Notas de la Autora: Los personajes no me pertenecen yo solo los tomo prestados para entretener sin fines de lucro.
Aclaraciones del Cap. Beta Reader: Ayiian.
"Superior a ti"
La Biblioteca General de la elitista y refinada Universidad de Juuban, era sumamente agradable y silenciosa.
Los libros definitivamente eran sus mejores amigos, bueno en realidad los únicos, y no es que fuera retraída, fea o desagradable como persona, no, más bien le daba poca importancia a su arreglo físico. Iba a estudiar a la universidad no a un desfile de modas. Y si a eso le sumamos que parecía estar rodeada de 50 guardaespaldas, armados hasta los dientes…
Para todos los demás era la perfecta reencarnación de la Nerd y niña mimada.
Se encontraba metida en la lectura cuando sus ojos azul-cielo se dirigieron a la entrada del lugar, ahí frente a ella una figura alta dueña de unos ojos azules tan profundos como el mar, cabello negro sedoso, labios bien definidos y un cuerpo de infarto, le quitó el aliento, su pulso se aceleró y haciendo un esfuerzo por tranquilizarse se repetía mentalmente una y otra vez:
- "Es un mujeriego, arrogante, presumido, detestable, pero…"- Dejó escapar un suspiro.- "Galante, educado, inteligente… ¡No! ¿En que demonios estoy pensando?"- Sin dejar de "mirar" la página que estaba "leyendo" se atrevió a admirarlo.
Él caminó completamente seguro de si, con una sonrisa en sus labios, era el dueño de todas las miradas femeninas.
- "¡Jajaja!"- Se vanagloriaba dando otro paso como todo un modelo profesional.- "Ninguna me merece."- Reflexionó antes de pasar de largo a la "insípida" jovencita que parecía estar embebida en la lectura.- "Hay algo bajo esas gafas…"-
La propia ocurrencia que bajo esas gruesas gafas se podía vislumbrar unos apasionantes ojos azules como el cielo, le pareció absurda.
- ¡Darien!, ¿como has estado? - La pregunta de una joven peliazul lo sacó de sus cavilaciones.
- ¡Amy!, estoy muy bien y ¿tú?- Le respondió con una picara sonrisa.
- Muy bien, ¿no es evidente?- Contestó sensualmente, haciendo gala de su estilizado físico.
El moreno rió divertido.
- Es un placer conversar contigo, pero tengo un encargo del profesor Takemura, nos vemos luego dulzura.- Besó la mejilla de su "compañera" y se dirigió a los últimos estantes.
Haciendo una rápida inspección, localizó su objetivo y lo tomó por la parte superior, pero…
- Disculpa, yo lo vi primero.- Le advirtió la joven de las gafas que sostenía el pesado libro por el otro extremo.
- Podemos solucionarlo.- Susurró melosamente, en tanto peligrosamente se acercaba hacía el femenino rostro.
Era obvio que la tenía ganada, y sin percatarse soltó su agarre.
- Debo estudiar y por desgracia no hay otro más.- Dijo tranquilamente la jovencita, retirándose como si nada hubiese pasado, dejando a un pasmado y boquiabierto galán; y no precisamente por su hermosura sino porqué esa mujerle había recordado que después de todo era un hombre más, tan común y corriente como ella.
Indignado se dirigió al despacho del profesor Takemura, resignándose a un maratónico discurso.
- ¿Trajo el libro que le pedí señor Chiba?- El rostro serio y firme del profesor le indicó que algo malo se avecinaba.
- No, justo cuando iba a tomarlo una chica se me adelanto...-
- Tendrá que buscar ese libro a como de lugar, así sea hasta en el mismísimo infierno.- Le increpó el profesor.- Es su única manera de pasar mi curso.-
La mirada del joven era de incredulidad, no solo por lo que su loco profesor acaba de manifestarle sino por que tendría que buscar a la nerd para pedirle el estúpido libro y eso era peor que ir al infierno.
Dejo escapar un bufido y casi con desesperación sus pasos lo llevaron por el camino a la biblioteca, en donde probablemente la NERD seguiría estudiando, pero se detuvo en seco cuando a mitad del pasillo...
- ¡Oye ten cuidado!- Gritó la joven de las gafas a una despampanante castaña, que con toda la intención al pasar a su lado la había golpeado, provocando que todas sus cosas terminaran en el suelo.
Al agacharse a recogerlas su mal humor quedo suspendido y mezclado con sorpresa, cuando el galán de la universidad le ofrecía varias de sus libretas y hojas sueltas con sus anotaciones.
