Disclaimer: ni la historia ni PJ me pertenecen son de Kris-Grace y rick riordan yosolo continuo la historia
Resumen:Cuando las cazadoras llegan al campamento mestizo muchas cosas ocurren ,una busqueda,thalico ,percabeth y por supuesto afrodita
Punto de vista de Thalia
Al salir de la cabaña de Nico lo primero que hice fue dejar la caja con la flecha de Eros en la mía, después cogí mi carcaj lleno de flechas para irme a practicar. Lanzar unas cuantas dianas era lo único que me serenaría en ese momento. Primero casi me besa, después, va y me dice que es un malentendido. Además el sueño de esta noche... nos habíamos besado en una tienda de discos.
Definitivamente no entiendo nada, y luego dicen que las chicas somos complicadas. Cuando llegue al campo de tiro de arco cogí mi arco y saque una flecha de mi espalda, tense el arco y me fundí en uno con la flecha. Pensé que la diana era la cara de Lily, el aspirante jefe, le di en todo el ojo. Me reí y seguí mutilándola imaginariamente.
Ah, los celos, qué modo más gracioso de amar. Tense mi arco y agudice mis sentidos, alguien había hablado muy cerca de mí, pero, estaba sola allí. De verdad que desconfiados sois los semidioses, será por el THDA. Esa maldita voz en mi cabeza. Su voz era pomposa y aguda¿Quién era? Pues Afrodita, quien si no va tener una voz tan dulce e irresistible. Destense mi arco y lo deje en el suelo, me inquietaba que quería Afrodita de mi. ¿Pues qué voy a querer? Una historia de amor bien jugosa. Me acorde de la caja que nos había regalado Afrodita con la flecha. ¿No estaba ya cumpliendo su misión? Si, y lo estás haciendo muy bien, lo que no sabes es que vas a ser objeto de otra. Pero eso era imposible, era una cazadora de Artemisa. Oh, por Zeus, no seas tan hipócrita. No parecía importarte tanto ser una cazadora cuando estabas en la cabaña de Hades. ¿Acaso has caído en mi trampa? Me sonroje y me di cuenta de que estaba de pie como una idiota sin hacer nada. Cogí mis cosas y mi fui de vuelta a mi cabina para seguir charlando con cierta diosa del amor.
Intente quitarme la voz de Afrodita mientras me iba acercando a mi cabaña. Entre en mi cabaña y me quede petrificada al ver quien era… Afrodita. Una mujer con un cabello rubio recogido en un moño del que le caían dos tirabuzones que destellaban a la luz del sol. Llevaba un vestido blanco que dejaba ver sus hombros al aire, llevaba una especie de cinturón sin hebilla, un poco más arriba de la cintura. Parecía una modelo de 17 o 18 años.
Suspire, exasperada, si la diosa del Amor quería algo de ti no podía ser bueno. Sonrío calculadoramente, pensando que hacer con su juguete nuevo.
-¿Perdone, Afrodita, pero, qué diablos quieres de mi?- Le pregunte mientras ponía la Flecha de Eros en el cajón de mi mesita de noche.- Le agradezco mucho que nos ayude a Nico y a mí con lo de Percy y Annabeth, pero no hace falta que haga nada más gracias.
-Ya lo sé, pero esto no tiene nada que ver con lo de Percy y Annabeth, sino contigo.- No sabía que hacia Afrodita, una diosa, tras de mi.- Oh, claro que lo sabes. Además como no sé lo tengo que decir, no soy una diosa cualquiera; soy Afrodita, diosa del Amor.
Hizo un gesto significativo mostrando a su persona. Me sonroje, claro que sabia a lo que se refería. Nico. Últimamente todo lo que me estaba pasando estaba relacionado con él, no podía quitarme lo de la cabeza, además después de lo del sueño... todo era aun más raro.
-Es verdad, lo del sueño, le pedí un poco de ayuda a Morfeo para que sincronizara vuestros sueños. Os estuve viendo, yo fui quien puso Just the way you are, me encanta Bruno Mars, hace unas canciones súper bonitas.- Me sonroje hasta límites inesperados, ¿Había estado presente en ese sueño? O peor aun ¿Había estado Nico?
