Para NereaMugiwara, con todo mi afecto, espero continúes viviendo la historia.

A Mikan McBlack y Draiko, que se han sentido atraídos por ella. A Alex por sus excelentes comentarios.

X

"Ahora, que sueño por las noches, que duermo de día

Ahora que estoy más vivo de lo que estoy." J.S

El viento de la tarde había hecho crecer las olas, empujándolas a suicidarse contra las rocas. Nami y Nojiko contemplaron el ocaso desde el peñón, amparándose una a la otra de la frialdad que traía consigo la puesta de sol.

—No lo recordaba bien... —los dientes le castañeteaban a Nami— lo mucho que cambia el clima en las noches de Cocoyashi.

—Es lógico, alguien estaba muy feliz siguiendo a su capitán —sonrió Nojiko, intentando obtener algo de calor al cruzar los brazos sobre el pecho, mientras friccionaba los antebrazos con ambas manos—. La tonta he sido yo, que sabiéndolo, no traje conmigo algo más abrigado que esta camiseta.

—Va y esperabas otro tipo de amparo —fue la inmediata respuesta de Nami—, creo que eso le vendría mejor a mi hermana que un suéter.

—La verdad es que no sé si sería peor el remedio que la enfermedad.

—¿Por qué?

—Ahora estoy sola, es lo mismo que en paz. —Nojiko cerró los ojos y aspiró el olor del salitre— Ace me la quitaría en un abrir y cerrar de ojos. Inconscientemente, ya lo hace.

—Le das más vueltas que un trompo. Si yo puedo arreglármelas con tres "i", de seguro tú puedes hacer más con una "a". Ace no es igual que su hermano —la pelirroja miró el cielo—, tienes suerte y te quejas.

—¿Tres "i"?

—Idiota, infantil e insoportable: Los tres dones de Luffy. Claro, que eso no quita que tenga al menos la mitad de tu "a".

—¿Y puedo saber cuál es esa cualidad que me estoy perdiendo?

—Lo sabes bien, Nojiko: "Adorable" —y Nami suspiró—. Me gustaría que Luffy se mostrara menos tonto y más como su hermano, pero le encanta sacarme de quicio.

—Deberías contenerte de golpearlo ¿sabes? Hay formas algo más inteligentes.

—Aún así, creo que podemos congeniar. Ya me encargaré yo de llevar el timón, que para eso soy la navegante. Mantener las velas con viento en popa no es tan difícil.

—No podemos comparar las situaciones —Nojiko observó pensativa la cruz de Bellemere—-. Luffy y tú viven una relación poco formal, pueden estar juntos en la noche y despertarse como si no pasara nada en la mañana, cada uno por su lado. No miden consecuencias porque ni siquiera piensan en ellas. A él le basta con quererte, a ti te basta con su protección incondicional.

—¡Lo que corresponde a una hermana mayor es dar el ejemplo, no buscar excusas! —Dijo Nami crispada, tiritando— ¿Qué pasa contigo, por qué es distinto?

—Ace tendría que ofrecerme primero la mano y después un escalón firme donde pisar. Dar el paso definitivo significaría que ambos estaríamos dispuestos a asumir la responsabilidad de ese acto. —Nojiko se encogió sobre sí misma— Y la verdad es que todavía no me fío del agarre.

—¿Oi, Nami, piensas quedarte a dormir en la costa? —Luffy se inclinó a mirarla. Acababa de llegar, cargado con sus avíos de pesca— ¿Por qué tienes la carne de gallina, alguien te ha asustado?

—¡Me estoy congelando, idiota! —Nami pegó el grito y se incorporó de un salto— ¿Se puede saber dónde infiernos estabas?

—Fue culpa de Ace, se puso a vagar por la isla y tuve que buscarlo. Estaba enojado porque le pregunté si podía quedarme con el lagarto cuando tuviera hi... —Luffy calló ante la mirada del hermano, que en ese instante semejaba a la de Shanks— Lo siento, Nami.