- "¿En verdad la he ayudado?"-Esa pregunta no le abandonaba el pensamiento.- "¿Cómo era eso posible?"- En fin no tenía tiempo para preguntas tontas.
- ¿Estas bien? – Le preguntó, inseguro de haber dejado escapar a la curvilínea castaña.
- Si, gracias."¿Y ahora qué querrá éste patán?"- Contestó gélidamente la "nerd."
El silencio duró por unos segundos hasta que él decidió romperlo.
- Que bien, Yo quería pedirte un favor.- Su voz parecía sincera, aunque sonaba más como queriendo cobrar el favor.
- Dime.- La voz de ella era un glaciar, en tanto uno de sus guardianes terminaba de recoger sus cosas y le informaba con señas que era hora de partir.
- Necesito que me des el libro, en verdad lo necesito o reprobare la materia.- Dijo el joven, pero en su mente se reprochaba el hecho de estar dándole tantas explicaciones a la tonta de las gafas, frente a los guardaespaldas que habían iniciado todo un operativo de seguridad.- "¿Quién se creerá ésta boba para realizar todo un circo?"- Pensó echando un vistazo a su alrededor.
- "¿Es broma o qué?" – Reflexionó la chica, ignorando todo el movimiento por su persona, al ver las pupilas azul profundo con un brillo de angustia pensó:- "Vaya parece en verdad está interesado en estudiar."-
- Joven Chiba.- Una voz a sus espaldas los sobresalto.- Sabe no le haría daño hacerse amigo de la señorita Tsukino, ella podría ayudarlo con sus horrendas calificaciones.- Expresó el profesor Takemura.- Señorita Tsukino, ¿podría ayudar al joven Chiba en sus notas?-
- "¿Qué diablos estaba diciendo ese hombre?, ¿ésta loco o que cable se le daño?, ¿estudiar con ella?, no, no eso jamás una cosa es pedirle el tonto libro, otra ayudarla con sus cosas, pero de ahí a estudiar con ella, no, eso ni loco."- Replicaba mentalmente Darien.
- Entonces que dice señorita Tsukino, ayudará al joven Darien con sus estudios.- Más que pregunta era una afirmación.
- "Di que no, di que no niña tonta".-Imploraba en silencio el joven.
- Pues yo...- Titubeó la aludida.
- Excelente, me encanta que mis alumnos se apoyen entre si.- Dio un par de palmadas en la espalda de ambos jóvenes y se alejó de ahí.
- ¿Qué fue eso?, ¿Cómo pudiste decir que si?- Preguntó entre enojado y sorprendido.
- Yo no dije que si.- Se defendió ella.- Además tu "tío" no me dejó otra alternativa. Debes andar muy mal para…-
- Eso no es de tú incumbencia.- Le interrumpió con rabia.
- Tienes razón, no me importa en lo más mínimo, adiós y gracias por nada.-
Se dio media vuelta, con pasos firmes y decididos perdiéndose entre el "mundo" de guardaespaldas que la acompañaban; en cambio los pasos de él parecían lentos e inseguros, esa mujer se había atrevido a responderle y de la manera más altiva y prepotente, la chica tenia agallas, pero solo eso.
- Pobre tonta si cree que con eso alguien la va a tomar en cuenta, solo es una rata de biblioteca.- Refunfuñaba, sin percatarse que dos de los guardianes de la joven no lo perdían de vista, detallando cada movimiento suyo.
Si hubiera sido por ellos ante el primer insulto se habrían abalanzado sobre el apuesto joven, pero tenían la explicita orden que dentro de las instalaciones no debían, ni podían interactuar con el profesorado y los alumnos, aunque estos se burlaran e insultaran a su protegida.
-"Pero todo cambiará cuando ella cumpla 21 años…"- Pensaba el líder del escuadrón.- "Entonces todos esto niños ricos se postrarán a sus pies."-
Después del extenuante y eterno día nuestro encantador galán, estaba acostado en su cómoda cama cuando la puerta de su cuarto se abrió.
- Darien levántate, no es hora de holgazanear.-
- ¿Y ahora que? - Preguntó irónico.
- Debes ir a la casa de la señorita Tsukino, te ayudará con algunas materias.-
- ¡Qué!, estas bromeando, ¿verdad? -
- ¡No!, así que alista tus cosas que yo mismo te llevare.-
- No tío no iré, en verdad crees que voy a dejar que me vean con esa tonta, ¡Jamás!- Profirió indignado, tendiéndose de nuevo en la cama dándole la espalda.
10 minutos después Zafiro Takemura, hermano menor de la Señora Chiba, fallecida años atrás junto con su amadísimo esposo, conducía su auto por las calles más elegantes de Tokio con un más que enfadado joven sobrino sentado en el asiento del copiloto.
