Gracias especiales a Nami chan (LuffyxNami forever) y Gnyee, dos nakamas a quien debo la decisión de publicar esta historia. A los que se mantienen fieles a ella, no claudiquen!

Me he dado cuenta de que no se distingue muy bien la cursiva de los flashback, asi que la pondré en negrita a partir de este cap.

IV

"Amor se llama el juego, en el que un par de ciegos
juegan a hacerse daño". J.S

Su reacción fue tan simple como arquear una ceja y mirarle con ironía.

—¿Y a ti, cómo te llamo?

—Portgas D. Ace… o Ace, si quieres.

La hermana de Nami sonrió burlona y le tendió la mano. Se la estrechó muy serio.

—Bienvenido a casa, Ace. Puedes llamarme Nojiko.

—¿Nojiko? Es como cuando abres una de esas cajitas de madera preciosa con broche.

—¿De las que guardan sorpresas? Es posible. Y mirándote, diría que nunca has logrado abrir una.

—Nojiko, por favor —la apartó Nami con cierto nerviosismo. Sabía que su hermana era mordaz incluso con desconocidos, pero Ace no lo merecía.

"Me ha saludado de forma tal, que nadie salvo nosotros, entenderá que ésa es nuestra forma de decirnos algo más"

—¿Podrías hacer el especial de carne que comimos en aquel banquete? —en los ojos de Luffy aparecieron estrellas.

—Para los huéspedes improvisados, hay un postre de mandarinas que les vendrá bien —sonrió Nojiko—, hasta que pueda hacer otra cosa.

—Supongo que no habrás usado esas frutas —Ace señaló el árbol con las grandes mandarinas doradas—, parece que están carentes de abono.

—¿Un pirata que sabe de cuestiones terrestres? Me pregunto quién te habrá enseñado... es un injerto que no acaba de crecer.

—No entiendo cómo haces para tenerlo todo bajo control —soltó Nami con cierto disgusto—. La pura verdad es que no sé si algún día pueda acostumbrarme a llevar las cosas como tú.

—Puedes intentarlo, hermanita, solo que no me parece tu tipo de vida. Supongo que necesitas un poco de caos para tu libertad. Y me parece que en eso, Luffy estará muy de acuerdo.

—¡No se tenderá la cama al levantarse, ni … —asintió efusivo— ni cocinaremos otra cosa que carne!

—Luffy —en su voz una dulzura perversa— no voy a perder mi línea por tu causa.

Al escuchar a Nami, no pudo menos que observar a su hermana ¿Cuánto había cambiado en siete años? No mucho a decir verdad, excepto que su cabello celeste era más largo y debajo de la misma cintura adolescente, parecían más anchas las caderas. Mejor no preguntar por qué. De todas formas, no podía reprocharle que hubiese buscado sus propias aventuras.

—Si les gusta quedarse al fresco, puedo sacar una mesa —invitó Nojiko—. Pero sería mejor estar adentro, porque no puedo guisar y hablar a gritos desde la cocina.

Los siguió hacia el interior, o más precisamente, la siguió como si fuera a desaparecer cuando traspasara el umbral.

Sin dudas la casa era, con mucho, más espaciosa que antes. Constaba de sala independiente, en las que dos puertas daban paso a las habitaciones y cuartos de baño. Nojiko fue hacia la tercera, luego de mostrarle a su hermana los sustanciales cambios.

"Alguien tiene que haberla ayudado a hacerlo", Ace frunció el ceño "De seguro que no faltaría un tipo listo, aprovechado de la situación..."

—¡Increíble! —exclamó Nami— Ahora sí que vamos a estar cómodos. Lo que puede hacer mi dinero bien invertido.

—Y gente del pueblo agradecida, —rió la mayor, mirando al pirata de soslayo—, los muchachos no se lo pensaron dos veces para venir a levantar la casa. Apenas me dejaron pagar los materiales. Pude haberla ampliado, pero como estaba sola… bueno, al menos oficialmente, —añadió con toda intensión— no le vi la lógica.

