Disclaimer: si lo reconoces es pura casualidad o casualmente no es mío.
::CUARENTENA::
Capítulo siete.
Hola Tanya.
El miércoles tras firmar mi salida me despido de Sara, últimamente empezaba a agradarme.
–¡Bella!
Me volteó para ver a Erick corriendo detrás de mi, aún lleva puesta la bata pero intenta detenerme con un movimiento de manos.
–Estoy por firmar mi salida y quería tomar un café, contigo.
Extiende esa sonsira que había catalogado de ensueño y apenas me creo sentir indiferente. Cortesmente sonrío de vuelta.
–Verás, yo-
–Lo sé –me interrumpe–, tienes novio, el chico de traje y "profundos y misteriosos ojos verdes".
Hizo las comillas con sus dedos y tono burlón. Lo miro interrogante.
–Las enfermeras hablan –se encoge de hombros.
–Oh.
–Sólo quiero tomar un café contigo, nada más, deja firmo mi salida y nos vamos.
Aprieto los labios insegura pero termino aceptando.
No vamos lejos, ya que los dos llevamos coche, decidimos caminar a una cafetería cercana. Nos sentamos en un mesita al estilo vintage y una mesera con mandil rosa y de encaje nos atiende. No sé como no había visto antes este lugar.
–Quería este café porque recordé que estabas interesada en recibir la residencia aquí.
Asiento tomando un pequeño sorbo.
–Presentaré el examen el próximo año.
Sherman asiente levantando uno de sus dedos.
–Pero no olvides que el 50% es el examen y el otro será la entrevista con el jefe.
Es mi turno de asentir, por supuesto que estaba enterada.
–Estoy trabajando muy duro para tener la recomendación de Susan.
–Lo sé pero estoy aquí para ofrecerte mi carta de recomendación.
El café se atora en mi garganta. No lo creo. Una carta de recomendación del cirujano más joven y prometedor de la década. No lo creo.
–¿Podrías hacerlo?
–Ya has asistido a una de mis cirujías y te he visto colándote en otras pero he hablado con Susan para colocarte en parte de mi horario y que me asistas.
No lo creo.
–Sí, sí, sí, ¡mil veces sí!
Se rié de mi entusiasmo. Tras terminar el café nos acercamos a pagar a la caja registradora, en el lugar donde se encuentran las revistas hay algo que me llama la atención. Es el ejemplar de Faces en la parte inferior derecha está con letras mayúsculas e inclinadas, Edward Cullen, papa apartada. Compro una institivamente bajo la mirada extraña de Erick y nos vamos. Me despidió agradeciéndole de nuevo la oportunidad y prometiendo que no se arrepentirá.
Conduzco a mi casa, emocionada por la oportunidad en el hospital pero ansiosa por leer lo que dice de Edward. Nunca me había interesado en su vida pública pero hasta hace poco no me había interesado en muchas cosas de Edward.
Al llegar a mi casa, ignoré la huelga de Phil de ponerse en pie afuera de mi puerta hasta que Reneé le hablara para taclear el sillón y ver la revista. Página 61, prometía la portada.
–Página se-cen-ta-y-u-no –murmuro buscándola con desesperación.
La encuentro y siento los músculos de mi estómago reaccionar a todos los impulsos nerviosos de mis emociones. En otras palabras, mariposas en el estómago.
Es una página con el título "POR FIN SABEMOS COMO LE GUSTAN." Más abajo, la redactora escribe "Lo sé, Edward siempre ha tenido compañía femenina cerca pero nunca lo habíamos atrapado en una cita. Nuestro guapo y joven empresario ha llevado a su chica a un partido de su equipo favorito ¡y ha preferido verla a ella toda la jugada! ¿será ella quien nos robe las esperanzas con nuestro bombocito? Se ven muy bien, aunque se vería mejor conmigo. #SraCullen"
Rodé los ojos antes de hacerlos revolotear por las fotos al rededor del pequeño texto. Morí de vergüenza por una en la que estoy metiendo un gran puño de papas a mi boca mientras Edward intenta meterme más y lucho por no escupirlas mientras río. Mi favorita es la más grande, nos estamos sonriendo con nuestras Jersey puestas, se había inclinado para estar a mi altura y yo sostengo un guante de goma entre mis manos.
