L x Anónimo
Para Victoria Grayson
-¡Joder! -Exclamó el chico moreno frente a su ordenador. Watari fue a toda prisa a ver qué le pasaba.
-¿Cuál es el problema, L? -Preguntó sorprendido, pues L nunca decía palabrotas ni levantaba la voz.
-Esta máquina del demonio se ha colapsado y necesito datos sobre la investigación o jamás detendremos a Kira -Se quejó.
-Pues quería hablarte de algo relacionado con la investigación -Anunció el anciano.
-¿De qué se trata? -Inquirió L, aunque bastante indiferente ya que estaba intentando arreglar el ordenador.
-Una chica ha venido a verte...
-¡NO! -L se dio la vuelta con los ojos muy abiertos, verdaderamente asustado.
-No es una cita -Aseguró Watari.
-No te creo -Replicó el detective-. Me has estado obligando a asistir a citas muy extrañas y horribles por algún motivo que desconozco pero no pienso aguantarlo más.
-¡Que no es una cita! -Exclamó el anciano- Y de todas formas, tienes la obligación de complacer a tus fans. Además, Anónimo ha venido desde muy lejos para poder ofrecer su ayuda en el caso Kira así que sería muy maleducado por tu parte no concederle la oportunidad de echar una mano.
-Está bien -Aceptó-, que pase.
Watari se fue unos segundos y volvió acompañado de una chica alta, vestida de negro con cabello casi blanco y ojos azules... No, uno de sus ojos era azul, el otro era dorado. Desde luego, no parecía como las otras chicas.
-Hola -Habló la chica mientras tras hacer una leve reverencia-. Estoy aquí para ofrecer mis servicios al gran detective L. Puede llamarme Anónimo.
-Bienvenida, Anónimo -Contestó L en tono solemne-. Deje que la guíe hasta la sala donde trabajan mis compañeros policías.
L guió a la extraña chica hacia la habitación donde Matsuda, el jefe Yagami y los demás estaban reunidos enfrascados en sus investigaciones.
-Veo que cuentan con el equipo necesario -Observó Anónimo-. ¿Podría empezar a trabajar?
-Por supuesto -Concedió L.
La detective ocupó una silla vacía frente a un ordenador y comenzó a teclear compulsivamente, uniendo su trabajo a ocasionales llamadas telefónicas. L vigiló su trabajo atentamente y no consiguió encontrar una pega. La chica buscaba fuentes, contrastaba testimonios, leía artículos... Impecable.
Finalmente, se hizo de noche y todos los oficiales regresaron a sus casas, pero cuando L fue a apagar las luces, descubrió que Anónimo seguía trabajando. El detective se aclaró la garganta haciendo que la chica pegase un pequeño salto.
-Oh, L, disculpe, me entusiasmé con el trabajo -Murmuró torpemente.
-Está bien, simplemente termine lo que está haciendo y después me sentiría afortunado si compartiese sus conclusiones conmigo.
-Será un honor -Respondió ella.
-Ah, y tutéeme, por favor -Pidió L.
-Solo si haces lo mismo -Contraatacó. El chico asintió con la cabeza.
Unos minutos después, la chica apagó el ordenador y se sentó frente a L.
-Adelante -La animó el detective.
-De acuerdo -Asintió-. Después de analizar todas las pistas del caso he concluido que Kira es un universitario de la región de Kanto. Además de ser alguien cercano a los agentes que trabajan aquí, ya que ha demostrado tener información confidencial. No hay muchas personas que se ajusten a esta descripción, ¿no es así?
-Exacto -Coincidió L-, has llegado a las mismas conclusiones que yo. La ÚNICA persona que se ajusta a esta descripción... Yo diría que es Yagami Light. El hijo del jefe Yagami.
-Me atrevería a decir que pienso lo mismo.
-Sin embargo... necesito pruebas -Admitió-. Creo que estoy cerca, y esto se está volviendo cada vez más peligroso. No deberías permanecer aquí mucho tiempo.
-Me temo que no podría, he de volver a mis investigaciones -Concordó Anónimo-. Aunque espero haber sido de alguna ayuda.
-Has sido de gran ayuda.
Sin darse cuenta se sumergieron en un silencio total, aunque no pareció resultar incómodo para ninguno de los dos.
-Me gustaría poder llamarte por un nombre diferente a Anónimo -Soltó L de repente.
-Bueno, también me llaman Grace.
El chico asintió con la cabeza.
-Aquí todos me llaman Ryuuzaki -Comentó. Se dio la vuelta y cogió algo de una estantería, lo puso en su mano y se lo ofreció a la chica frente a él-. ¿Chuches?
-¿Chuches? -Repitió Grace, confundida.
-Es mi forma de agradecerte tu colaboración -Admitió. Apartó la mirada para que Grace no viera que se había ruborizado levemente.
-¡Gracias! -Exclamó- Y eso de ahí... ¿no son churros?
L miró hacia la dirección que señalaba su dedo y agarró el plato con churros depositándolo en la mesa entre los dos jóvenes.
-Amo los churros -Dijo Grace.
-Yo también -Susurró el detective. Sus labios se curvaron levemente hacia arriba.
-¿Eso ha sido una sonrisa? -Inquirió la chica.
-Ni lo sueñes.
