A NereaMugiwara, gracias mil por el puntaje ¡me has hecho sentir como cuando tenía el máximo en los exámenes! Jajaja, qué tiempos. A Rebeca18 y Bella, recuerden que Garp muchas veces dice las cosas de modo indiscreto, sin tan siquiera proponérselo… Asi que esperen que pase ese tipo de cosas, ya verán. Y pobre de Ace, con esa mujer obsesiva de Impel Down que le va siguiendo los pasos.

¡Ah, tengo una nueva nakama, LizbethRo, que se enterará de que le dedico el capi, cuando llegue hasta aquí leyendo! ¡Sorpresa!

Para todas ustedes, un beso grande de mi parte (Ace me ha hecho el guiño de enviarles uno suyo, pero temo que Nojiko me mira)

XXI

"Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren." J.S

La reunión era aparentemente casual, como otras tantas. El instructor de marines Garp había asistido al Cuartel, sin olvidarse de cargar con una bolsa de galletas de arroz. La conversación que sostenían Tsuru y Sengoku giraba en torno a estrategias de la Marina sobre las islas del Nuevo Mundo. Hasta que llegó al tema de algunos piratas que habían abandonado, al menos en apariencia, sus aventuras por los mares y dejaban de considerarse peligrosos. No obstante, aunque la Marina no interviniera en sus vidas, siempre tendría un ojo puesto encima de ellos por si se les ocurría volver a las andadas.

¿Escuché mal o dijiste "mis nietos", Garp? —gruñó Sengoku— ¿Es que tu maldita familia no hace otra cosa que sobrevivir como las cucarachas?

No puedo creer que sigan en pie.

¡Bwa Ha ha ha ha! Debías de verlos, Tsuru —el viejo se dirigió a la Vicealmirante, pasándolo por alto—. Han escogido un par de brujas capaces de acabar con la paciencia del mismísimo Aokiji ¡Ese Ace! Tiene una endemoniada peli-cerúlea que si lograra volverla marine sería estupenda —la anciana se mostró escéptica ante la idea—. Con un poco de entrenamiento esos puños serían tan temibles como los míos ¡Estoy muy orgulloso de mi nieto! Luffy es un perfecto imbécil y cargó con la pelirroja, que solo supo robarme la billetera.

¿La Gata Ladrona? —Sengoku tomó nota mentalmente— Eso pinta aún peor.

Buaj, ambos están tan idiotizados que ni siquiera piensan en salir al mar, es decepcionante —Garp rezongó molesto—. Así que la Marine puede olvidarse de ellos. De hecho, no debí decir nada. ¿Quieres otra galleta?

/

Luffy le había hecho sitio en el diván entre él y Nojiko, de modo que los tres contemplaban a Nami en su momentáneo rol de líder.

—Bueno, se trata de qué haremos ante la invasión. Debemos tener en cuenta de que viene contra nosotros una Vicealmirante, el abuelo de Luffy, y cierto personaje desagradable de Impel Down —Nami jugueteó con el super clima tact desarmado—. Creo que lo primero en este caso sería llevar a los habitantes de Cocoyashi hasta el bosque que desemboca en la parte trasera de la isla y entendernos con lo que se aproxima. No vamos a exponer sus vidas cuando es un asunto que nos atañe directamente.

—Sin embargo, conoces a Genzo. Tendrás que amarrarlo para que no se meta en esta historia —alegó Nojiko—. Por otra parte, seríamos... ¿Cuatro contra cuántos?

—¿Cuatro? ¿Estás contándote, No? —Ace la miró sorprendido—Aún no tienes un nivel de pelea como para enfrentarte a algo así.

—Yo tampoco creo que debieras —Nami hizo un gesto disimulado con el mentón, indicándole el vientre aún terso—. ¿Qué tal si ayudas a los habitantes a retirarse hasta el lugar que hemos dicho?

—Ya es bastante con que no pudiera hacer nada cuando el viejo asunto de Arlong. En ese entonces las cosas estaban peores y sin embargo, estuve dispuesta a enfrentarlo junto con los demás —Nojiko le devolvió una mirada severa—. Voy a estar bien, no te preocupes.

—¿Tú que dices, Luffy?

—Eh... etto... ¡AAAHHH, no voy a permitirlo! —el moreno saltó de su asiento y dio un golpe a la mesa con las palmas abiertas— ¡Lo único que sé es que tu hermana tiene que darle un hijo a Ace, para yo quedarme con el lagarto!

—¿Aún sigues con eso? Rayos, que no sabes cuándo parar… Pero si es tu manera de decir que ella debería irse con los demás, estoy de acuerdo.

—¡Ya basta los dos! —Nojiko se levantó furiosa, abandonándolos en el salón— Me parece que no soy una niña para que decidan por mí. Recibiré a esos marines en el mismo lugar en que lo harán ustedes y no hay discusión.

—Bueno, la hermana de Nami ha hablado —Luffy se encogió de hombros, reclinándose en el diván—. Que otro la amarre al mástil de Sunny.

—Luchar contra esa Vicealmirante y su tropa no es de juego, sé que las hemos pasado peores y aún así sobrevivimos... Pero me preocupan algunas cosas, más si uno de ellos es tu abuelo, Luffy. Creo que recuerdas muy bien sus golpes y ahora te odia por decidir quedarte aquí.

