Holaaaa! A pesar de los problemas de salud, logré encausar la historia el fin de semana… es bueno que la musa no haya decaído por culpa del asma.
Me alegro mucho de que haya gustado la interacción de Luffy y Nami con los otros dos, de ahora en adelante, los verán juntos pues la historia irá perdiendo el flashback para continuar a tiempo real. Ace tiene que acostumbrarse todavía al ambiente familiar, hay que darle tiempo…
Este va en especial para Nami chan, disfruta de tu Luffy!
Y para kaizoku ou 16, algo me dice que este le gustará… Me encantó tu último review. Creo que tienes razón, no hay modo de cumplir esa promesa cuando existe tal compenetración… te lo digo por experiencia propia!
Gracias mil a Rebeca 18 por el review, espero te siga gustando.
VIII
"Nunca jamás quiere decir tal vez". J.S
Era extraño que Nami decidiese levantarse tan temprano como su hermana, de modo que el desayuno se sirvió varias horas antes y como pocas veces, en lo más cercano a un ambiente familiar común. Luffy se veía poco entusiasta con la idea de que lo hubiesen hecho abandonar las sábanas y lucía ojeroso. Ace sonrió irónico.
—¿Nos acostumbramos a la vida del hogar, hermanito?
—Ñaaaaak, es que hoy es un día importante para Nami, —gimoteó Luffy adormilado— va a visitar a su madre en el otro mundo...
—¡No lo digas de esa forma! —lo regañó ella.
—Ace, —cuestionó un Luffy de ojos cerrados— ¿por qué desde que llegamos aquí no caes dormido?
—Cómo voy a saberlo, —se encogió de hombros— la narcolepsia es impredecible.
—Mucha cara es lo que tú tienes.
—¿Es que no pueden estarse tranquilos? —Nojiko se acercó a la mesa. Llevaba una bandeja con pan, una jarra de leche y varios dulces en forma de cofre— Bueno, supongo que es imposible, Nami y yo lo intentamos, pero nunca funcionó.
La expresión taciturna de Luffy cambió instantáneamente al ver la comida, aunque no desistió de su manjar favorito.
—¿Y no hay carne?
—¡Desayuna de una vez y no protestes! —Nami golpeó la mesa con ambos puños.
Ace logró capturar la jarra antes de que volteara, aunque las tapas de los cofres-golosina saltaron. Después de todo, era divertida aquella familia tan espontánea.
—Eso pasa cuando tienes un molesto, atolondrado y problemático hermano pequeño. —Ace fue abriendo los dedos como si contara— Un inconveniente para la familia, se los aseguro. Nami y Nojiko, mis disculpas.
La hermana mayor estaba más concentrada en los dulces, que en las excusas de Ace.
—Pe... Perdieron el relleno... ¿Cómo?
—Oh, ¿tenían algo dentro? —Nami se inclinó sobre las diminutas cajas y vio restos de crema helada o carne.
—¡Quería darles la sorpresa! —suspiró Nojiko— ¿Es que no podían esperar?
—¿Por qué lo haces?
—Oi, Nami, te juro que no tengo nada que ver con eso.
—¿Vas a decirme que ni siquiera te acercaste?
Luffy asintió con la cabeza, Nami le halaba uno de los cachetes buscando que confesara.
—No importa, ya está bien —se resignó la mayor—. Déjalos a su gusto y vamos a ver a Bellemere. Quiero llevarle este nuevo tipo de mandarina que obtuve del injerto.
—¿Podemosshhh ir tambeeeén? —Luffy se las había arreglado para tomar los dulces restantes y meterlos a la vez en su boca— Querrrro ssshentarmmee a pesshcarrr... bueen lugar.
—Tus modales, hermanito.
—Lo shiento —se disculpó, tragando todo de una vez.
—Eso está mejor —Ace sonrió juguetón y se volvió hacia Nojiko—. Entonces, ¿van donde la cruz de mármol sobre el acantilado? Recuerdo que antes era de troncos…
La hermana mayor no pudo evitar estremecerse.
—Nami... ¿pudieras ir adelantándote con Luffy? Te seguiré en el acto.
—Por supuesto —la chica pelirroja entendió de inmediato y haló consigo al capitán—, vamos Luffy, busca tus cosas.
—¿Qué no viene Ace con nosotros?
—¿Tienes que estar todo el tiempo pisándole los talones? —Nami se desesperó. No podía explicarle lo que ella misma no tenía del todo claro, pero sí lo suficiente como para saber que debían abandonar el sitio— Deja la obsesión de protegerle, ya no está en Impel Down ni en Marine Ford.
—¿Protegerme de No? ¡Cómo si lo necesitara!
—Ace, —Luffy lo miró de soslayo para luego hundirse en el sombrero— eres fuerte, confío en que resistirás. —Y se dejó conducir por Nami.