-Señora, si se puede saber, ¿Por qué me hace esto?- Le pregunte cansándome ya de sueños, leer mentes y celos.
-Thalia, no sabes que aburrido es estar en el Olimpo, desde el trato de Zeus, Poseidón y Hades de no tener más hijos me aburría mucho, hasta que apareciste tú, entonces vi una esperanza, pero te convertiste en un pino. Entonces siete años después llega Percy, quien se hace muy amigo de Annabeth, una hija de Atenea. Amor prohibido. Le saque mucho jugo a esa historia, podía pinchar a todas horas a Atenea, pero, ya está llegando a su fin. Necesito otra pareja de semidioses, la definitiva. Entonces llegas tú, Thalia Grace, hija de Zeus, lugarteniente de Artemisa y punk, al campamento mestizo. Después de lo de Luke (lo cual me partió el corazón) necesitas algo con lo que cerrar esa herida y lo has encontrado, Nico di Angelo, hijo de Hades.- Lo describió todo con tal pasión que casi me lo creí, pero analizando bien sus palabras quería decir que necesitaba algo nuevo con lo que entretenerse y no podía jugar así con las personas.
-Señora Afrodita, no pueda jugar a su antojo con las personas,- Trague saliva para poder decir a continuación algo que aunque me formaba solo un nudo en la garganta de pensarlo tenía que decir,- por favor deshaga lo que quiera que haya hecho con Nico y yo.
-Eso te ha costado decirlo, estoy familiarizada con las emociones y mi respuesta es: NO. Voy a librarte de un triste futuro en las cazadoras. Ya me lo agradecerás.
-Como no lo deshaga voy a hablar con mi padre, Nico es un hijo de Hades no le haría ninguna gracia, además te echaría la culpa a ti.- Acto seguido Afrodita se rió en mi cara, literalmente.
-No me hagas reír, por si no te habías dado cuenta también es mi padre. Y yo tengo miles de año que atesoran su confianza. Ahora me tengo que ir. Recuerda: Nico di Angelo.- Y con un humo rosa desapareció.
Me lié de tal manera que me dolía la cabeza, todo se removía en mi cabeza sin sacar ninguna cosa en claro, bueno si, odiaba a Afrodita. Me pase media hora en la cama, hasta que decidí que era la hora de comer.
Le ofrecía a Zeus parte de mi hamburguesa (porque era la mejor comida del mundo) y a Afrodita un trozo de lechuga, en plan, ojala te mueras. Aunque al final todo olía genial al quemarse. Acabe pronto de comer, evitando mirar a Nico (¡Tu culpa Afrodita!) y me fui a la cabaña de Artemisa para hablar con las cazadoras sobre la estrategia del captura la bandera.
-Yo llevare el ataque con otras cinco a través del río, quiero ocho tiradoras para repeler su ataque, cuatro escondidas en la parte izquierda del puño de Zeus y otras cuatro por el río escondidas, os liderara Sarah, quiero que lo hijos de Apolo no las vean venir. Luego habrá otro grupo de ocho personas liderado por Febe que le siga la pista Percy Jackson, no parece gran cosa, pero, recordad, es hijo de Poseidón. Atacad a Annabeth Chase, eso le distraerá. Necesito otras cinco personas para contrarresta a los hijos de Ares, estarán casi seguro liderados por Clarisse La Rué, mucho cuidado. Seis de vosotras harán un cerco infranqueable al rededor de la bandera. De aquí a que se celebre el partido no quiero que ninguna se acerque a los Stolls. Yo me ocupare de Nico di Angelo. No abandonareis vuestros puestos en ningún caso. ¿Entendido?- Hubo un murmullo general que parecía decir que sí. Me reuní después con Febe y Sarah les dije que confiaba en ella y que no me fallaran. Preparamos las armas y me dirige al ruedo para practicar un poco con la espada, tenía que machacar a Percy.
Me puse enfrente del muñeco de prácticas, gire 360º la anilla del reloj que me había regalo mi padre después de la batalla contra Cronos y al segundo se convirtió en una espada de doble filo de plata celestial con la empuñadura de plata pulida perfectamente excepto por el relieve de un rayo hecho de oro que refulgía a la luz del sol y que canalizaba la electricidad.
