Disclaimer: si lo reconoces es pura casualidad o casualmente no es mío.

::CUARENTENA::

Capítulo seis.

Phil en casa.

"¿Creias que su estancia aquí era gratis?" podía escuchar el tono burlón de Sara mientras me explicaba que mi gran hallazgo no era nada. "A la semana de su ingreso, recuperamos su identidad por las huellas dactilares, le explicamos que su nombre era Esme Platt y que todo lo pagaría su seguro. La vieja es rica, enserio rica. Pero no tenía contacto de emergencia y ningún familiar ha preguntado por ella. Con su problema de memoria las cosas se complicaron más."

No sabía sí agradecerle o no a Sara. El hecho de que la señora Platt supiera su identidad todo el tiempo me desconcertaba, regresé a su habitación pero al verla ya dormida con la máscara no quise molestarla. Mi teléfono vibró y el sonido de un asno llenó la habitación. Así que antes de despertarla salí rápidamente.

–Bella.

Sonreí.

–Hola Edward, deberías de escuchar el tono que acabo de ponerte, seguro te gusta.

–Que linda eres pero llevo una hora esperandote y como no te veo salir por favor dime que estas aún el hospital.

–¿Estas afuera? Pensé te vería en tu departamento.

–Quería sorprenderte.

–Sólo firmare mi salida y nos vemos, espera.

Corro a recepción con una sonrisa y Sara me extiende el libro asustada para que lo firme.

–Ustedes los médicos, tienen problemas.

Me río por primera vez de uno de sus chistes antes de salir disparada hacia el estacionamiento.

Estaba peleando con alguien por teléfono, para variar, cuando me ve y cuelga. La sonrisa torcida en su rostro hace estragos con mi estómago. Se inclina para darme un beso que fue demasiado rápido para mi gusto.

–Tenemos una agenda apretada Swan, vamos.

Ruedo los ojos al señor del tacto y entro al coche después de que me abra la puerta.

–¿Agenda apretada?

–Ya verás.

Lo miró sospechosamente pero no añado más hasta que veo que sus planes no son ir a su departamento como acordamos.

–¿Entonces llamarme hoy en la mañana para que le avisará a Reneé que no llegaría a dormir hasta el domingo y tu plan de llevarme al hospital esta mañana eranpara esa
cita que propones lejos de la comida rápida?

No dice nada aún mirando a la carretera.

–Te lo advierto Cullen, si me duermo antes del postre no es mi culpa.

–Bella, se que odias las sorpresas pero dame una oportunidad.

–Lo que tu digas.

No digo nada más. Ni siquiera pregunto cuando nos detenemos en uno de los terrenos privados de su empresa. Bajamos del auto y me saluda uno de sus guardaespaldas. Lo que es muy curioso porque nunca había conocido a uno antes. Se llama Kevin y nos ayuda con una maleta que Edward tenía en el maletero, nos lleva por un camino de pavimento que no logró identificar hasta que por fin se encienden unas luces y el sonido que reconozco me deja sin habla. Estamos en un aeropuerto.

Volteo hacia Edward aún confusa. Me extiende dos pedazos de papel. Son boletos para el partido que veríamos en la tv, de los Spurs en San Antonio. Primera fila. El hecho de verlos en su propia cancha y la posibilidad de que el sudor de Tony Parker caiga sobre mi me vuelve loca. Me lanzó a sus brazos mientras se ríe.

–Me gustan mucho, mucho las sorpresas. Sólo enseñale a los demás cómo hacerlas.

Después de muchos besos, me presentó al piloto. Subí al pequeño avión y casi ronroneo cuando vi los asientos.

–¿Te molestaría si me quedo dormida?

Sonríe sentándose a mi lado. Me recargo sobre él y me atrapa en sus brazos.

–Me molestaría que no lo hicieras.

–Eres una buena cita después de todo, Edward Cullen.

Lo veo sonreír antes de caer en un metafórico coma. Ni siquiera recuerdo cuando llegamos, supuse que aún era de noche porque el coche en el que viajamos estaba oscuro. ¿Recuerdan mis nervios sobre esta cita? Todo se desvanece pues sólo me despierto para caminar como zombie a la recepción del hotel, mantener una conversación que apenas recuerdo en el elevador y dejarme caer felizmente en la cama cuando la encontré.

Me desperté a mitad de la noche con Edward roncando debajo de mi, me había hecho cosquillas moviendo mi cabello sobre mi oreja con sus exhalaciones. Vi sus ojos cerrados pacíficamente a centímetros de mi rostro, sus labios algo secos entreabiertos y tuve que lamerme los míos. Pasé mi mano por su cabello y se movió un poco pero no lo suficiente como para acomodar la mano que aplastaba debajo de ambos.

