XXVII

"A ti que me has ganado

con un naipe marcado la partida" J.S

Nami observó a Luffy, que se había tirado sobre las mantas sin molestarse siquiera en apartarlas. En cierta forma le irritaba aquella aparente indiferencia, cuando se trataba de algún asunto en el que estuviera envuelto su hermano. Le había preguntado hasta el cansancio si Ace no le guardaría rencor a Nojiko, y Luffy estaba a punto de abandonar la habitación e irse a buscar comida, cansado también de responderle negativamente.

—Nami, ¿por qué los estás juzgando como si fueras tú? Déjalos entenderse. —Respondió un rostro adusto bajo el sombrero— Para mí no hay nada peor que me mientan a conciencia, pero aún así, reconozco que era difícil para tu hermana decir la verdad con Ace recordándole todo el tiempo que no quería descendientes. Yo sería capaz de perdonarla... Si él no lo hiciera, aún teniendo tantos motivos, sabrá en su momento lo que pienso.

—¿Le patearás el trasero? —Nami sonrió incrédula, y se permitió abrazarle por la espalda. Volvió a desear que Luffy tuviera más a menudo esos momentos de lucidez, que la hacían ver algo más que al capitán idiota.

—Shishishi, no... —volvió el rostro sonriente, observándola por encima del hombro— Dejaré caer unas orugas del mandarino dentro de su pantalón. ¿Sabes que esas muerden?

—Sí, lo sé. No tienes remedio. —la pelirroja hizo un gesto negativo con la cabeza, pero tuvo que reconocer muy a su pesar, también le gustaba y la hacía feliz aquella faceta del capitán— Luffy ¿quisieras traerme esa alcancía? —Señaló una réplica de barco encima del armario y fue a sentarse en el lecho— Como pronto habrá un niño, creo que es hora de vaciarla.

—¿Vas a abrir tu alcancía, por el niño? —él la miró con la sorpresa de quien hubiera visto a Kokoro treinta años más joven— Bueno, Gomu Gomu no...

La navegante tomó la réplica en sus manos, dispuesta a destruirla.

—Qué raro, no pesa nada... tenía monedas de oro dentro —al voltearla se percató del pequeño tapón de macilla— Me... me han robado... ¡Luffy! ¡Me han robado!

—Etto... es casi imposible que alguien le robe a una ladrona como tú, Nami. —el capitán se encogió de hombros—. Tendría que ser muy inteligente...

—Y lo suficientemente alto como para llegar hasta ella, —la pelirroja le lanzó una mirada asesina— o tener habilidades que le permitan estirarse. ¿Por eso está repleta de carne la despensa?

—Fue Ace quien buscó esa carne, Nami. —Luffy se tornó serio— Y si, robé como pirata a cierta navegante ladrona, por un buen motivo. Primero muerto a sentir la vergüenza de pedirte unas monedas para comprar algo como esto —abrió de par en par las puertas del mueble, donde en un espacio amplio entre las ropas, se veían tres bajeles de juguete—. De todas formas, también pensaste en el niño.

—¿Tres? —Nami se acercó a observarlos, ya más calmada— ¿Por qué tantos, Luffy? Bastaba con uno.

—Shishishi... es que no sabía por cuál color decidirme. —Sonrió ampliamente mientras se llevaba la mano a la nuca para rascarse— Lo siento, Nami.

—Está bien. —ella le devolvió la sonrisa y un rápido beso por añadidura, para después abandonar la habitación— Pero no te acostumbres...

—¡Eh, Nami! ¡Creo que llenaré a mi nakama de juguetes! —le gritó Luffy, contento y se apresuró a cerrar las puertas del armario.

/

Recostada sobre los almohadones, Nojiko vio a Ace cerrar la puerta tras de si, empujándola con el costado del cuerpo. Sus manos venían ocupadas con la jarra llena de zumo de mandarina y un vaso de cristal. Se advertía nervioso, a pesar de su sonrisa y lo tranquilo del rostro, pero para ella, que lo conocía más que bien, no pasó desapercibido su estado de ansiedad. Bien porque estaba inquieto por las consecuencias del golpe de Domino, bien por la conversación que tenían pendiente a raíz del nuevo "descubrimiento", o por ambas. No había andado ni tres pasos, cuando el estrépito del cristal contra las losas hizo saltar los pedazos de vidrio y extenderse la mancha naranja.