Apreté fuertemente mi mano alrededor de la empuñadura. Empecé a lanzarle tajos por los costados, después cuando él respondió (si los muñecos de prácticas devolvían los golpes, ¿si no qué sentido tenía?) yo me puse en posición defensiva, bloquee su ataque y contraataque. Una hora después y cuatro muñecos de práctica desarmados y hechos triza volví a ducharme a mi cabaña.
Me duche, me vestí y salí a hablar con Annabeth, me fui a su cabaña y por primera vez en mucho tiempo la vi sola. Miraba muy concentrada su portátil con los planes de Dédalo. Entre y sonrió al verme.
-Hola, que raro es verte sin tu perrito faldero.- Le dije sonriendo malvadamente, al principio se sonrojo pero luego se dio cuenta de que debía contraatacar.
-Lo mismo digo. Por cierto lo de ayer por la tarde cuando estaba con Percy, no te lo voy a perdonar. Esto ya es la guerra.- Me dijo viendo ese fuego devastador que se veía también en los de Atenea cuando hablaban de Percy y Annabeth.
-Oh, siento mucho haber estropeado vuestro momento especial, después de tanto coquetear algún día os tendréis que besar, ¿no?- Como me gusta picarla, es una de las cosas me gusta del mundo. Casi tanto como Nico. ¡Déjame vivir Afrodita!
-Thalia, eres una mala persona, algún día Afrodita te castigara.- "Tranquila ya lo está haciendo" Pensé para mí misma.- ¿Y tú qué? ¿Dónde estabas por la mañana antes de ir a comer?
Hice un amago de "en la cabaña de Hades" pero eso provocaría la risa de Annabeth, empecé a pensar mientras Annabeth me miraba con su típica mirada de sabelotodo.
-Practicando tiro con arco.- Dije con un tono que medio preguntaba medio afirmaba. Sonrió malévolamente.
-Imposible, estaba practicando con Percy, hasta que tuvo que irse a la cabaña de Hades.- Dijo remarcando las palabras "cabaña" y "Hades" A partir de ahí empecé a decir demasiadas cosas.
-Con los Stolls.
-Estaban castigados limpiando el establo por preguntarle al señor D si emborracho a su mujer para que se casase con él.
-En el muro de escalada.
- Imposible, esta cerrado por una invasión de arañas gigantes carnívoras.
-En mi cabaña.
-No, pase a ver si estabas para dar una vuelta y molestarte.- La mire con irritación
-¿Sabías que eres un sabelotodo?
-Sí, y me encanta serlo. ¿Estabas con Nico en su cabaña, eh?- Me pregunto con una ceja alzada para que admitiese mi derrota.
-¿Si ya lo sabes, para que preguntas?- Dio un gritito y di gracias de que estuviésemos solas en su cabaña.
-¡Lo sabia!- Murmure un "siempre lo sabes" y siguió con su interrogatorio.- ¿Qué paso? ¿Os besasteis? ¿Qué hicisteis cuando llego Percy?
-No paso nada, solo estábamos hablando. No, no nos besamos. Respecto a lo de Percy…- Era demasiado penoso decir que me escondí debajo de la cama, por lo que decidí mentir.- Salí por la ventana. ¿Contenta?
Levanto una ceja en plan "me parece que falta algo en esa historia", resople y le conté lo que faltaba.
-¡Vale, casi nos besamos!
-¿Casi?
-Entonces fue cuando llego tu estúpido novio.- Se sonrojo y me miro enfadada.
-Percy no es estúpido, ¿vale?, es un cerebro de algas, pero no es estúpido.- Entonces se dio cuenta de que le faltaba negar algo más.- ¡Y Percy no es mi novio!
-Bueno, al menos, parece que vas asumiendo la idea.- Se sonrojo aun mas mientras me dirigía una mirada furibunda.
-¿Qué idea? ¿Qué te gusta Nico?
-Oh, que forma tan poco creativa para cambiar de tema.
-¿Quieres que lo diga eh? Vale, me gusta Percy.- Sonreí complacida, ahora viene la parte más difícil.