–Edward.

Lo moví preguntandome como habíamos terminado así pero cuando se despertó sólo apretó más su agarre a espalda, juntando nuestro cuerpos.

–Bella –suspiró aún dormido.

Sonreí cómo un tonta y le di un beso en la mejilla. Rodé para bajar de él.

Exhalé frustrada cuando comprobé que debajo de su camisa que ya se habían ido la mayoría de costras de su lecho. Me quedé quieta observando como cambiaba de vez
en cuando la expresión de su rostro hasta que a los pocos minutos abrió sus ojos. Una mirada igual de oscura que la mía me observó fijamente. Lo única que iluminaba la
habitacion era la luz de la noche entrando por un gran ventanal de una de las paredes.

Aún con sus esmeraldas oscurecidas sobre mi, pasó su lengua por los labios y no pude resistirme a la tentación de acercarme. Nuestros alientos se mezclaron, cosquilleando mis labios. Sentí su mano tomar posesión de mi cadera cuando cerró los ojos y me besó. Era un beso hambriento, al estilo tengo varicela y no he podido cogerte aunque me muera por hacerlo, o así lo sentí yo.

Lo besé con la misma intensidad, manteniendo mis manos quietas a los extremos de su cabeza para no rozar por accidente su cuerpo y no recordarle así, la picazón.

Mordió mis labios cuando pude acercarme más y pedí urgentemente el contacto de su lengua. Su erección empujó uno de mis muslos y un gemido escapó de mi boca. Dios. ¿Por que traía pijama? Eso solo hacia más fácil que pudiera sentirlo debajo de mi. Sus manos buscaron levantar mi blusa y se lo permití rápidamente, no llevaba sostén porque había estado de guardia y el día ya es suficiente duro sin el. Los devoró con la mirada antes de hacerlo con su boca.

Ya no pensé en sus costras,sólo quería que continuara quitándome más ropa y siguiera besando todo mi cuerpo de la misma forma que ahora hacía con mis Edward me tenía atrapada debajo de el. Levante mis piernas para abrazar su torso pero cuando lo hice me arrepentí rápidamente, recordando que eso la última vez lo había hecho rascarse, el recuerdo se fue cuando una de sus embestidas fue directo a mi centro sobre mi pantalón de algodon. Gemí retorciendome debajo de el. Volvió a empujar su erección entre mis piernas.

–Edw-ard.

Soltó mis pechos para besarme.

–Te deseo más de lo que deseo rascarme.

–Dices las cosas más románticas siempre –bromeé soltando una risita. Risita que fue interrumpida por una de sus embestidas.

Comencé a balancearme sobre el, intentado liberar todo lo que sentía con la maravillosa fricción entre nosotros. Sus gruñidos y mis gemidos nos comprobaban que estaba funcionando. Pero Edward no se quedaría con eso, su mano derecha se dirigió al botón de mi pantalon y comenzó por el antes de bajar el cierre. Cuando sentí su mano hacer a un lado mis bragas y rozar apenas mi clítoris deje de besarlo para inclinar mi cabeza sobre la cama, siseando ruidos ahogado. No hizo nada más y abrí mis ojos para encontrarlo mirándome.

Se veía hermoso, con los labios rojos, la boca entreabierta respirando rápidamente y sus ojos presas del deseo. Varicela: 0. Bella:1. Levanté mi cadera hacia su mano y sonrió torcidamente antes de bajar sus labios a mi cuello y besarme despacio.

–No tan rápido Bella, quiero escuchar que lo deseas antes.

Sus susurros viajan como electricidad por todo mi cuerpo y suelto otro gemido.

–Edward, por favor.

Sigue besando lento y con tortura mi cuello.

–Dimelo.

Casi siento su sonrisa tras mi piel.

–Te deseo mald...

Mis palabras se ahogan por un grito silencio cuando introduce dos dedos dentro de mi. Sus besos sobre mi cuello aseguran dejar otro chupetón a medida que comienza a meter y sacar sus dedos en lo que su palma traza movimientos sobre mi clítoris. Sólo quiero decirle que no se detenga pero ruidos entrecortados e inteligibles salen de mi boca. Edward es maravilloso para esto también.

