XXIX

"Apenas llegó, se instaló para siempre en mi vida". J.S

Nojiko bufó molesta y se llevó la mano a la frente.

—¿Cesó el dolor de cabeza? —Nami la miró preocupada— ¿Todavía con las náuseas? No has comido nada hoy.

"Dolor de cabeza es un síntoma, según aquella vieja".

—Me siento fatal. —suspiró Nojiko— Últimamente solo me da por comer pescado frito, calabaza y maíz, pero hoy siquiera me apetecen. Por suerte, ya cesaron las náuseas.

"Excelente, comida salada" —Ace quedó tranquilo y fue en busca de una pierna de jamón— "Pero ha tenido arcadas desde el principio... eso es malo".

—¿Comerás otra vez? —ella abrió los ojos sorprendida— Pensé que era yo quien debía subir de peso.

—Estoy siendo solidario contigo —masticó a gusto la carne—. "El futuro padre tiene que aumentar de peso a la par que la embarazada. Por mí no quedará..."

Se escuchó el clap-clap de las sandalias de Luffy, que estaba sentado en el piso del salón

—¡Yo también quiero ser solidario! ¡Ace, comida!

—Espera a serlo con Nami —el gesto de la pelirroja al escucharlo dejó bien claro que no tenía intensiones de convertirse en madre muy pronto—. Pues parece que no tendrás oportunidad.

—¡Vas a volverte un obeso desagradable, Ace, para ya de hacer tonterías! —Nojiko se veía en extremo enfadada— Basta de excusas para llevarte a la boca lo que encuentras en la despensa.

—Shishishi —el menor se inclinó hasta poner las manos sobre las rodillas y observó de cerca la enorme barriga de Nojiko—, ¡parece una sandía!

—¿Una sandía? ¡Pero qué rayos estás mascullando ahí, yo la veo redonda!

—Oi Ace, que no he dicho nada malo —Luffy hizo un puchero al hermano y se volvió hacia Nojiko—... ¿Verdad que es igual a un melón?

—¡Parece una pelota, no una sandía!

—¡Ya basta los dos! —la peliceleste los apartó de un tirón— ¡Una sandía! ¡Una pelota! ¿Qué diablos creen que hacen?

—Solo me quedaba esto por ver —masculló Nami irritada—. ¿A quién le importa la forma? ¡Lo que debe interesarles es que la niña esté sana!

—¿Niña? —una gota apareció en la frente de Ace— ¿Cómo lo sabes?

—Oh, me encantaría una y la naturaleza no puede ser mala conmigo —sonrió la pelirroja cruzando las manos junto a la mejilla—. Una con cabellos negros, tan presumida como yo para hacerle peinados, y linda como mi hermana...

—¡No va a ser niña! ¡Mírala, tiene todo a favor para que nazca un varón! —el mayor señaló a Nojiko— Le duele la cabeza, todo el peso que ha engordado se le ha ido a la barriga, se le antojan comidas saladas o ácidas, le dan ganas de comer carne y queso. Además, sus pies están más fríos que antes del embarazo y su nariz parece haberse ensanchado...

—¿Pero, quién te ha dicho que tales cosas determinan? —la peliceleste abrió los ojos asombrada— ¡Esos son mitos de viejas! ¿Y quién era el que no creía en ellos?

—Las viejas son unas brujas —Luffy metió la cuchareta—, te engañaron, Ace.

—¡No puede ser! Incluso puse su almohada mirando al norte.

—¿Solo por eso me tuviste durmiendo incómoda? —Nojiko alzó una ceja— Pensé que serías un poco más inteligente como para creer en esas tonterías.

—Es la primera vez que me las veo con una mujer en tu condición ¿Cómo quieres que lo sepa?

—Oi, si van a ponerse a discutir sobre mi nakama —Luffy se interpuso, serio—, me da lo mismo lo que venga. Shishishi —cambió al volverse hacia el abdomen de Nojiko— ¿Verdad, niña?

—¡Que... no es... una niña!

Ella pasó por alto la obcecación de Ace a favor de un varón, si bien ella también esperaba un descendiente masculino, debía prepararlo en caso de que llegara lo contrario. Ya hablarían más tarde sobre el asunto, y prestó toda su atención al movimiento que estremeció su vientre. Fue hacia el diván cercano y se sentó, contemplando el abultado abdomen.

—¡Ha pateado! —en los ojos de Nojiko se reflejó la sorpresa— ¡Pateó de nuevo!

—¿Qué hizo qué? —Ace se lanzó sobre ella, queriendo descubrir en qué consistía el milagro.

—¡Genial! ¡Ya puede patear los traseros! —Luffy dio un brinco y cayó junto a la chica.

—¿Cómo se siente? —Nami la miró atónita— ¿Es molesto o no duele?

Nojiko lanzó una carcajada que no podía contener más, y dos lágrimas corrieron por sus mejillas.

—Es... extraño —por un momento se sintió como una diosa adorada por tres mortales, a los que no había llegado el don de algo tan sublime— No sé cómo explicarlo...

—¿Se puede tocar? ¡Quiero sentirlo! —Nami pidió su consentimiento y como respuesta Nojiko le colocó la mano a un costado— Uh...