–¡Mi bebé es preciosa!
Salto del susto cuando me percato de La presencia de Reneé a mis espaldas. Me arrebata la revista y decido dejársela para poder ganar lugar en mi cama.
El viernes por la mañana chequé mi celular por cuarta vez en el día mientras me lavaba los dientes. Ninguna llamada o mensaje de él. No había dado señales de vida desde el domingo. Terminé de alistarme para ir al hospital.
"Alice, ¿hola, cómo estas? Puedes enviarme un mensaje, quiero saber si mi teléfono tiene algún problema." B.
"Claro. Sí lees esto es porque tu teléfono esta perfecto al igual tu hermana, Jasper y yo llegaremos la próxima semana." A.
Mi estúpido teléfono estaba bien. Resoplé. Pensé en la posibilidad de llamarle pero temía repetir la última vez que le llamé. Negué guardándo mi teléfono y arranqué el motor. El tráfico de la ciudad me recibió como siempre entre automóviles, claxóns violentos, choferes con buenos pulmones y la aburrida radio me animé a llamarlo.
Llamé pero se fue a buzón. Quise intentarlo una segunda vez pero un número privado intervino llamándome.
–¿Hola?
–Bella.
Su aterciopelada voz me hace sonreír.
–Lo siento, tienes que abrime la puerta de tu departamento, he llamado y no has contestado, es la regla.
Escucho su risa y sonrío aún más tonta.
–Perdón, yo, errr –hay un silencio y lo imagino rascandose la nuca–, ahora este es mi nuevo número.
–Ok, ¿eso quiere decir que no has decidido olvidarte de mi?
Escucho como resopla.
–No, Lola, claro que jamás me olvidaría de ti.
Ruedo los ojos.
–Adiós Lalo.
–Bella, no cortes.
Sonrío divertida.
–¿No?
–No, quiero escucharte.
–Yo también quiero escucharte.
–En ese caso, quiero besarte ¿también quieres besarme?
–Aja.
–Y tocarte.
–Aja.
–Quitarte la ropa.
–Aja.
–Sentirte.
–Aja.
Siento la necesidad de cruzar las piernas, mis entrepierna cosquillea y el calor sube hasta mi rostro.
–¿Y Bella? –murmura como todo lo demás bajito, acariciando cada una de las palabras.
–¿Aja?
–Ya han desaparecido todas las costras.
Gimo vergonzosamente contra el teléfono y lo escucho gruñir. Pienso devolvérsela.
–¿Edward, recuerdas nuestra plática acerca de la ropa interior de encaje negra?
–Aja.
–Te equívocabas, después de comprarla sentí que le quedaba perfecto a mi tono de piel.
Ahora lo escucho gemir y sonrío hasta que una locura de ruidos de claxon interrumpe en mi mundo. Salgo de mi ensoñacion para ver como estoy deteniendo el tráfico, avergonzada como un tomate, avanzo.
–Tengo que irme si no quieres que me linchen.
–Yo también debo irme.
–Llego el martes.
–Es el mismo día que empiezan las vaciones, la ciudad estará terriblemente atascada en tráfico, pienso usar metro.
–Lo sé.
–Bien, nos vemos –me despido.
–Nos vemos, te extraño –y cuelga con sus palabras flotando.
Llego al hospital con los minutos de sobra, desde que asistía a Erick y Susan, todo se había vuelto más prometedor y por lo tanto me había comprometido el doble. Saludé a Sara mientras me entregaba la agenda de hoy, Susan me había quitado el chequeo matutino de su área, por lo que no había visto a la señora Platt y Shermann me dejaba como cuidadora de urgencias, además de traerme casos extraños y discutirme la mejor manera de proceder.