Comienza a trazar círculos en la trayectoria de sus dedos dentro de mi y me vuelve loca pero cuando deja mi cuello para dar pequeños mordiscos y lengüetazos sobre la sensible piel detrás de mi oreja siento mis músculos contraerse. Se mueve más rápido dentro de mi y mis caderas están prácticamente embistiendo su mano hasta que logra llevarme al orgasmo. Mis sentidos se vuelven agudos por segundos para después no sentir una relajación absoluta. Cierro los ojos disfrutando aún del placer.

Continúa besandome antes de terminar de reitar mi pantalón. Con rápido movimientos logro llegar al botón de sus pantalones, quiero deshacerme de ellos pero cuando comienzo a bajarlo veo que su piel está un poco enrojecida sobre todo en su pubis, bajo un poco más del pantalón hasta terminar y veo sus muecas de dolor ante las costras que
accidentalmente arrancamos.

Tal vez él me deseaba más que a su picazón, era su cuerpo el que aún no. Gateo para subir de nuevo a su altura y dejarme caer un lado suspirando.

–A los 16 mis amigos organizaron una fiesta pero no invitaron a la chica con la que salía porque tenía varicela y no queríamos ni verla así que terminé con ella. Hicimos bromas de como estaría rascandose y esas cosas. Ahora creo en el estúpido karma. Sonrío y niego con la cabeza dandole un beso.

–¿Sugieres que termine contigo?–Sugiero que aprendas mi lección, no me termines mientras tenga varicela después de
todo, se te regresara diez veces peor.

Se levanta para taparnos y me acomodo abrazándolo. Recuerdo que alguna vez me dijo que le molestaba acurrucarse y me separo volteandome a mi lado de la cama. Después de un momento es él quien me vuelve a acercar abrazandome por detrás. Deja caer su brazo sobre mi cintura como sí fuera ya algo natural.

–Creí que no te gustaba acurrucarte.

Lo siento sonreír sobre mi pelo.

–Nunca lo había hecho contigo entonces.

Oculto mi sonrisa sobre la almohada. Debí besarlo, por supuesto que sí.

::❤::

Última llamada para tomar sus lugares, señores.

–¿En dónde estas Bella?

La plática sobre su día se había interrumpido después de escuchar como anunciaban que cerrarían las puertas para tomar mi lugar. Suspiro.

–En un partido de basquetbol, Alice y debo irme, nos vemos.

No estaba lista para más preguntas, colgué. Camine hacia nuestros asientos para encontrar a Edward como un niño emocionado hablando con un tipo de traje. Al llegar
ambos me vieron deteniendo su plática, el señor de traje palmeó la espalda de Edward y se despidió de mí con una seña.

–¿Quién era ese?

Levantó en su puño dos jersey del equipo para después extenderme una. La acepté encantada.

–Hermano del coach y acaba de conseguirnos las firmas.

Emocionada mis manos revolotearon por toda la jersey observando los majestuoso garabatos, deteniendome sobre todo en Parker. En pocos movimientos me la pongo
sobre mi ropa.

–Eres el jodido mejor novio.

Se acercó para besarme. La trompeta sonó y con eso comenzó el primer tiempo. El equipo salió tras un coro de gritos y aplausos, incluso yo agite mi puño en el aire emocionada. Me detuve cuando Edward me vio de un forma extraña, con esa cara de soy un jodido asno y me gustas. El equipo contrario anotó el primer punto a los diez minutos y nos escuché maldecir, al final del primer tiempo Duran logró levantarlo con un tiro de tres, dejándonos dos puntos arriba.

–Increíble.

Me deje caer dramáticamente sobre mi silla plegable al tiempo que Edward me extendía parte de nuestros aperitivos. Pizza grasosa y un gran vaso de soda, somos
súper elegantes.

–Te prometí pizza.

Ruedo los ojos mientras mastico pero no me da tiempo de añadir más antes de que empiece el segundo turno. En el cual dejamos el marcador diez puntos arriba, el resto del partido le siguió por gritos nada femeninos de mis cuerdas vocales y cuando Edward no gritaba de la misma forma, se reía de mi.

Cuando terminó todo el tipo de traje del inicio le hizo una seña a Edward, quien me tomó la mano guiándonos hacia, no lo podía malditamente creer, los vestidores.

–¿Otra sorpresa?

Asintió antes de darle la mano al director del equipo.

–Hola Pop.

–El trabajo por fin te dejó venir, Edward.

Edward se río cortésmente antes de señalarme.

–Te presento a Bella Swan –me mira antes de señalarlo a él–, Pop es el huésped favorito del Cullen Seasons.

–Seguro eso le dice a todos –bromea el aludido extendiéndome su mano.

