Este capítulo es para todos los que deseaban ver a Luffy y a Nami un poco más involucrados con sus hermanos… veamos como llevan las cosas. Ace ha desatado su Adorable-Adorable No Mi, tened cuidado.

Para Alexa y Marina Konno, gracias por involucrarse.

A XxOne PieceXx, kaizoku ou16, Gabe Logan, Ari y Nami chan por su fidelidad.

VII

"Lo bueno de los años es que curan heridas,

lo malo de los besos es que crean adicción." J.S

Los encontró correteando alrededor de la mesa, uno en el intento de atrapar a la otra, y la otra escapando a duras penas, pero ambos reían a carcajadas. Quedó tan atónito al ver aquel juego, más propio de él que de los mayores, que prefirió sumarse sin preguntar. Ace y Nojiko detuvieron la imprevista carrera para mirarle turbados.

—¡Eh, yo también quiero apresar a alguien! —gritó Luffy con entusiasmo— ¡Vamos, Ace, atrápame!

—Como si no pudiera hacerlo —el mayor sonrió irónico. En lugar de perseguirle, tomó consigo un pedazo de carne de una olla.

—¡Oh, genial! —Luffy se lanzó de inmediato hacia el cebo. Ace aprovechó para retenerlo por la playera, lo alzó, y se dio el gusto de comerse la carne ante los ojos abiertos del hermano.

—¡Hey, no es justo!

En vano pataleó e intentó golpearle con los gatorin gun.

—La vida es dura... y puesto que ya te agarré no tiene caso que sigamos el juego.

—Eres un idiota —le sacó la lengua—. A mí no se me hubiera escapado Nami.

—¿Pero qué demonios estás diciendo?

—Déjalo en paz, Ace. —sonrió Nojiko—. Hay cosas que hacer ¿recuerdas?

—Muy bien, ¡afuera Luffy! —lo arrastró hacia la puerta, poniéndole dos frutas en la mano. Le dijo algo al oído que provocó lo mirara interrogante— Agarra y llévale a Nami. Vamos a estar ocupados por un rato. —y dejándolo del otro lado, cerró tras él— "Sabe muy bien hacer el tonto cuando le conviene, —pensó— pero no se le escapa un detalle."

—Por hacerme perder el tiempo queriendo atraparme —dijo Nojiko risueña y señaló la columna de loza sobre la mesa—, te tocará fregar todos los platos.

—Oi, pero tienes que ser justa… —Ace colocó los enseres en el lugar donde se lavarían— Quien me provocó debe compartir la obligación.

—Velaré porque no rompas nada —ella se inclinó, apoyándose en la meseta y la visión del escote fue suficiente para convencerlo— ¿Te parece justo?

—No, s…

—¿No, qué? —frunció el ceño, algo molesta con la negación.

—¡No, me refería a tu nombre abreviado! Qué mala memoria, pero no puedo culpar tu olvido, lo hacía solo para molestarte.

—¡Es que nunca sabía si me llamabas o estabas negándote! Como ahora.

—Solo que no estoy negándome a nada en lo absoluto —la sonrisa de Ace fue maligna y puso a un lado el plato a medio fregar— Iba a pedirte que me enseñaras.

—¿No sabes algo tan sencillo? —chistó ella mirándolo incrédula— Qué remedio entonces… Voy a mostrarte cómo se hace.

Lo retiró con ternura y colocándose de espaldas a él, frotó la superficie de la loza con precisión.

—Tómala así, pirata. Sujétala muy bien, porque se desliza y escapa de tus manos…

—Bueno, inténtalo —su mirada y el contacto inflamado del apretón conspirativo sometieron cualquier tentativa de oponer resistencia. Nojiko cerró los ojos y a duras penas encadenó el grito en la garganta. El sonido de la loza al topar contra el suelo atenuó el gemido involuntario. Y ella se maldijo por haber caído en el engaño de su propia voluntad, pero ya no tenía caso oponerse.

/

Nami cerró el libro de cartografía al sentir la puerta de la habitación. Vio a Luffy entrar con dos mandarinas y la sonrisa de oreja a oreja.

—¿Se puede saber qué trastada haz hecho?

—Ninguna —dijo lanzándole a Nami una de las frutas, que a duras penas ella logró capturar.