Todos los días me enseñaba algo nuevo y el enamoramiento que sentía había sido reemplazado por admiración. En apenas tres días habia descubierto que no dormía, que vivía y moría por sus pacientes y que odiaba dejar casos a la suerte.
Al terminar el día me dirijo hacia la biblioteca del hospital, debo consultar libros de pediatría, oftalmologia y semiología.
–Bella, tu madre ha llamado a recepción.
Sara aparece tras uno de los libreros. Me retiró los anteojos y parpadeo ignorando a Suroz.
–Voy enseguida.
Guardo mis cosas al comprobar la hora y camino hacia recepción para tomar el auricular. Supuse que mi teléfono descargado, no había servido para Reneé.
–¿Pasó algo?
–¿Bella? No, no, nada. ¿Ya vienes?
–Sí, estoy firmando mi salida.
–Ah, de acuerdo, ¿puedes hacerme un favor?
–Dime.
–Ve al cinema que esta cerca y cómprame unos dulce de pica piña, y un café del seveneleven, además ya se nos acabo el helado de pistacho.
–¿Mamá estás bien?
–Complace a tu madre, por favor, cielo.
Suspiro.
–Bien, veré si encuentro abierto el cinema, si no te llevo pica piñas del seven, nos vemos en una hora.
Habiendo terminado mi cansina salida fue por los mandados. Dos horas después me encuentro bajando del coche con dos bolsas de chucherias porque terminé por antojarme cosas también.
–Buenas noches Phil –lo saludo, de nuevo estaba bajo mi porche.
–Buenas noches Bella.
Venía todos los días en la mañana y se iba muy entrada la noche para dormir y comer. Le extendí un paquete de cervezas que le había comprado como apoyo a la causa.
–Esto se esta volviendo ridículo, ven conmigo.
Cuando abo la puerta Reneé casi me taclea preguntándome por sus pedidos pero se detiene cuando ve a Phil detrás de mí.
–¿Qué hace él aquí?
La voz de Reneé se escucha 100% traicionada en todo mi piso. Ruedo los ojos y la evado pasando a la sala.
–Hemos decidido extender el terreno de huelga, se quedará a dormir en el sillón y tu lo aceptarás sin hacer berrinches porque me quieres.
Termino extendiéndole la bolsa de sus antojos que me arrebata formando un puchero antes de subir a prisa las escaleras. Se escucha un portazo cuando se encierra en mi habitación.
Phil y yo nos encojemos ante el ruido.
–Madres –le digo–, así son todas.
–Gracias Bella.
Me sonríe y se ofrece a hacerme la cena. La mejor ventaja de tener a Phil bajo mi techo, cocina delicioso.
El sábado invito a Rose a mi departamento y Phil nos prepara el desayuno. Reneé sigue poniendo resistencia pero pude ver como sonreía mientras la Fritatta de Phil daba vueltas en el aire. Después de eso, salimos de compras, cumplí con el objetivo de conseguirme el conjunto de encaje y también comprarme un nuevo esteto.
Llevas el auto de Rose así que me paso dejando por la noche a mi casa. Cuando abrí la puerta Reneé y Phil se encontraban en la cocina, no dije nada pero estaba segura de haber interrumpido algo por como mi madre se tardó en gritarle y hacer su usual huida a mi cuarto.
Le marqué a Alice para contarle el drama de mi madre, enfrente de ella. Añadiendo las palabras, drama innecesario muchas veces. Reneé se hizo la sorda. Al asegurarme que mi hermana estaba bien, me di un largo baño mientras me mensajeaba con Edward. Habíamos llegado a esa parte de decirnos "te extraño" cada vez que nos despedíamos.