—¿Dónde puedo hacer una hoguera? —Ace preguntó directamente a Nojiko, que continuaba sentada sobre la hierba— Creo que eso será suficiente para quitar el frío. Y esta noche, si no me equivoco, habrá lluvia de estrellas.

Luffy no pareció muy entusiasmado, temiendo ver una en el puño siempre dispuesto de Nami.

—Cerca de la costa hay grutas, podemos quedarnos en la que nos escondíamos de Bellemere y ver el espectáculo ¿Qué tal, Nami?

—¡Estoy congelada! —respondió ella, metiéndose bajo la chaqueta del capitán en busca de calor.

—Y yo tengo hambre —gimoteó Luffy.

—¡Si hubieras pescado algo más que eso, no la tendrías!

—Podemos asar el pargo junto con el lagarto de Ace.

—¿Quieres envenenarme? ¡No tienes remedio! Iremos hasta la casa y volveremos con algo para pasar la noche —decidió la pelirroja y estudió el rostro de la mayor— ¿En la gruta de Bellemere, entonces?

—No demoren mucho —la mirada de Nojiko dijo bastante más a su hermana—. Traigan las mantas que tenemos guardadas. Por si acaso fuera necesario, carguen también con el botiquín. Hay comida fácil de elaborar en la despensa…

Luffy no se hizo esperar cuando escuchó su palabra favorita y arrastró a Nami consigo a pesar de sus protestas.

—¡GOMU GOMU NOOOOOO…!

—¿Es que no puedes llevarme caminando como alguien normal?

Viéndolos alejarse de aquel modo inusitado, Nojiko y Ace compartieron una carcajada. El mayor iba aceptando poco a poco la idea de una convivencia con posibilidad de aventuras, aunque fueran de corto alcance.

"Quién sabe, —pensó— va y Nojiko decide acompañarme en alguna de mis trastadas. Sería interesante ver cómo se las arregla. Quizás debiera enseñarle lo básico sobre el combate."

Le tendió la mano a Nojiko, que dudó un poco antes de brindarle la suya. Apenas la tomara, la sensación de frío desapareció, dando paso a la calidez del verano. De un suave tirón la alzó, poniéndola en pie y lejos de deshacer el agarre, buscó enlazar sus dedos de modo que hicieran un acople más firme.

—¿Una carrera hasta los arrecifes? —sonrió conspirativo— El terreno es resbaladizo, pero podemos sostenernos si pisamos con cuidado.

—Pongo una condición, —Nojiko se dejó llevar, amparada en la seguridad de su gesto— que no sueltes mi mano, aunque nos vayamos de bruces contra el suelo.

/

Corrieron juntos a través del bosquecillo y las plantaciones de mandarinos que terminaban poco antes de llegar a la costa. Ace la guió en la oscuridad que comenzaba a caer, Nojiko intentaba mantenerse a la par aunque era difícil alcanzarlo, entonces él se detenía para ayudarla a recuperar el aliento. Llegaron a la línea de caletas que bordeaba la playa justo cuando la noche terminó de conquistar el firmamento. Para mayor suerte, la mole de roca no estaba muy lejos del sitio donde se hallaban. El piso de tierra había terminado para ceder paso a la arena, en la que se hundían sus zapatos haciéndoles más difícil avanzar a la carrera.

—Es mejor que caminemos el resto, —sugirió Ace, sin soltar su mano— imagino que la gruta de Bellemere es ese hueco negro que se ve en la piedra ¿cierto?

—No es gran cosa, pero solíamos jugar adentro cuando niñas... —Nojiko pareció triste— cuando aún no había llegado Arlong.

—Bueno, ahora hemos llegado nosotros —la animó haciéndole olvidar los malos pensamientos— ¿Dónde hago la hoguera?

—Estará bien en la entrada, aquí donde está el piso de roca. Supongo que primero debemos recoger ramas y hojas secas de caleta para alimentarla.

—¿Sabes, No? —dijo mientras colectaba los troncos de la planta— Es una locura que estas pequeñas cosas me hagan sentir lo bueno de estar vivo.