Ace bufó, desviando la atención hacia el lugar donde provenía un exquisito olor a dulce recién horneado.

Tras la última puerta, Nojiko se las había dispuesto también para tener una agradable cocina comedor, donde primaba el orden. No así en la mesa, en la que se veía una cesta con frutas y varios utensilios e ingredientes usados para el postre, así como un cepillo de incontables cerdas. Ace dio un respingo al verlo, era imposible que la hermana de Nami lo hubiera hecho intencionalmente, solo para gastarle una broma... Nojiko al parecer, no había borrado aquel recuerdo, sino que vivía la mancha imborrable de los días compartidos.

—¿Desde cuándo lavas las mandarinas con el cepillo de la ropa? —la navegante abrió los ojos— Te sacaba de paso que se le dieran otros usos a las cosas que tú…

—Alguien me enseñó que es más fácil utilizar uno de estos —rió Nojiko, y por alguna razón extraña Luffy la miró curioso, para después observar a su hermano.

/

Apenas la conocía aún, pero era buen observador. Una chica como Nojiko exigiría de él más audacia y disposición que cualquier abordaje. Motivo suficiente para tentarlo. Sin embargo, debía tener cuidado, no convenía a un pirata sucumbir por completo al encanto de la tierra.

"Pero no puedo llamarme un hombre si no logro atraerla al mar".

Estás demasiado pensativo ¿Qué tramas?

Diecisiete años que eran un reto para los suyos, y Nojiko se las arreglaba para adivinar sus pensamientos.

¿Puedo ayudarte con algo?

Recostándose a la meseta de la cocina, ella meditó unos instantes. Todo parecía dispuesto para el almuerzo. Era evidente que se bastaba para lidiar sola con lo que aconteciera dentro de la casa, lo había demostrado en el poco tiempo que Ace llevaba a su cuidado.

No puedes hacer mucho con el brazo en cabestrillo.

Tampoco quiero hacer el vago por cuenta de mi recuperación.

Ah, muy bien —con una sonrisa le entregó la enorme canasta que colgaba de la pared próxima a la cocina—. Trae unas mandarinas, o no tendré postre. Toma las que estén a mano, para que no fuerces el brazo dañado... Y por favor, trata de que no te vea nadie o vas a meterme en problemas.

¿Un tipo celoso, por ejemplo?

Supongo que no te importe mucho.

¿El hombre de la gorra y el molino que vino ayer a verte, y por quién tuve que esconderme? Vaya, te gustan los mayores. Aún así… es un poco viejo para ti.

Ah, ¿pretendías que me gustaran más niños? ¿O alguien de mi edad?

Tuvo que callarse.

Nos quedaremos sin postre, Ace —le recordó—. Tardará en hacerse.

En menos de lo que imaginas, tendrás el cesto lleno… —y salió por la puerta principal hacia el sembrado.

¡Tráeme unas Okitsu! Recuerda, no se recogen doradas...

"Una tarea fácil", pensó deteniéndose ante las líneas de árboles.

A primera vista, parecía que todas las frutas eran iguales, pero en cada surco había un tipo diferente. Quedó parado en el sitio. No podía gritarle desde allí cuáles prefería y no tenía la más mínima idea de las que podían usarse para hacer postre.

Tuvo que volver a la cocina, no sin cierta impaciencia. Descubrió el fuego extinto en los hornillos, su delantal colgado en la percha y una nota sobre la mesa que ponía "Enteras en Almíbar", con toda una serie de confusas indicaciones. Al parecer, ella había salido por la puerta trasera hacia el pueblo, y aunque no debía demorar, iba a tener que vérselas solo con los dichosos frutos. No tuvo más remedio que defenderse como podía.

Recogió unas que le parecieron llamativas por el tamaño y el color.

"Vaya, tendremos bastante dulce, esta noche sí que voy a hartarme… y Nojiko es muy buena en la cocina".