El domingo fui al hospital para leer más en la biblioteca. Me encontré con Erick Sherman y me pidió encargarme del papeleo de sus cuentas. Dos horas antes de mi salida me lleó comida y platicamos sobre el internado y sueños próximos alcanzar. Salí temprano y me dirigí a la habitación de la señora Platt.
–Buenas noches.
–¡Bella! Me has abandonado.
–Lo siento, ahora trabajo con el Dr. Sherman.
–¿El doctorcito?
Me río del apodo que Edward y ella habían confabulado.
–Así es.
–Edward es más divertido y no lo digo sólo porque me haya ayudado.
Me río corriendo las cortinas como a ella le gusta.
–No tiene que convencerme.
–Que bien, elige bien.
–¿Supo algo más sobre su identidad?
Su semblante se deprime.
–Lo mismo que ya sabía, mi nombre y que no tengo relaciones familiares a excepción de mi padre que me ha heredado mi fortuna.
–¿Investigo sus números o dirección?
–He llamado a la compañía pero la línea fue abandonada muchos años antes incluso del accidente y ya no tienen los archivos. Soy un misterio.
–Es por eso le encanta a todos los hombres.
Hace una mueca divertida y prometo que la visitare más seguido.
El lunes se vuelve una tortura para mi. Para hacerlo agonizante Sherman y Susan me dejaron trabajos de oficina, por lo que me pase registrando altas y bajas en un escritorio todo el día.
Eran las ocho de la noche cuando iba por la mitad y decidí continuar el día siguiente. Como si una nube gris me persiguiera ese día, llovió y había olvídalo el paraguas, mi camioneta se quedó sin gasolina a una cuadra de mi departamento y cuando llego empapada y molesta a la sala, me encuentro a mi madre enrrollandose con Phil en el sillón.
–Ugh.
Phil se levanta rápidamente, limpiandome el labial de Renee, quien me sonríe con disculpas antes de extenderme su mano con un brillante anillo de compromiso.
–Nos vamos a casar.
–Que bien, consuman su amor en otra parte.
Se vuelven a disculpar y me piden que los acompañe a celebrar a un restaurante. Donde, siguiendo con mi mala suerte me dieron camarones crudos. A mi y a Reneé, tuve que tomar un largo sorbo de vino tinto pero ella no pudo aguantarlo y fue a vomitar al baño.
Me sentí contenta por ellos. Dejando mi nube gris, mi madre volvía a ser la mujer enamorada y feliz de siempre. Viva.
Dormí cuatro horas, me desperté más temprano de lo usual. Me vestí con la ropa interior planeada, perfeccione la depilación de mis piernas, perfume mi cuerpo con crema corporal y arregle mi coleta alta. La ropa blanca de siempre era lo que me dejaba descontenta pero me resigne.
A las nueve, su vuelo llegaba a las 6 pero tenía que hacer algunas cosas antes de vernos a las nueve en su departamento. Me había pedido que lo esperara ahí al terminar mi turno.
El día fue incluso más eterno que el anterior detrás del escritorio organizando fechas y documentos. Termine la pila de infinitos papeles a las cinco de la tarde.
–Nadie puede negar que trabajes duro.
Rose entró en la oficina de Shermann, que era donde me encontraba.
–Ha sido una semana dura, Susan me ha despedido de lo interesante y Sherman es algo difícil de llevar el paso.
–No necesito decírtelo Bella, tu puedes. Ahora relajate que Shermann me ha pedido que venga por ti para que observemos una cirugía con un paciente despierto.
Tres horas después, podía asegurar que mi día mejoraría a partir de ahora. Me encontré silbando mientras firmaba mi salida y casi corro hacia mi coche para que nadie me detenga.
Phil lo había recargado la noche pasada y esperaba que no volviera a sucederme lo mismo con el tanque lleno.
"Voy a tu departamento, te espero." B.
Estaciono. Saludo al portero. Paso. Y me siento como tonta caminando al rededor de la sala. Decido relajarme. Respirar, cuando mi teléfono vibra y me sobresalta.
