Notas de la Autora: Los personajes no me pertenecen yo solo los tomo prestados para entretener sin fines de lucro.

Aclaraciones del Cap. Beta Reader: Ayiian.


"Desagradables Encuentros"

- ¡Ah! que sábado tan más aburrido.- Decía un pelinegro enfadado.

- Vamos Darien, por las noches esto ésta irreconocible.- Dijo un joven rubio terminando su segundo vaso de whisky.

- ¿Bebiendo tan temprano?- Les reclamó una "enfadada" voz a sus espaldas.- Por lo menos deberían invitar.-

- Eso les pasa por llegar tarde.- Respondió irónico Darien.- De nuevo.-

- Lo que tú digas Chiba.- Expresó un peliplateado.

- Mucha platica y nada de acción, ¡A trabajar!- Ordenó Andrew, intentando de elevar los ánimos para que los jóvenes iniciaran con el ensayo de todos los sábados.

Con visible desgana uno a uno los jóvenes tomaron su lugar en el escenario, las luces se apagaron creando un misterioso e intimo ambiente, a las primeras notas musicales los atléticos cuerpos hicieron rítmicos y salvajes movimientos, que a más de una persona le provocaría un ataque cardiaco.

El tiempo voló entre bromas, risas y uno que otro regaño.

- Muero de hambre.- Exclamó Jedite.

- ¡Yo también!- Gritaron a coro: Malaquite, Neflyte, Kelvin, Samy y Diamante.

- Yo invito.- Se apresuró a decir Darien, antes de que la tercera guerra iniciara, sin poder comprender cómo y cuando, se encontraba caminando por una de las avenidas más caras de Tokio.-"Tsukino no sé como, pero te juro que me vengare de ti, ninguna mujer me había tratado como tú lo hiciste, y eso se paga "querida"".-Pensaba él.

- ¿Qué tanto refunfuñas? – Cuestionó Andrew, cuando una atractiva joven fue completamente ignorada por el pelinegro.

- ¿Eh? – Fue la respuesta.

- Estas muy extraño el día de hoy.- Murmuró el rubio.- ¿Ya conociste a la única? –

- ¿La única?- Preguntó completamente desconcertado Chiba.

- Si la única mujer que te hiciera pasar por alto a aquella hermosura.- Dijo señalando a la atractiva chica que doblaba la esquina en ese momento.

- ¿Almorzamos aquí?- Cuestionó Kelvin interrumpiendo tan "mágico" momento

- Genial.- Pronunció Diamante.

Los demás solo asintieron, entrando a un exclusivo y caro restaurante.

- Hola, soy Melissa y los atenderé hoy, ¿Quieren ordenar? -Preguntaba amablemente una joven de cabellos castaños rojizos.

- Preciosa, yo quiero un desayuno continental.- Respondió guiñando un ojo el atractivo peliplateado.

La joven un poco turbada por el atrevimiento tartamudeo al dirigirse a los demás.

- A mi me das una hamburguesa y una naranjada, por favor.- Dijo un aburrido Malaquite.

- Lo mismo.- Fue la unánime respuesta del resto de los comensales.

- Y ¿usted? - Cuestionó la mesera.

- Café americano.- Pronuncio secamente Darien.

El almuerzo transcurrió entre bromas y juegos entre los jóvenes, que reían divertidos al notar los nervios y el rubor en las mejillas de las meseras del lugar.

- ¡Hay! son tan guapos.- Suspiró una.

- Ni que lo digas.- La secundó otra, con corazoncitos en los ojos.

- ¡No es para tanto! – Regaño una escultural y dulce castaña, muy alta, que ostentaba el gafete de Gerente.- Todos los hombres son unos engreídos y descarados.-

- ¡Vamos Lita!, no todos son iguales, el hecho de que tú seas una fracasada en el amor no quiere decir que nos amargues la fiesta.- "Explicó" Melissa.

- Haya ustedes y sus cuentos rosas, peroo insimaldito ten...jovenes, después no me vengan con que "él muy maldito tenía otra", ahora ¡a trabajar! – Ordenó firme.

- Amargada.- Masculló Melissa dirigiéndose a la mesa de los bombones.- ¿Desean algo más?-

- No gracias, preciosa.- Río sensualmente el pelinegro.

- Así que ya te recuperaste.- Se burló Andrew.

- ¿Recuperarse?- Indagó Samy.

- No les importa.- Resopló Darien.- Es tarde.-

- No, no lo es.- Dijo un curioso Diamante.- Ahora habla.-

- Es una larga historia y…-

Las palabras de Darien quedaron suspendidas en el aire cuando todos los ojos se viraron hacía la entrada del lugar y un escuadrón de 25 hombres de traje sastre negro hacían un "discreto" ingreso, en tanto disimuladamente registraban el lugar.

- ¿Qué sucede?- Preguntó Kelvin.

- Tal parece que alguien importante viene al lugar.- Contestó un muy animado Malaquite.

Darien resopló enfadado

Kelvintan el o hacsuspendidas en el aire cuando todos los ojos femeninos se diriguieron, sin duda alguna pertenecía al Jet Set japonés, pero "todo el circo" le parecía demasiado pretencioso; con fastidio contempló a los guardaespaldas que ocupaban estratégicos lugares.

-Algún niño mimado que no puede salir sin ldas q ocupaban pero toda la faramallapermiso de Papi...- Dijo en voz alta, pero antes de terminar la frase un excitado Neflyte exclamó:

- ¡Agatsuma-Sama! -

- El heredero de una de las casas reales más importantes de Europa, dueño de medio planeta, sobrino favorito de la reina Isabel II de Inglaterra y él que se dice será nuestro…- Las atropelladas palabras de Diamante fueron interrumpidas por un fuerte asentimiento de cabeza por parte de un rubio emocionado y el grito de Samy.

