Un beso grande a todas/os las/os nakamas que me han enviado sus reviews, y me han servido de aliento. A ti, Rebeca, a mi nueva amiga Bella, y NereaMugiwara, espero saberles quedar bien con la historia en lo que resta. Disfrútenla y háganme saber sus impresiones, yo las recibiré con gusto.
XVII
"Piénsatelo bien antes de poner tu pie en mi balcón
no sea que tu escoba me barra la alcoba y me haga de bastón" J.S
Nami tocó discretamente en la puerta de la habitación, hasta escuchar la voz de su hermana dándole libertad para entrar en sus predios. Nojiko estaba sola, recostada al espaldar de su cama, hojeando una revista.
—¿Todo bien? —Nami se acercó, sentándose junto a ella— Ese viejo marine con su lengua venenosa debió morir antes que poner a Ace en tal aprieto.
—Pues no logró mucho que digamos.
—Me asusté con tu grito y como no acostumbras a dormir la siesta… Creí que... Ace te había hecho daño. —la pelirroja fue cuidadosa— No es que me parezca esa clase de tipo, pero...
—Y no lo es, puedes estar segura de eso. —le respondió tranquila—. Ace sería incapaz de un acto tan bajo, sabe que puede conseguir muchas cosas portándose como un caballero. —Nojiko cerró la revista y el brillo alegre en sus ojos calmó a Nami— A diferencia de tu amigo Sanji, quizás no grite a los cuatro vientos lo que abriga en su corazón pero con que lo sepa yo, me basta. Siento haberte alarmado.
—Luffy me dijo que Ace te impresionó… —Nami lanzó una carcajada— Me alegro por ti.
—Ese capitán tuyo... Pensé que sería un poco más tímido y lo cierto es que ha resultado más vivo de lo que aparenta.
—¡Ojalá y lo fuera más!
—¿Más aún? De qué te quejas, tu risa estremeció esta madrugada los cimientos.
—Ha cumplido su promesa, a pesar de sacarme de quicio. —Nami sonrió con satisfacción— ¿crees que Bellemere esté contenta?
—Por supuesto que sí, hubiera dado cualquier cosa por vernos felices. —Nojiko asintió segura— Y si no fuera así, ¿le hubieras hecho caso?
—¡Claro que no! —rió la menor, para después sacar la lengua— ¡Hubiera entrado a Luffy por la ventana, de ser preciso!
—¿Ves? Una hija de Bellemere siempre se saldrá con la suya... Por cierto, que me hubiera gustado saber cómo terminó aquel pequeño romance y batalla campal con el pirata pelirrojo que se topó.
—¿Bellemere conoció a Shanks? —Nami abrió los ojos, sorprendida— ¡Imposible!
—No sé el nombre, pero supongo que no era un cualquiera. El asunto es que por un día olvidó su obligación como marine, hablando de impresionar.
—Mejor ni pensemos en lo que pudo haber pasado. Espero que no llegara la historia a oídos de Genzo.
—Bueno, el caso es que ahora, no parece muy contento con nuestra decisión. Aunque le guarde agradecimiento a Luffy, no le gusta mucho la idea de dos piratas haciéndose con los "tesoros" de Bellemere. Se toma lo de padre en serio.
—¡Bah, servirá para halarles las orejas a los chicos cuando se pongan complicados! —Nami le vio el lado bueno al asunto— Por cierto, ese par está acabando con la despensa y no te veo con intensiones de regañarles.
—Para eso estás tú, que me superas con creces. —Nojiko delegó con la seguridad de que pronto la escucharía poner orden— Dejé las compras a cargo de Ace, precisamente. ¿Por qué no lo acompañas y te aseguras de que lo haga bien?
—¡No le habrás dado dinero a Luffy, además! ¿Verdad? —se escandalizó Nami— ¡Queda terminantemente prohibido que toque un centavo!
—¿Por qué no cedes un poco en tu guerra? —la aconsejó Nojiko— Sé más tolerante con él y te aseguro que lo agradecerá.
—No se puede bajar la guardia. —sonrió la pelirroja, disponiéndose a salir de la habitación, pero antes señaló la revista— ¿Por qué no miras los modelos de minifalda? Te aseguro que Ace lo agradecerá.