—¡Cosas como esas no me dan miedo! —le gritó Ace por respuesta y calló al ver el rostro serio de Nojiko, que auguraba poco de bueno— Oi, tenía que mantener la imagen.
—¿De qué forma supiste que la cruz pertenece a mi madre? —ella lo observó iracunda— Nunca te lo confié, pero iba a la tumba de Bellemere en las noches porque era el momento en que podía hacerlo... ya conoces la historia de Arlong… ¿Es que tuviste el descaro de ir tras de mí?
—Lo siento, —respondió él con inocencia, rascándose la nuca— aquella noche me escapé y seguí tus pasos.
—Imagino por qué lo hiciste y la verdad es que me sorprende —chistó Nojiko, cruzándose de brazos—, hubiera esperado cualquier cosa de ti menos que te portaras como un marido celoso.
—¡Es ridículo, no tiene sentido! ¿Celoso de ti? —el rostro de Ace se encendió de vergüenza y su orgullo salió adelante— ¿Por quién me tomas? "Rayos, se ha dado cuenta." —pensó, sin poder evitarlo.
—Y además, mentiroso —rió ella al verlo tan ofuscado—. Pensé que esa "cualidad" era más propia de Ussop que tuya.
—¿Cuándo te he mentido?
—Siquiera reconoces que además, te comiste el relleno de mis dulces.
—¿El relleno? Oi, sí... —saboreó el recuerdo y adoptó una pose infantil, con las manos cruzadas a la espalda— quería descubrir qué había dentro de las cajas sorpresa y si bien me gustó la carne, más aún la crema helada. Estoy a punto de echar el ancla.
—Un helado de venganza es lo que mereces. ¿Después de tantos años todavía pretendes que tenga algo para darte?
—Me atrevo a jurar por el alma de mi madre que sí —se tornó serio y acortó la distancia entre los dos. Seguía cruzada de brazos, mirándole de reojo, mientras él colocaba las manos sobre sus caderas, teniendo la certeza de que no iba a ser rechazado—. ¿Llamamos las cosas por su nombre o seguimos ignorándolo?
Nojiko sonrió dejándose convencer y lo empujó suave, rumbo a la puerta.
—Ya habrá ocasión para discutir si la quemadura es seria y si hay que ponerle nombre. Ahora, camina...
—Luffy y Nami deben haber llegado desde hace buen tiempo —calculó—. Me temo que esta vez no tengo escapatoria y alguien terminará queriendo saber los motivos del retraso.
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Ahí estaba ella otra vez como cada noche, dispuesta a ausentarse. Sabía que no tenía derecho a hacer preguntas, pero tal y como iban las cosas, el orgullo se rebelaba, poniéndose por encima del respeto al libre albedrío.
"¿Acaso tiene que darte explicaciones? Es tan dueña de sí como yo... aunque de esto último empiezo a tener dudas. Jamás me lo había pensado tanto para dejar un lugar…"
—Saldré ahora que puedo hacerlo, conozco muy bien el camino y nada me va a pasar, no tienes que preocuparte. —sonrió la chica, tomando consigo una botella que escondió en su bolsa— Hay algo más de comida, por si tienes hambre. Sé bueno y acuéstate pronto.
—Como si fuera a hacer caso —el tono sonó a falsa despreocupación. Se encogió de hombros, dejándose caer en el diván y poniéndose el sombrero sobre el rostro—. Ve tranquila.
Lo cierto fue que, al cerrar la puerta, Nojiko dejó tras de sí el mar encrespado.
"¿Qué diablos pretende metiéndose sola por ese bosque? Cualquiera puede hacerle daño…¿Y por qué una botella? Solo puede significar que va a encontrarse con alguien. ¿Y qué rayos importa? ¡Sí, sí que importa!" —se levantó, pasándose las manos por el cabello con un gesto desesperado— Ahí está el problema, siquiera tengo idea de que sienta algún interés por mí Después de todo, soy un pirata con sangre endemoniada en las venas y ella puede que solo esté divirtiéndose ¿Que haya permitido ciertas cosas? Eso no significa que te siga hasta el Nuevo Mundo y comparta tu sueño".
Abandonó el diván y después de la décima vuelta alrededor de éste, pareció tener algo claro.
"Arriesgarme a preguntarle y darle la oportunidad de un rechazo, sería humillante y con ella hay que ser fuerte. No me tomará por idiota... Si había uno en su vida, mejor que continúe con él. Mucho menos, la dejaré que arme familia conmigo a costa de un buen momento."
Y salió receloso del lugar, dejando caer al piso cada una de las palabras en las que pensara. No le era difícil orientarse y todavía podía alcanzarla para ver como cazador furtivo quien había echado el ojo a su presa. Consiguió moverse con sigilo entre la vegetación, hasta que pudo atisbar a cierta distancia una mancha lavanda.