- ¡Si! el mismo.-

Darien posó la mirada en la masculina figura que entraba en ese instante.

Alto, un poco más que él, la atlética y varonil figura envuelta en un pantalón y una saco-gabardina de seda negra, la camisa carmesí, de la más fina tela, con los tres botones abiertos resaltaba la blanquísima y tersa piel, la cuidada y sedosa castaña-clara cabellera, con reflejos dorados, caía como cascada hasta un poco más abajo de los hombros, los ojos de un extraño azul claro con tintes violeta, enmarcados por largas y gruesas pestañas negras, se "escondían" detrás de unos sencillos anteojos dorados, nariz clásica y fina; los labios, bien proporcionados y sensuales, soltaron una bocanada de humo; con parsimonia la imponente figura camino hasta quedar a un paso de ellos, con una enigmática sonrisa y dando una calada al cigarrillo, dijo en voz grave, firme y serena:

- ¡Buenas tardes! -

- Agatsuma-Sama.- Saludo con una reverencia la gerente.- Su mesa esta lista.-

- Gracias Kino-San.- Sin más se sentó en una de las mejores mesas, cercanas al gran ventanal, frente a la mesa de los agraciados jóvenes que lo miraban con una mezcla de devoción, admiración y sorpresa, tan solo el joven Chiba se sintió incomodó y molesto por aquel distinguido hombre, de mirada gélida y calculadora.

Kyouya dio otra tranquila calada al cigarrillo y su enigmática sonrisa se hizo más notoria, iluminando su bella faz, con un imperceptible vistazo detallo la figura de Chiba, que lo observaba con el ceño fruncido.

- Niños.- Murmuró divertido el príncipe.

Darien no comprendía su malestar, conocía a aquel hombre, solo de nombre, por los rumores y notas que sacaban los medios de comunicación, que monitoreaban cada detalle de su vida, y sin embargo sentía una repentina antipatía para con él. Entre confundido y asombrado, el pelinegro hizo ademán de levantarse, pero el ingreso de otro escuadrón de agentes, lo hizo desistir de su acción.

Ante el pasmado grupo de jóvenes galanes, el Primer Ministro de Japón hizo su aparición, con una nerviosa sonrisa el político los ignoró por completo, realizando una reverencia hacia el heredero de los Agatsuma, que se había puesto en pie.

- Agatsuma-Sama lamento la demora.- Dijo el ministro visiblemente alterado.

- Recién he llegado.- Fue la diplomática respuesta del rubio pelilargo.

Los dos hombres tomaron asiento, siendo rodeados por dos grupos de hombres fuertemente armados, y la conversación dio inicio en un idioma extranjero totalmente desconocido para los expectantes jóvenes.

-¡Demonios!- Gruñó Andrew.- Tardaremos en salir de aquí.-

- ¿De que te quejas?- Cuestionó Jedite.- El restaurante esta casi vacío.- Dijo pasando la mirada por el elegante local, un par de comensales más, ellos 8 y los dos importantes hombres.

- Sin duda, pero conoces el protocolo, es probable que nos registren, y que allá afuera, media fuerza policíaca y privada este monitoreando de aquí a 4 manzanas.- Opinó Neflyte.

- ¿Y que esperaban? Son el Primer Ministro y un Príncipe heredero.- Ironizó Malaquite.- Así que, ¡señorita! – Melissa se acercó con una coqueta sonrisa.- Quiero un pay de limón y un expresso, al fin y al cabo el joven paga.- Dijo señalando a Darien.

Ante el recordatorio de que su amigo invitaba el resto volvió a la carga, Melissa se preguntaba donde metían tanto en esos perfectos cuerpos, ¡Hombres al fin y al cabo!

Después de un rato de bromas subidas de tono, y que cierto pelinegro fuera "atacado" con preguntas con respecto a su "extraordinario" comportamiento, éste explicó, a grandes rasgos, que una desabrida niña se había llevado el libro que necesitaba para pasar el curso, y que su mente estaba ocupada en como demonios pasaría la materia que su propio tío impartía.

Las carcajadas no se hicieron esperar.

- Llévatela a la cama y listo.- Consideró Diamante.- Y hasta puede que ella te haga el trabajo final.

Los chicos lo miraron resignados.

- ¿Por qué todo lo arreglas con el sexo?- Le cuestionó Andrew.

- El sexo es una de las mejores armas de esta vida.- Respondió el peliplateado, alzando los hombros.

- Con razón nunca has tenido una relación estable.- Dijo Kelvin.

- ¿Para qué? Si más de una puede tener un pedacito de mí.- Aclaró Diamante, mirando a su próxima "victima."

La carajada fue unánime y ruidosa, tanto que uno de los agentes, con cara de asesino, les pidió amablemente que bajaran la voz.

Darien se levantó hastiado de aquel "circo", dirigiendo sus pasos al sanitario de caballeros.

Mirando su reflejo en el espejo se cuestionaba en silencio:

- "¿Por qué no les dije la verdad?, son mis amigos, podrían ayudarme a vengarme."-

Sus reflexiones fueron interrumpidas por el ruido de la puerta, ahí, a unos pasos de él, Kyouya Agatsuma, lavaba sus alabastrinas manos; todo pasó tan rápido, con ágiles movimientos, el hombre se plantó frente a él y clavó sus felinas pupilas en sus zafiros.


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Continuara...