Y así, de la nada, estoy agitando manos con Gregg Popovich mientras gritaba mentalmente.

–Entonces, ¿quieren saludar a los chicos?

Oh. Santa. Medicina.

::❤::

–Llevare esta foto en mi cartera, lo juro –digo agitando el celular con las fotos que nos acabábamos de jugar con los jugadores.

Me ve divertido un segundo antes de volver su vista al camino. No sé a donde nos dirigíamos y la emoción tampoco me permitía cuestionar racionalmente.

–No tienes cartera, Bella, todo lo metes en ese desordenado bolso que dejas en todas partes.

–Pues ahora tendré una y te morirás de la envidia porque tendré una foto de Parker abrazandome en ella.

–En ese caso me moriría de celos.

Intentó rodar los ojos pero un sonrisa me delata.

–¿Ahora a donde vamos?

–¿Recuerdas que Jasper y yo les contamos una vez acerca de un viaje a San Antonio?

Me río ruidosamente.

–¿El viaje en el que conocieron a los travestis?

Finge un escalofrío.

–Estábamos muy borrachos y antes de eso, todo estuvo muy bien.

–¿Me llevarás a conocer travestis?

–No, esta noche sales con tu novio, cariño.

Vuelvo a rodar los ojos pero toma mi mano y le da un beso. Me derrito como hielo en tarde de verano.

–Que aburrido entonces.

Después de varios minutos llegamos a una calle que parecía vivir de noche, las luces te dejaban ciega y la gente alegre saliendo de bares para entrar a otros rodeaba el coche rentado. Se estacionó frente a un bar llamado Howl at the moon, un tipo alto recibió las llaves del coche y otro nos guió a la entrada.

El lugar era oscuro y abarrotado de gente pero de alguna manera una mesera rubia con camiseta negra y el logo del lugar nos guió a una mesa del fondo que parecía más alejada del humo y la gente bailando.

–Tráenos una cata por favor.

La chica nos sonríe y se aleja. Volteo hacia Edward encantada, me mira algo culpable.

–No es lo más adecuado para una cita pero-

–Es perfecto –interrumpo.

Iba a comentarme algo más pero recibo un mensaje de texto de Reneé en ese momento.

"¿Tienes algunos fusibles de repuesto? Si los tienes, ¿puedes darme el número de algún vecino que pueda venirlos a cambiar?
Te quiere mamá."

Me río un poco antes de enviarle la respuesta, a la que contesta rápidamente.

"Ojalá no sea el viejo al que le robé el periódico hoy. Veré como arreglo esto. Cuídate. Osea usa condones y saludame a Edward."

–Mi loca pseudomadre te manda saludos –digo dejando el teléfono a un lado después de apagarlo.

Me sonríe.

–No seas tan dura con ella.

–No lo soy pero muchas veces no la entiendo y me desespera.

–Diría que así son todas las madres pero no lo sé, no crecí con una –se encoge de
hombros.

Siempre había sido difícil hablar del tema de su madre con él, incluso más que con Jasper. Lo poco que sabía acerca de ella era lo que Alice había querido contarme para satisfacer mi curiosidad. La mujer los había dejado cuando Edward tenía tres y Jasper acababa de nacer. Era todo lo que sabíamos. Eso y que Carlisle la amaría hasta el final de sus días por alguna razón que no me parecía comprensible.

–¿Te hubiera gustado crecer con una?

Se vuelve a encoger de hombros y pierdo su mirada en la respuesta.

–No me hubiera molestado poder llevar a alguien el día de las madres en el
preescolar, o ahora, en la oficina.

Me da una sonrisa que no llega a los ojos.

–¿La recuerdas?

–No.

Intento sonreír pero no me ve.

–No tienes un recuerdo al cual extrañar, por lo menos.

–Eso sería mejor que sólo tener el nombre de una extraña.

–Su nombre sería un recuerdo entonces.

–Esme Cullen no es nada para mí.

Recuerdo lo que sucedió hoy con la señora Platt y quiero contarle que su ayuda ha funcionado pero la mesera llega con una larga tablita llena de caballitos, sólo que en lugar de tequila supuse que traía cerveza artesanal de distintos sabores.

–Yo me encargo –dice Edward despidiéndola.

–¿Ahora eres un maestro de cerveza? Estas impresionandome.

–No te burles Swan, toma esta y aplica lo que aprendiste hace dos meses en New
Jersey.

Me río antes de recordar cuando el y Jasper nos llevaron a Alice, una amiga que quise presentarle a Edward, y a mi a nuestra primera cata de cerveza.

