XXVIII
"Comprendimos a la vez que dos y uno suman tres
cubiertos para el desayuno." J.S
Desde que el doctor del pueblo insistiera en que Nojiko debía seguir guardando reposo en cama por un tiempo más, los tres miembros restantes de la familia "D." se las arreglaron para mantenerla ocupada y no se aburriera. La noticia de su situación llegó discretamente a los nakamas allende los mares, Kaya y Chopper enviaron de inmediato su respuesta de atenderla si requería ayuda. Aunque la primera les hizo conocer de su recién descubierta gravidez y por tanto, quizás se hallara dentro de poco tiempo igual que la peliceleste.
—He visto unas pocas veces a esa muchacha, pero me resulta muy agradable —comentó Nojiko, risueña a la par que cerraba el sobre de la carta que le mandara—. No imagino cómo será un hijo de Usopp con alguien así. Ella tan delicada y el otro tan aspavientoso, me pregunto a cuál de los dos saldrá.
—Oh, son geniales. La mitad de los cuentos que te hago, se los hacía él a Kaya —como otras tantas veces, Luffy saltó del suelo para sentarse a los pies del lecho— ¡Hey, hermana de Nami! ¡Cuando estabas durmiendo pillé a un rey marino de veinte patas cerca de la costa!
—Fascinante —Nojiko no parecía tener interés en las aberraciones de la fauna marina, pero súbitamente su estómago le envió una señal al sentir un exquisito olor a pescado frito—. Tengo ganas de comer filete.
Una amplia sonrisa se dibujó en el rostro del moreno.
—Oh, ya habías tenido ese "antrajo" antes, por eso Ace y yo apostamos a ver cuál de los dos lograba quitarle un pescado de la boca al rey marino. Shishishishi, esta vez me le adelanté. Nami está cocinándolo, por eso el olor.
—¿Y sabe mi hermana cómo fue que lo obtuviste?
—Claro que no —Luffy se encogió de hombros—. Hace dos días que me porto bien y me he librado de sus golpes. No voy a decirle ahora para que se entusiasme otra vez.
—Ya veo —sonrió Nojiko, pensando que el moreno nunca cambiaría su forma de ser, por mucho que pasaran los años y repentinamente cayó en la cuenta—. ¡¿Nami cocinando?!
—Sí, y no lo hace mal ahora… bueno, como estabas dormida no te llegó el olor a quemado de sus platos anteriores —Luffy se rascó tras la cabeza—. Te compramos dos cazuelas nuevas y una sartén, para que no extrañes las que tenías…
En su estado era mejor hacer caso omiso de aquel desastre y no alterarse.
—¿Podrías alcanzarme esa cesta?
Luffy asintió, estirando el brazo hasta la pequeña mesa donde descansaba el neceser de costura.
—¿Unos delfines azules? ¿Por qué? —preguntó curioso al ver una pequeña sábana que la peliceleste había empezado a bordar.
—Porque son mis animales favoritos, les agrada vivir en familia. Y azules, porque estoy segura de que tendré un varón —dijo ella, ensartando la aguja—. Aunque no me molestaría si viniese una niña…
—Oh, a Ace le encantará —la sonrisa de Luffy se amplió de oreja a oreja— que estés de acuerdo en que será varón. —hurtó tres bolas de hilo de la cesta, con las que jugueteó.
—Luffy, no vayas a enredarme las hebras. —Nojiko se concentró en el bordado— De todas formas, tendrá que contentarse con lo que venga.
Apenas se dio cuenta de que la puerta se abrió, dando paso a Ace seguido por Nami. En las manos de la última, una bandeja en la que se veía una porción de pescado.
—¿Qué hace esta araña en la cama, No? —Ace señaló el embrollo de colores en que se había convertido su hermano.
—¡Esos hilos cuestan un beri! —gruñó Nami, depositando la bandeja con el asado sobre los muslos de Nojiko, quien se apresuró a dejar de lado su quehacer para alimentarse.
Luffy aún pataleaba, enredándose más en el hilo. Su pose en desequilibrio le hizo caer al suelo y rodar por media habitación, lo que aprovechó Ace para ocupar su sitio en la cama.
—¿Ya has terminado? —Nami abrió los ojos muy sorprendida— Estás comiendo casi a la misma velocidad que Luffy.
—No tienes idea del hambre que se te despierta —Nojiko sonrió complacida y luego de limpiar sus manos en la servilleta, devolvió la bandeja a Nami para retomar su labor de costura—. Lo siento por la competencia, chicos.
—Si come así de bien, es que va a ser fuerte. Eso es lo que importa. —Ace se acercó a ella, y puso el rostro contra la barriga, que había comenzado a notarse— Gruuuo, grooa... —sonrió al escuchar los sonidos— Parece que ya está satisfecho.
—Shishishi, tendremos un pequeño goloso —el capitán había conseguido liberar cabeza y extremidades de la maraña, tropezando en su caminar hasta el lecho—. Oi, me preocupa que cuando la cigüeña lo traiga, no alcance la carne.
—¿La cigüeña, Lu? —Ace lo miró incrédulo— ¿A estas alturas vas a decirme que crees en ese cuento?
—¿Por qué no? Dadan decía que a ti te había dejado una cocodrilo en la puerta de su cabaña.
—Y tú lo creíste...
—¡Por supuesto! —Luffy asintió con rápidos movimientos de cabeza—. Hasta que me di cuenta de que las cocodrilos son muy inteligentes y te hubieran comido de plano. Las cigüeñas parecen más dadas a esa clase de trabajos.
