II
"Más vale que no tengamos que elegir entre el olvido y la memoria"
J.S
Lo primero que advirtió fue la cima donde se erguía la enorme cruz que tanto llamara su atención años atrás. Se alzaba como símbolo de la Cocoyashi en tiempos de Arlong, cuando la vida tenía precio en berries. Aunque el mármol había sustituido a la madera, parecía lo único inalterable. Como suele suceder a las villas que prosperan de un día para otro, lo demás era apenas reconocible. Así como el muelle había ganado terreno, ampliándose a todo lo largo de la bahía, se notaban varios comercios donde antes solo hubieran pequeños puestos de venta.
La población había aumentado con creces y lógicamente las casas ya ocupaban buena parte de lo que antes era bosque. Sin contar con que la mayoría de las propiedades habían cambiado la madera por el ladrillo en su arquitectura.
La apreciación de Cocoyashi por Ace cayó al agua cuando un cambio brusco de dirección en el Sunny obligó al joven a sostenerse con fuerza de la borda.
—¿Qué diablos…?
Vio entonces a Luffy salir del sitio donde se hallaba el timón, con un morado en plena frente… pero tan tranquilo como si nada hubiese ocurrido y los ojos puestos en la costa.
—¡Uhuuuum, comida! ¿No sientes el olor a filete que viene de allá, Ace? Le dije a Nami que atracara allí y no en el puerto.
Aparte de la enorme cruz, el mayor había reconocido también la playa rocosa donde, por ventura o infortunio, naufragara cinco años atrás. Su primera embarcación deshecha por una pelea suicida contra una de las divisiones de Shirohige y la tormenta que acudió a rematarlo, haciéndolo caer al agua.
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"—Eh, no puedo esperar a que te despiertes y no tengo fuerzas tampoco para cargar contigo. O me ayudas o te quedas en las rocas.
¿Una voz bajo las olas? Apenas podía determinar el tono, edad o sexo ¿Qué era eso que se inclinaba sobre él? Mejor que se pusiera a resguardo si aquella sombra que veía era un tritón.
Se levantó de inmediato, sin apenas distinguir nada. El brazo izquierdo le dolió al girarse en busca del puñal: posible fractura. Terminó el movimiento de todas maneras, y su rostro dio contra una concavidad cálida entre dos suaves convexidades; al instante sus instintos le dijeron que se relajara, todo estaba bien, magnífico, ¡el mismísimo paraíso!, y se dejó caer, removiendo la nariz para hundirse mejor en el cielo. Mas poco duró el edén, pronto lo apartaron con un grito y un golpe. Ser expulsado tan abruptamente de aquella inexplicable felicidad le dolió tanto o más que el puñetazo en el pómulo.
—Si serás sinvergüenza —la voz tenía el tono seco de una joven ofendida.
La mancha transmutó en una figura que no dejaba lugar a dudas sobre su sexo. Arrodillada sobre la poca arena en un espacio entre las rocas, un pantalón oscuro estrechaba su cintura y la camiseta de pálido amarillo guardaba el busto poco mejor que las manos.
Era evidente "el paraíso" contra el que había topado, a juzgar por cómo ella se cubría y la cáustica mirada de sus ojos negros.
—Púdrete –una sola palabra, no tan cruda como otras que había escuchado el hijo de Gol D. Roger, mas por alguna razón le pesaba más.
—Hey, lo siento —quiso decir algo más inteligente, pero su situación no le ayudó. Estaba mareado—. Creí que eras un tritón.
Ella se había puesto en pie, dispuesta a abandonar el sitio.
—¿Un tritón? —no se le escapó a Ace el gesto de temor— ¿Cómo demonios puedes compararme con eso?
—Estaba a punto de ahogarme…todavía no veo bien —el pirata consiguió incorporarse a pesar del dolor en el brazo, y se arrastró hasta la arena—. Deberías entenderlo si vives junto al mar.
—Vine a la playa buscando… conchas y caracoles. Y todos los que aparecen en las costas de Cocoyashi, o están muertos o no viven lo suficiente como para hacer bellaquerías.
—Lejos de mis intenciones, puedes alertar a los del pueblo si quieres.
—Ni pensarlo. ¿Tienes idea de dónde has caído?
—Lo que sea, qué bien que me hayas encontrado.
—Un problema es lo menos que buscaba y lo único que encuentro.
—¿Estás herida? —Ace notó sangre en la mano derecha de la joven
—Defendiéndome de un pervertido…
—Oi, lo siento, no fue intencional —buscó algo que ayudara a contener la sangre. Solo encontró los jirones de su camisa, mojados de agua salada. Rasgó uno con los dientes y se lo tendió con timidez—, es lo mejor que puedo hacer…
Ella aceptó, cubriéndose el corte. Apretó los párpados con fuerza.
—La sal quema pero es buen desinfectante.
—Náufrago parlanchín —lo miró de reojo—, si quieres continuar vivo, tenemos que irnos de aquí.
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Por alguna extraña razón, después de atracar arrastraba los pies, evidenciando carencia de todo entusiasmo. Ese que Luffy llevaba en exceso e intentaba contagiarle cada minuto.
—¡Ohhhh, genial! ¡Mira, Nami, hay carne de todo tipo!
—Me pregunto qué habrá hecho Nojiko con el dinero que le dejé.
Ace no pudo evitar mirarla con cierta sorpresa.
—Habrá comprado mucha comida —Luffy se encogió de hombros, dándolo por evidente— O una estatua de bronce.
—¿Crees que todos son como tú? Solo espero que lo haya sabido aprovechar bien.
Evitándose otra muestra espontánea de cariño, el chico desvió la conversación.
—¿Reconocerías la casa si la ves?
—¡Pues claro, aunque hubiera cambiado por completo! Solo que no tomamos el camino principal, di un rodeo para no toparnos con Genzo y los demás... Las bienvenidas estarán bien después de un descanso.
—Le pediré a tu hermana un especial de carne ¡Saludos a la gente, después!
Ace pateó el polvo del camino, abstraído en sus meditaciones.
"Después de tanto tiempo, ¿qué puedo decir: hola, qué bueno volver a verte, regresé porque mi hermano quiso que lo acompañara? Lo más probable es que haga como que jamás nos conocimos y pensándolo bien, quizás hasta sea mejor. Vaya suerte la mía. Lo peor es que nunca tuve ocasión de contarle nada a Luffy respecto a lo que sea que tuve con ella".
Desechó casi instantáneamente las últimas palabras. Cometía una injusticia digna del Gobierno Mundial pretendiendo que había olvidado a quien ni siquiera Marine Ford logró borrar de su recuerdo. Pero sin aceptar que la sensación que atenazaba su estómago no era hambre, sino otra cosa.
"Estoy portándome como el chico de diecisiete que conoció...".
Nami lo miró de reojo, extrañada.
—Luffy —la escuchó susurrarle— ¿Sabes si tu hermano tuvo algún enemigo que lo derrotara en Cocoyashi? Su rostro cambió apenas tocamos tierra...
No pudo evitar sonreír ante la idea. Tenía razón, si había en su vida un rival digno de nombrarse, tanto por inteligencia como astucia, esa era Ella.
