Un beso a Rebeca18 y mi alegría porque le haya gustado tanto la inserción de Garp en la historia.

XV

"Puedo ser tu abogado y tu juez,

tu miedo y tu fe

tu rencor, tu por qué, tu agonía..." J.S

Nojiko observó aprobatoria el sitio donde estuviera el agujero y sonrió tranquila. Un arreglo perfecto. Luego de obligarles a desmontar la pared más de cinco veces, había conseguido casi tanto respeto de los marines como el propio Garp.

Solo cuando vio la casa lucir como nueva bajo las dos capas de pintura, se dignó a invitar al marine a un café como debía ser. Este aceptó sin miramientos, aunque haciendo notar después que la nueva colada era, con mucho, más suave de sabor que la anterior.

Luffy había vuelto a ganarse dos puñetazos al atreverse a contar a Nojiko los entrenamientos a que era sometido de niño. El marine fue obsequiado con el apelativo de salvaje por parte de la mayor. Ace se mantenía al tanto por si en algún momento debía intervenir en defensa de alguien, aunque Nojiko parecía arreglárselas bastante bien.

—Por cierto Ace, —Garp se hurgó en la nariz—, no me contaste cómo pudiste librarte de esa carcelera de Impel Down que te había echado el ojo. ¿Cuántas veces visitó tu celda? ¿Entre diez y treinta? ¡Menuda obsesión tenía contigo!

Ninguno de los presentes había visto palidecer a Puño de Fuego Ace de la manera en que lo había conseguido Garp. Siquiera Luffy, que lo contempló a punto de morir, recordaba que en esa ocasión luciera igual.

—Oh, olvídenlo —trató de remediar el viejo, demasiado tarde. Nami y Luffy contemplaron nerviosos a los mayores, aquel comentario del marine había caído en un momento clave.

Ace, a punto de estallar de vergüenza e indignación, prefirió hundirse en el sombrero y abandonar el sitio encerrándose de un portazo en la primera habitación que encontró. Nojiko quedó en el lugar, atenta como siempre a recoger la vajilla, lo que hizo en silencio y en apariencia, inmutable. La pelirroja sabía sin embargo, que su hermana estaba a punto de embutirle la azucarera en la cabeza al viejo marine.

"Maldito sabueso del Gobierno, es capaz de echar a perder las cosas", pensó Nami "ahora que se notaban tan seguros..."

—¡Voy en retirada! —anunció Garp, rumbo a la puerta. Sin dudas, con aquel comentario había logrado desquitarse con o inconscientemente del trato que Nojiko le diera— Y manténganse alerta, porque aunque no diga nada al respecto, el nuevo Gobierno no se ha olvidado de algunas cosillas que mantiene pendientes.

Desde el interior de la casa, Nami, Luffy y Nojiko lo escucharon dar orden de retirada a sus tropas y marchar rumbo a la costa.

—Vaya un abuelo que tienen —musitó la del cabello celeste, rumbo a la cocina—. La próxima vez no me mostraré tan caritativa.

Nami y Luffy quedaron en el salón. El segundo había vuelto a la normalidad apenas Garp cruzara el umbral de la puerta.

—Justo cuando esos dos lograron entenderse de una buena vez… —suspiró Nami— ¿Ahora qué podemos hacer?

—Nada. —Luffy se dejó caer hacia atrás en el diván y llevó las manos a la nuca— Excepto ver si quedó algo en la despensa.

—¿Es que solo piensas en atragantarte? —Nami lo sacudió tomándolo de la playera— ¡Mira la situación que tenemos por culpa de tu abuelo!

—Naaaaaaaaaami, —Luffy la dejó sacudirlo hasta que se calmara y solo entonces aflojó sus manos— lo que digo es que solo ellos pueden remediarlo. Si fuera al revés, tampoco permitiría que Ace se entrometiera en mis asuntos, cada uno tiene su camino.

—¡Todo lo ves como una aventura! —el sollozo de Nami le llegó adentro— ¡Y esto es muy serio!

—La mayoría de las aventuras también lo son, tú mejor que nadie lo sabes, Nami. —Luffy la miró grave—. Hay riesgos y peligro de muerte a cada paso, sientes que de ti depende la seguridad de los demás... no he visto nada más parecido a la vida en familia.

