XVI

"Hembra y señora que a cada hora cambia de piel,

Dulce serpiente de cascabel " J.S

Quizás había demorado mucho tiempo meditando en cómo explicarle a Nojiko aquel capítulo de su vida, que prefería enterrar en lo más profundo de Impel Down. Lo cierto era que al volver del cuarto de baño la encontró abrazando un almohadón. La manta apenas le cubría el cuerpo, enrollada en sus piernas.

"Debió haber dado muchas vueltas antes de caer rendida", se acercó a ella para arroparla debidamente, cediéndole el edredón que estaba en su parte del lecho. Nojiko, volviéndose hacia el interior de éste, suspiró al sentir el calor de la manta.

Ace se sentó a su lado, a verla dormir con la serenidad de los que tienen la conciencia tranquila. Sin embargo ya había notado que con Nojiko, mirarla sin resistir la suave tentación de acariciarla, era algo vano. Escapaban sus dedos al control, y terminaba cediendo como el músico ante un instrumento poderoso y bien afinado.

"No existe nada en el mundo que atraiga más a un artista que eso", recordó las palabras del músico en la tripulación de Shirohige, "sientes cómo te reclama para que pongas tus dedos sobre el marfil o el acero, y cuando lo haces, te atrapa con una nota de la que no puedes escapar"

Nada más parecido a aquello que movía sus dedos para dar un roce tímido a su hombro, provocando la caída del fino tirante de su ropa y por consiguiente la ligera visión de su carne palpitando vida. Fue la nota aquel gemido suave que incitó a un beso.

—Lo siento, aún sigo dormida —sonrió Nojiko, apenas abriendo los párpados— Y tú insistes en despertarme. ¿Son celos por no saber a donde vago en sueños?

—Creí que me dejarías compartirlos contigo —ella negó risueña y se volvió dándole la espalda—, pero ya veo que solo me corresponde estar quieto a este lado de la cama.

—Eso es.

—Primero debo asumir una posición acorde a tu exigencia —terminó abrazándose a su espalda—, ¿así estará bien?

—Estar quieto significa que no tienes permiso para moverte —puso sus manos sobre las de él, sin volverse a mirarlo—, bajo ninguna circunstancia.

—No, teníamos algo de qué hablar... —Ace hundió el rostro en sus cabellos—. Vayamos al grano, si no te importa.

Nojiko lo sintió tensarse. Le costaba soltar la verdad respecto a aquel comentario de Garp, así que mejor buscaba una forma en la que se sintiera menos presionado y más seguro respecto a ella.

—Incumpliste, has perdido por mover la boca. —se escurrió entre sus brazos y dio la vuelta para caer sobre él, poniéndole un dedo en los labios.

—Vaya, no aclaraste las reglas, chica tramposa —una sonrisa iluminó el rostro de Ace, pero de inmediato se tornó serio, en extremo sombrío. Nojiko se había incorporado, majestuosa y dominante, sobre él. Dándole de lleno los pocos rayos de luz que entraban por la ventana, su cabello celeste lucía aún más claro y bajo la transparencia de la seda una gloria de volúmenes y claro-oscuros. Imagen que hubiera hecho perder la conciencia en el mejor de los sentidos a cualquier varón exigente. Pero al parecer, era conciencia lo que a Ace le sobraba.

Nojiko lanzó un grito viéndose de repente dominada contra el lecho y con las muñecas bien sujetas.

—¡Maldita asquerosa! ¿Cuánto tiempo planeabas seguir con esto? ¡Intenta humillarme ahora!

Temblaba de miedo ante aquel desdoblamiento de Ace, al que podía haber imaginado furioso, pero nunca con una ira tan abierta y explícita que lo cegara al punto de hacerle daño.

—¡Vas a romperme un hueso! —le espetó, forcejeando como podía— ¿Te has vuelto loco? ¡Suéltame!

Lo vio encogerse de inmediato y llevar las manos al rostro en un gesto desesperado. —¡Perdóname, No! —la voz fue un sollozo que sonaba inverosímil en alguien como él— ¡Me fue inevitable! ¡Perdóname!

/

—¡No... Nojiko...! —se escuchó la voz de Nami al otro lado de la puerta—Siento entrometerme pero... escuché un grito... ¿Estás bien?

—¡Estoy perfectamente! —le gritó ella enojada— Solo me asusté con algo...

—Shishishi, te lo dije —escuchó decir a Luffy—. La impresionó.