—Entonces ¿puedes decirme el motivo de esa alegría?

—Qué curiosa eres a veces, Nami —la molestó—, nada en particular.

—Sabes algo que no quieres decirme. Está bien, si crees que no debes compartirlo… —volvió a su texto, esperando que la estrategia resultara, como en efecto, sucedió.

—No es eso, solo que es difícil que despierte tu interés porque no hay berries de por medio —ocupó un sitio junto a ella, sentándose de piernas cruzadas sobre la cama— Nami, ¿crees que los años pueden curar las heridas?

—Algunas sí, otras no. ¿Qué clase de pregunta es esa, Luffy?

El chico caviló unos momentos y chocó un puño contra la palma de su mano.

—Herida misteriosa curada.

—¿De qué estás hablando, qué lesión es esa? Deja de jugar al doctor, para eso está Chopper.

—¿Por qué no te comes la mandarina? —dijo Luffy repentinamente. Luego dudó un instante— ¿… Quieres… quieres?

—¡Claro que la quiero! —Nami tomó por imposible que la dejara concentrarse en la lectura y decidió pasar su atención a la fruta.

—No es eso… —Luffy se notó nervioso y para ahorrarse más preguntas, le quitó la mandarina de las manos, pelándola en un santiamén. La abrió y tomó un hollejo que introdujo torpemente en la boca de Nami.

—Pff, pufff…—tomándola por sorpresa, casi la había atragantado— ¡Qué haces!

Intentó golpearlo, pero no pudo.

—Oh, ¡Lo siento Nami! ¿Estás bien? —se asustó Luffy y gimoteó— ¡Pensé que te agradaría!

—Definitivamente, NO me gusta que me asfixien ni de cariño —al ver al chico tan deprimido, añadió suave—. Pero vale la intención.

—¡Es culpa de Ace, me dijo que si lo hacía te volvería loca!... ¡Y es verdad! Pero creí que lo decía en otro sentido…

—¡Claro que lo decía en otro sentido! —Nami suspiró y decidió que era mejor tomarse aquello con calma— Veamos —dijo apartando otro hollejo, que acercó a la boca de Luffy. Este no se hizo de rogar para abrirla en toda su extensión— ¡Así no, idiota! Se supone que lo hagas con sensualidad…

Un enorme signo de interrogación apareció en el rostro de él. Nami continuó su labor educativa entre frases de "¡No me muerdas! ¡Al diablo contigo! Eso está mejor… ¡no la escupas! Inténtalo tú ahora… Bien".

/

Nojiko se sentó a su lado en el diván, buscando mayor comodidad para deshacer el vendaje y una vez libre de éste, apartó la tablilla del brazo, mirando con aprobación el resultado.

Parece estar bien, al menos cedió la inflamación y ya no te duele. Me alegro por ti.

Gracias, No. Eres buena de enfermera, —sonrió Ace, tomándose el atrevimiento de recostar la cabeza en su hombro—, así como lo eres en todo.

¿Eso crees? —rió ella, peinándolo con sus dedos. Se descubría vulnerable ante el niño en busca de calor maternal que en el fondo era— Aún no demos por sentado que esté bien, ¿qué tal si intentas hacer algunos movimientos con él y nos aseguramos?

Ace abandonó su bienestar y giró el brazo en varias direcciones, primero con lentitud, después con mayor confianza.

¡Perfecto!

Ahora sí que puedes adularme a gusto.

La mirada entusiasta pasó a ser una seria cuando notó el rostro de Ace perdido en la curva entre su cuello y hombro. Lo inmediato, tangible y real del abrazo. Sin embargo, no lo apartó de sí. Reconocía en el gesto algo más allá de lo carnal, algo que imploraba a gritos le abriese las puertas a la posibilidad de ser agradecido. Un desamparo que ella conocía muy bien, de noches que dejó entre renglones cuando estaba sola, sin su madre adoptiva, sin Nami, sin nadie que pudiera corresponder a esa necesidad de sentirse consolada.

Pase lo que pase… no me beses. —Y se aferró a él de la misma forma.

Ace negó con la cabeza, aún oculta en su hombro. Suspiraron tranquilos, sabiéndose mutuamente acompañados. A media tarde, había incumplido su promesa.