunca cambian.– Sonrió dejando que que Hana y Shi se quedaran dormidos en el sofá.