Disclaimer: si lo reconoces es pura casualidad o casualmente no es mío.

::CUARENTENA::

El día que no vi la película.

Capítulo uno.

Ver la ladina sonrisa de Cullen tras la puerta de Rose era definitivamente por lejos la peor escena de mi vida. Mis dos amigos eran tan agrios el uno con el otro que jamás imaginaria algo entre ellos, entonces Rose apareció con una brillante sonrisa y me indicó que pasara. Sólo ahí logré ver a Emmett sobre el sofá con la Laptop rosa de Rosalie en las piernas.

–Hola Bells–. Me saludó como sí me conociera de toda la vida.

Volteé hacia mi amiga en busca de una explicación.

–Olvidé mi celular en el coche de Emmett–, se encogió de hombros como si siempre lo hiciera, –así que Edward trajó a Emmett a mi casa para que me lo devolvieran, les platiqué que tú vendrías y les pareció patético que pasáramos un sábado viendo la tv...

–Muy triste.

Enfatizó Emmett y Rose me dedico esa mirada de "ya lo había dicho yo". Rodé los ojos y me deje caer en el mueble, un extrañamente callado Edward se sentó en el sillón individual al rincón de la sala. Le dediqué una extraña mirada para después girarme a el grandote y Rose.

–¿Qué sugieres entonces para unas patéticas como nosotras?

Emmett se río.

–Cualquier cosa les vendría bien.

Levanté una ceja.

–Pero por ahora, una ida al cine no estaría mal, ¿qué dices Edward?

Todos giramos al más social -nótese el sarcasmo- de la sala. Quien sólo nos miró de vuelta con una fría mirada muy a su estilo "soy superior a cualquiera". Después simplemente sonrió.

–Veamos sí Bella puede aguantar una película sin dormirse a la mitad.

Me indigné.

–Elijan la película más aburrida de todas, ¡será el aburrido empresario quién se duerma!

::❤️::

Al final, terminamos eligiendo una película de acción. Escogimos el cine más cercano y apartamos los boletos por internet. Emmett resultó ser un tío bastante agradable, nos contó cosas increíbles sobre los casos que había resuelto y que tampoco le gustaba tener un lugar fijo donde vivir por lo que se la pasaba viajando. Incluso nos invitó a esquiar para las primeras semanas de diciembre y aunque intente leer lo que había entre él y Rose, sólo pude concluir que no debía presionar mucho? Ambos parecían sujetos libres reacios a cualquier compromiso.

Por otro lado, Edward estaba incómodamente callado, cuando dejé de hablar con los pasajeros de la parte de atrás del auto, me giré al conductor. Se giró hacia mí y me sonrió antes de volver la vista al frente. Lo entendí por fin.

–OH NO.

Mi grito de entendimiendo casi parecía el eureka de Arquímedes.

–¿Qué pasó?

Preguntaron tanto Rose como Emmett. Edward ni se inmutó.

–Hoy era la fecha de cancelación para mi suscripción de spotify y lo olvidé.

Mi excusa los convenció, no que me haya dejado muy bien parada.

No me mal interpreten, no olvidé que me había besado con uno de mis amigos cercanos pero la idea de algo romántico con Edward es tan lejos de la realidad que ni siquiera el más crédulo lo creería posible. Yo siempre escogía mal a los hombres y Edward nunca escogía, así de fácil. Por mi vida habían pasado tipos duros, tipos ridículos, buenos y Jacob pero todos el mismo desenlace; se iban. Por la de Edward ni siquiera yo estaba segura si alguien había entrado a su vida después de Tanya, a su cama seguramente varias, a su vida, no lo creo.

De tal manera, esta mañana, al levantarme me lavé los dientes como cualquier otro día, desayuné y atendí mi turno al hospital como sí nuestro beso hubiera sido de esas cosas buenas que pasan pero ni siquiera piensas que se volverán a repetir.