-Muy bien, ahora díselo a Percy.- Me miro como si estuviese loca.
-¿Cómo voy a hacer eso? ¿Y si no le gusto?
-Annabeth, a veces, para ser hija de la diosa de la sabiduría eres muy tonta.
-¡Ah, que ataque más gratuito!- Me reí y todo volvía ser como antes, cuando yo no era una cazadora. Añoraba esa sensación, poder crecer. Resople y me tumbe encima de la cama de Annabeth.- ¿Pasa algo?
-Nada, es que… a veces desearía no haberme unido nunca a las cazadoras, si no me hubiese acobardado y dejado toda la responsabilidad a Percy podría haber seguido con vosotros. En el campamento y recuperar todos esos años convertida en un maldito pino. Siempre hago todo mal y tiene sus consecuencias. Echo de menos ser una adolescente de verdad. Todo por ser una cobarde e intentar librarme de una carga que me venía grande.
Lo solté todo, sin más, todo lo que había reprimido todos estos años. Entonces Annabeth dijo que me levantase y hizo algo que hacía mucho que necesitaba. Me abrazo. Entonces entendí, que un hermano no es solo algo que os une la sangre, es algo mas grande, es un lazo que te une a la otra persona y aunque te haga daño siempre sabes que será fiel a ti en cualquier circunstancia y situación.
-Escúchame bien y recuérdalo siempre, no eres ninguna cobarde. Primero, te sacrificaste por Luke, por mí y por Grover. Segundo, fuiste a salvarme a San Francisco aunque podías morir y tendrías que ver a Luke después de que nos traicionase. Tercero, te uniste a las cazadoras porque sabias que en el fondo era Percy a quien se refería la profecía y tenías que darle más tiempo. Y cuarto, cuando más te necesitamos en la batalla finalmente estuviste ahí con las cazadoras anteponiendo tu vida y las suyas (aunque eso recayese sobre tu conciencia) para ayudarnos. No eres ningún cobarde.- Ese abrazo y esas palabras fue algo que nunca olvide.
Después de ese momento nos empezamos a reír de todo y nos fuimos a cenar juntas. Al llegar donde las mesas nos encontramos con Percy y Nico, Percy estaba interrogando a Nico mientras él se intentaba ir a su mesa.
-… estaba Thalia contigo antes?
-Percy, déjame en paz
-Lo tomare como un sí. ¿Qué estabais haciendo?
-Eres insufrible.
-¿Os besasteis?
-Percy vete a coquetear con Annabeth y déjame vivir.
Le dirigí una mirada a Annabeth que quería decir que se lo llevase a su mesa. Me mando una mirada receptiva y cogió a Percy del brazo mientras le decía que dejase en paz a Nico.
Me senté en mi mesa y mientras comía Quirón anunció que después de cenar seria el partido de captura la bandera. Eso que te dijo Annabeth, he llorado y todo, ¡ha sido tan bonito! Puedes dejarme en paz Afrodita, por favor. ¡No! Tu vida es muy interesante, tu amor hacia Nico, tu amistad con Annabeth y tu pique con Percy. Es lo más. Deberían de hacer una serie. No, mi vida era un gran desastre. Nunca sabía lo que hacía y todo acaba fastidiándome. Ahí está la gracia, si fuese fácil sería demasiado aburrido.
Iba a responderle que aspiraba a que mi vida fuese más aburrida, pero, la gente se empezaba a levantar de sus mesas, empezaba la partida de captura la bandera.
Me puse mi armadura y desplegué mi escudo Egida. Repase por última vez el plan con las cazadoras y me lleve a mis cazadoras. Divise todo el campo desde la cima del puño de Zeus. Flechas volaban de acá para allá sin ton ni son, mientras que el choque de espadas se alzaba por todo el campo.
Encontré su bandera en un lugar recóndito del bosque, ordene a mi grupo que me siguiera. Fuimos esquivando posibles batallas, aunque, cuando llegamos a la bandera había una única persona defendiéndola. Nico.