Estuvo a punto de vociferar que la dejaran en paz, pero más le preocupaba la actitud de Ace que los comentarios banales de un par de adolescentes.

—¿Qué diablos haces? —Nojiko se incorporó, luchando entre el pánico y la rabia— ¿Esa va a ser siempre tu reacción cuando quiera... cuando quiera...?

—¡Lo siento, No! —Ace se lanzó a abrazarla con una desesperación poco característica. Al sentir el fluir de las lágrimas sobre su hombro Nojiko quedó aturdida, siquiera sabía como responder a semejante situación, excepto que se dejó aprisionar como si se tratara de una muñeca inanimada— ¡Juro que no volveré a causarte daño ni dolor alguno!

Dejó que el llanto se desbordara sobre su hombro, sin corresponderle. Necesitaba una explicación y pronto. Aunque más que temor, comenzaba a sentir pena.

—Tu manera de hacerlo, —Ace abandonó su hombro para mirarla, ya dueño de sí mismo— me recordó a otra persona... Alguien a quien desearía olvidar para siempre. Por un instante la vi en ti y no pude controlarme.

Nojiko lo escuchó sin interrumpir. Sentía que debía estar en silencio hasta que todo aquello terminara.

—En Impel Down puede suceder cualquier cosa. Con unas esposas de kairoseki inhibiendo mis habilidades, incluso las mínimas de combate, no era posible hacer nada. —cerró los ojos con fuerza— Pero lo peor es que terminé resignándome, porque no tenía más opción... no puedes hacerte idea de cuán difícil es sobrevivir a sus torturas, a las vejaciones constantes... Solo pude hallar una forma de soportar la humillación... —Ace la miró inseguro, en su alma la certeza de que ella no querría saber nada más de su existencia, pero necesitaba imperiosamente serle sincero—. Le entregaba a ella lo que quería imaginando que eras tú, pensando que aquel tormento podía trocarse en la felicidad de estar contigo aún hallándome lejos. Era lo único que me hacía sobrevivir.

El silencio habitaba en los labios entreabiertos de Nojiko, como si le hubieran robado el aire.

—Haz lo que quieras, he sido bajo y sucio contigo, no te merezco. —Buscó el camino para abandonar el lecho—. Entenderé si no quieres volver a verme, eres una mujer extraordinaria, No, y fui demasiado idiota cuando pretendí en mi orgullo hacerte mía. Vales mucho para que caigas en manos de alguien como yo.

—Ace... —la voz de ella fue un llamado de regreso a la vida cuando ponía un pie en el umbral de la desesperación— ¿Era esto a lo que se refería tu abuelo? ¿Eso que tanto temías contarme?

Él asintió con un gesto de cabeza y esperó, incrédulo ante un posible milagro. Nojiko había obviado al menos en apariencia, sus palabras, prestándole más atención a los hechos.

—Al menos ya tengo paz, me he arrancado la espina —se permitió sonreír, una mueca amarga—. Ese viejo idiota puede darse por satisfecho.

—Me he acostumbrado a ganar, por culpa de alguien que no admite perder —Nojiko se tendió en el lecho, arropándose nuevamente—. Si piensas que voy a darle el gusto a tu abuelo, estás equivocado.

Ace dudó al escuchar sus palabras, de seguro no había oído bien o se estaba haciendo espejismos en el desierto de lo verídico. Que una mujer como ella le tocara en suerte, era más que una respuesta a la pregunta de si merecía vivir a pesar de ser quien era.

—Después de lo que has hecho, no pienses que voy a suplicar por que vengas a mi lado —escuchó la voz de Nojiko bajo la manta—. Pero si prefieres la cama al diván, tendrás que adaptarte a la idea de que no me gusta ser monótona. Impel Down no tiene nada que ver con Cocoyashi.

—Solo que si lo haces… —la sonrisa maliciosa volvió a su rostro, así como regresaba junto a ella—, nadie logrará despertarnos hasta mañana.

—Qué pena con nuestros hermanos entonces, tendrán que aprender a cocinar. —le retornó el gesto, con un brillo en los ojos— Me gustará probarte que la realidad supera con creces tu fantasía.

—Tienes una vida para hacerlo, si no te aburres antes.

A punto de protestar a gritos porque le arrebató la manta, el beso contuvo a Nojiko de expresar su desacuerdo.

—Te quiero, No. —fue un susurro con las manos a ambos lados del rostro, apenas sus labios la abandonaron— Nunca pensé que alguna vez lo diría.

—Es un buen paso —le correspondió Nojiko, tierna.