—Cielos, estoy hecho un torpe. —se apresuró a recoger los cristales, pero la mano de Nojiko sobre su muñeca lo detuvo— ¡No, qué haces fuera de la cama!

—Déjalo, no importa —ella lo miró como siempre que necesitaba hablarle con urgencia y no sabía el modo de empezar—. Es tu intensión la que vale.

—¿No dijo el médico que debías guardar reposo? —Amontonó los vidrios en un sitio y se sacudió las manos— Voy a devolverte a la cama, y no se te ocurra escapar otra vez o me pondré serio contigo, —reafirmó sus palabras con una expresión dominante— por el bien de ese niño.

—Ace… —había intentado iniciar el diálogo, aunque aún no tuviera idea de cómo seguir adelante.

—Ace, nada. —Sonrió, interrumpiéndola y la alzó para llevarla en brazos de vuelta al lecho— Prohibido decir una palabra mientras no estés acostada y tranquila.

Nojiko se mordió los labios en un cómico intento de silenciar sus ansias de comunicarse. Deseaba seguirle el juego, pero no pudo con las lágrimas. Y apenas sintió que la depositaba en su cama, dio rienda suelta al llanto.

—Oi, ¿qué pasa? —no dudó en sentarse junto a ella de inmediato, intranquilo porque el malestar hubiese vuelto y deslizó la mano suavemente por el abdomen de la chica— ¿Te duele mucho, No?

Lo negó con un gesto de cabeza, sin dejar de llorar.

—Hey, vamos. —buscó el modo de calmarla, atrayéndole la cabeza hacia su pecho, mientras susurraba un "chhhh"— No hay motivos para eso.

—Lo siento… —fue lo único que pudo balbucear— Me moría de miedo…

—Y yo de preocupación, por no tener idea de qué te sucedía. —Ace suspiró, como si lo cansara dar más vueltas a un asunto que podía volverse desagradable— Fue mi culpa, después de todo... Por repetirte una y otra vez que no estaba dispuesto a tener descendientes. Mierda, juro que no volveré a escupir hacia arriba.

—Está de más que te culpes. —Nojiko se abrazó a él, como lo habían hecho siete años atrás, compartiendo la necesidad de apoyo. Sintió una paz repentina cuando le acarició el cabello y rodeó su talle, en correspondencia— Debí confiarte la verdad, pero todo cayó de golpe y no sabía qué hacer. Jamás me he sentido tan insegura, tan irresponsable por descuidarme...

—Que no me viera como padre, tampoco significaba que me faltaran los deseos, No.

—¿Y si hubieras mantenido tu posición? Visto desde un punto, estaba decidida a tenerlo pasara lo que pasara —meditó—… Pero la experiencia real es muy distinta. Aunque me sé capaz de enfrentarlo, la conciencia por haberme dejado arrastrar sin que pensara en las resultas, hace que abra los ojos.

—Oi, no digas tonterías. Fui yo quien lo pidió —susurró apenado y la estrechó un poco más—. Si los dos mandamos al diablo la cordura y piensas que las cosas se nos fueron de las manos, nada de arrepentirse. Tú asumiste una responsabilidad que es nuestra, No, ahora te reclamo mi parte —dejó caer con malicia unas palabras a su oído— ¿Recuerdas? Insistí en que termináramos así, realmente lo quería, no es justo que me dejes fuera ¿Es tan difícil que me des una oportunidad y confíes en mí?

—Primero debes dártela tú, o de nada servirá cuanto haga yo. Que la vida te quitara los momentos más felices, no significa que tengas menos derecho que otros a sentirlos. Ace, —por primera vez Nojiko apartaba su orgullo, a cambio de reconocer lo que sentía— mi corazón no se equivocó al escogerte, lo sé —y sonrió abandonándose al abrazo.

—El mío tampoco, al dejarte entrar. Tú o ninguna, de eso estaba seguro.