—Tch, atrevida. —sonrió Nojiko y siguió en la página de bordados—. No voy a gastar en esas minucias.
—¿Aún guardas el dinero que te dejé? ¡Hay suficiente como para que compres tiendas completas por varios años! —Nami la observó sorprendida— Estás más regateadora que yo.
—Ya lo necesitaré, no te preocupes —suspiró la mayor, concentrada en labores de punto que aparecían en la hoja siguiente—... Si llego a cumplir mi sueño.
—Nunca me hablaste de eso, —Nami la observó triste— me hubiese gustado estar más tiempo contigo y poderme sentir como una buena hermana.
—Eres una excelente hermana, no digas tonterías. Y siempre habrá un tema por hablar que se nos escape.
—¿Y dices que ese sueño requiere gran cantidad de dinero? —preguntó Nami divertida, como hacía de niña para buscar un atajo a las adivinanzas de Nojiko.
—Así es. Porque es caro, hay que vestirlo, alimentarlo y de cuando en cuando tolerarle caprichos.
—Nojiko... no estarás pensando mantener a Ace con tu oro.
—¿Crees que él lo permitiría? —Nojiko alzó una ceja y siguió en su revista— Supongo que habría que matarlo de verdad y tan siquiera así, no aceptaría un epitafio pagado con mi dinero. Eres pésima adivinando y peor aún al juzgar personas.
—Entonces ¿piensas ya en eso? —la pelirroja la miró atónita— ¿No es demasiado pronto?
—Por ahora no pasa de ser un sueño. Y disto mucho de querer apresurarlo, vendrá cuando tenga que venir… Contando con la posibilidad de que no se dé nunca.
—¿Por qué no habría de cumplirse? —saltó Nami escandalizada— ¿Qué te ha dicho él?
—Nada, en lo absoluto. Es muy temprano aún y siquiera tiene idea de algo, prefiero ir a paso lento. —Nojiko suspiró con resignación— Primero debe ganar en madurez y confianza.
—Lo golpearé si se niega.
—Nami, confío en que te mantendrás al margen. —la mayor la observó muy seria— Lo último que quiero es alguien presionándolo ¿entiendes?
—Está bien, si tú lo dices.
—Y sobre todo, no le hables de esto a Luffy. —advirtió Nojiko— ¿De acuerdo?
—No tienes que decirlo otra vez. —Nami se levantó bien dispuesta— Pero ahora, acabo de recordar que debo ir a poner orden en la cocina.
/
Cuando la pelirroja entró en el refectorio, el desastre de huesos y pellejos de carne arrojados sobre la mesa era como para ponerse a dar gritos. Un gato callejero se paseaba por la meseta cubierta de hollejos mordisqueados y cáscaras de mandarina, otro, sobre el sombrero de Luffy, le disputaba el hueso. Un tercero hacía guardia al lagarto de Ace, escondido en su bolsillo.
Nami empuñó la escoba como si se tratara del clima tact y azuzó a los felinos, logrando además, propinarle un buen golpe a Luffy, que dio con el rostro sobre la mesa.
—¡Se puede saber por qué no aprendes de tu hermano! —Nami señaló el plato donde Ace había hecho una artística pirámide de huesos y las cáscaras de mandarina bien amontonadas en una pequeña fuente— ¿Te costaba tanto colocarlos así?
—Oi, Nami, espantaste a los mininos… —Luffy hizo un puchero, contrariado— Ace y yo apostábamos a ver cuál de los gatos lograba hacerse primero con la comida, ahora no sabremos quién gano…
Ace pareció atragantarse con su pedazo de carne.
—¿Quién apostó nada contigo?
Nami, cruzada de brazos, determinó en un dos por tres lo que haría con ellos.
—¡Limpia antes de que regrese o no vas a ver un trozo más de carne en tu vida, en todos los sentidos! —la orden debió sonarle terrible a Luffy, cuando lo disparó a tomar una escoba. Nami observó a Ace, que acababa de arrojar los restos del banquete al pequeño latón que contenía la basura.
—Nojiko me ha dicho que te dejó a cargo de las compras. —Suavizó el tono, al recordar que no trataba con Luffy— Como es la primera vez que te las entenderás con el pueblo, creo que debo acompañarte.
