Este va dedicado, primero que a nadie, a Theodore Sturgeon, a Rubén Martínez Villena y a Mirtha Aguirre, maestros de la prosa y la lírica erótica. He aprendido con este capítulo, cuán difícil es escribir sobre el tema sin que luzca vulgar.
En especial a Ari, para que lo sueñe. A Nami chan, a quien considero muy buena escribiendo lemmon y Gabe, que me pregunto qué pensará.
A Alex, que lo esperaba y a Ace, que se lo merecía.
**Advertencia de pequeño tratamiento erótico**
XIII
"De ti depende y de mi,
Que entre los dos siga siendo ayer noche
Hoy por la mañana." J.S
La observó, ávido aún de sensaciones insólitas, aunque las huellas de Nojiko sobre su cuerpo ardían en la mañana más que las torturas de Impel Down. Vestigios que no desaparecerían de su piel ni con la rápida acción de la Logia, muestra clara de una entrega febril devenida justa venganza, por atreverse a tomar aquel estuario de agua salada que era su vientre, declarándose dueño absoluto. Nojiko lucía plácida envuelta en sueños, entretejiéndose con su cuerpo como si deseara enraizarse. Nada que semejara a la nocturna indómita que había sometido a fuerza de ternura y que a su vez, lo vencía con su vanidad de mujer infalible. Tan segura de sí misma al entregarse y responder, le hizo notar lo incomparable de un frenesí correspondido. El temblor elástico de sus extremidades, había cedido ante la paz de un desenlace bañado en asombro, sin remordimiento alguno y con el placer del triunfo ahogado en el clamor de las olas, que rompían furiosas contra la costanera.
Había echado el ancla, sin duda alguna. Después de todo, aquel dicho del bajo mundo que aludía al poder irresistible de las curvas femeninas era del todo verídico.
El amanecer le hizo recordar que se hallaban en un espacio oculto a las miradas, pero inseguro. Despertarla aún con la más leve caricia le parecía un sacrilegio, cosa extraña para quien no se andaba con miramientos románticos, aún así se incorporó un poco sobre los codos, e inclinó la cabeza para soplar suavemente, apartando sus cabellos y refrescándole el rostro.
Nojiko sonrió, estrechándolo un poco más con los brazos. Sus párpados temblaron indecisos en abandonar el sueño y despertarse a una realidad que podría no ser.
—Oi, todo está bien... —fue un susurro confortador acompañado de cierto guiño cómplice— Me conoces, no voy a echarme atrás.
Nojiko levantó despacio el rostro, para encontrarse con la sentencia de un "está decidido que voy a quererte, aunque no quieras" en su mirada—. Me acostumbré a abrir los ojos y no verte durante seis años.
Ace suspiró dolido y se dejó caer otra vez sobre la arena, para poder acomodarla a ella en un abrazo firme y seguro, que a la vez, apoyara la determinación de sus palabras.
—No, escúchame... —la alzó un poco de modo que pudiera hablarle al oído y ocultar entre sus cabellos un semblante adusto, que ella no debía ver—Creí que el no someterme ante nadie, podían hacerme invulnerable a ciertas cosas... Quise pensar que terminarías olvidándome y yo confiaba en poder hacerlo a mi vez, hasta que a punto de agonizar, me obligué a vivir no solo por Luffy, sino por ti. Fuiste la causa de mi resistencia en los momentos más siniestros y repugnantes de Impel Down.
—Ace, eres todo un mentiroso... —Nojiko suspiró, recostando la cabeza en su hombro— y lo suficientemente fuerte como para aguantar golpes más duros sin necesidad de recuerdos.
—Tanto peor si lo soy —la respuesta fue cortante—, mi orgullo hace que termine pretendiendo tonterías como la de no tener corazón ni nervios.
—Si quieres lo sigo creyendo... —lo tomó de sorpresa, los labios irrumpiendo en los suyos como una ola entre las piedras. Quedó desconcertado ante lo insólito del gesto, no era ella de dar ligero y sí de poner al deseo a hacer antesala, por lo que aquel impulso merecía una atención, una respuesta digna y consoladora en la que ahondó hasta sentir que le exigían el aire diez estiletes clavados en su espalda— Pero va a ser difícil que me convenzas.
—Bueno, ya no importa que sea un secreto a voces. —Sonrió y la colocó a su lado para desperezarse, mientras bostezaba— Enfrentaré la situación, no voy a dar la espalda.