Levanto la prueba, la llevo a mi boca y respiro profundamente antes de pasarla por mi garganta. Pienso en arandanos, algo fresco como menta y algo dulce como caramelo antes de emitir una exclamación de gusto cerrando los ojos. Cuando los abro Edward me esta mirando fijamente y ahora pienso en él, algo suave como una cama y algo
metálico como la envoltura de un condón.

–La siguiente.

Seguimos provando pero mi favorita fue la primera y su favorita fue la de chocolate con lupus. Ya más animados, decidimos participar en el karaoke, que era la principal atracción después del duelo de piano. No se sí nos abuchearon o aplaudieron pero si sé que nos terminaron besando en algún rincón del bar como desesperados.

Después de las tres de la mañana, Edward pidió la cuenta y salimos del lugar riéndonos como dos borrachos tontos, me ayudo a subir al coche y me besó en la frente antes de cerrar la puerta como dos enamorados. Llegamos al hotel tras muchos chistes malos acerca de como mi voz de chica no podía alcanzar notas altas y como su tonta voz aterciopelada era terrible para los graves.

–¿Recuérdame por qué salgo contigo?

–Por el sexo.

–Pero aún no hemos llegado.

–Es por eso precisamente Cullen, soy de las pocas y privilegiadas.

Me sonríe torcidamente cerrando la puerta de la habitación.

–Tendremos que cambiar eso.

Corre hacia a atraparme como costal de papas sobre su hombro, forcejeo entre risas antes de que me deje caer toscamente sobre la cama, se lanza inmediatamente sobre
mi haciéndome cosquillas.

–Aleja tu piel irritada con todas tus células muertas de mi.

–Amo cuando hablas médicamente, cariño.

Deja un beso sobre mi cuello y se deja caer a mi lado. Recuperamos la respiración viendo al techo. Quiero decirle que lo quiero. Que haberlo besado después de la boda de Alice ha sido la mejor idea que hemos tenido. Que me divierto mucho cuando estoy con el. Que siempre me ha parecido atractivo pero ahora me parece perfecto.

Quiero pedirle que me diga lo mismo pero no me atrevo y sólo le doy un casto beso en el ángulo de la mandíbula.

A la mañana siguiente empacamos la ropa que Edward no había traído. Me vestí con unos leggings y una camiseta gris de magas y de una tela delgada y suave.

–¿Eran necesarias la botas?

Señalo las botas hunter verde mate que había en la maleta. No tenía idea de como había conseguido mis medidas pero recordaba alguna vez haber visto las botas, en la película que vimos cuando salimos con Rose y Emmett, y haber dicho que las quería.

–Hoy lloverá –se encogé de hombros.

No agrego nada más pero me acerco y le doy un beso en la mejilla. Cuando llegamos al aeropuerto de la ciudad, me encontré con el pequeño avión en el viajabamos ayer.

–¿Para qué comprarte un avión? ¿Lo haces cuando te aburres hacer reservaciones a vuelos o sólo para que suene guay en una conversación?

Rueda los ojos y me deleito en ver una de mis manias en él, sólo espero no empezar a rascarme la nuca o pensarán que tengo piojos.

–La empresa lo compró para situaciones de emergencia o discreción –me aclara en lo que nos subimos.

Saludamos al piloto y pasamos directamente a tomar uno de los pocos asientos. Saca un termo y nos sirve dos cafés en la mesita de enmedio.

–Y Bella.

–¿Uhm?

–Estas volando en mi avión –sonríe torcidamente tomando un poco de su café–. Sí, también porque suena guay.

Sonrió rodando los ojos.

Esta vez no me dormí en el camino y platicamos acerca de Alcie y Jasper. Se río cuando se me escaparon algunas cosas que a Alice no le darían gracia y le imploré que lo olvidara. Tras amenazarme con decirle a Alice todo, tuve que hacerle un berrinche de lo mal amigo que era, cuando la palabra amigo lo ofendió tuve que, casi por imposición besarlo.

Nos besamos el resto del camino, había aprendido que le gustaba mucho besar mi cuello y que a mi también me gustaba mucho que lo hiciera. Que le excitaban mis risitas sin aliento cuando mordisqueaba el lóbulo de mi oreja. Que odiaba dejar sus manos quietas pero que quería las mías jugando con su cabello. Llegando a Nueva York y atascándonos en el tráfico todo el día pasado se sintió como una fantasía. De camino a mi casa se la paso hablando por teléfono hasta que nos despedimos. Se disculpó por no poder saludar a Reneé pero, al apagar su teléfono de negocios el día anterior, tendría que trabajar en domingo.