Al llegar al cinema ya habíamos dos mudos en el grupo. Rosalie sólo me miro extraño pero no preguntó nada, Emmett hizo algunos chistes mientras compraba dulces y cuando creí que podría esconder mi distracción tras una supuesta atención a la película, la suerte me demostró que no estaba de mi lado; Emmett se disculpó explicando que como escogimos los asientos a veinte minutos de la película, sólo estaban disponibles dos para el y Rose en la parte de enfrente y dos para mi y Edward tres filas atrás de ellos.

–Era eso o dividirnos en toda la sala– Explicó. Ninguno de lo aientos era tan bueno, el de ellos muy cerca de la pantalla y el nuestro lejos.

–O escoger otra película tonto –masculló Edward.

El aludido se encogió de hombros al estilo Rosalie y nos prometió que si a diez minutos de la película no se llenaba, nos cambiaríamos de lugar. Así que, aquí me ven, subiendo los pequeños escalones iluminados en la oscuridad de la sala detrás de Edward. Nerviosa por no tropezarme, nerviosa por estar con él en una sala de cine y por lo ridículo que hubiera considerado el asunto días antes.

Las únicas luces que quedaban encendidas en las esquinas se apagaron cuando la pantalla cobró vida con algunos cortes de películas próximas y publicidad tonta. Incluso la agencia de hoteles de Edward estuvo en uno y logre ver su engreída sonrisa. Le di un codazo. Se giró hacia mi como sí apenas notara que estaba a su lado. Bufé.

–¿Podrías dejar de ser tan ridículo?– Pregunté bajito.

–¿El qué? –se inclinó un poco hacia mí para hablarme de cerca.

Vi su atractivo rostro ser iluminado de lejos por reflejos de la pantalla y sentí un loco e inapropiado cosquilleo.

–Edward, perdón.

Pocas veces usaba su nombre y cuando lo hacía generalmente era para hablar de algo serio. Sonrió como un maldito zorro. Bien, tal vez nunca hubiera visto sonreír a un zorro pero podía reconocer la astucia de sus ojos. Algo tenía entre ceja y ceja.

–¿Te disculparás por haberme besado?

–Tú también participaste querido– farfullé un poco inconsciente del lugar en el que estábamos. Dos personas delante de nosotros se giraron a vernos y me encogí en el asiento. Mi compañero soltó una risita y extendió su brazo detrás de mi espalda en un medio abrazó para acercarme a él.

–Lamento haber estado tan extraño Swan– murmuró bajito cerca de mi rostro y casi podía recordar porque en mi estado de ebriedad lo había besado–, sólo tenía miedo de como lo tomarías, eres mi amiga y ayer hablaste de todas estas cosas que tú sabes que nunca seré el hombre para ti...

–¿El hombre para mi? –me indigné–. Explicate antes de que te deje de hablar para toda la vida Edward, ¿crees que por haberme besado contigo ya te querría como el padre de mis hijos?

Mete reí un poco más fuerte de lo normal y varios espectadores nos callaron. Ambos nos giramos de vuelta a la pantalla dando por terminada la conversación. La película era de esas típicas cintas que involucran a un héroe de guerra retirado que hará uso de sus viejas habilidades para rescatar al amor de su vida o, en otras palabras, la actriz de cintura minúscula y cuerpo ejercitado que por alguna razón es diferente a las demás y puede sobrevivir caídas sin contunsiones, heridas sin infecciones y todo, con unos buenos pulmones para poder gritar a todos los vientos.

–Lo siento.

Me giré hacia mi compañero quien aún me tenía medio abrazada.

–No quería decir eso– continuó–, sólo tenía miedo de que algo cambiara entre nosotros, Bella, eres de las mejores personas que conozco y aunque puedas escucharme sin salir corriendo también se que mereces alguien mejor que yo.

Me acerqué más para mirarlo directamente a los ojos.

–Edward Anthony Cullen – pronuncié despacio porque aunque Edward fuera de las personas más inteligentes que conociera siempre había sido el más torpe si de sentimientos hablábamos–, somos amigos desde hace seis meses y aunque no es el tiempo de toda una vida, créeme que un beso no cambiará las cosas.