/
Nami llevó a Ace hasta el lugar donde se vendía la carne y se aprovisionaron con lo mejor de la tienda.
—Oye, puedes dármelo, no voy a comérmelas. —señaló el bolso que la chica llevaba y sonrió—. Sé que escogiste las partes que más le gustan a Luffy.
—No puedo cumplir siempre mis amenazas —suspiró Nami, tendiéndole a su vez la carga—. Tienes un hermano idiota, pero adorable.
—Luffy sabe muy bien lo que hace, cuándo y por qué lo hace —sonrió el mayor—. Te adaptas rápido a él, cuando te das cuenta de lo que busca en el fondo al hacerse el tonto. Siempre ha sido así, desde que era niño.
—Yo... siento que también lo quiero, —dijo Nami para sí y concluyó al mirar a Ace— en el fondo.
—Supongo que sí, pero todavía les queda un mundo por explorar delante de la proa —fue inevitable pensar en él y Nojiko años atrás—. ¿Has visto el Red Line? Es algo parecido, cuando llegas al otro extremo sabes si la persona que elegiste es la que quieres realmente a tu lado.
—Nojiko... —la chica tragó en seco antes de seguir y lo miró— creo que ya cruzó esa porción.
—Navegar la otra parte hasta llegar al final, es la aventura que nos toca. —musitó Ace, ajustándose con la mano libre el sombrero.
Ella apenas lo oyó, ante los pregones de una rebaja. Se había adelantado a mirar el comercio que estableciera Doskoi Panda en Cocoyashi, después del crecimiento y prosperidad de la isla. Intentó alcanzarla apurando el paso, cuando escuchó los comentarios de tres muchachos reunidos junto a una tienda.
—Mira a esa lindísima de Nami. Encontrarte unas como las de ella... eso sí que es un desafío.
—¿Y qué me dices de la hermana? De un tiempo a esta parte, se ha puesto el doble de... ¡Por Dios, vaya un par de...!
—Las dos son preciosas, no sabría con cual de ellas quedarme...
Los nudillos de Ace traquearon. Acomodó la bolsa con la carne, de modo que no lo molestara.
/
Nami había olvidado a su acompañante al ver las novedades y sobre todo, las muestras gratis. Entró en la tienda, directo a la venta para damas, probándose cuanto le atrajo. Solo después de comprar algunas cosas vio al chico moreno buscándola, perdido dentro del local.
—¿Nunca has estado en un establecimiento? —sonrió ella— Con razón Nojiko me pidió que viniera.
—La verdad es que no me atrae en lo absoluto, —miró a ambos lados— aquí no hay nada que sea de mi interés.
—Apuesto a que sí —Nami lo arrastró consigo, llevándolo a donde habían varias faldas colgadas. Escogió una particularmente corta— ¿Qué tal, crees que ésta le vendría bien a Nojiko?
Una gota de sudor apareció en la frente de Ace.
—Denegado. —murmuró.
—Justo lo que pensaba —Nami la apartó para llevársela y tomó un juego de lencería—. Oh, creo que este es demasiado pequeño para ella, qué pena —lo miró de reojo y dijo para sí misma— ¿Debería comprarle uno más encubridor?
Sintió la mano de Ace deteniéndola en el gesto de cambiarlo por otro.
—Ese está perfecto. Acabemos con esto, Nami, o no vamos a regresar nunca.
—Bueno, —ella sonrió divertida, tomando unos más y dirigiéndose donde la dueña del local. No se le ocurría una técnica mejor para entrar en confianza con él, después de todo, ya no era el conocido de Arabasta, sino el hombre que viviría junto a su hermana —¡Ah, mira esto, Ace! —pidió a la chica que atendía una pequeña pieza azul— ¡Dime si no es encantadora!
—Ideal si te decides a tener un bebé en invierno, Nami. —intervino la dueña— ¿No lo has pensado?
—¡Quién sabe, quién sabe! —rió ella pagando lo demás y tendiéndosela de vuelta, mientras observaba a Ace, de espaldas y con el rostro sombrío. Era evidente que no le había simpatizado el comentario.
Al salir de la tienda, Genzo preguntaba a un comerciante sobre los tres muchachos llenos de contusiones, amontonados uno sobre otro en plena calle.
