A Alex, que estaba a la espera de que pudiera suceder…
A Nami chan, que con sus consejos e intercambios me ayuda a seguir adelante.
Y a Mikan, a quien espero le siga gustando tanto la historia.
ADVERTENCIA de un principio de Light lemmon (La verdad es que voy en contra de ella, porque lo he trabajado bastante cuidadosamente y no me parece que la necesite, pero bueno…)
XII
"Y tembló un pájaro en tu pecho
Cuando mi boca fue pasando
De las palabras a los hechos." J.S
La tomó firme de la mano, como si lo sucedido fuera un delirio y necesitara de aquella confirmación llevándola de regreso consigo. Nojiko pisaba con cuidado, apenas veía bajo el sombrero y eso la obligaba a estar alzándolo constantemente. El camino de vuelta se le hizo algo difícil y fue allanado solo por el inusual comentario de Ace.
—¿Sabes? Creo que podré cumplir el sueño de alguien más... —respiró tranquilo— No me preguntes ahora, todavía es demasiado pronto como para que suceda.
Y no iba a hacerlo, Nojiko sabía que ya vendrían las explicaciones cuando el momento lo indicara. Le respondió con la sonrisa de quien anota un punto a su victoria.
Bordearon las caletas acercándose a la hoguera, donde a la luz de las llamas, dos figuras parecían haberse transmutado. La pelirroja llevaba el sombrero de Luffy y habían intercambiado playera por camiseta.
—No lo creo. ¿Te han hecho polvo, hermanito? —con una sonrisa burlona, se acuclilló frente a él— Por perder has perdido incluso la playera.
—Eso… no tiene que ver con el juego. —soltó riendo y sin tapujos, a pesar de que Nami lo amenazaba con el puño— Hay quien pierde hasta la cabeza por otras cosas.
—De repente me siento atraído por esa camiseta rosada con berries… —hizo coro a la risa de su hermano—Creí que el ganador eras tú, porque el alarido estremeció media isla. —en el fondo sabía que Luffy había optado por cederle a ella el honor, aunque se hiciera con los lauros. En esas cosas, actuaban igual— Ya veo que Nami te llevó la delantera, bien hecho. De todas formas, el colgante es de los dos, hagan lo que quieran con él.
Sacándolo del bolsillo, lo lanzó a los pies de la navegante. Conociendo a Luffy, se lo dejaría del todo a ella, como efectivamente, sucedió. La pelirroja no tuvo más ojos en los siguientes minutos que para la joya.
—Y como en realidad, aquí nadie ha perdido…
—¡Eh, que la hermana de Nami lleva tu sombrero!
—Es obvio que lo lleve si le luce bien, —Ace sonrió ante la mirada incrédula de Nojiko, que acababa de acomodárselo otra vez.
—Ñak, Ace. Tú no pierdes ni a las escupidas —Luffy le sacó la lengua en toda su extensión, mostrándose inconforme.
A pesar de que continuaba embebida en la calidad del oro, Nami levantó la cabeza para dar una orden.
—¡No le hagas eso a tu hermano! ¡A partir de ahora Ace es parte de la familia!
—Ah, ¿a partir de ahora?
—Para Nami empiezas a contar como miembro solo después de que le entregaste la joya —Nojiko se encogió de hombros—, ya deberías conocerla.
Para sorpresa de la navegante, Luffy había estirado su brazo desposeyéndola de la presea.
—¿Qué diablos haces? —los gritos podían despertar a los habitantes más cercanos a la costa— ¡No voy a dejar que me la quites!
Nami se lanzó contra él buscando el modo de recuperarla, pero la habilidad de Luffy para esa clase de travesura resultaba demasiado ventajosa, conforme sus puños cerrados se hacían difíciles de forzar. En uno de los estirones, logró capturar su brazo, pero al volver observó aterrorizada que no había rastros del colgante en su mano.
—¿Qué hiciste con MI JOYA? —Nami estaba a punto de explotar en llanto y cayó de rodillas en la arena— ¡No entiendo por qué tienes que ser tan idiota!
—Oi, ya no está. —Luffy se contempló la mano, aparentemente sorprendido— Creo que la lancé más allá de los sembrados.
—¡IDIOTA, IDIOTA, IDIOTA! —lo sacudió con frenesí una y otra vez, tomándolo de la camiseta. Ace y Nojiko los observaban atónitos, incluso para ellos, la escena era incomprensible— Ahora… vas a ir a buscarla, así te metas lo que resta de la madrugada o un mes… —suspiró después de desahogarse e incorporándose, fue en busca de las mantas y la cesta con los platos, donde ya no quedaba comida. Al pasar junto a Nojiko sonrió— Voy a cuidar mis intereses, los veré en casa.