Asintió como si repitiera mentalmente mis palabras. Me sonrió sincero y se giró de vuelta dando por terminada nuestra charla. Suspiré esperando que fuera el final de nuestros episodios incómodos. Me separé lo justo de él sin retirarme debajo de su brazo. Entonces se giró de vuelta.

–Swan–. Me llamó bajito.

Volteé hacia él pero ya se encontraba de nuevo mirando a la pantalla.

–¿Si Cullen?

–Ya que un beso no romperá nuestra amistad, ¿crees que unos cuantos más lo hagan?

Algo cosquilleó en lo profundo de mis entrañas y es que por más que intentara borrarle importancia, el beso de Edward me había gustado mucho más de lo que pudiera recordar de mis besos pasados. Aprendí que mi amigo podía besar malditamente bien pero estando bajo el alcohol no podía comprobarlo. ¿Y ahora Edward estaba pidiendo mi autorización para repetirlo usando esa estúpida voz sexy?

–Claro, seguro.

Disimulé mi desilusión cuando no hizo nada más que seguir viendo la película. Así qué hice lo mismo. Ahora el protagonista estaba cerca de rescatar a su chica, acababa de localizar el lugar donde la tenían secuestrada y se encontraba alistandose con sus compañeros para poder ganarle a los malditos criminales. No me sorprendió nada de lo que pasó el resto de las escenas, en vez de eso, no pude evitar mirar de reojo a Edward y sentirme nerviosa. Como una adolescente jugué con mis manos mientras el chico que me ponía tan ansiosa sólo miraba la pantalla, sólo que el chico en cuestión era mi amigo. Me fijé mejor en Edward y en porque cuando lo vi por primera vez en la casa de los Cullen un verano antes de iniciar el internado no me había interesado en el. Cierto que siempre había tenido esa mandíbula fuerte, pómulos varoniles, cuerpo para matar y una penetrante mirada verde esmeralda pero así mismo siempre había una compañía femenina a su lado en nuestros primeros encuentros y en el resto igualmente, sin embargo, dejé de prestarle importancia.

Justo cuando la chica en la pantalla gritaba el nombre de su heroe para que este la encontrara, unos ojos verdes me atraparon mirando a su dueño. Por extraña que me sintiera, no retiré la mirada aún cuando Edward levantó su mano hacia mi rostro. Su palma acunó mi cara y el hecho de inclinarme hacia ella sólo hacía más increíble lo que estaba por suceder. Comenzó a inclinarse, lo cual hizo estragos con mi estómago y el latido acelerado de mi corazón. Edward me estaba haciendo comportarme como una chiquilla. Lo que es bastante gracioso porque nunca había tenido una cita romántica en un cine.

Sin un preámbulo más, estampó sus labios contra los míos y su mano bajó para sostener mi cuello. Me besó despacio y cariñosamente como nunca lo había hecho nadie y sólo podía intentar responder al hecho de estarme besando con este hombre en el cine. Bien, alejemos el hecho de la FriendZone y no quiero que piensen en que tengo un machacado autoestima pero siendo realista; me siento la persona más genial del mundo cuando tengo la respuesta correcta para mi médico en guardia o cuando le informo a algún paciente que su operación ha sido un éxito y este me sonríe y me da las gracias como si fuera una conocida de toda la vida, fuera de eso soy Bella Swan, alguien que jamás hubiera conocido a Edward Cullen si este no fuera hermano de un extraño que nos ayudó en la carretera. No era la clase de chica que Edward llevaría a sus galas benéficas porque honestamente no tenía el interés de tomar mi tiempo para fiestas de beneficiencia, cierre de contratos y todas esas cosas que Alice hacía de vez en cuando para Jasper. Ni siquiera sería buena novia porque al final del día cuando Edward estuviera cansado de hablar con inversionistas y de estar todo el día en la oficina llegaría a casa buscando que alguien lo relajara y al final de ese mismo día, yo buscaría lo mismo.