Ella le respondió con una sonrisa cómplice y juntos se dieron a la tarea de amontonar la leña. El fuego crepitó juguetón apenas la tocó, iluminando parte de la gruta. Se sentaron juntos en muda contemplación de las brasas, aunque él lucía inquieto y Nojiko menos segura de sí misma.

—No... —Ace fue el primero en romper el silencio— Me gustaría preguntarte algo...

Ella asintió con la cabeza, la vista perdida en las llamas.

—¿Qué debo hacer para que confíes en mí?

—Trae contigo romero, el perejil que necesito y bastante más de tomillo —Nojiko rió al verlo desorientado, y esta vez no lo ayudaría el log pose—. Salvia creo que tenemos de más.

Volvía a ser la chica de diecisiete que amaba las incógnitas. Sin embargo, la experiencia de sus viajes le dio a Ace el indicio que antes no hubiera conseguido.

—Lealtad, confiabilidad, alivio para la amargura y coraje. —sonrió triunfante y entrelazó los dedos, volviendo palmas hacia fuera—- Una buena receta para quedarme contigo en casa.

Fue de Nojiko la sorpresa al escucharlo, rivalizar con él se estaba volviendo peligrosamente interesante.

—¡Oeeee, Ace! —la voz de Luffy hacía estremecer a las propias olas. No se hallaba a más de un metro, pero siempre sentía la necesidad de ser espontáneo. Cargaba con las mantas, una cajita de madera y un par de largas tablas. Tras él, venía Nami con las cestas de comida— ¡Mira lo que he encontrado!

—Entonces... —Ace se incorporó, acomodándose el sombrero—¿Ya tienes tu propio lagarto, Lu?

—Shishishi, no te librarás tan fácil —Luffy le guiñó un ojo y mostró radiante las tablas— ¿Qué tal una competencia?

—¡Ni lo pienses! —para variar, Nami comenzaba otra vez a dar gritos— ¡Si hubiera imaginado para qué las querías, no estarían aquí!

—¿Para qué iban a ser sino? —Luffy la miró sorprendido.

—¡Creí que íbamos a usarlas para improvisar una mesa y poner la comida!

—Déjalos hundirse a gusto, Nami. —intervino la mayor con calma— Si terminan en el fondo, no será culpa nuestra.

—No lo sacaré, aunque caiga al lado de un tesoro.

—Entonces... ¿Nos divertimos un poco? –Ace tomó una de las tablas y se dispuso a esperar una ola lo suficientemente grande—. Apártate, hermanito, esto no es para debiluchos.

—¿Quién es el debilucho? —gritó Luffy, siguiéndole— ¡Voy a patearte el trasero, si no lo hace antes la ola!

Ace ya había conseguido señorearse de la cresta y realizar una que otra acrobacia dejándose caer después sobre la tabla. Sabía que Nojiko lo miraba hacer y deseaba mostrarse temerario, seguro de sí mismo y equilibrado. Le dedicó todas y cada una de sus ejecuciones, a cual más arriesgada.

"Voy a terminar cayendo sobre la tabla, cuando ésta alcance las rocas de la orilla. Tengo que ser muy preciso en el cálculo o me veré arrastrado por todo el arrecife. Nojiko es difícil de impresionar, pero creo que lo estoy haciendo bien".

Desde la costa, la chica de cabello celeste observaba el espectáculo con ironía. Nami no compartía para nada ni su tranquilidad ni su diversión, Luffy acababa de arrojarse a las andadas contra la ola a punto de romper.

—Es gracioso cómo sienten esa necesidad de presumir —chistó Nojiko—. Lo hacen para llamar la atención y casi siempre el final es un papelazo. Espera y verás.

—Ya había visto a Ace hacer ese tipo de cosas —masculló Nami—, pero ese idiota no acaba de aprender a contenerse cuando de retos se trata.

–¡APARTATE, LUFFY! —el grito furioso de Ace sobre el sonido de las olas hizo sobresaltarse a las dos. Luffy acababa de colisionar con él, en el momento justo que se preparaba para saltar y caer sobre las piedras— ¡CIELOS!

Lo que vino después las obligó a correr, la ola los había arrastrado sin piedad, magullándolos contra los rompientes.

