La mañana en la preparatoria karakura parecía bastante normal, y podría decirse que lo era, claro si hacíamos de lado a un par de chicas con aspecto extraño, que jugaban al detective por los pasillos de la escuela.

Inoue Orihime, alta, delgada con un tamaño muy grande de… cabello, largo y castaño, ojos grises cubiertos por gafas oscuras y sobre sus hombros una gabardina.

Tatsuki Arizagua, ligeramente más pequeña, proporción delgada, muy ágil, cabellos oscuros y con un corte en dos capas, una más larga a comparación de la otra sumamente corta, atuendo normal, con uniforme.

Pero ya las conocemos…

—Hey Tatsuki-chan, no veo nada.- Murmuraba la castaña, mientras intentaba asomarse por encima de la ventana del aula de la clase de Ichigo, intentando no ser vista.

—No creo que fuera necesario que te vistieras así.- dijo la morocha, recargada en la pared continua a la ventana.- levantate, ya les veremos al terminar la clase.

—Joo, Tatsuki-chan, asi no es divertido.- hizo un puchero con los ojos ._. Poniéndolos en forma de 3.

No paso mucho tiempo cuando el aula comenzó a vaciarse, de ella salieron un chico de cabellos pinchos y un pequeño chico de cabello corto y negro, corriendo, más bien huyendo, de una jauría de chicas que formaban corazones en sus ojos.

—Ese era Kurosaki-kun?.- pregunto la ojigris.

Ambas chicas emprendieron el paso, en busca de la pareja de chicos fugitivos.

—¿Ves el lío en que me metes?.- escupió algo fatigado el kurosaki.- joder, ni como chico puedes dejar de causar alboroto.

—No es culpa mía, esas chicas están locas. ¡Dios! ¿No pueden darse a desear tantito? Hostigan. – grito irritada.

—¿Así que esa es tu estrategia?.- susurro acercándose a ella.- Darte a desear.

—¿D-de qué estás hablando?.- respondió nerviosa.- Estás muy cerca, alejate.- lo empujo con ambas manos y se recargo contra el barandal de la azotea.- Será mejor que calmes tus hormonas, Kurosaki-san.- dijo eso último engrosando la voz.

—Tsk!, prefiero el otro tonito estúpido.- frunció el ceño y se recargo igualmente sobre el barandal, a su lado; sonrió en sus adentros.- ¿Qué tal la vida de hombre? ¿Te gusta?

—No lo sé, por ahora no va mal, salvo claro por nuestras compañeras locas.

—Era de esperarse, después de todo siempre has sido algo así como un chico, supongo que debes estar acostumbrada.

Sus ojos se abrieron como platos, contrastando con su puño que se cerró con rabia, apretó el ceño y lanzo un golpe preciso sobre el mentón del naranjo.

—¿Qué te pasa idiota?.- preguntó colérico, con su mano tocando el sitio del golpe.

—¡Tú te lo buscaste, por llamarme marimacho!.- grito igualmente cabreada.

—¡Yo jamás dije tal cosa!.- su nivel de furia era proporcional a la rapidez con que acortaba su distancia con ella, enfrentando su rostro.

—¡Pero lo insinuaste, imbécil! .- cada vez se molestaba más. Lo cierto es que le dolía escuchar eso de él.

—¡Yo no…!.- ella se dio la vuelta, tomando rumbo escaleras abajo, él la sujeto de la mano, impidiéndole partir.

—Sueltame, estúpido. – forcejeo un poco, pero el le llevaba ventaja en fuerza, soblo levemente su brazo, cuidando no lastimarla y la tomo por la espalda, con su otra mano sujeto su barbilla y se acerco para hablarle.

—Tranquila. Yo en realidad no…

Un sonido estrepitoso los hizo fijar su mirada al frente, a la puerta de la azotea. Un par de chicas sorprendidas fueron lo primero que captaron sus ojos. Rukia, apenada, bajo la mirada y, cómo pudo, se soltó del agarré del pelopincho, Ichigo se sobresalto un poco, enrojeció levemente y puso ambas manos frente aél haciendo señales de negación.

—E-esto no es lo que parece, no, no es…

—Kurosaki-kun tú…- palabreaba Inoue con ojos llorosos.

—Ichigo yo, jamás pensé que tú…- decía atónita la karateka.- maldito pervertido, vámonos Orihime.

Y así se fueron de ahí, dejando nuevamente solos al par de "muchachos"

—Maldición Rukia ¿Cómo vas a arreglar esto ahora?

—Espera, ¿Voy? ¡En primer lugar yo no te dije que me sujetaras de esa manera!

—Fue tu culpa, por enojarte de ese modo, por algo tan estúpido.

—¿Mi culpa? ¿Algo estúpido? Aquí lo único estúpido eres tú.

—Sí, tu culpa, ¿A quién llamas estúpido tabla de planchar con piernas? Y qué piernas, concéntrate kurosaki, insultos, insultos.

—¿Y qué? ¿Vas a decirme que pretendías contentarme al tomarme de esa forma? Jaa, y luego dices que son cosas estúpidas.

Y así permanecieron un buen rato, discutiendo en la azotea, hasta que terminó el descanzo y tuvieron que regresar a clase.

Ya en el aula.