–¿¡Tu madre se va a casar!?
Alejo el teléfono porque siento que me quedaré sorda.
–Surge el mismo efecto si no maltratas mis tímpanos, Alice.
–Lo siento, no puedo creer que no me hayas dicho.
–Sucedió anoche, se han perdonado y tomado nuestro sillón para reafirmarlo.
Escucho su risa musical.
–¿Bella? –escucho a Jasper.
Sonrío
–Hola Jazz.
–Felicita a Reneé, por favor.
–Lo haré.
La campana del elevador suena, avisándome que alguien sube y tengo la urgencia de colgarles.
–Debo irme, que se diviertan y protejanse del sol. Coman frutas y verduras, bye.
Cuelgo.
Con el teléfono aún en mi oreja, veo como las puertas se abren y un sexy Edward levanta la mirada frustrada para extenderme una torcida sonrisa.
Me siento nerviosa, con el pulso acelerado y se acerca. Sus ojos verdes no pierden contacto con los míos, apenas notó sus ojeras pero compruebo que las costras de su rostro se han ido. Comienzo a desabotonar los botones de su camisa agradeciendo que ya no haya corbata y ¡no haya costras! Lo que nos lleva a una Bella feliz.
–Hola a ti también –bromea cuando esculco su pecho, preguntándome si sería muy atrevido bajarle los pantalones para ver como está el resto de su anatomía.
–No te hagas el chistoso y bésame.
–Hay algo de lo que debemos hablar primero.
–O podemos hablarlo después.
Su mirada se oscurece pero toma su tiempo para inclinarse a mi altura, levanta la mano y atrapando mi quijada me besa una vez, dos veces, tres veces y mis piernas tiemblan. Profundiza el beso y mis manos se deshacen de su chaleco, deambulamos como tontos hasta que mi espalda choca contra una pared, me levanta para cargarme sobre ella en lo que mis piernas abrazan su cadera, disfruto como sólo gruñe ante el contacto de nuestro sexos, adiós plurito.
Mete sus manos debajo de mi camisa y la despide en dos movimientos, dejando a la vista mi sostén de encaje negro como lo había prometido, es simple y aprieta mis pechos entre un pequeño moño. Lo que me había convencido, era como contrastaba el color oscuro con mi piel porcelana. Observé embelesada como me veía antes de lamerse los labios.
–Es precioso, Cariño, pero tenemos que deshacernos de él.
Sus manos viajan rápidamente a mi espalda y escuchamos el click antes de sentirlo caer por mis hombros, se inclina para atrapar uno de mis pezones entre sus labios. Me arqueo sobre la pared con la respiración acelerada. Observo por el rabillo del ojo como mi sostén sale volando mientras mis manos juegan con su cabello, siguiendo todos sus movimientos entre mi estómago y pecho.
Sube su vista para besarme en la boca de nuevo pero se vuelve un juego de desesperación que entre besos abiertos me apodero de sus labios, luego de su barbilla y de lo que mi boca atrape. Escucho nuestra respiración entrecortada y acelerada buscando la hebilla de su cinturón. Se separa un poco para que pueda bajar su pantalón por las piernas y veo la tienda de su bóxer. Paso saliva.
–Edward. Cama. Ahora.
No lo escucha dos veces y termina de deshacerse de sus bóxers para llevarme cargada a su habitación, una vez ahí me deja sobre el piso y sus manos comienzan a desabotonar mis jeans, los bajá hasta el piso y doy un paso adelante quedándome sólo en bragas.
Decido que esa expresion de lujuria y deseo será de mis favoritas. Lo jalo de los extremos de su camisa ya desabotonados hasta la cama, nos dejamos caer olvidándonos de la prisa. Termina de quitarse la camisa y el delicioso contacto de nuestros pechos me hace gemir. Mi mirada se topa con la suya e intento sostenerla, entonces deja caer su pubis sobre el mío y siento su duro pene en mi entrada, con la única barrera de mis bragas y sus bóxer.