—¡Ya basta de que todos piensen que me es imposible patearle el trasero, solo porque se trata de mi abuelo!

—Será interesante verlo.

—¡No voy a permitir que acabe con la vida de Ace, justo cuando empieza!

—¿Qué tonterías estás diciendo? Si no me enterraron antes, no lo harán ahora —Ace propinó un golpe con el dedo al aro bicolor que llevaba en su muñeca—. Por primera vez tengo fe en algo, y no será el viejo quien me cierre para siempre el camino.

/

Nojiko había ido a cobijarse bajo la sombra de un árbol, desde el que podía observar la cruz de Bellemere. Ace no tardó en hacerle compañía, sentándose junto a ella.

—No, ¿estás enferma? —la miró intranquilo— Ese rostro demacrado no es por el asunto de los marines.

—Me siento incómoda con la necedad del Gobierno Mundial.

—Te sientes mal porque Domino viene hasta aquí —fue directo al grano, como siempre—. Ambos sabemos muy bien con qué intensiones.

—Mi problema es esta isla, lo que pueda ocurrirle a la gente que quiero. Ya viví eso y no voy a permitir que se repita —Nojiko escupió la respuesta—. Me tiene sin cuidado lo que ella pretenda.

—Conozco a esa mujer y puede llegar a confundir torciendo la realidad de las cosas —suspiró—. Si sus insidias se entrometen en nuestra confianza estarás dejándola ganar, hablemos claro.

Nojiko se encogió de hombros, restándole importancia.

—Eres tú quien debe resolverlo, no es mi pelea.

—No lo es —Ace le dio la razón—, soy yo quien debe atender ese asunto y cerrar de una vez el capítulo, de acuerdo. Solo advierto de algo que puede suceder, si le prestas oído.

—Cuando hay seguridad en uno mismo, —Nojiko forzó una sonrisa— nadie puede socavarte. Pensé que lo habíamos dejado claro aquella noche.

—¿Hasta qué punto confías en mi, No? —Él la miró dudoso— Ahora mismo, te niegas a compartir la razón de tu malestar solo porque tiene que ver con esa mujer.

—Ya te he dicho que ni ella ni nadie va a provocarme una indisposición. No mato por celos, no peleo por ningún hombre —observó el mar, que se abría más allá del risco—. Tampoco te retengo, así que eres libre de irte cuando quieras.

—¿Piensas que soy tan variable como para dar la espalda y buscar una aventura sin sentido? ¡Creí que me conocías! —Ace se tornó grave—. No aceptaré celos invisibles, tan impropios de tu madurez, Nojiko. Y ahora voy a hacer como que no escuché tus últimas palabras. Pero eso no cambia el tono cetrino de tus pómulos.

—¡No estoy enferma! ¡Y nunca he dicho que seas todo lo que proclama el Gobierno Mundial! —Golpeó con sus puños sobre los muslos, dejando escapar un par de lágrimas— Si lo fueras… Si lo fueras no serías… —el llanto la ahogó sin remedio, dándole un respiro para gritar y doblarse sobre sus rodillas— ¡Solo que no sé qué hacer y me siento idiota!

—Hey, ¿quién dice que tienes que echarte toda la carga al hombro? —Ace la rodeó en un abrazo firme, atrayéndola pese a sus intentos de escapar. Dejó que se rebullera entre sus brazos hasta el sosiego, que llegó solo después de un buen rato— Sé que te sientes responsable por lo que le suceda a Cocoyashi, pero no me gusta para nada la idea de que tomes parte en la pelea, me moriría si te sucediera algo. Claro que no voy a permitirlo, pero si somos realistas, en una batalla así puede pasar cualquier cosa. Hey, te prometo que nadie saldrá lastimado, ni que fuéramos unos inútiles. —acarició el cabello celeste buscando calmarla, tal como hacía ella cuando él tenía sus ventoleras—… Oi, vamos, sé la chica fuerte que tanto me gusta.

—Bellemere debe estar muy decepcionada —Nojiko se apartó de su pecho para señalarle la cruz—. Siempre decía que yo era juiciosa, me pregunto qué pensará de mí ahora.

—¿A qué vienen esas divagaciones, No? Me parece que pocas cosas han cambiado, eres igual de sensata que años atrás. Juro que no entiendo de qué te culpas —buscó acomodarla—. Sea como sea, todas las madres saben que sus hijos pueden equivocarse.

—No, no quiero verlo como un error —lo interrumpió nerviosa—. Contigo, no lo es.

—Estás reprochándote por algo que no logro entender, para nada relacionado con los marines… y parece que has decidido guardártelo bien adentro —le hizo cosquillas en los costados— ¿aquí? ¿o aquí?

Nojiko se retorció, cambiando lágrimas por risa.

—¡Ah, ya basta! —Sin poder reprimir las carcajadas, intentó detenerlo— ¡Es molesto! ¡Basta Ace, eres un niño!

—Vamos, dímelo —insistió risueño, abandonando el juego—. O vas a condenarme a no dormir tranquilo.

—De todas formas, ¿quién va a poder hacerlo con lo que se nos viene encima?

Y se vieron abrazados por la misma necesidad de confianza.