—Está bien, tienes razón. —aceptó de mala gana, porque era innegable. Hubiera dado lo que fuera porque Luffy se portara de aquella forma por más tiempo, pero éste apenas se lo concedía a los chispazos de madurez. Quizás porque los guardaba solo para instantes imprescindibles— Esperemos que sepan navegar en la tempestad mejor que nosotros.

—¿Quedó algo en la despensa? —volvió a ser el de siempre— Si no hay carne, voy por unas calabazas gigantes que vi en el huerto vecino.

Nami suspiró resignada, el capitán había puesto punto final a su modo.

/

Nojiko abrió lentamente la puerta de su habitación, para cerrarla tras ella con cautela. No dijo una palabra al verlo sentado a un extremo del lecho, con los codos en la ventana y observando el jardín como si deseara reducirlo a cenizas. Por un segundo lo odió, por no confiarle su pasado y tener que conocer detalles del modo en que los había obtenido. Pero en eso estaban parejos, él tampoco le cuestionó las veces que había recibido marineros ansiosos de atracar en su puerto.

Buscó lo necesario para darse un baño y olvidar, al menos en parte, la mitad del día que no le había sido grata. Él apenas se movió de su sitio. Al regresar, lo halló en la misma posición. Incómoda por las circunstancias, decidió que aquella tarde no iba a dedicarse a la cocina, ni tampoco tenía cabeza para otra cosa que no fuera dormir. Apartó un poco la manta para hacerse lugar y quedó acostada en el otro extremo del lecho, dándole a él la espalda. Si Ace pretendía quedarse así hasta el día siguiente, no iba a sacudirlo para que saliera de ese estado. Ignorarlo pareció dar sus frutos, puesto que se volvió al cabo, mirándola confundido.

—Perdona, No, lo siento. —hizo ademán de levantarse para marchar—. Ni siquiera me percaté era tu habitación. Acepta mis disculpas

Nojiko le observó y fue suficiente para darse cuenta de que había sufrido lo indecible con aquel comentario del viejo Garp. Ace no era de los que vivían con remordimientos, lo había demostrado una y otra vez, ¿qué tan grave había sido aquello? ¿Acaso tenía tanto miedo a perderla si ella se enteraba de lo sucedido? Fuese como fuese, no admitiría que Garp le ganara la partida con aquel truco sucio.

—Puedes quedarte si quieres, no me molestas —usó un tono neutral, en espera de lo que pudiese acontecer—. Siempre y cuando estés quieto al otro lado.

Ace detuvo sus pasos para mirarla, alzando una ceja.

"¿Por qué no me rechazas, por qué no me preguntas y cuestionas?"

Nojiko era sin dudas una mujer excepcional.

—Deberías dejarme ir.

—¿Quieres hacerlo?

—No —clavó la mirada en el piso—. No lo creo.

—¿No? ¿Esta vez es mi nombre o estás negándote a abandonar el sitio, o no crees lo que acabo de decirte? —hizo un juego de palabras para crear un espacio libre de tensiones. Y lo logró.

—Lo segundo y también lo tercero —¿qué clase de persona era Nojiko que le permitía una sonrisa, aún en sus peores momentos? Ace no entendía que tal cosa pudiese pasar—. No te molestaré, lo prometo.

—Entonces, solo por esta noche deja de roncar —sonrió sin volverse. Ace demoró en decidirse a ir junto a ella— ¿Te has arrepentido? No pensé que fuera tan difícil.

Caminó hasta quedar frente a la chica y se acuclilló para estar a su altura. Necesitaba mirarla a los ojos, hallarse en ellos para estar seguro de cual sería su próximo paso.

—Si no te incomoda, tomaré un baño antes, eso me ayudará a despejar las ideas. —susurró sin apartar la vista de sus orbes negros— ¿Me esperarías?

—Prometí a cierto pirata desgreñado que podía hablar conmigo de lo que quisiera. —le hizo un guiño y volvió a sonreír para infundirle confianza— Esperaré.

Ace marchó con el ímpetu de quien puede conquistar el mundo y hacerlo girar en su mano, mientras ella se preparaba para su labor de consoladora profesional o patearle el trasero de ser necesario.