Suelto un grito ahogado aún con él, viendo directamente en mis ojos, repite el movimiento y soy testigo de como sus pupilas contraen centímetros arriba de las mías. Es lo más excitante de toda mi vida.
El momento perfecto nos sobresalta cuando su teléfono de casa comienza a sonar. Pierdo el contacto con su mirada cuando gira hacia el. Levanto mi cabeza para alcanzar a besar su cuello mientras me froto debajo de su erección. Siento como crece y gruñe sobre mí.
–No contestes, por favor –tengo la voz de haber corrido diez maratones seguidos pero me vale.
Baja su cabeza en un camino de besos hacia mi vientre y con sus manos abre mis piernas para colocarse entre ellas. Teléfono: 0. Bella:2.
Mis gemidos se ven interrumpidos por el sonido de mi estúpido biper, dentro de mis jeans a un metro de distancia.
Continúa besando mis muslos mientras cálculo tomar algo que pueda jalar mi pantalón cerca, sacar el aparatito y comprobar que es Susan con algún mandado y no Sherman con un caso de vida o muerte.
–No, no lo harás –baja mis bragas a la altura de las rodillas y vuelve a la pocision anterior.
Sigo negociando mentalmente mientras mi estúpido biper suena pero abandono todo pensamiento coherente cuando su boca se pierde entre mi centro. Nunca había recibido sexo oral pero decido que me gusta cuando siento miles de corrientes de electricidad a través de todo mi cuerpo. Empuño las sábanas con mis manos dejando que los sonidos de mi garganta sean libre, suplicas que van al ritmo de la lengua de Edward. Añade uno de sus dedos al trabajo y me tiene gimiendo cosas que ni yo entiendo sobre la almohada.
Estoy a punto de venirme, puedo sentirlo mientras embiste con sus dedos mi vagina y su boca juega con mi botón. Puedo sentirlo en mis puños atrapando la sábana, puedo escucharlo en lo acelerada de mi respiración y gemidos continuos. Quiero avisarle pero al mismo tiempo que abro para boca para nombrarlo, otra voz se adelanta.
–¡EDWARD!
El llamado que proviene del piso de abajo nos sobresalta a los dos. Reconozco la voz masculina pero no estoy segura. Volteo hacia Edward.
–¡Caraja, carajo, carajo! Tiene que ser una broma.
Se levanta de la cama y comienza a buscar unos pantalones en el closet. El sonido se repite y reconozco la voz de Emmett. Rápidamente me inclino para subirme las bragas y me levanto a buscar mi pantalón. El sostén y mi camisa se encuentran abajo, siento un rubor extenderse por todo mi cuerpo.
–¡YA VOY! –grita en lo que reconozco su tono más encabronado.
Tras ponerse un pantalón, se gira hacia mi.
–De verdad lo siento, vuelvo enseguida.
Me quedo a mitad de su habitación con los jeans aún sin abotonar y mis amigas al aire. Tomo una de sus camisas y me la pongo encima en lo que checo la notificación de mi biper. Es cuando un escalofrío me recorre la columna, es una emergencia y tanto Sherman como Susan me han llamado inmediatamente. Luego veo el mensaje que Rose ha enviado a mi teléfono.
"SOS. Choque masivo y sala de urgencias llena. Cirugías hasta para elegir. Corre."
Sin pensarlo corro en busca del resto de mi ropa, debo irme.
–¡Tanya te ha seguido! ¿No comprendes la gravedad del asunto?
–Comprendo tu incompetencia, ¿cómo chingados tendría mi dirección?
Ambos dejan la discusión para verme de brazos cruzados a mitad del camino hacia mi sostén colgando de la mesita de bienvenida. Edward levanta una ceja interrogante y Emmett me ve divertido levantando su mano en un saludo.
–Hay una Emergencia y debo irme.
