XXIV

"Ni me caso con nadie, ni le pongo amuletos" J.S

Si había algo que en aquel momento lo molestara, no era otra cosa que la carga constante de marines que lo alejaban de Nojiko. Se interponían presentando batalla y aunque podía rebatirlos con cierta facilidad, el número iba en aumento. Podía concentrarse en el combate, pero se hacía bastante más complejo si a la vez se obligaba a no perder a Nojiko de vista. Por suerte, Luffy y Nami cubrían las espaldas a la chica y ésta no les iba a la saga en cuanto a técnicas de pelea, aún cuando tuviera que valerse de una barra de acero, con la que impartía buenos golpes a los marines. ¡Cuánto le recordaba su niñez de lucha contra el mundo!

Ace sonrió irónico, quién le hubiera dicho siete años atrás, que esa muchacha acostumbrada a la vida casera y rural asimilaría con tanta destreza mañas o habilidades de pelea como si se tratara de un pirata más. Por no hablar del vocabulario que empleaba para dirigirse a los soldados cuando estos la atacaban, juzgándola más fácil que a los mugiwara. Tenía que sentirse orgulloso de ella.

Luego de liberar unos rápidos Hotarubi Hidaruma a los enemigos que lo rodeaban, topó frente a frente con Domino, los marines seguían apareciendo y separándolo de Nojiko. Por un instante pensó que era mejor así, terminaría aquella situación desagradable lo antes posible y sin involucrarla.

—No quise esperar un minuto después de saber donde te escondías, Portgas D. Ace —sonrió mordaz—. Debo añadir que me sorprende lo lejos que has llegado, para terminar a los pies de esa granjera. Creí que un as como tú, buscaba siempre lo mejor.

—Y cuando lo encuentro, no renuncio a él. —la enfrentó— No importa dónde lo halle. Pero no vale malgastar palabras cuando hay una batalla alrededor. ¡Hotarubi!

Las luces de libélula dieron contra los marines. Domino había desaparecido entre la marea de soldados que se disponía a atacarle. Quedó sorprendido, no esperaba esa agilidad en una simple carcelera, siquiera porque fuera una custodio de las celdas del nivel 5 en Impel Down. La había subestimado por completo.

—¡Hidaruma! —las pequeñas luminarias explotaron en llamas, calcinando los cuerpos de sus oponentes— ¡Higan!

Las balas en ráfaga eliminaron una buena cantidad de marines que se disponían a lanzarse sobre él. Concentrado en la pelea, apenas vio la figura de ella acercándose a traición. Giró para hacerle frente, sin poder evitar que la mano de Domino corriera a lo ancho de su espalda y lo estremeciera.

—Pues parece que no has olvidado del todo cómo se siente.

—¿Cómo se siente? —Esta vez fue él quien sonrió irónico y preparó el próximo ataque. No necesitaba de un poder para eliminarla— El recuerdo lleva a la comparación y marca la diferencia. Muuucha diferencia.

—¿Vas a decirme que esa aldeana cubierta de abono puede hacer lo que yo no? —Domino pareció salir de sus casillas al oír que demeritaba sus dones— Te escuché gemir contra y a voluntad, tu cuerpo cayó extenuado a mis pies después de un derroche de goce…

—A favor de un nombre que no era el tuyo —sintió seguridad al verla perder la ofensiva y continuó—. ¿Quién crees que usó a quién? Pero después que tuve a No, ¡cuán por debajo quedaron mi fantasía y tus habilidades! ¡Juujika!

La llama concentrada en forma de cruz dio de lleno en la espalda de un marine que se encontraba tras Domino. Ella había esquivado otra vez el poder, esfumándose entre las tropas. Ace volvió por un instante su atención al lugar donde Nojiko estuviera y no la vio, tampoco habían rastros de Luffy o Nami entre la ola de uniformes blanquiazules. Sin embargo, consideró que estaban cerca, pues escuchaba los gritos de Luffy y tenía la certeza de que su hermano jamás las dejaría solas. Intentó abrirse paso en vano, los soldados se interpusieron nuevamente.

