NereaMugiwara, gracias por tu mensaje y review, son ustedes quienes nos dan el ánimo para escribir y perfeccionar la obra. Mencionarte es una pequeña forma de retribuir tu interés, y como decía Martí: "Honrar, honra".
Rebeca18, me alegro de que te siga gustando la historia.
Agradezco a Gabe Logan y a Alex por seguir en el camino, a Draiko y a Mikan por empezar a recorrerlo. A Nami chan y Ari, que como siempre, me mantienen con el entusiasmo en alto.
XI
"A ti que te has colado
en el coto privado de mi vida" J.S
La medianoche les había sorprendido hablando de constelaciones y leyendas. Para Nojiko y Nami las historias eran algo de lo que siempre habían gustado desde pequeñas. Bellemere tenía muchas, pero las de Ace podían competir en cuanto a diversidad e interés. El calor de la hoguera los había reunido en un ambiente de mayor confianza, permitiendo Nami que Luffy compartiera su manta, bajo la cual se veían dos cabezas atentas a lo que el mayor contaba. Nojiko permanecía a su lado, enrollada en el edredón y envidiando sin malicia la posibilidad de no sentir frío que le daba la fruta del diablo a Ace.
—¿Cuán segura suele ser Cocoyashi a estas horas?
La pregunta sorprendió a las hermanas.
—Ahora sin el dominio tritón, pues... digamos que se puede andar por estos lugares algo más confiados. —Nojiko lo miró curiosa— Pero tampoco hay que descuidarse, los bandidos son comunes en todas partes.
—Se me ocurre una pequeña aventura, antes de que rompa el amanecer. —Ace partió una rama de caleta, con la que hizo trazos en la arena— ¿Hay alguna posibilidad de que ustedes no tropiecen con semejantes ejemplares?
—¡Genial, vamos por la aventura! —en su arrebato, Luffy abandonó la manta, olvidando lo fresco de la noche.
Nami gruñó molesta— ¿Qué propones, Ace?
—Primero hay que asegurarse de que exista algún terreno en el que podamos escondernos a jugar, pero sin que puedan caer en manos de tipos molestos. El ganador se llevará esta pieza de oro... —buscó en su bolsillo, y sacó el lagarto, que respondió disgustado con una mordida. Ace lo apartó, haciéndolo rodar sobre la arena— Lo siento, veamos... ¡aquí está! —puso ante los demás un gran colgante, que de inmediato llamó la atención de Nami.
—¡Oh, se ve muy bien! ¿Cuánto pudiera valer?
—Eh, Nami... ¿Ya no necesitas la manta? —Luffy la miró asombrado y volvió a repetir el gesto de puño contra palma—. Oro misterioso de Ace cura el frío.
—Lo que pueda valer, no importa. —el mayor se encogió de hombros— Perteneció a mi padre, así que lo apuesto con gusto.
—¡Ahhh, el oro no interesa, venga la aventura!
—Bueno, si realmente quieren divertirse —Ace miró algo preocupado a Nojiko, que no había dicho nada— vamos a establecer las reglas. En el Nuevo Mundo hay una tribu de sacerdotisas que cada año retan a los hombres de su raza a superarlas, prácticamente se pierden en los bosques y ellos deben encontrar su rastro, en una especie de cacería.
—¡Esas idiotas no les dejarán usar armas! ¿Verdad?
—Tranquila. Es simple, nadie lleva más que su inteligencia y su capacidad para escapar. —Ace tomó el colgante en su mano y los destellos convencieron mejor a la pelirroja que las razones— ¿Son ustedes buenas ocultándose?
—¡Nami, sé que puedes lograrlo! —el entusiasmo de Luffy iba in crescendo—. Demuestra que eres la navegante del Rey Pirata.
—Está bien, de acuerdo —se encogió de hombros. "Ya intentaré hacerme de la joya por mis medios, si no gano".
—Entonces, ¿Luffy? ¿Te encargas de darle caza? Por supuesto, Nami tendrá una ventaja de tiempo.
—¡Oossuuu! ¡Claro que sí! —el grito de Luffy debió escucharse al otro lado de la isla— ¡Prepárate, Nami!
—No me atrae ser el botín de nadie —Nojiko se incorporó con rostro serio—, ni tampoco me tienta el oro como para hacer de presa.