Me recargué más sobre mi asiento trayendo a Edward conmigo para no separarnos ni un poco, entonces sentí su lengua húmeda probar entrada a mi boca. Debo admitir que sería muy buena para darle acceso todos los días y es que besaba de una manera que me hacía necesitar aire pero no quererlo. Se separó un poco pero apoyando su frente en la mía mientras recuperábamos aliento. Lo miré y la oscuridad de la sala no mejoraba las cosas. Esta vez, me acerqué a sus labios atrapando el inferior entre los míos, pasando mi lengua sobre el y tomándolo de la nuca para acercarlo de vuelta.

–Swan me estas haciendo sentir como un maldito adolescente otra vez.

Solté una risita cuando su mano bajó acariciando mi pierna derecha mientras todos parecían matarse en la escena de la película que, definitivamente, aunque recordara vagamente la trama, sería de mis películas favoritas.

::❤️::

Después de la película, buscamos un lugar para cenar y terminamos en uno de esos puestos de comida china para llevar. Les expliqué que esta noche me quedaría con Rose así que Edward, quien había vuelto a la carga con chistes sobre mí, apoyó que regresaramos a casa de Rosalie.

–Estos rollitos primavera saben tan malditamente bien –exclamó un salvaje Emmett en busca de más rollitos en la caja.

Rosalie río a su lado en tanto que yo me acomodaba mejor sobre Edward. Nos encontrábamos sentados en el sillón de dos plazas de mi amiga y me había sentido tan jodidamente bien cuando se inclinó para apoyarse en mí y yo hice lo mismo. No es que fuera una gran diferencia a lo que hacíamos usualmente pero esta vez, algo se sentía diferente. Era tal vez que sí no estuvieran ni Rosalie ni Emmett estaría buscando cualquier pretexto para volver a besarlo y Dios sabe que en realidad ya lo estaba buscando.

–¿Entonces que harás mañana Rose? –Preguntó Emmett como quien no quiere nada.

Sentí los dedos de Edward tocar la parte expuesta de mis costados dónde apenas se había levantado mi blusa. Escondí una sonrisa.

–No sé, día de aseo supongo.

Rose le sonrió y Edward y yo nos miramos con diversión. Vaya con estos dos.

–Quería visitar esta expocisión sobre el impacto de la medicina legal que se dará en brooklyn mañana, pensé que podrías venir.

Mi amiga levantó una ceja y ahora fue Edward quien escondió una sonrisa cuando atrapé sus dedos juguetones para detenerlos un momento.

–Suena como un plan –Aceptó finalmente. Edward y yo nos soltamos.

Cada uno se levantó de su lugar, limpiamos un poco y nuestras inesperadas cuasi citas se retiraron. Me burlaría aún del críptico adiós de Edward.

En cuanto a Rosalie no dije nada. No quería presionarla como en la mañana y que me mandara lejos, así que me lave los dientes, saqué mi pijama de uno de los cajones que había guardado para mi y me acosté en la cama, robándole su almohada favorita. Se dejó caer a mi lado y suspiró.

–No creas que me hago tonta Bella.

Lo que dijo me puso nerviosa, acomodé un poco mejor la almohada para no delatarme.

–¿De qué?

Rose se tapó con la colcha.

–De Emmett – Me respondió y suspiré aliviada–, de que me gusta como... Diferente.

–¿Cómo para más de un acoston?

–Como para muchos más, definitivamente.

–¿Tan bueno fue? –Me reí retirándole la colcha–, vamos Rose, sólo tienes que pedirlo, se nota que tú le gustas también.

–¡Eso es lo peor! Se ha portado como un maldito caballero, ayer me ha llevado al coche y ¡ya! De no haber sido por mi celular olvidado no habríamos salido hoy y ¡ni siquiera me ha metido mano en el cine!

Me moví nerviosa.

–Guau amiga, no tengas sueños románticos tan altos por favor.

Me dio un golpe juguetón en el brazo.

–Bella, sabes a lo que me refiero, este hombre es raro.

–Rose te acaba de invitar a salir, tranquila, mañana puedes tener un mejor panorama de las cosas.