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Nojiko terminó por aplastar a un marine bajo el arma contundente que se había proveído. Después de ver tantas desgracias, poco podía estremecerla que aquella barra de acero estuviera marcada de rojo, sin embargo, no por eso su nuevo estado parecía adaptarse a las circunstancias, haciéndola arrojar un par de veces.

Nami la observó de soslayo, apenas el enemigo se lo permitió.

—Sal de aquí de una vez, Nojiko. —le gritó en vano— Puedes irte con los demás.—señaló con el perfect clima tact el abdomen de su hermana—. Hazlo por él. Nosotros nos encargamos.

—¡Ahhh, hermana de Nami, voy a tirarme a dormir en medio de esta pelea si no te vas! —la amenazó Luffy, sentándose por un instante aunque sin dejar de usar el gatorin gun.

Nojiko titubeó, lo conocía demasiado bien como para saber que lo haría sin pensarlo dos veces. Su hijo y Luffy, eran dos buenas razones para no seguir encaprichándose.

—Ya veo. —retrocedió un poco, esquivando el ataque de dos marines.

Una mujer rubia los apartó a manotazos, parándose frente a ella con los brazos en jarras.

—De modo que eres la poca cosa en la que Ace se refugió —dijo para después escupir a sus pies—. Una chiquilla endeble que juega a estar a su altura luchando en una guerra de la que no saldrá viva. Todo un drama.

—Menos palabras, más iniciativa —Nojiko tomó con ambas manos la vara, dirigiéndola hacia el costado de Domino en un golpe seguro. Al verla esquivar a una velocidad sorprendente, intentó otra variante a la cabeza. Pero Domino la alcanzó primero con el canto de la mano directo a un punto en concreto del cuello.

—Es evidente que una aldeana dedicada a su casa no puede rivalizar con quien lleva buen tiempo de aventuras. —la antigua carcelera rió mientras hacía un gesto burlón, contemplándose las uñas, mientras Nojiko cerraba los ojos adolorida y pasaba su mano por el cuello— Y es precisamente eso lo que él siempre ha buscado ¿Sabes? De todo tipo, sin excepción. Aún cuando pretenda simular que le agrada la vida burda que le has propuesto, es inevitable que vaya por más.

—Si piensas que lucho por mantener a un hombre a mi lado, te equivocas de parte a parte. —el ímpetu y la precisión con que Nojiko bajó el golpe, aturdió e hizo caer a Domino— Hasta que pueda ver mi isla libre de presencia marine no voy a abandonar esta pelea.

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Luffy y Nami no pudieron hacer nada por sacarla del campo de batalla, inmersos en limpiar buena parte de lo que quedaba de las tropas de Tsuru. Respiraron aliviados al ver que el número de marines iba en mengua.

—¿Por qué Nojiko se detuvo? —masculló Nami, mirándola de reojo— Si pensaba irse de una vez, debió hacerlo antes de que esa mujer la enfrentara.

—¡GOMU GOMU NO YARI! —barrió el resto de los soldados de la Vicealmirante—¡Nami! —la llamó el capitán— Esa pelea es de Nojiko, no interfieras.

—¡No puedo dejarla sola, tú lo sabes bien!

—Me mantendré cerca, pero no voy a meter las manos a no ser que ella lo pida —hizo crujir los dedos— ¡Ooosu, vamos allá!

Nami intentó seguirle, pero dos marines de Garp se interpusieron.

—Ufff, pelear tanto me ha dado calor —dijo apartándose el escote. Los soldados alargaron demasiado el cuello, para su pesar. Nami los devolvió al barco de un golpe en las quijadas—. Uhm, y eso que no alcanzo a Nojiko —sonrió bandida— ¡Nojiko! —y corrió donde Luffy.