—¡Pero entonces Ace no va a poder competir y no sabremos cuál de nosotros ganará!
—Declaro que el juego me parece un despropósito... lo cual no quita que lo intente. —Nojiko se cruzó de brazos y miró desafiante a Ace—. Pero con una condición: Nada de usar las habilidades.
—Muy de acuerdo. ¿Entendiste bien, Luffy? Quedarás fuera si escucho un Gomu Gomu —Ace guardó el pendiente otra vez en su bolsillo—. Tanto Nami como Nojiko conocen mejor que nosotros su isla y son las que van a señalar los límites del terreno.
—Quedará en las dos plantaciones de mandarinos que están a la derecha. —señaló Nojiko— Hay una barrera de troncos que marca el final del sembrado.
—En caso de tropezarse con algún desconocido, no duden en gritar, de cualquier forma estaremos cerca y las encontraremos. Sugiero vernos aquí, si Luffy logra capturar a Nami la traerá sobre su hombro, de lo contrario, Nami se quedará con el sombrero de Luffy. Lo mismo nosotros, la pareja que regrese primero y sin hacer trampas, se llevará el oro... Si no hay preguntas, entonces... ¿Lista, Nami?
La navegante asintió y a la señal de Ace, se perdió más allá de la línea de caletas, rumbo a los árboles. Después de un tiempo prudencial, Luffy partió a la carrera brincando de un salto las plantas de la costa.
—¡Eh, Luffy, recuerda que no puedes usar la habilidad!
Nojiko quedó a la espera de su indicación, elaborando mentalmente un plan.
—Primero muerta que cargada sobre tu hombro —soltó cuando estuvo segura de su estrategia—, no concibo nada más humillante.
—Qué razón tan aburrida para vencer —sonrió provocador—, creí que te alentaba más quedarte con mi sombrero, o conmigo de trofeo.
—Los pondré a ambos en mi habitación.
—Entonces ¿debo dejarte ganar? Pero qué chica tan tramposa —le dio la señal de partida con una amplia sonrisa y al verla alejarse añadió para sí—... Creo que valdrá la pena.
/
Ace observó el camino en busca de algún rastro, cosa difícil en la oscuridad de la noche para otros ojos no habituados a esas situaciones. Tanteó con la mano el terreno, era evidente que la chica había borrado sus huellas a conciencia. El aroma fresco de la hierba, se elevaba en agradable consonancia con el olor a tierra fértil y la fragancia dulce de los frutos en época. Los mandarinos ocultarían su esencia de quien la buscaba… y su mente se lanzó de inmediato tras la similitud del aroma en la caída de un cuello, por el que podía correr el deseo hasta llegar al triunfo de unas curvas redentoras... Pensó en la aproximación entre la tierra y el vientre que espera una semilla…
La naturaleza estaba jugándole una mala pasada, era obvio si respondía a una diosa con intereses determinados. Aquellas sacerdotisas sabían muy bien lo que hacían al llevar a los hombres a buscarlas, despertaban sus instintos, preparándoles para el ritual que vendría después. Y él, tan bajo, había propuesto aquel juego con un único fin. Pero Nojiko había aceptado el reto, y algo le decía que tenía que ser así, que en el fondo ella esperaba vivir la aventura de su conquista, tuviera o no un final apoteósico.
Echó a un lado todo pensamiento que pudiera desconcentrarlo y avanzó silencioso. Los sembrados no eran muy grandes, pero los árboles abundantes y las copas se encontraban en la altura. La poca luz de las estrellas no ayudaba mucho. Un búho pasó rasante y se vio obligado a bajar la cabeza. Una sombra en movimiento le alertó que podía haber alguien agazapado detrás de las rocas, a escasa distancia de donde estaba. Fue ocultándose poco a poco tras los troncos y acercándose al montón de piedras. La sombra volvió a agitarse, era difícil determinar su tamaño real por la falta de luz, además de que las rocas la deformaban.