Lo pensó un momento antes de levantarse y desaparecer tras la puerta del baño, cuando escuché el sonido de la llave y maldecir porque se le hubiera caído su cepillo al cesto de la basura otra vez, me relajé pero entonces, mi teléfono vibró. Era un mensaje de mi atractiva cuasi cita de esta noche.

"Acabo de encontrar tu biper en mi auto, supongo que tendré que aparecer mañana en tu departamento para devolvértelo e invitarte al cine otra vez." E.

Decir que el mundo me caía encima era poco, sobre todo porque no había sido tan descuidada de dejar el biper en su auto. ¡Maldito tramposo! Cuando sus estúpidos malditos sensuales dedos habían estado de juguetones en la sala debía habérmelo quitado de la cinta de los jeans. Si no fuera porque ese biper sólo era para emergencias, ya que, ni Rosalie ni yo entrábamos en el programa de cirugía aún, ya habría un cadáver de Edward Cullen. Me relajé y tecleé una respuesta pensándolo realmente mucho y es que ¡estaba coqueteando con el tipo que me había dado consejos para hacerlo!

"Lo siento, no repito citas así que tendrás que ser más creativo y menos ladrón. Me las pagarás, Cullen" B.

Rose salió del baño y mi teléfono volvió a vibrar.

–Vaya, ¿quién te envía mensajes a las dos de la mañana Belly Bells?

Me reí como sí fuera obvio.

–Es Susan, me ha dicho que me equivoque en los informes de hoy.

Rose se volvió a topar con la colcha poniendo cara de indignada. A nadie le gustaba Susan realmente.

–Esa mujer necesita una vida.

Guardé el teléfono sin leer el último mensaje y dormir, ya mañana tendría más cabeza para manejar la situación.

::❤️::

A la mañana siguiente desayuné con Rose antes de irme a casa, me cambié y arreglé con ánimos que no tenía desde hace algún tiempo. Incluso comencé a hacer un poco de aseo en el asqueroso departamento. Mi celular comenzó a sonar en el piso de arriba y subí por el. Alice Brandon se leía en la pantalla.

–Tendré que cambiarte a Alice Cullen inmediatamente –saludé–, ¿cómo va todo en el paraíso?

–Estupendamente –habló Alice aunque el entusiasmo de la palabra no llegó a su tono–, o así iba hasta que Jazz empezó a sentirse mal, estamos en el hospital porque se niegan a vendernos unos simples antibióticos en la farmacia sin un receta.

Bajé lentamente las escaleras.

–¿Qué siente Jasper?

–Ayer me dijo que le dolía mucho la cabeza pero pensamos que sólo era su respuesta al viaje, sabes que siempre ha sido malo sí hablamos de viajar en bote, así que lo dejé encerrarse en la habitación pero cuando regresé a verlo estaba ardiendo en fiebre así que nos bajamos en la "tierra a la vista" más cerca que resultó ser Río.

–Te metí en el botiquín algo para la fiebre, estoy segura.

–Oh si, y nos sirvió para pasar el día de ayer pero hoy estoy preocupada.

Decir que me gustaría estar con ella es poco.

–Tranquila Alice, Jasper estará bien, seguro consigues buena atención en Río. Llámame en cuanto sepas algo más de su cuadro.

–Sí Bella, tengo que irme, entraremos a consulta ahora. Bye.

Y colgó dejándome con un extraño sabor de boca, que terrible que tu esposo se enferme en la luna de miel. Pobre Alice. Entonces vi el mensaje que no había leído de Edward la noche anterior, que de alguna forma ya eran tres.

"Iré a verte mañana para pensar en como podré pagartelas, eres una excelente besadora Swan, ya puedes decirle al idiota de Sam que se meta su "terrible" por el culo. Buenas noches." E.

Reí cuando recordé como le había contado a Edward la vez que un tío se enojó porque le mordí demasiado fuerte el labio hasta dejarlo sangrando, salió casi huyendo de mi casa y gritando que era terrible. Leí el siguiente mensaje.

