III
A Gabe Logan, XxOne PieceXx, Floweright D. Fye y xoDet, por acompañarme en el camino de esta historia e incentivarme para que siga poniéndole losas al sendero. Gracias.
"¿De qué voy a lamentarme? bulle la sangre en mis venas,
cada día al despertarme, me gusta resucitar." J.S
La casa de ladrillo, que a juzgar por el exterior no llevaba más de tres años remozada, se hallaba casi oculta por los mandarinos. Algunos en su etapa de floración, otros exhibían enormes frutos dorados.
—¡Mandarina! GOMU GOMU NO...!
—¡Hey, espérate Lu!
Ace se lanzó a detenerlo antes de que saliera disparado hacia las ramas superiores del árbol.
—Ahhhmmmm, Ace —Luffy hizo un puchero—. Tengo hambre.
—Esas no están dulces, les falta abono. Guano de cormorán, quizás…
Fue Nami quién se volvió sorprendida esa vez.
—¿Cómo lo sabes?
—Uh...
A sus espaldas, Luffy había logrado hacerse de una fruta, que luego de morder, escupía con asco.
—Buaj, tienes razón, Ace. Sabe peor que Cocodrile.
—¿Acaso lo mordiste cuando pelearon? —Nami no podía creerlo. Luffy asintió y ella suspiró con resignación.
El mayor observaba la puerta de madera como si en ella estuviera grabado su porvenir.
/
Se hallaban frente al pórtico de una sencilla pero amplia casa de campo. En los terrenos aledaños alguien había sembrado gran cantidad de mandarinos.
Ace lanzó un silbido.
—Bonita casa.
—Lucía mejor cuando tenía familia.
—¿Mejor? —Ace sonrió irónico, entrando tras ella al lugar— Es raro que alguien diga eso.
—No tuve problemas de convivencia, si a eso te refieres. Ahora, convénceme de que te sientes bien desarraigado de la tuya.
—¿Cuál? Puedo contar con los dedos las únicas personas que valían la pena. Uno de ellos, dejó de vivir.
—Entiendo, la pérdida te hace fuerte... pero siempre hay alguien —el tono le sonó a Ace algo maternal, pero muy velado, como si tanteara el terreno—, supongo.
—Me fui de Villa Fucsia para cumplir mi sueño, no me ató siquiera lo que más quería. De todas formas, estoy seguro de que mi hermanito saldrá al mar. Tarde o temprano volveremos a encontrarnos.
—¿Tienes un hermano? —la chica lo invitó a sentarse junto a la mesa.
—Me sigue a dondequiera que voy, tal parece que lo llevo amarrado a mis pantalones. —Ace sonrió, a la par que recordaba— No dudo que pronto me vea salvándole el pellejo, si pretende seguir mis pasos.
—Típico de un pirata —ella se dirigió al cuarto de baño.
—¿Cómo te has dado cuenta? —Ace abrió los ojos desmesuradamente. No le había dicho una palabra sobre sus aspiraciones.
—Basta con mirarte. ¿A quién crees que engañas, con ese cuchillo? Y sin embargo, demasiado inocente e impulsivo para tu propio bien.
—Chica tonta —masculló por respuesta.
—¿Qué has dicho?
—Chica tonta…
Comenzaba a sentir confianza. Para alguien que escuchaba oprobios sobre su persona casi a diario, la familiaridad de la chica desconocida le sorprendía. Que lo trataran con esa juguetona calidez… ¡y no lo había rechazado a pesar de saberlo un pirata! Sí, solo por eso valía la pena existir.
Al verla regresar al saloncito con una tablilla y unas vendas, sonrió y le tendió el brazo.
—Puedes tratarme de "chico idiota" si quieres…—sonrió abiertamente— Pero creo que será mejor si nos presentamos. ¡Ahhh, oye, eso duele!
Ella le había tomado el brazo dañado y le vendaba con fuerza.
—¿Qué tal "chico ñoño"? —le devolvió la sonrisa— Creo que abandonaste a mamá demasiado pronto para ser pirata.
El rostro de Ace se contrajo ante un dolor muy lejano al que soportaba físicamente.
—Lo siento —adivinó ella—. En eso estamos iguales.
—No puedes preverlo todo, chica tonta. Y mi nombre es Portgas D. Ace.
—Portgas no es un apellido común.