—Lo siento, Ace —fue todo lo que logró decir un hinchado Luffy.

—¡Qué es lo que te pasa! ¡Rayos! ¿Cómo se te ocurre hacer algo así?

—¿No te lo dije? —sonrió Nojiko a Nami— Espera y verás... ahí lo tienes.

Luffy continuaba tirado sobre las rocas, con la barriga llena de agua.

—Si vuelves a hacer eso otra vez, —lo amenazó la pelirroja tomándolo de la chaqueta— juro que te guindaré en el cuarto como un pez guanábana.

Ace se incorporó adolorido, tenía varios magullones en el cuerpo y un ligero corte en la espalda.

—¿Cómo pudiste adivinar que necesitaríamos el botiquín?

—Por favor, Nami, con estos dos en casa lo mejor que podemos hacer es ir tras ellos con la caja a cuestas.

Regresaron junto a la hoguera, Nami y Luffy se dispusieron a servirse la comida, aunque en el caso del segundo era evidente que no tenía necesidad de un plato. Nojiko abrió el botiquín para sacar un poco de algodón y el frasco de antiséptico.

—Te estoy muy agradecido, No, de verdad que sí. Pero no lo necesito.

—Pasarte un poco de desinfectante no está de más —insistió ella—. Deja de jugar al tipo duro conmigo.

—Es un rasguño sin importancia, —añadió con tono ladino— acuérdate que soy de fuego y desaparecerá.

—¿Quieres acomodarte para poderte curar la espalda?

—Creo que no me escuchaste... ¿Eh, yo... tenderme sobre tus piernas? —su negación cambió al instante, al ver el gesto de ella palmeándose un muslo— Haz lo que quieras.

Nojiko sonrió al ver lo fácil que podía resultar convencerle. Una vez que terminó de curarlo, notó que Ace dormía con efecto narcoléptico y el rostro perdido contra uno de sus muslos.

"No derrocha oportunidad, estar al borde de la muerte le enseñó a ver la vida de otra manera".

—¡Eh, Ace! —Luffy le propinó un manotazo en la espalda, antes de que Nojiko pudiera detenerlo— ¿Fue muy divertida esa ola, verdad?

Por muy paciente que Ace tratara de comportarse, su tolerancia iba en picada. Acababa de volver al paraíso de sus sueños y Luffy quitándole la posibilidad de estar en él a sus anchas. Sobre todo porque, prácticamente, no les daba un minuto de respiro a solas. Su carácter empeoró cuando Nojiko lo abandonó para ir junto a Nami.

—Cielos, mira que eres problemático ¿Voy a tenerte de poste el resto de mi vida? —Ace lo miró como si deseara desaparecerlo y susurró molesto— Eso pasa cuando cambias a la carcelera de Impel Down por un hermanito insoportable, que se toma atribuciones por haber ido en tu rescate.

—Pues, si la hermana de Nami te oyera, creo que te entregaría al Gobierno otra vez. —Luffy se encogió de hombros—. Puedes volver con ella a Impel Down, si quieres.

—Bueno, hay un motivo profundo para que no me interesen las rubias, ni a ti las pelinegras ¿Verdad, hermanito?

Ace contempló la figura de Nojiko y a su hermana, ambas corrían hacia un pequeño risco para observar las huidizas estrellas. Nojiko se tendió sobre la piedra, centrando la vista en una luminaria roja que dejaba su estela antes de desaparecer. Caían tan veloces que no parecían dispuestas a conceder esperanzas.

"Si Ace realmente llegara a quererme, —pensó— tendría en mí el hombro donde descansar de sus impaciencias y alguien con quien compartir sus secretos... Sería el puerto donde podría atracar, sin miedo a que el peso de la obligación le impida volver al mar cuando se le ocurra".

Luffy se acomodó el sombrero. Alzó el rostro en sombras y la expresión, antes seria, se convirtió en amplia sonrisa dirigida al hermano— Si fuera tú, me preocuparía por hacer los deseos realidad. No esperes que lo hagan las estrellas.