L x Linda

Para neko-chan-nyu

-Vaya, es mi segunda cita en una semana -Dijo L mientras caminaba solo por la calle, pensativo y con un dedo en la boca. La gente se daba la vuelta para mirarle pero estaba acostumbrado, además hablando solo llamaba mucho la atención-. Creo que Watari se está desesperando por buscarme una novia... es estúpido.

-¡Kyaaa! -Escuchó el detective. Se dio la vuelta para ver a una adolescente corriendo hacia él; ella también llamaba bastante la atención al ir vestida con ropa de diferentes tonos de azul. Cuando llegó frente a él, en lugar de estar sin aliento, comenzó a dar palmas y mirarle con adoración- Eres L, el detective L, no puedo creerme que vaya a tener una cita contigo, cuando Watari me lo dijo pensé que se estaba quedando conmigo...

-¿Qué? ¿Eres tú mi cita? -Preguntó el chico, sorprendido pero inexpresivo.

-¡SÍ! -Exclamó la adolescente entusiasmada- Me llamo Linda, verás qué bien lo pasamos hoy.

-... ¿Cuántos años tienes?

-Quince -Contestó con naturalidad-, ¿qué tiene eso que ver?

-Bueno, en realidad...

-¿Vamos a quedarnos aquí plantados todo el día? -Interrumpió- ¡Tengo entradas para el parque de atracciones! TE ENCANTARÁ.

Linda cogió la mano de L y le metió en un autobús en dirección al parque de atracciones antes de que pudiera protestar.

-¿Qué te gusta hacer en tu tiempo libre? -Inquirió Linda mientras intentaba acorralar aún más al detective contra la ventana del autobús.

-Estás invadiendo mi espacio personal -Se quejó, apartando a la chica con una mano.

-Ya, ya, ya -Replicó, volviendo a acercarse-. No has contestado a mi pregunta.

-¿En serio te interesa?

-¡Por supuesto! -Exclamó- Quiero saberlo todo de ti.

L suspiró.

-Soy detective -Respondió-, así que me gusta examinar cosas a mi alrededor. También suelo analizar las acciones de la gente que veo. Por ejemplo, por tus acciones puedo adivinar que vas a querer una segunda cita conmigo pase lo que pase en esta.

-¿Y tú la vas a aceptar? -Quiso saber.

-... ¿Qué más preguntas tienes?

-Comida favorita.

-Tarta -Contestó L sin dudar-. Absolutamente cualquier tarta.

-¡Oh, amo la tarta! -Aseguró- Podríamos comer juntos.

-Sería una idea... interesante -Murmuró.

-Estoy deseando montarnos en todo -Admitió Linda sonriente-. ¡Ya estamos aquí! ¿No se te ha pasado volando el viaje?

-... ¿Tengo que contestar a eso?

-No -Repuso la chica-, ¡vamos!

Caminaron hacia las taquillas y entraron sin problemas. Al ver todas las atracciones que tenían ante ellos, los ojos de Linda se iluminaron. L trató de seguir inexpresivo y no salir corriendo; nunca le habían gustado demasiado esas cosas que iban a gran velocidad y te hacían separar los pies del suelo.

-¿Por dónde quieres empezar? -Preguntó Linda.

-Algo tranquilo... ¿El Río Nilo? -Sugirió.

-Es de niños -Protestó ella.

-Analizándolo bien, es una atracción que incluye: educación, ya que muestra la historia del Antiguo Egipto; acción, ya que debes recorrer todo un río rápidamente con el riesgo de caerte y ser devorado, y...

-L, te sientas en una canoa (que por cierto mide cincuenta centímetros y no cabríamos en ella ninguno de los dos) y empieza a navegar sola por un mini canal con estatuas de faraones y otros seres mientras tienes cocodrilos hinchables a los lados.

-No puedes saber desde aquí si esos cocodrilos son hinchables -Se defendió.

-¿Por qué no probamos El Quebrantahuesos? -Propuso Linda.

-El nombre no termina de atraerme...

-¡Vamos!

Después de subir, Linda se quedó esperando en la salida de la atracción mientras L vomitaba tras unas plantas. El detective volvió como si nada.

-Qué asco -Se quejó la chica-. La montaña rusa tampoco hacía nada extraño.

-Daba vueltas -Replicó L-. He estado boca abajo cerca del suelo. Por no mencionar que era de madera y me duele la espalda.

-Por algo la llaman El Quebrantahuesos -Se encogió de hombros-. Ahora vamos a Los Querubines.

-Eso está mejor -Aceptó él.

Resultó que Los Querubines era una caída libre de treinta metros de altitud en la que un carton de niño con alas te sujetaba desde arriba y te tiraba como si fuera una flecha. Mientras caían, L no pudo evitar expulsar todo el aire que tenía en sus pulmones en un grito desgarrador.

Una vez abajo, el chico estaba de color verde esforzándose por no volver a vomitar.

-Has gritado como una niña -Se rió Linda-. Ha sido genial, ¡ahora a La Furia de las Arpías!

Señaló la atracción y L vio un artefacto con forma de Arpía que cogía al pobre individuo que se atrevía a montar y le daba vueltas, le hacía volar y en general, L veía que iba a expulsar su primera papilla si Linda le obligaba a subirse ahí. Había adolescentes que salían llorando.

-He oído que hay un quince por ciento de siniestralidad en esa atracción -Alegó L en un desesperado intento de librarse de esa atracción-. Además, las críticas no son lo suficientemente buenas.

-Muero por probar esa atracción -Insistió Linda-, deja de analizarlo todo y disfruta.

-Disfrutaría más si me atasen a un árbol y empezasen a extirparme los dedos uno a uno... -Masculló mientras seguía a la chica hacia la muerte.

-Es la segunda vez que vomitas en tres atracciones -Se quejó la adolescente. L volvió fulminándola con la mirada-. Ahora quiero ir a... ¡Oh!

-¿Qué pasa? -Preguntó el detective, ya empezando a perder los nervios.

-Mira la hora, ya son casi las dos -Explicó algo triste-, mi madre me hizo prometer que volvería a casa para comer.

-Lástima -Murmuró, obviamente sin saber mentir-. Otra vez será.

-¡Claro! -Exclamó- Estoy deseando una segunda cita, me lo he pasado muy bien hoy.

-Ya, al menos uno de los dos... -Susurró L.

Linda le dio un beso en la mejilla y salió corriendo hacia su casa.

L frunció el ceño mientras caminaba de vuelta a su investigación.

-Niña hiperactiva -Protestó en voz alta-. No pienso volver a una cita que Watari me concierte.

Pobre L, pero creo que no tendrá más opción que seguir acudiendo a estas maravillosas citas, jejejeje :)