"Bella si no esta dormida, ¿puedes decirme que puedo tomar para fiebre y dolor de cabeza? Normalmente mi asistente me ordena las pastillas con etiqueta pero la despedí hace unos días y dejó todo revuelto." E.

Nada raro ahí, leí el siguiente.

"Swan, no podré ir a verte mañana, me esta matando la cabeza." E.

Decidí marcar a su teléfono en vez de mensajearle de vuelta para ver como estaba pero no me contestó. Lo intente tres veces más sin respuesta, antes de pensar en ir a verlo. No, mejor no, no era una buena idea. Seguramente estaba ocupado. Terminé de limpiar mi departamento hasta que dieron las seis de la tarde y me preparé algo de comer. Por alguna razón había dejado una aspirina en la nevera, lo que me hizo recordar el dolor de cabeza de Edward. Volví a llamarlo pero tampoco uno respuesta. De acuerdo, una visita no era de más. Después de todo, el maldito aún tenía mi biper.

La casa de Edward quedaba a una hora y media de mi departamento, vivía en uno de los más antiguos y caros edificios del norte de la ciudad. A diez minutos del lugar de Rosalie y a preciosos veinte minutos de mi lugar de trabajo.

Cuando me estacioné en el espacio que Edward rentaba para sus visitas, vi que su auto estaba a un lado. Así qué estaría en casa. Pedí acceso desde el piso de abajo y cuando mi anfitrión me dio entrada sin preguntarme quien era subí algo nerviosa por el elevador, como si fuera a visitar a alguien por primera vez cuando sólo se trataba de Edward.

El elevador se abrió en su piso con la vista de un Edward en pijama dándome la espalda.

–Te lo he explicado como a un niño de primaria Mallory ¿qué no puedes hacer nada jodidamente bien? Tendré que llamar yo mismo a los accionistas en cuanto termine de cenar si no es que mi secretaria llama para darme noticias de tu incompetencia otra vez.

Y colgó ruidosamente el teléfono. Cuando se giró hacia mi, debía admitir que se veía horriblemente enfermo tenía los párpados caídos y había perdido un poco de color.

–Pensé que serías el niño de las pizzas pero aparentemente nada me sale bien hoy –masculló dándose la vuelta de nuevo. Vaya que estaba gruñón y terminó de comprobarlo cuando casi me ladró su pregunta–; ¿qué rayos haces aquí?

Di unos pasos adelante hacia su sala de estar.

–Al parecer alguien olvidó usar su traje de la felicidad hoy.

Bufó la dejarse caer en su sofá enfrente de mí.

–¿Sabes que olvidé también? Ir a trabajar, tenía asuntos importantes para el día de hoy y esta estúpida fiebre no me deja avanzar.

Me acerque a tocarle la frente y era cierto, su temperatura corporal estaba demasiado alta. Me retiré.

–Edward metete a bañar inmediatamente y no pienses en usar el agua caliente. ¿Qué has tomado?

Me miró ceñudo mientras se levantaba.

–Consulté un médico por internet ya que mi padre no podía venir y el siempre ha sido mi médico de cabezera –se rascó la cabeza, inseguro de seguir mis órdenes o no. Para Edward era muy fácil dar órdenes pero nunca seguirlas.

El timbre sonó.

–¡Debe ser el chico de las pizzas por fin! –explicó mientras le daba acceso–, deje mi cartera ahí –indicó una mesa alta a lado de la entrada del elevador–. Subiré a bañarme pero págale al muchacho y dile Kate que me compré un Montain Dew en la tienda de abajo.

–Pero acabas de despedir a Kate...

Mis palabras no fueron escuchadas mientras subía a toda prisa las escaleras a su habitación. Le pagué al chico de las pizzas una generosa propina pero de ninguna manera dejaría que Edward comiera eso en el estado en el que estaba. Así que tomé su llave y salí como entré, sin invitación. En el primer piso, además de una librería, había una tienda que era demasiado elegante para ser considerada una tiendita, sentía como sí estuviera comprando en esos locales para turistas de los museos. Pero encontré lo que necesitaba y subí de nuevo, dándome acceso con la llave cuasi robada.