—¡Yo quiero! ¡Es mi nakama, yo quiero! —los brincos de Luffy agitaron el diván— ¡Esa barriga es mía!

—Estate quieto, vas a golpearla —Ace lo sentó de un tirón y rió nervioso, aún no se atrevía a enfrentarse con aquella vida que lo llamaba a gritos—. ¿Y desde cuando te pertenece algo de ella?

—Cuando yo digo que alguien es mi nakama, lo defiendo a muerte —Luffy enredó sus brazos alrededor de Nojiko y quedó su cabeza inclinada contra el hombro de la peliceleste. La sonrisa se extendió de oreja a oreja— ¡Y este lo es más que ningún otro! Oh... ¡me ha pateado...! No el trasero, pero lo ha hecho y bien fuerte.

Ace miró dudoso el vientre de la mayor, pero solo llegó a arrodillarse frente a él.

—Es varón —determinó Luffy señalando con el pulgar, mientras observaba a la pelirroja—, a menos que sea una chica y golpee como tú, Nami.

—Ya me encargaré de enseñarle bien —una sonrisa irónica afloró en los labios de ella—, a hacerse de dinero y sobre todo, a jugar con los hombres para conseguir lo que quiere.

—¿Jugar con...? —Ace cayó en cuenta de otro punto desfavorable al tener una niña— ¡Las chicas decentes no hacen esas cosas! ¡Hombres, pero qué rayos...!

—Ah, claro. ¿Y qué esperabas? Si es una niña, tarde o temprano se volverá mujer —la mirada pérfida de Nami lo hizo sudar—, y a una mujer le deben gustar los hombres...

—NO va a ser niña... punto.

/

Dejando a un lado la discusión sobre el sexo de su hijo, Ace había ido a la cama temprano y Nojiko no dudó en seguirle. Su agudeza le indicó que entre las mantas, podía tocar mejor aquel tema que tanto él evitara y algo más, si necesitaba calmarlo. Al sentir sus dedos correr a lo largo de la espalda, el moreno volteó hacia ella, apoyando la cabeza en su mano y con la otra le acarició con cierta timidez el vientre. A solas era más fácil perder el temor a la nueva sorpresa que la vida le regalaba. En recompensa, la respuesta no se hizo esperar.

—Oi, ¡acaba de chocar palmas conmigo! —sonrió orgulloso— ¿Quién es el bandido de papá? "Uh, no suena mal" ¡Dame con todo lo que tengas!

Y no ocurrió nada.

—¿Por qué...?

—Es un niño considerado, —Nojiko se sumó a su entusiasmo— sabe que si te hace caso, va a molestarme por patear duro.

—Supongo. —la acomodó de forma que no presionara en demasía su abdomen al atraerla y ella supo acoplarse a su deseo, sin oponer resistencia al beso o al abrazo. Sintió las patadas en su propia barriga, reclamándole. Se apartó con suavidad de Nojiko, volviendo la atención al vientre.

—Oi, cuando estés aquí, resolveremos esto como los hombres. —rió divertido— No tienes por qué ponerte celoso. Mamá "qué extraño suena" —pensó. Todavía se le trababa la lengua al decirlo— es más tuya que mía, de cualquier manera.

—Ace... —Nojiko buscó el mejor modo de hablarle sobre su preocupación— Sabes que en estos momentos quisiera un niño sano, tan idéntico a ti como sea posible...

—Por favor, No. Eso va a ser una desgracia para él.

—La Marine lo seguirá igual, aunque se parezca a Sanji —Ace alzó una ceja—. Pero ¿a cuántas chicas les importará su "sangre maldita" una vez que lo conozcan? Tendrá a toda Cocoyashi a sus pies, porque será tan bien parecido como buen muchacho.

—Ni que yo hubiera tenido esa suerte…

—Ah, confiesas que de poder hacerlo, disfrutarías con un harén —sonrió Nojiko, pinchándolo—. Me extraña que no hubiese algunas aventuras sueltas.

—Oi, creo que entenderse con una ya es bastante difícil. Y no soy tan ambicioso.

—Bien, piensa entonces que hay la posibilidad de que nazca una chica sana, muy semejante a ti...

—¡No será niña, dije! —Ace se cruzó de brazos— Entiéndelo, No. ¡Las chicas son...! ¡Complicadas, eso!

—¿Por qué? Explícate, no entiendo —lo instó ella—. Para mí sería mucho más fácil.

—¡Ahí está el problema! Para ti, que no para mi ¿entiendes? ¡Solo imagínatela! —manoteó desesperado— Que rompa el sombrero de Luffy, o le llene de tinta un mapa a Nami... ¡Yo... no voy a poder enrojecerle el trasero si me mira un poco llorosa! A un varón es fácil imponerle disciplina ¡Las chicas acaban con los padres, lo he visto!

—En ese caso, —Nojiko sonrió ya más calmada— procuraremos educarla bien. La haremos una niña fuerte, independiente y útil, no una damita con melindres.

—Si saca tu carácter caprichoso y mi orgullo, No, vamos a estar arreglados. —Ace llevó ambas manos bajo la nuca. Luego de pensarlo un momento, pareció relajarse y volteó el rostro hacia ella— Oi, estoy de acuerdo.