Ace sonrió mordaz, no podía ser que alguien como Nojiko se lo pusiera fácil. Ella, que medía su dignidad por el esfuerzo empeñado en la conquista, haría lo imposible por ver si se consagraba en la búsqueda. Apenas a unos pasos del conjunto de piedras, que sobrepasaban un poco su altura, la sombra pareció perderse. De un movimiento rápido y ágil logró ubicarse tras la pequeña mole de roca, atinándole con la mano a quien fuese que estuviera detrás. El animal, esquivándolo, dio un salto hacia su hombro, y quedó allí agazapado, la cabeza oculta bajo los mechones de cabello.
"Tú otra vez", pensó Ace volviéndose a hacer cargo del lagarto y lo puso en el bolsillo junto con el colgante. "Rayos, que eres bastante molesto ¿sabes?"
Le pareció escuchar una risa burlona y fue la señal para orientarse de dónde provenía. Se adentró sigiloso en el terreno, tomando unos surcos a la derecha. El sonido de los animales nocturnos era todo cuanto oía, pero aquel murmullo humano estaba firme en sus sentidos, indicándole el camino. La barrera de troncos superpuestos que limitaba el área de siembra ya era visible. Se movió como una sombra hasta la última línea de mandarinos y vio la figura oculta entre unas pilas de leña acumuladas. Pareció sorprenderse al verlo ir en su busca, e intentó huir pero él fue más rápido.
Habló el silencio por ellos, para que el sonido de sus palabras no traicionara sus posiciones. Ace contuvo la risa al ver la expresión de alivio en el rostro de Nami y soltó su brazo, que había atrapado. Le deseó suerte con un guiño y continuó su camino. Varios surcos más allá, Luffy, sentado sobre la hierba, acumulaba una pila de cáscaras de mandarina. Ace supuso de inmediato a qué se debía la risa de Nami, solo esperaba que éste se entretuviera un poco más, para ella escapar y volver junto a la hoguera, dándose por victoriosa. Eso le hizo pensar que quizás Nojiko, en esos momentos, estuviera de vuelta.
"Imperdonable, serás idiota", se maldijo por su descuido "mejor desaparece de su tierra si no logras hallarla".
Volvió sobre sus pasos, atento a cualquier pista que pudiera presentarse. Esa vez no cometería errores. Cuando vagaba por los surcos de mandarina King, creyó escuchar el sonido de una rama partiéndose.
"Unos árboles más allá, está cerca" y se adelantó animado por el deseo de encontrarla. El mandarino más próximo dejó caer varias hojas, anunciándole el triunfo. Dio un pequeño rodeo al lugar y trepó silenciosamente al árbol contiguo, aferrándose a las ramas que se notaban más gruesas. Al impulsarse para estabilizar su posición en una de ellas, sintió que un fruto lo golpeaba fuerte y certero en el hombro izquierdo. La risa inconfundible de Nojiko llenó sus oídos.
—Estaba esperándote —otra vez el chasquido que lo condujo a ella.
Ace alzó la vista para encontrarse con la chica, sentada sobre una rama del mandarino y un tallo partido en la mano, que blandía como cetro. Sonrieron al unísono, él sorprendido de su estrategia, ella de placer al verlo sorprenderse.
Descendieron del árbol cuidando de no hacer mucho ruido y atraer la presencia de Luffy, que de seguro aún comía sus mandarinas o se había dado a buscar a Nami al terminar el banquete.
—Dejaré que me lleves, —suspiró Nojiko una vez en el suelo— pero nunca sobre tu hombro.
—¿En mis brazos estará bien? —y no esperó su respuesta para hacerlo, pese a los reparos que mostró después con una inusual pataleta infantil— No lo creo —Ace rió tierno—, portándote como una niña…
—Las niñas no juegan a ser cazadas. —se quedó quieta, mirándole. Sus dedos se perdieron en las desordenadas hebras oscuras—. Termina lo que empezaste.
Que Nojiko se mostrara tan dispuesta era más de lo que podía esperar, y razón suficiente para no esperar más.
Escucharon el grito de triunfo de Luffy desde algún lugar del bosque y su carrera a través del sembrado rumbo a la pira.
—Regresemos entonces. —Ace la depositó con cuidado y luego de quitar del cabello celeste las hojas que se le habían adherido al trepar a los árboles, la coronó con su sombrero— La victoria es tuya, aunque Nami se lleve el oro.
—¿Y quedarme con las manos vacías? —Había un misterio en su sonrisa—. Quiero mi recompensa, todavía no llega el amanecer.