—¿Realmente crees que va a aparecer tu colgante con esta oscuridad?—se preocupó la del cabello celeste. Sabía lo obsesiva que podía tornarse Nami con el oro— Espera un poco, no falta mucho para que amanezca.
—No quiero que un estúpido granjero lo halle primero que yo. —Declaró mirando a Luffy de reojo— Así que más vale que lo encuentre pronto.
Ace se limitó a observar a su hermano, que reía como un poseso.
—¡Och, tengo trabajo que hacer! —Luffy se levantó de un salto y le guiñó un ojo—¡Hasta después, Ace!
—Vaya, Nami ha hecho un desastre de esa simpleza —musitó Nojiko, cruzándose de brazos mientras los veía alejarse—. No me extrañaría que al volver todavía estuvieran en eso.
Una gota apareció en la frente del mayor. Luffy marchaba con el entusiasmo de quien iba por un trozo de carne y no de un colgante perdido...
—Deberíamos apagar la hoguera, con los gritos de Nami y el juego entre los mandarinos, es posible que Genzo o algún otro venga a ver qué sucede. —Nojiko pasó el reverso de su mano por la sien— Aunque lo más probable es que se hayan percatado de quiénes se trataba y nos dejaron en paz. Consideran mucho a Luffy después de lo de Arlong.
—No hemos hecho nada malo, —Ace se dedicó a ahogar la lumbre— excepto jugar y revivir leyendas.
—¿Te importaría contarme una más? —Nojiko se envolvió en la manta, volvía a sentir frío y miraba la gruta buscando amparo— Bellemere solía hacerlo antes de irnos a la cama.
—Eras una niña malcriada ¿no es cierto? —vio como se dirigía a las rocas y la siguió de inmediato, poniéndose a la par— De seguro te llevaste unas cuantas palmadas.
—Menos que tú, en todo caso. Aunque Dadan podía haber sido más ruda contigo ¿Te parece bien si quedamos aquí? Estaremos resguardados del frío… —lo miró irónica— Bueno, olvidaba que tú no lo necesitas.
—Puedo hacer algo mejor que una hoguera —Ace abrió la mano, de la que hizo brotar pequeñas luces verdes—. Es fuego de luciérnagas, si las acomodo en varios puntos de la gruta tendremos algo de luz.
Terminaron sentándose sobre el piso de arena, en un sitio donde la piedra abría hacia un refugio natural hecho por las caletas, juntando ramas y hojas en una especie de cúpula. Nojiko envolvió con la manta sus hombros, para después inclinarse y rodear las piernas con sus brazos. Apoyó el mentón sobre las rodillas, en silenciosa espera.
Frente a ella, Ace la contemplaba a su vez, aguardando ansioso el momento ideal en que se acomodara a la situación y ofrecerle algo más que una leyenda, pero igualmente imperecedero.
—Háblame del ritual de esas sacerdotisas, —Nojiko rompió el silencio— es evidente que ese juego en apariencia ingenuo buscaba servir a alguien.
—Tienen una diosa a la que dedican su inocencia en ese rito. —Ace se tornó incómodo— Es una raza que intenta perpetuarse a costa de la selección natural, el hombre que sobreviva en sus bosques y logre capturar a una de ellas, tiene derecho a la descendencia. Algo parecido a las kujas de Amazon Lily, pero no exactamente igual.
—¿Participaste en uno de esos? —Nojiko rió al verlo mudar de expresión hacia una más grave— Oye, no es un problema que lo hayas hecho.
—El hijo de Gol D. Roger no va a perpetuar su casta. Suficiente conmigo, que ni siquiera debí haber nacido. —cruzó las manos tras la nuca— Y siendo la descendencia el objetivo primario y no otro…
—Te arrojaron al mar sin contemplaciones, por no servir a la divinidad como pedía.
—Hay dioses extraños en el mundo y algunos bastante caprichosos, —Ace hizo bailar con un dedo el aro en su muñeca— no es que crea en ellos ni mucho menos, pero supongo que hay que tenerlos en cuenta. Por eso llevo este amuleto, que perteneció a un dios guerrero. Si me protege o no, es algo que dejo a su gusto.
—Pero suponiendo que lo hiciera, está visto que debes de interesarle mucho. Al menos pudiste salir vivo de Marine Ford —Nojiko observó la prenda y sonrió ampliamente—¿Dónde lo conseguiste?
—Bueno, me lo dio un viejo ciego que al principio estuvo a punto de matarme porque tomé la comida de una de sus ofrendas. Pero cuando tocó mi cabeza, y supo de cual de los altares la había sustraído, dijo que esa deidad me quería por poseedor. Me llamó "oní Sángo" o algo así.