Me encontraba luchando con la cerradura de mi puerta cuando me di cuenta que la llave no giraba porque esta se encontraba ya sin seguro. Fruncí el ceño ante el descuido de mi madre.

–¿¡Y ahora piensas arrastrarme del cabello hacia ti cueva mientras gritas ugabuga para
que hagamos mucho bugabuga!?

Escuchó los gritos de Reneé y suspiro terminando de abrir la puerta. No estaba sorprendida hasta que me encuentro con la doblada figura de Phil sobre el piso, ¿estaba haciendo lo que creo que esta haciendo? ¡Esta hincado! Oh dios, le esta pidiendo matrimonio. Mi madre aprovecha la distracción de su novio para arrancarle el anillo de la mano y aventarlo lejos detrás de mi. Veo con la boca abierta como el pequeño objeto vuela a mi lado para caer a mis espalda.

–¡Vete! ¡Ya nadie quiere tu estúpida propuesta ahora que estas obligado!

Reneé corre escaleras arriba cual adolescente dramática. Phil y yo resoplamos.

–Hola Phil.

–Hola Bella.

Me sonríe con su cabello pelirrojo cayendo a un lado de su frente. Era unos años más grande que mi madre pero muy atractivo.

–Pensé que no hablarías con ella hasta dentro de no recuerdo cuantas semanas.

Se levanta para buscar el anillo esbozando una sonrisa tan feliz que no puedo creer que no le afecté el drama que acaba de hacerle mi mamá.

–Algo aceleró las cosas.

–¿El qué?

Me mira con la misma sonrisa de maldito drogado pero niega con la cabeza.

–Es tu madre quien debe decírtelo –levanta el anillo cuando lo encuentra y lo mete en uno de los bolsillos de sus jeans.– Debo irme para arreglar algunas cosas que faltan pero ¿puedes decirle a Ren que me estoy quedando en el hotel de los Cullen?

Asiento segura de estar mejor sin saber mucho más de lo que trama este hombre loco por mi madre. Me da un beso en la frente tras añadir "casi tan guapa como tu madre"
y se va.

Subo las escaleras en busca de mi adolescente en casa pero la encuentro cómodamente comiendo un helado mientras hojea una revista sobre mi cama, resoplo de nuevo.

–¿Puedes explicarme qué acaba de suceder?

Baja la revista y echa un vistazo a mi espalda.

–¿Ya se fue?

–Sí, juntó con el anillo de compromiso, ¿no era eso lo que querías?

Se encoge de hombros.

–No, así.

–¿Así, como? El hombre se arrodilló despues de que le abandonaras, ha venido a buscarte a kilómetros de distancia.

Vuelve a encogerse de hombros.

–Por las razones equivocadas.

–¿Cuales razones?

Se levanta de la cama dejando el helado a un lado, teniendo serenidad y seriedad en su rostro como nunca le había visto. Entonces, habla.

–Cuando una abejita y un abejito se quieren mucho y pasan un tiempo separado, hay ciertas cosas que extrañan...

–¡Basta!

No, no estoy lista para escuchar la vida sexual de mi madre.

–Esta quedándose en el Cullen Seasons, me pidió que te lo dijera.

Cierro la puerta y me dirijo escaleras abajo. Busco mi móvil en la bolsa, recordando que no lo había encendido desde ayer. Cosa que era muy irresponsable. Me encuentro con ocho llamadas perdidas de Rosalie, seis de ayer y dos de hoy en la mañana. Gimo de desesperación esperando que no sea otra escena extraña.

–Swan, tienes cinco minutos.

–¿De qué hablas?

Rosalie da unas instrucciones al otro lado de la línea y por lo que escucho, les esta hablando a unas enfermeras.

–¿Estas en el hospital?

–Te he marcado desde anoche para avisarte, Susan ha tenido el día libre y nos han dejado entrar a una gastrectomía parcial pero debes mover tu trasero ¡ya!

Comenzamos en una hora y media.

Perfecto, justo lo que necesitaba mi día. Cirugía bebé para el alma. Le colgué inmediatamente, metí mi celular en el bolso y le grite a Reneé una despedida tras salir
por la puerta.

Al llegar al hospital Rosalie me esperaba en quirófano con los cirujanos a cargo, aunque no nos dejaron hacer nada más que observar de cerca y llevar los ganglios y vísceras a la basura, fueron tres estimulantes horas. Al salir Sara nos extendió el portafolio de Susan y explicó que no habíamos terminado con el horario, faltaban dos cirugías aún. Rose y yo nos sentimos como en una dulcería, en la apendicectomía el Dr. Burton me extendió las pinzas para que extrajera el apéndice y en la histerectomía que le siguió Rosalie fue aplaudida por la Dra. Colhen tras dominar la teoría. Nueve horas después, compartíamos un café en la sala de esperas.