Al llegar, fui a la cocina de Edward y saqué todo lo que había comprado. Le agradecí como loca a la señora del local que vendiera platillos caseros porque se me da terrible la cocina, de tal forma que sí no lo hubiera encontrado Edward terminaría comiendose la pizza que había criticado minutos antes. Hablando del rey... Entró a la cocina dándose pequeños masajes en las sienes, se sentó en uno de los taburetes enfrente de mí, apoyando lo codos sobre la mesa y repitiendo el movimiento en círculo de sus dedos. Le extendí el plato con una sopa de fideos.

–¿Y mi comida? –me miró violento.

–Es lo que hay.

Me encogí de hombros, rogando que no alcanzará a ver el cartón de pizza detrás del microondas. Miró el plato, se acercó un poco para olerlo y arrugar la nariz.

–Esto ni siquiera huele a grasa, quiero mi grasosa pizza, Swan.

–Lo siento, estas enfermo y así como tus síntomas pueden ser una infección estomacal o no, tendrás que comerte esa insípida sopa.

Si las miradas mataran...

Se resignó acercando más el plato a sí mismo, entonces volvió a verme.

–Me falta una cuchara –dijo mientras colocaba sus puños a un lado su plato cual neardental.

Jalé un taburete y me senté enfrente de el, frente a la mesa en medio de su ridículamente equipada cocina. Como si el fuera a hacer algo aquí, por Dios. Coloqué mis manos debajo de la barbilla mientras miraba fijamente sus ridículamente mandones ojos verdes.

–Escúchame bien Edward Cullen, Bella aquí –me señalé a mi misma–, vino a hacerte un favor preocupándose por tí. Ha perdido ya veinte minutos trayendote la cena, veinte minutos que necesitará mañana para atender pacientes con dolores de muerte menos insoportables que tú, así que mueves tu mandón cuerpo y tomas la maldita cuchara del lugar donde jodidamente las guardes, ¡que seguramente ha de ser por tu grosero trasero!

Parpadeó un poco, midiendo el coraje de mi mirada. Finalmente me resigné por hacerme la tonta y prestarle atención al termómetro que acaba de comprar. Segundos después, escuché que se levantaba, caminaba hacia mi lugar y cuando estaba dispuesta a gritarle de nuevo abrió un cajón que se encontraba de mi lado de la mesa, sacó una cuchara y caminó de vuelta a su lugar, en silencio comió su sopa.

Cuando la terminó le tomé la temperatura; 37.6.

–Tomaté esto –le tendí dos pastillas y regresé a mi lugar observando que las tomara–. en veinte minutos deberían hacerte efecto.

Pasaron algunos minutos y nadie dijo nada.

–¿Bella?

–¿aja? –Le conteste distraída intentado abrir una foto que Alice me acababa de enviar.

–¿Puedo irme a acostar?

Dejé mi teléfono a un lado para verlo, no podía asegurar que no se estuviera burlando pero, por ahora, le daría el beneficio de la duda. Le indiqué que sí y regresé a mi teléfono, aparentemente ya le habían dado el diagnóstico a Alice. Por fin pude ver la foto que me enviaba. Era el rostro de un irritado Jasper con varios brotes rojizos sobre su piel, como bombitas.

"Resultó ser varicela Bells, menuda suerte, lo bueno es que nos quedaremos más tiempo del que estará en cuarentena mi enfermo esposo y que ya estoy más aliviada. Jasper te manda saludos y te pide que le avises a Edward si lo ves porque no contesta el celular, al parecer a ninguno de los dos le dió varicela de niños, que raros. Te queremos." A.

Guardé mi teléfono y corrí escaleras arriba a la habitación de Edward. Quien acaba de encender la televisión y se había levantado la camisa del pijama para rascarse el abdomen, entonces los vi, los tipicos brotes de la varicela en Edward. Sonreí. Menuda suerte.

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Regala un review al mandón trasero de Edward :) Espero que te guste.