Echó la cabeza atrás y disfrutó en silencio de su conciencia tranquila.
"Habiéndote dicho eso, creo que podré hallarme de una vez por todas."
—Supongo que habrá preguntas inevitables al regresar a casa... —Nojiko mostraba una faceta que Ace no había visto nunca y era aquella en la que se ruborizaba como una niña cogida en falta— Eso nunca me había importado, pero ahora…
"¡Rayos, se ve tan linda... y no puedo...!" —Viéndola de ese modo, el deseo le inflamaba la sangre y debía contenerse para no hacer una locura. Era media mañana, y no se perdonaría que algún merodeador curioso pusiera en duda el buen nombre de Nojiko ante los lugareños, si los encontraba en tal situación. Tragó en seco, obligándose a poner límites a la embriaguez de explorar nuevas emociones
—No creo que Luffy se meta en mis cosas. —Ace acomodó el cinturón, que insistía en quedar ladeado, y se caló el sombrero. Se volvió en un gesto atento para dejar intimidad a Nojiko, que recién abandonaba la manta—. Pero en todo caso si te vieras precisada por Nami, puedes decirle que contaré como miembro de la familia, haya o no encontrado la joya.
/
Luffy intentaba alcanzar el paso acelerado de la navegante y no quedarse atrás. A juzgar por la expresión de ella, había vuelto a olvidar que su capitán existía ante la visión de la joya.
—Nami —Luffy requirió su atención— Naami... Naaaaami... Naaaaaaaaaami.
Ella le ignoró deliberadamente y siguió camino a casa con la mirada perdida en la pieza de oro.
—Nami, que no es un log pose para que lo mires así —Luffy estiró la mano, consiguiendo detenerla antes de llegar a los mandarinos— ¿quieres pararte de una vez?
—¿A quién le entran ganas de hacerte caso? —rezongó poniéndole ante los ojos el colgante, y un rayo de sol incidió en ellos, encandilándolo por completo. Luffy se llevó las manos a los ojos para atenuar el lagrimeo— ¡No después de sacar mi trofeo de un corral de gallinas a media mañana!
—Lo siento... —se restregó con fruición— Además, quien aguantó las picadas de los gallos y caer en el lodo al saltar la cerca fui yo.
—¿Y que nos confundieran con ladrones, teniendo que correr media Cocoyashi? Sin dudas que eso también fue culpa tuya —dijo enfurecida, e iba a seguir adelante cuando el brazo elástico de Luffy la hizo retroceder de sopetón. No pudo siquiera gritarle su palabra favorita, ante la mano cubriéndole la boca.
—Estate quieta, Nami —le dijo serio. Cuando aquello sucedía y él solía imponerse, la navegante se obligaba a obedecer... pero solo porque era señal de inmediato peligro.
La casa se hallaba rodeada de marines, esperando el arribo de sus moradores. Un hueco enorme lucía en la pared, donde los ladrillos habían saltado desperdigándose, llegando incluso a las parcelas.
Algunos marines se atrevían a hurtar una que otra mandarina, que escondían en sus gorras o bolsillos.
—¡Mafffffditos ideeeeeiotas aprovvvffechawwdos!
Luffy apretó un poco más la mano contra los labios de ella—. No grites, Nami, o van a darse cuenta de que estás aquí.
—¡Están robándome las mandarinas! —le indicó irritada con expresión gestual.
—Ooosu, esto es cosa mía —Luffy dejó de amordazarla con las manos, para traquearse los dedos—, hay que obrar con inteligencia.
Nami lo observó entre sorprendida y colérica, preguntándose si el capitán se había dignado a pensar una estrategia. Después de todo, era una buena cantidad de soldados y el que había hecho aquel agujero en el ladrillo debía tener al menos una habilidad. Solo entonces notó que había desaparecido.
—¡EH, LOS QUE SE ROBARON LAS MANDARINAS DE NAMI! —lo vio gritar con los brazos en jarras, enfrentando la tropa de marines— ¡O las devuelven o los pongo a sembrar, después de patearles el trasero!
Nami se llevó la mano a la frente e hizo un gesto negativo con la cabeza. El capitán nunca dejaría sus modos, era evidente que al final terminarían enredados con las tropas. Deseó que Ace y Nojiko estuvieran pronto de vuelta.