–El mejor fin de semana, definitivamente.

Recargada dramáticamente sobre el asiento me levanta un pulgar.

–¿Sin problemas en el paraíso?

–Después de todo, es el paraíso.

–Lo que sea Dra. Swan, tenemos que empezar con los reportes para mañana o Susan pateara nuestros traseros de aquí hasta Alabama.

–¿Hasta Alabama?

Se encoge de hombros.

–Expresión de Emmett, no preguntes.

Añadiendo dos horas más de trabajo, por fin me encuentro manejando a mi departamento a las dos y media de la mañana. Rose me había dicho que me quedara a dormir con ella pero después del estado en el que deje mi casa, era mejor regresar pronto. Casi suspiro de alivio cuando comprobé que no había incendios, novios pidiendo matrimonio, engrudos verdes o nuevos tintes de cabello. Sólo mi querida mamá con cabellera azul viendo la televisión.

–Creí que te quedarías con Edward, cielo.

Dejó mi bolsa sobre el perchero, me retiró la bata y estiro mi cuerpo perezosamente.

–Claro que no, estaba en el hospital.

–Oh mi querida Bella Marie Swan curando ancianitos y trayendo bebés al mundo.

Ruedo los ojos ante su mirada llorosa.

–Madre estas sensible.

–Siempre eres tan dura con tu su nariz en uno de los kleenex que tenía y me siento culpable recordando las palabras de Edward.

–Lo siento.

Me acercó a su lugar en el sillón extendiéndole los brazos, me recibe contenta en sillón y pasa sus dedos por mi cabello. Era mi momento favorito siempre, muchas veces cuando tenía problemas le pedía que no me dijera nada pero que sólo frotara mi cabello. Era de las pocas cosas que lograban relajarme. Me quedé dormida.

Soñé que Charlie me llevaba a pescar pero estaba muy enojada porque mi caña siempre se rompía, él se había reído de mi y dicho que yo la rompía. En mi berrinche había comenzado a hacer pataletas sobre la lancha que llevábamos pero de la nada esos golpes sonaban más fuertes y más fuertes. Hasta que me desperté. Con los ojos cansados vi el brazo de Reneé sobre mi rostro, lo levanté con cuidado y esquivé el cuerpo de mi madre mientras ella aún roncaba. Se repitieron los sonidos de mi sueño y resultaron ser golpes a mi puerta, busqué mi teléfono para ver la hora: 4:15am.

También vi que tenía 15 llamadas perdidas de Edward. Los golpes a la puerta comenzaron a asustarme y en lugar de preguntar quien era, preferí llamarle.

–¡Al fin! –exclama su voz notablemente cansada. Los golpes dejaron de sonar y me sentí rápidamente muy nerviosa.

–Edward dime por favor que eres tu quien esta afuera.

Suspira.

–Dime por favor que saldrás a abrirme.

–Dime por favor que no vendrás a mi casa cada vez que no te conteste el teléfono.

–Bella no es eso, ábreme, por favor.

No tuve que pensarlo dos veces.

–¿Qué haces aquí a esta hora?

Dios dos pasos para abrazarme y enterrar su nariz en mi cabello. Supiró después de aspirar profundamente.

–No lo tomes a mal –dijo–, pero hoy apestas a hospital.

Me separé para darle un golpe en la frente.

–Nadie te ha dicho que vengas a olfatearme como perro.

Sonrió hacia algo detrás de mí.

–Buenas noches, señora Swan.

Giré mi cuello como exorcista terminando de separarme de los brazos de Edward cuando vi a mi madre. Ella sonrió aún víctima del sueño.

–Dormir. Hoy. Arriba. Yo –pronunció con los ojos medio cerrados–.

La sostuvé de camino a las escaleras pero aseguró aún dormida que ella podía solía. Volteé de nuevo hacia Edward, señalando con mi dedo índice la sala.

–Tienes cinco minutos para explicarme qué haces aquí.

Suspiró despidiéndose de su buen humor de antes, me tomó de la mano e hizo que nos sentáramos en el sillón frente a frente.

Nota mental: estas viéndote con un loco.

–Tengo un vuelo en tres horas y quise despedirme de ti.

Fruncí el ceño.

–Pudiste despedirte de mi como una persona normal –objeté.