"Deberías avergonzarte, Ace. Nojiko no te pertenece. Da vuelta a la página y déjala con sus asuntos".
Se adentraron un poco más en los sembrados de mandarinos, hasta que la luz de la luna indicó la llegada a un claro. No podía dejarse ver, y la precaución señaló que era mejor quedarse tras los arbustos. Por la sombra juzgó que ella se había detenido algo más allá del sitio donde se ocultaba.
—Quiero alejarlo de una vez, me las arreglaré para que no pase más tiempo aquí. Necesitaba ayuda, solo eso…
La voz, aunque en susurros, era clara para él desde el lugar que había escogido. Ace apretó los puños.
—Haré que se marche, no voy a retenerlo, quizás haya una forma.
Odiaba sentir dolor por esa razón tan ajena a la vida que había escogido. De seguro el desconocido con quien charlaba asentía a sus razones, incitándola a abandonarlo.
—¿Qué clase de mujer eras, que sabías contenerte? ¿O tu fuerza consistió siempre en que no lo hacías? Entonces, no he sabido ser fuerte como tú.
"¿Mujer, qué diablos...?"
No entendía nada, y cuando se decidió a observar, solo pudo ver una enorme cruz. Nojiko había destapado la botella de vino y dejaba caer el contenido sobre la madera. Ace la vio derrumbarse, enterrando sus dudas bajo aquel túmulo de hierba.
Y se injurió porque había puesto en tela de juicio una correspondencia, que no tenía siquiera derecho a reclamar. Volvió sobre sus pasos, a esperarla en aquella casa vacía.
Nojiko llegó un rato después, el vestido manchado de fango. Al parecer, aún había tenido cosas que confesarle a la madre que yacía bajo la cruz.
—Mañana buscaré una forma de que vuelvas al mar —las palabras, decididas y la sonrisa impuesta—. Debes tener ganas de jugar al pirata de nuevo.
Ace se incorporó lentamente, su farsa de buen chico dormido había terminado.
—Creí que sería el primero en pedírtelo.
Ella no se notaba bien, terminó encogiéndose sobre sí misma en el extremo opuesto del diván. Ace se acercó para cubrirla con una de las mantas, que ella aferró.
—Un pirata nunca debe echar el ancla. —Lo atacó con sus propias palabras— ¡Esta no es tu tierra! ¿Escuchas? ¡Nunca jamás vuelvas!
—Eso solo puedo prometértelo, No —se había acuclillado frente a ella para poder mirarla desde abajo, desde una posición en la que Nojiko pudiera sentir ventaja en aquel momento de crisis—, si tu "jamás" quiere decir "algún día". Para volver a esta isla no necesito de un Log Pose.
—Te falta mucho por conocer y tiempo para convertirte en lo que quieres —hizo un esfuerzo para que lo irremediable dejara de ser un nudo en su garganta. Se mostró ecuánime, al menos en apariencia—. Mejor no prometas nada, tu vuelta es una tabla de salvación a la que no pienso aferrarme.
—Sería muy egoísta de mi parte si ahora te lo pidiera. No quiero pagar con dudas o con temores. Menos todavía con dolor. Oi, aún así, tienes mi palabra de que regresaré, no importa el tiempo que me tome. Y cuando lo haga, será definitivo.
"Esta es tu pelea, sé sincero y no caerás bajo."
Nojiko lo apartó para dirigirse a la mesa. "Me convierto en una necesidad vital, cuando quieres ser libre." —Tomó papel y lápiz, garabateó una especie de mapa donde puso ciertas recomendaciones— "Aunque me niegue a hacerlo, creo que te entiendo".
—Márchate de una vez —lo observó fría, entregándole la nota—, esto te ayudará a volver a las andadas.
Sus manos nunca habían temblado ni él concebía que un día pudiera suceder algo semejante. Era difícil luchar contra aquella sensación de miseria y de injusticia que estaba enraizándose en su interior. Tomó la nota, sin querer pensar en nada más.
—Necesito descansar —la vio ir en dirección a su cama—, lo que sucedió o pudo haber sucedido no tiene importancia.
Se vio detenida por una mano que la asía con fuerza de la muñeca, haciéndola volverse y chocar de bruces contra él. La sorpresa y lo resuelto de la caricia que buscaba dejarla sin aliento, no le permitió siquiera la posibilidad de réplicas. En todo aquel tiempo juntos, nunca le había robado otra cosa que no fuera el alma.
—Perdóname, No —vio el reflejo de su pesar en el abismo de aquellas pupilas dilatadas—. Haz lo que quieras, si decides odiarme por esto no muestres piedad.
—Vuelve a tu historia —lo despidió sin más miramientos—, agota esa sed de aventuras... y nunca jamás regreses.