- Bien, aquí es.- Dijo señalando la mansión más rica, elegante y resguardada del lugar.
La residencia Tsukino era imponente; después de pasar por las 5 estrictas barreras de seguridad (a las cuales prestó poca atención por estar rezongando de su maldita suerte), caminaba por el inmenso y hermoso jardín que embellecía la entrada, su vista se fijó en las hermosas esculturas de mujeres desnudas en la fuente del centro de la vereda.
- "¡Wow! lastima que son de piedra." - Pensó con una sonrisa pervertida cruzando su rostro.
Cuando subió los escalones de mármol blanco de la entrada principal, sus ojos se posaron en la rubia que vestía una falda de mezclilla larga hasta los tobillos y un suéter a cuadros y zapatos de piso negros y cerrados, su peinado era una media cola y todo su atuendo lo complementaban las gruesas gafas y unos horrendos frenos. "Impactado" por la imagen cien por ciento NERD, no se percató, que a una distancia prudente de la joven, tres hombres vestidos de negro vigilaban cada una de sus muecas.
- Pasa, por favor.- El alabastrino y femenino rostro no mostraba gesto alguno.
- Hola, en verdad esto no es necesario.- Sus pies lo condujeron con arrogancia por el brillante recibidor.
- Tú tío me hablo hace una hora y me pidió que te ayudara con Física y Matemáticas.- La inmutable voz de la chica lo hizo pensar que era una transacción de negocios.
-No es necesario.- Replicó el pelinegro, disponiéndose a retirarse.
La rubia alzo el entrecejo, gesto que pasó completamente desapercibido por el pelinegro.
- Esa es tu decisión, fue idea de tu tío no mía, si no te esfuerzas reprobaras.-
El "acento" de dulzura que creyó escuchar en las palabras de la joven le termino por colmarle la paciencia, odiaba a las mujeres que escurrían miel.
- Me parece que entiendas mi posición, sabes yo no puedo verte todos los días por las tardes, eso arruinaría mi reputación y ¡Por dios tendría pesadillas!- Cada palabra tenía toda la intención de herirla.
- Bien, ya conoces la salida.- Sin más la joven dio media vuelta y se perdió entre los finos corredores.
Al encontrarse a unos metros de la entrada, Darien quedó en shock al observar como de un espectacular Mercedes Benz, bajaba una mujer de tez blanca, cabello negro lacio y largo, llevaba una minifalda en color blanca y un top rojo ajustado a sus pechos, sus piernas bien moldeadas comenzaron a caminar con dirección a la puerta principal, y vio como esa diosa desaparecía detrás de la elegante puerta de caoba.
De cierto modo se sintió un estúpido pues jamás en sus 23 años le habían llamado la atención las chicas con cabello negro, su delirio eran las rubias, claro habiendo siempre sus excepciones, como era el caso de Usagui Tsukino.
Ahora cual era el plan, bueno su plan fue simple, regresó hasta la entrada principal y el mayordomo le permitió la entrada al recordar que su señorita lo había recibido minutos atrás.
La despampanante fémina estaba sentada cruzada de piernas a un costado de él, en uno de los sillones del recibidor.
- Hola, ¿buscas a mi prima? - Su voz delicada y al mismo tiempo con carácter lo hicieron mirarla.
- Si tu prima es Usagui, si, si la busco.- Dijo con su mejor sonrisa seductora.
Ella sonrió de igual manera, pues no podía negar que él era todo un adonis.
- Hola.- Interrumpió con cierta frialdad la rubia al bajar las escaleras.
- Usagi, prima, ¿cómo estas?- La morena se acerco para fundir a su prima en un cálido abrazo.
- Estoy bien Rei y ¿tú como has estado?-
El hombre se sintió incomodo al ver que ninguna le prestaba la menor atención. Cuando de repente.
- Joven Chiba pensé que no volvería.- Las palabras de la mujer lo avergonzaron pero se recuperó rápido del comentario.
- El libro.- Le dijo con algo de ironía en su voz.
Una extraña mueca en los labios de la rubia tenso más la situación.
- Usagui, ¿No vas a presentarme?- Comentó Rei tratando de relajar los ánimos.
Con singular elegancia y educación Usagui presentó a ambos jóvenes; un gesto de verdadero fastidio cruzó sus delicados rasgos cuando toda la atención de él se concentro en la pelinegra y ésta le dedicaba sus mejores sonrisas.
Tenía que admitir que su prima era bella, inteligente y era soltera, ¿podría haber algo peor?.
Continuara…..
Gracias por leer y comentar.