–Bella –suplicó despacio–, por favor, no sabíamos que tendríamos que irnos hasta hace unas horas.

–¿Quienes?

Sonrió con lo rápido y natural que formulé mi pregunta.

–¿Celosa?Bufé algo fuerte levantandome del sillón. Soltó un risita y me jaló del brazo para sentarme sobre sus piernas. Depositó un besó sobre mi hombro que flanqueó mi indignación.

–Tú no deberías estar celosa de nadie.

–Pues no lo estoy –fingí ver mi uñas ignorándolo pero sólo hizo que retirara mi cabello a un lado y comenzara a dejar otros cuantos besos sobre mi hombro.

–Viajaré con Emmett.

Giré mi cuerpo un poco aún sobre sus piernas para verlo de frente mientras abría mucho los ojos.

–¿Cuánto tiempo se van?

–Dos semanas.

–Es mucho tiempo –murmuré–, ¿Emmett regresará contigo?

Asintió con una ceja interrogante.

–Es sólo que eso no dejará contenta a Rosalie –expliqué–, acaban de conocerce y este viajé les quita tiempo juntos.

Me sentí identificada y por lo visto, Edward también.

–¿Tampoco te dejará contenta a ti?

Buscó mi mirada y se la di completa, aunque aún no me sintiera segura viéndolo a los ojos, disfrutaba mucho hacerlo. Era un locura de emociones y una paz al mismo tiempo, pero sobre todo locura. Se inclinó a para besarme pero no despacio como siempre empezaba. Su lengua fue directo a la mía y lo saboreé gustosa.

–¿Enserio tienes que irte? –pregunté sin aliento.

Aún no abríamos los ojos y su frente se apoyaba sobre la mía.

–Enserio tengo que hacerlo.

Paso sus manos detrás de mi espalda para abrazarme. Sintiéndome cómoda aún sentada sobre él, apoyé mi cabeza en el ángulo de su cuello. Nos quedamos callados, con sus manos trazando figuras indescifrables sobre mi espalda. Me estaba quedando dormida hasta que su teléfono comenzó a vibrar, lo sacó para ver la pantalla pero no contestó.

–Es hora de irte.

Hice amago de levantarme pero me sujetó impidiendolo.

–Promete que sí te enteras de algo sobre mí, me lo preguntarás primero.

Lo mire ceñuda, gran petición para acabar con un buen momento.

–Edward eso quier-

–Prometelo Bella, por favor.

Sus ojos se veían tan desesperados que sólo asentí. Suspiró. Besó mi frente, la punta de mi nariz y finalmente mis labios. Despidiéndose de mi una vez más en la puerta, se marchó dejándome con las ganas de golpearlo, arrastrarlo de vuelta y atarlo al pie de mi cama. Nada es para siempre.

Reneé aún seguía dormida cuando sali al hospital. No pude dormir después de despedirme de Edward, sobre todo con el favor que me pidió. Esperaba que no fuera
nada grave. Rosalie aún no llegaba a su turno cuando firmé mi entrada, así que no pude saber como tomaría lo de Emmett.

Al realizar el chequeo matutino encontré que la señora Platt se encontraba muy cansada para seguir con la investigación. Quise ayudarla pero el día libre de Susan la había hecho volver con toda la energía para dar órdenes a diestra y siniestra. Cuando nos dio quince minutos para comer, me encontré con Rose corriendo en mi dirección.

–¿Cómo estas? –me preguntó lo mismo que quería hacer con ella.

–No quería que se fuera, no antes del regreso de Alice.

Hizo una mueca.

–Lo siento, pero una semana pasará volando.

Nos sonreímos antes de que Susan gritara "no las veo comiendo".

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Hola!

Primero: el capítulo va con dedicación especial a Jane19, porque ama a los Spurs, una gran coincidencia y espero que le haya gustado :)

Segundo: disculpas por no subir ayer pero pueden culpar de todo a YBoaa, hicimos un trato de actualizar juntas :) que por cierto las invito a leer un fic super dulce, divertido y original!

Les dejo el link en mi bio :)

Summary: Hemos estado en esta tierra desde hace siglos ¿Cuantas veces nos habremos encontrado? ¿Cuantas habremos estado juntos? ExB/TH/AU/OOC.

Se oye bueno, no?

Ahora, que creen de esto dos? como van? estan muy locos? les ha gustado la cita? ya quieren que Alice llegue? El el proximo capítulo por fin descubrimos ese caso tan estresante de Edward (jaja, me senti como narrador de tv).

Como siempre, gracias por leer! :)