Nuestras miradas se encontraron y si no hubiese sido por los gritos y el choque de espadas a nuestro alrededor hubiese tardado más en reaccionar. Apreté el mango de mi espada y pase un dedo por el relieve del rayo. Entonces avance corriendo y lance un mandoble. Él reacciono y bloqueo mi ataque. Entonces empezó a recitar algo en griego y salieron cinco guerreros-esqueletos del suelo. Mientras las cazadoras intentaban neutralizar el ataque de los esqueletos, yo, tenía una encarnizada pelea con Nico. Nuestras espadas chocaron y cada uno hacia fuerza en un pulso que podía ser eterno. Estábamos frente contra frente.
-Has mejorado.- Dije, él sonrió y me miro a los ojos.
-No sabes cuánto.- Nuestras espadas desistieron y seguimos peleando. Él estaba usando sus poderes, pues yo también sabía.
Sobre los guerreros esqueleto empezaron a caer una docena de rayos que los envió a todos de vuelta al Tártaro. Las cazadoras rodearon a Nico que no pudo defenderse que ya estaba cansado, había estado invocando cada vez más guerreros y se había agotado.
Me acerque a él y puse mi labio en su oreja.
-Lo siento.- Susurre y él se sacudió al notar mi aliento en su piel. Como notaba que todas las cazadoras me estaban mirando, le cogí de la armadura y le empuje al suelo.
-Dos que se queden vigilándolo voy a llevar esta bandera al puño de Zeus.- Me vitorearon y cuando ya casi conseguí llegar hasta mi zona me encontré con seis hijo de Ares.
Mientras tres cazadoras luchaban contra tres de los suyos, tres de ellos vinieron a por mí, entonces levante mi espada como si supiese lo que iba a hacer. Con mi espada en alto, algo salió de mi interior, un rayo aplaco a los tres hijos de Ares además de a los otros tres que estaban luchando a mi alrededor.
Me sentí mucho más cansada, notaba una tormenta encima de mí. A duras penas, conseguí llegar a mi zona, entonces levante la bandera y lo último que oí antes de desmayarme fue el vitoreo de las cazadoras y a Quirón anunciando que habíamos ganado.
Me levante en la enfermería, Nico estaba en otra camilla al lado mío leyendo una revista, cogí un mechero que había en la mesita y se lo lance.
-¡Ay!
-¿Qué hago aquí?
-Podrías preguntarlo simplemente.- Dijo frotándose el brazo.- Resumiendo, montaste un tormenta gigante, quemaste la mitad del bosque. Después te desmayaste, yo estaba demasiado débil y me mandaron aquí. Annabeth estuvo aquí media hora para ver que tal estabas y después se fue con Percy, habría que avisarle de que te has despertado, estaba muy preocupada. Y de todo esto hace dos horas.
-Guau, ¿Yo he hecho eso?- Pregunte extrañada, si, sabía que tenía poder como para lanzar rayos, pero, una tormenta, eso son palabra mayores.
-Me parece que sí.- Me quede un rato mientras notaba la mirada de Nico en mí.
- Siento lo de antes, yo tenía que vencerte para después reírme de Percy.
Nos reímos y tome un poco de ambrosía, al instante me sentí mejor y me levante. Me di cuenta de que llevaba la misma ropa que tenia puesta para capturar la bandera solo que estaba mojada y hecha jirones.
-Creo que debería cambiarme.- Dije mirando mi ropa.
-Annabeth pensó en ello y te trajo algo de ropa.- Dijo Nico señalando un montón de ropa que había encima de una silla. La cogí y me fije en que no podía cambiarme delante de Nico, al parecer el también lo notó, se sonrojo.- Tienes ahí unas cortinas de esas que se mueven.
Me gire y efectivamente las vi. Hice una especie de habitación que en vez de paredes tenia cortinas de hospital. Me empecé a cambiar de ropa rápidamente. Entonces vi una sombra que se movía detrás de las cortinas.
-¡Di Angelo, te estoy viendo!- Grite con sorna, casi pude notar su rubor.
-¡Solo iba a por agua!- Grito desde el otro lado.
-Claro, claro.- Dije mientras quitaba la cortina, ya había acabado de cambiarme. Llevaba una camiseta naranja del campamento y unos pantalones negros.- Di Angelo nunca habría pensado esto de ti.
-¡Que yo no he hecho nada!-Dijo ruborizado hasta la raíz. Estaba de pie en medio de la sala.