—Uso el de mi madre, —Ace frunció el entrecejo— mi padre tenía de bueno muy poco...
—Pirata al fin, es una suerte que hayas salido a ella —le miró a los ojos y sonrió—. Puedes llamarme Nojiko, Ace.
—¿Nojiko? —la expresión mohína cambió a una alegre—. Nojiko... es como cuando abres una de esas cajitas de madera preciosa con broche.
—¿De las que guardan sorpresas?
—Sí, son muy divertidas cuando descubres cómo abrirlas. Casi siempre tienen una joya, o dulces, o un juego de cartas en su interior.
Nojiko terminó su labor como sanitaria.
—Las hay que no se abren, por lo complicado del broche —respondió mirando la faena acabada—. Ya está, quedarás así por algún tiempo.
—No voy a ser un problema para ti, cajita sorpresa. Solo necesito buscar el modo de volver al mar.
—¿Para ahogarte? Haberlo dicho desde el principio y no hubiera pasado tanto trabajo. —suspiró ella, sentándose a su vez a la mesa— ¿Por qué crees que te traje aquí? Con el brazo así no llegarías a ningún lado. Y si hubiese tenido un barco en el que despacharte con alguien, estarías desde hace buen rato rumbo a quién sabe dónde.
—Has tratado de ocultarme de todos mientras caminábamos hacia aquí —la miró serio— ¿Qué pasa en tu isla?
—Escúchame bien, pirata —esta vez fue ella quien impuso carácter—. Por ninguna razón cuestiones lo que hago. Es necesario y punto. Te cuidaré, alimentaré en lo posible, tu brazo estará bien atendido pero a cambio, nada de preguntas. Y otra cosa... queda prohibido ir más allá del umbral. Si crees que se te hace demasiado difícil, dejaré que te marches y ojos que te vieron ir...
Ace observó su brazo entablillado, meditabundo. Su mirada vagó desde la mesa, donde un cesto lleno de mandarinas esperaba tentador, hasta el busto de Nojiko, que se hallaba frente a él. Al notar la sombría expresión de la joven, desvió la vista hacia la cocina, donde las ollas parecían dispuestas para la comida.
—Parece que ya distingues mejor las cosas, al menos las que te convienen.
—Gracias a ti —rió Ace— ¿Cuánto tiempo estaré bajo tu égida, Nojiko?
—Lo suficiente como para que el brazo cure y podamos ver cómo demonios regresas a tus aventuras.
/
—Si van a tocar —Ace indicó la puerta de la casa—, háganlo ya.
"Eres un hombre, afróntalo"
Luffy le observó, rascándose el sombrero. Nami daba soberanos golpes en la madera.
"De cualquier forma ¿Qué puede suceder? Que no quiera verme y me eche a cajas destempladas, bien merecido lo tengo... Que arme un escándalo mayúsculo, Luffy acabe enterándose de que la conozco... No, por su modo de atacar, irá directo al grano..."
—No entiendo.
—¿Qué no entiendes?
—Me estás ocultando algo, Ace.
No soportaba la mirada acusadora de su hermano. Sobre todo, porque menor al fin, nunca le había dado confianza para que lo cuestionara.
—Pero no importa. —dijo una voz grave bajo el sombrero de paja— Firme el timón.
¡Cuán observador podía ser Luffy, pobres de los que lo subestimaban! Ace lo sabía muy bien, como también que no le pediría explicaciones. Jugaban el mismo juego, solo que en su caso, los intereses habían sido diferentes.
La puerta se abrió y la efusiva gritería de Nami azotó sus oídos. Abrazaba a una joven de cabello celeste, que correspondía de modo sereno a las manifestaciones de su hermana.
Por supuesto que reconoció de inmediato a Luffy. Si había algo que Ace no se perdonaba, era el haber obedecido a Nojiko al punto de no indagar sobre lo que acontecía en aquella isla. Pero ella se había mostrado tajante al respecto, y al final, dejó por incorregible su régimen de silencio. Algo le hizo suponer que temía de él la misma reacción que después tuvo su hermano, lanzándose a desafiar un enemigo nada banal.
"Preocuparse por mi muerte a manos de Arlong… uhmmm, suena demasiado romántico para mi gusto".
Hubiera sido una locura, si acababa de reponerse de aquel brazo roto... y él era capaz de hacerlo, solo por ayudarla.