Extiendo la mano detrás de mi para atrapar la prenda discretamente, avanzo hacia mi camisa en el piso y me subo casi corriendo las escaleras. Escucho la risa de Emmett y como la interrumpe un golpe.
De nuevo en la habitación de Edward me visto rápidamente, suelto mi despeinado cabello para volver a recogerlo en algo decente y vuelvo a bajar con la misma velocidad.
–Lo siento, es importante –le explico a sus ojos Esmeralda que me siguen el paso hasta el elevador.
Me levantó de puntitas y le doy un beso rápido.
–Cotinuaremos pronto –añado bajito antes de meterme y cerrar las puertas.
Rose no había exagerado, se había descarrilado un autobús en medio del camino de un camión de carga, se habían llevado varios automóviles en el camino y teníamos a familias enteras saliendo de las ambulancias. Los internos estaban emocionado revoloteando por la sala de urgencias. Rose y yo recibíamos instrucciones y manteníamos signos vitales. Sherman me incluyo en una cirugía para rescatar el daño de un pulmón perforado por las costillas rotas.
Me despedí de Rose contenta de entrar al quirófano. Antes de terminar con la operación Susan me llamó para seguir checando signos vitales de los pacientes. Fui corriendo de nuevo a la sala de urgencias. Me encontraba registrando los contactos familiares de un chico que murió en el impacto cuando una paramédico me pica el brazo.
–Hola, ¿es doctora, no?
Asiento apenas y me hace un mueca.
–Traigo otra paciente pero no estoy segura de lo que le ha pasado.
Arrugo el entrecejo en busca de alguien con más experiencia en la sala, pero todos están ocupados.
–Lléveme con ella –le pido.
La chica asiente y me guía a la entrada de ambulancias, veo desde lejos a una chica rubia sentada sobre la camilla, con sus manos sobre el seno derecho y gritando a todos lados. No puedo entender lo que dice hasta que me acercó.
–¡Se me ha reventado una teta, idiotas! ¿No hay algún puto cirujano plástico aquí?
Intento no reírme cuando entiendo que con el choque se reventó uno de sus implantes mamarios.
–Yo me encargo, gracias –le digo a la chica, nerviosa tras los gritos.
–Buenas noches, soy la docto-
–¡Sólo apúrate que perderé a Linda!
Inmediatamente me alarmo, arrepintiéndome de haber tratado el caso con diversión.
–¿Esta embarazada? ¿Siente algún dolor?
Con lo delgada que esta, sin ningún bulto en el estómago no le doy más de dos meses.
–¿Qué? –me pregunta como sí estuviera loca– ¡No, no! No me duele nada, sólo no quiero perder a Linda –esta vez señala su seno caído entre sus manos.
–Ah, ya.
Saco mi lámpara y empiezo a revisar los demás signos vitales.
–¿No llamarás algún doctor capacitado, idiota?
–Nuestro cirujano plástico esta en cirugía de una reconstrucción completa de un rostro desfigurado –explico, tranquila.
–¿Y?
Me coloco el esteto y escucho su corazón pero está en parámetros normales todavía.
–Ya que su prótesis aún no le causa un dolor excesivo ni muestra hinchazón o bultos, podemos esperar a que acabe la cirugía.
Me observa con la mandíbula desencajada.
–¡Bola de idiotas!
Respiro tranquila y tomo una hoja para datos personales.
–Puede darme su nombre y contacto de emergencia para que no espere la cirugía sola.
Lo piensa un momento y casi me dan ganas de gritarle que hay casos más urgentes que ella.
–Me llamo Tanya Cullen y mi contacto de emergencia es mi esposo; Edward Cullen.
Comienzo a garabatear cuando me dice su nombre pero detengo la primera vez que escucho Cullen para quedarme pasmada cuando termina su oración.
Oh. Santa. Mierda.
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Hola!
Chanchanchanchan! Me moría por subir este capítulo :)
y ahora que pasará?