-¿Y donde está el agua?- Dije enarcando las manos al ver que no tenía nada en sus manos.
-Yo…- Nunca llego a terminar porque Annabeth entraba por la puerta seguida de, como no, Percy.
-¡Thalia!- Dijo mientras me abrazaba, Percy detrás de ella se veía enfurruñado, claro, había perdido.- Pensaba que te había pasado algo muy malo, ¡creaste una tormenta que llego hasta Manhattan! La última vez que alguien hizo algo así fue Percy, y estuvo una semana fuera de combate.
-Ya bueno pero estamos hablando de Thalia Grace, hija de Zeus. No puedes comparar.- Percy se volvió hacia mi dispuesto a discutir pero Annabeth le interrumpió.
-Hablando de Zeus, esta tu padre ahí fuera y quiere saber cómo estas.- Abrí los ojos como platos.
-¿Mi padre? ¿Ahí fuera?
-Si, date prisa, a los dioses no les gusta esperar.- Dijo Annabeth y cuando estuve a punto de salir me pare en seco.
-Un momento… antes...- Me puse enfrente de Percy y dije.- Te he ganado Perseus Jackson.
Proferí a hacer mi baile de la victoria, hasta que dije que ya estaba y salí. Mi padre estaba vestido con un traje y estaba hablando algo alterado con Quirón.
-¡Thalia!- Y me miro con preocupación.- Pensaba que te había pasado algo peor que un simple desmayo.
-Estoy bien, padre. A decir verdad no sé ni como lo hice. Solo tenía en mente ganar.
-Sobre eso…- Levanto su mano y dijo.- chócala has ganado a ese hijo de Poseidón. Mucho héroe del Olimpo pero no es capaz ni de ganar una partida de captura la bandera, ¡Teniendo a un hijo de Hades de su lado!
La chocamos, mire a Percy, estaba rojo de rabia y Nico de vergüenza, me reí por lo bajo.
-Gracias, padre. Estaba en cuestión mi honor.- Me miro apremiantemente.
-Bueno, ahora eh de volver. Cuídate, Thalia.- Fue lo último que dijo antes de desvanecerse.
-Ha estado bien la visita de papá ¿eh?- Dije mirando a Percy, farfullo algo y se fue a su cabaña.
-¡Percy!- Grito Annabeth y salió corriendo detrás él, solo quedamos Nico y yo.
-Te has pasado con él.- Me dijo mirándome acusadoramente.
-Es que como le veo tampoco tengo que equilibrar la balanza.-Entonces note unas repentinas ganas de ir a dormir, mire mi reloj, las doce y media. Bostece y dije.- Bueno, creo que voy a ir a dormir.
Nos dimos las buenas noches y cada uno se fue a su cabaña. Me vestí con una camiseta de tirantes que ponía: "Recargo iPods" y unos shorts bastante cortos, hacía mucho calor, me dormí pensando en Nico. Si, lo sé, suena cursi pero es así. ¡Maldita seas, Afrodita! Estaba soñando distintas cosas, tan pronto como estaba en el Olimpo estaba en San Francisco. Era como si tratasen de sintonizar un canal pero la antena no funcionaba. Al final me desperté en mi cabaña, pero, en vez de que el sol bañara mi habitación estaba todo oscuro. Me levante y me acerque a la ventana. La luna llena reinaba sobre el cielo acompañada de un millón de estrellas. Mi reloj decía que eran las 3 de la madrugada y no conseguía dormir. Decidí ir a la playa a tumbarme sobre la arena.
Todo estaba tan tranquilo. Solo se escuchaba el crepitar de las forjas en la cabaña de Hefesto y el respirar de las cabañas. Al llegar a la playa me quede tumbada un rato con la mente en blanco hasta que empecé a oír pasos detrás de mí. Me gire y le vi, entonces supe que la casualidad no existía, existía Afrodita. Nico estaba casi tan sorprendido como yo cuando nuestras miradas se encontraron. Estaba claro que él también venia de improvisto, iba en pijama, llevaba una camiseta negra que ponía: "Si me levantas acabaras en el Tártaro" y un pantalón gris de lona.