Al ver que no llegaba, estuvo a punto de salir a buscarla, cuando recordó que le había hecho prometer que no pondría un pie fuera de la casa cuando ella no estuviera. La preocupación estaba recomiéndole el estómago, más que el hambre. Esperaría unos minutos más, y si no regresaba, tendría que violar el pacto. Por lo general, solo hallaba una forma de tranquilizarse cuando algo le inquietaba: ir en busca de la causa de ese desasosiego —ahora no podía—, o distraer su atención con otra cosa.

Lo único que tenía delante sobre la mesa era aquella receta. Fue entonces que descubrió el círculo rodeando uno de los ingredientes: azúcar. Y junto a éste la palabra "comprar". Se sintió más tranquilo, incluso quiso sorprenderla adelantándole el trabajo.

Postre: Mandarinas Okitsu, Enteras en Almíbar —leyó en voz alta— ¨Lavar las mandarinas cepillándolas".

Un cepillo… Nojiko tenía de esos toda una colección… En cualquier caso, variaban solo un poco en la forma, y si ella todavía demoraba, no adivinaría cuál había usado. Tomó el que le pareció más práctico.

Llenó un recipiente con agua que depositó en la mesa, dentro colocó las mandarinas. Apoyó el brazo izquierdo lesionado y aprisionó la fruta contra la madera, disponiéndose a frotar la cáscara usando la mano sana. La primera saltó para caer de nuevo en el agua.

Oi, ¿estás extrañando a tus nakamas?

Otra resbaló hasta debajo de la mesa, y una tercera rodaba hacia el lugar donde Nojiko tenía sus útiles de limpieza. Intentó recuperarla…

¡Cielos!

Escoba y trapeador cayeron sobre él, golpeándole.

"¿Cómo diablos se las arregla para que no escapen?"

Cuando logró adquirir cierta habilidad, quedaban dos frutas en el cesto.

La mano de Nojiko sobre el hombro lo sobresaltó. Por lo general, sus reflejos eran muy buenos aún en estado narcoléptico, pero ni siquiera la había escuchado llegar.

¿Te quedaste dormido frotando la mandarina? Menos mal que apartaste la olla con agua —no había sombra de reproche en su voz, solo diversión— Espero que no hayas forzado tu brazo. ¿O lo haces expresamente para quedarte más tiempo?

"Excelente idea, si pudiera..."

¿Están bien así?

Divinas, Ace. El cepillo de la ropa es efectivo.

Con un acto infantil más propio de Luffy que suyo, intentó esconderlo. Nojiko no pudo evitar reírse y forcejeó para quitárselo de la mano, cuidando de no dañarlo. Ace supo que no cabía avergonzarse, ella le daba una lección pero a cambio recibía aquel juego en apariencia inocente. Una que otra vez logró en el ajetreo rozar su piel morena y sentir cómo respondía al tacto. Lo que Nojiko empezaba a despertarle dentro lo arrastró hacia un atajo.

¡Deja en paz mi escote! —chilló ella apartándole el rostro de golpe, como lo hiciera aquel día junto a la playa. Consiguió arrebatarle el cepillo de las manos y lo lanzó sobre la mesa— ¡Fin del juego!

¿Postre para el ganador? —Ace sonrió entusiasmado.

Te falta mucho para ganarme en algo —chistó Nojiko, escapándose a un repentino abrazo—. Aprende sobre abono y recolección. Crees que todos los frutos son iguales, además, los recoges sin estar listos…

Y con muestras exageradas de enojo le dio la espalda, para concentrarse en el dulce. Junto a ella, una cesta de mandarinas verde amarillas, que probablemente había recogido al volver.

Ace entendió las últimas palabras, y en vez de responder prefirió hundirse en el sombrero con disgusto.

"Si esperaba que me contuviera y la respetara, no debió jugar de ese modo... ¡qué diablos, con esa piel tan suave, cómo rayos va a pretender tal cosa!"

Recordando sus modales, hizo el intento de disculparse, pero ella se negó a dirigirle la palabra.

"Es una problemática y sabe dar pelea...", decidió, al ver que le servía muy seria un abundante plato de comida, "pero igual, no huiré". Y selló esa idea cuando más tarde compartían el postre como si nada hubiese sucedido.