—Para no tomártelo muy en serio, le pusiste bastante interés.
—El viejo era un poco cascarrabias pero sus historias me llamaron la atención. —Ace se encogió de hombros— Por otro lado, estaba tan agradecido por la comida que lo menos que podía hacer era escucharle.
—Ya veo.
—Bueno, era evidente que se trataba de una especie de adivino, o algo así. Tomó este aro del altar y me lo entregó diciéndome que, como todos los poseedores de Sángo, era impulsivo, pasional y excesivamente dado a fiestas y banquetes. Que por mi inconsciencia iba a verme en peligro de muerte y que para tener estabilidad debía buscar a una mujer igual a una de las diosas que se unió a Sángo.
—Pues acertó en gran parte, y apuesto a que no le hiciste el menor caso.
—Es obvio que no, pero en el fondo reconozco que tuvo razón, por eso llevo esta pulsera. Para recordar sus palabras, sobre todo las últimas.
—Que te compre quien no te conozca. —Nojiko lanzó una carcajada— ¿Ese dios pretende que alguien en su sano juicio cargue contigo?
—Bueno, como tienes el mismo temperamento que esa deidad a la que se unió... —Ace sonrió maligno— Puedes lidiar conmigo, eres fuerte, y estás lo suficientemente chiflada como para intentarlo.
—¿Qué me ofrecerías tú? Las divinidades necesitan sacrificios y no te pediré menos.
—Bueno, estoy dispuesto. —le susurró malicioso al oído— ¿En sangre o en simiente? Confieso que me gustaría más la segunda.
—Vuelve a decir eso y cruzaré tu cara con una bofetada —Nojiko lo amenazó con un gesto, que él reprimió sin hacerle daño.
—Denegado —sonrió a plenitud con la derrota de ella y tomando sus dedos índice y del medio los saboreó más juguetón que malintencionado, para añadir con tono calmo— ¿Sabes? No va conmigo eso de que me golpees.
Nojiko respondió a la caricia supuestamente irritada, estaba visto que no le agradaba perder de aquella manera. Intentó pegarle usando la otra mano, que se vio igualmente aprehendida.
—Volvemos a los juegos peligrosos... —Ace la sometió sin mucha presión contra la arena y sonrió divertido— Pero qué chica tan problemática...
Nojiko estaba tensa, veía próxima su caída y estaba lejos de poder o querer encauzarla. Tenía las manos cautivas y el peso de Ace, aunque apoyado en los codos, estaba a punto de imponerle obediencia a sus caderas ladeadas. Algo había subido por sus muslos, deteniéndose en el ombligo. Un sudor frío la cubrió, obligándola a cerrar los ojos ante aquella sensación extraña. No pasó mucho tiempo, antes que una mano apartara lo que había corrido a lo largo de su cuerpo.
—¡HIKEEEN! —vió a Ace enviar contra el lagarto uno de sus puños de fuego, que felizmente esquivó— ¡Animal pervertido!
Del susto, Nojiko pasó de la tensión a la risa.
—¿A quién le reclamas? Como su dueño, es enfermo adictivo, solo que te tomó la delantera.
—El dueño tiene motivos profundos y ocultos para desear más y no ir tan rápido —Liberó sus manos, a cambio de un abrazo que redujo los intentos de huir al arqueo involuntario de su espalda— Culpa de un remedio del que solo tomé la mitad...
—¿Por qué no te ganaste la otra? —suspiró con una resignación que sus piernas desmintieron en el modo de ceder al asedio— ¿Y ahora insistes en beberte el frasco entero?
—Hasta la última gota.
Nojiko se mordió los labios, la mirada fija en él. —No es igual que antes, Ace. —Sus dedos juguetearon con los mechones oscuros que le caían sobre los ojos, acomodándolos tras la oreja para que no los molestaran en lo que vendría después— Ambos hemos caminado bastante.
—Bueno, supongo que ahora será mejor. —sonrió ladino— En todo caso, primero debo probarlo.
—Ni una gota.
Sus piernas le aprisionaron los costados y los talones buscaron acoplarse a la parte trasera de sus muslos en una perfecta negación.
—Lo que tú quieras darme, No, estará bien. —su rostro se perdió de lleno en el busto, abandonándose a la esencia de fruta que manaba de sus pechos— Esta vez decido quererte… y no voy a echarme atrás.
—Ace —aprisionándole los cabellos con sus dedos, hizo que apartara por un segundo boca y semblante de la carne abultada en su escote— no pienso mostrarte piedad.
Respondió alzando el rostro, conforme sus manos asían el borde inferior de la camiseta de Nojiko, y tiró hacia arriba.
—Tampoco voy a concedértela.