—¡Que las cigüeñas no traen a los niños, Lu!
—Ah, está bien —cedió de mala gana e indicó el vientre de la peliceleste— ¿Cómo va a llegar entonces? No vas a decirme ahora que saldrá por...
—¡Uuuch! —Nojiko se llevó el dedo a los labios y sorbió la sangre.
—¿Ves lo que haces? —Ace gritó al menor— Por tu culpa, No se clavó la aguja.
—Es la quinta vez que te pinchas desde que lo empezaste —dijo Nami, preocupada— y tú no eres mala costurera.
—A veces me cuesta fijar la vista, aún tengo mareos.
—Dicen que cada pinchazo significa un niño que estás esperando ¡Cinco de una vez!
—En realidad, la tradición marca que son los primeros pinchazos al comenzar a bordar las cosas del bebé —sonrió Nojiko—. Esos serían los tres de ayer.
—¿Podrías con tantos?
—¡Genial, Nami!¡Si Ace lo consiguió, yo también! ¡Más tripulantes para el Sunny!
—Y ya puedes ir buscando navegante —los relámpagos en la mirada de Nami hicieron desaparecer las estrellas en los ojos de Luffy—, eso no estaba en el contrato ni tampoco motiva una competencia.
—Bueno, es un mito de viejas —Ace se encogió de hombros, restándole importancia al asunto—. No vamos a creer en algo tan improbable.
—Dios siempre te da más de lo que pides… y como éste ni siquiera lo habías pedido…
La mirada de las hermanas y el mayor se clavaron en un sitio. Allí donde Luffy, parado junto al lecho, acababa de soltar una frase demasiado intensa, rompiendo con su habitual parloteo.
—¿Qué rayos dices, Lu? —Ace fue el primer sorprendido, y eso que lo conocía bastante bien. Recordó las palabras del viejo ciego al que debía su pulsera— Te dará más de lo que ahora aspiras, si sabes andar por el buen camino. Riqueza, descendencia y longevidad. (*)
—Shishishi —rió el moreno, mientras llevaba la mano a la nuca y hacía desaparecer todo resto de expresión seria—. Etto… eso decían los creyentes en la Isla del Cielo.
La atención pasó de Luffy a un súbito estruendo y escucharon la puerta de la calle abrirse como forzada por algo macizo. Ace y Luffy saltaron de inmediato, apresurándose por averiguar quién se atrevía a cometer semejante desatino. El vozarrón los detuvo antes de que abandonaran el sitio.
—¡Bwa Ha ha ha ha! ¡Vengo a visitar a mi bisnieta!
Apenas sí les dio tiempo a retroceder para no ser aplastados por la hoja, ante la impetuosa entrada del Vicealmirante Garp. Arrastraba consigo el cuerpo de un rey marino, sosteniéndole la cabeza sobre su hombro.
—¡Viejo, que no puedes hacer las cosas de un modo normal! —manoteó Ace— ¡Nojiko va a malparir del susto!
—¡Sugooooiii, el abuelo capturó al veinte patas! ¡Comida, comida!
—Ningún sucio pirata va a tocar esta carne. Es toda para mi bisnieta —Garp dio un manotazo a Luffy que lo envió contra la pared del fondo y dejó caer el animal muerto, que hizo un estruendo al chocar contra el suelo—. ¡Ace, no te estás preocupando por alimentar a esta bruja! ¡Mírala, está en el hueso!
—El peso es el normal para mi tiempo de gestación —Nojiko se cruzó de brazos, aunque se notaba enojada, era evidente que no iba a alterarse en demasía con los modales propios del Vicealmirante—, y si tanto le preocupa su bisnieta, lo menos que puede hacer es mantener limpia la casa.
—Oh, cierto. Mis muchachos se encargarán de ponerlo todo en orden y de paso van aprendiendo lo que les espera si se dejan engatusar por una bruja. —Garp se aproximó a ella— Tengo entendido que la mayoría de las mujeres grávidas tienen antojos de pescado frito.
—No es que no se lo agradezca, —dijo irónica la peliceleste, observando el reguero de sangre y agua de mar que había en el piso— pero la verdad es que el único antojo que tengo ahora es el de golpearlo.
—Oh, muy bien. —Garp le acercó la cabeza— Todo sea por esa niña. ¿A qué esperas, bruja? Si no lo haces, tu hija tendrá la marca de un puño en alguna parte de su cuerpo.
—Qué idea más retrógrada. —el golpe vino de Nami, en lugar de la otra— Vaya, acabo de perderle el miedo.
—¿Bisnieta, una niña? —Ace pareció caer en cuenta— ¿Quién dice eso? No y yo esperamos un varón.
—Ya es bastante con ustedes como para desear otro. ¡Ni uno más! No puedo tener tan mala suerte. ¡Bwa Ha ha ha ha! Esta vez, el destino me va a premiar con una linda nena, bien tranquila y dedicada a sus quehaceres domésticos, nada de piratería.
—Viejo idiota —mascullaron al unísono las hermanas, cruzándose de brazos—, como si no supiera a dónde tira la sangre.
(*) Decidí desde el primer momento que la pulsera de Ace pertenecería a un dios yoruba, concretamente al del fuego y la masculinidad, llamado Shangó. Los colores de este orisha son el blanco y rojo alternos, que sus seguidores llevan en un pulso atado a la muñeca. La promesa de beneficio que se otorga a los que siguen el camino recto del orisha, es precisamente la de riqueza, hijos y larga vida. Los niños son vistos como una gran bendición de Dios para los yoruba y por eso no se concibe que alguien no desee como un bien tener descendencia.
