XXXIII

"Desde el fondo de ti, y arrodillado, un niño triste como yo nos mira

Por esa vida que arderá en sus venas, tendrían que amarrarse nuestras vidas.

Por esas manos hijas de tus manos, tendrían que matar las manos mías.

Por sus ojos abiertos en la tierra, veré en los tuyos lágrimas un día." J.S

La puerta de la casa volvió a abrirse de sopetón, pero esta vez no había rastros de la Marine, ni de su Instructor. El personaje que se hallaba en el umbral, nada tenía que ver con el Gobierno o sus acólitos. También llegó con hombres, de los cuales solo dos entraron al recibidor y el resto fue por bebida a una taberna cercana.

—¡Shanks! ¡Ace, es Shanks! —Luffy dio un salto hacia la lámpara de techo, para después dejarse caer delante de él— ¡Shanks volvió! OEEEE! —gritó llamando a los demás y luego se volvió hacia él— ¿Vienes a recoger tu sombrero, Shanks?

—¡Jajajaja, siento llegar con retardo! Ni modo, ningún cubrecabeza es más importante que ver a los descendientes de Gol D. Roger. —puso el brazo sano sobre su hombro y recostándose, le susurró al oído—. Y a decir verdad, Luffy, solo tú usarías esa cosa informe y pasada de moda. Todo porque te lo dio un amigo diciéndote que era importante.

—¡Pero era importante para ti, Shanks! —replicó el moreno— ¿O es que me engañaste?

—No, no te engañé. Pero te vuelvo a recordar que vine a ver a… ¡Reyes marinos! —el pelirrojo abrió ojos y boca— O estoy borracho o veo tres…

—Sí, el primer día yo también creí estar borracho. —rió Ace mostrándole a la primogénita y a uno de los gemelos. Nami traía consigo a Rouge—. Después de cuatro meses, ya me voy acostumbrando.

—Me alegro que la supuesta muerte acabara de buen modo, esto compensará tus malos ratos y sobre todo, los de Luffy.

—¡Todavía no les perdono que me hayan tomado el pelo! —le gritó el capitán— ¡Y es injusto, porque no puedo patearte!

—Gracias a eso, tienes a tu hermano aquí y unos cuantos sobrinos, por añadidura. Entiende que era necesario. —Akagami supo con solo mirarlo a los ojos, que Luffy comprendía perfectamente y volvió su atención al mayor— Por cierto ¡bonito escondrijo que tenías preparado, Ace!

En el rostro del moreno apareció una sonrisa maliciosa. Shanks observaba a Edward y a Anne con detenimiento.

—Cuánto hubiesen dado Roger y Shirohige por ver esto. —Nami le acercó a Rouge, que se revolvió inquieta cuando el pelirrojo la apartó de ella. La alzó en vilo, mostrándola a su primer oficial, en tanto la bebé montaba una soberana perreta y lo amenazaba con los puños— ¡Oh, esta es de armas tomar…! ¿Qué opinas, Ben, nos la llevamos como parte de la tripulación?

—Con quince años más, buscará el modo de seducirte para hacerte perder el mando —afirmó el otro, con una sonrisa—. Tenlo por seguro.

—¿No pudieras aguardar hasta cumplir diecisiete, digamos? —preguntó el pelirrojo a la bebé, fingiendo ansiedad— Eso no se vería nada bien.

—Con diecisiete va a darte un golpe de estado… —chistó Ben, divertido— Y a muchos les parecerá tentador seguirla.

—Esperaba retirarme un poco más tarde —Shanks le hizo coro con una risotada—, pero no será un insulto si pierdo ante una chica hermosa.

La niña escupió leche en su rostro y continuó gritando.

—¡Rouge, eres una niña sin modales! —Ace pasó a Nami el cuidado de los otros para tomarla de vuelta— ¡No se escupe a los demás!

Al ver la expresión seria del padre, el llanto se hizo más agudo. Su hermano la acompañó.

—Y el otro, tan solidario —Ace suspiró abrumado por los gritos—. Voy a dárselos a No.

—Imagino que este es el momento en que le pertenecen de lleno a mamá. Esa muchacha sí que merece el título de reina —sonrió Shanks, limpiándose el rostro—. Por cierto que no te imagino siguiéndole los pasos, Luffy.

—Shishishi, por ahora está bien con los de Ace —rió el moreno, observando de reojo a la navegante. Sí que lo divertía verla ofuscada siempre que se tocaba el tema—. Nami le tiene miedo a las cigüeñas.

—¡Ya tengo una primicia con los de Nojiko como para querer más!

—¿Qué hay de malo con mis niños, Nami? —la peliceleste caminó con lentitud hacia el diván. Ace fue a ayudarla, pero Shanks se le adelantó y luego de besarle la mano, la guió hasta el mueble.

—Señora, mis respetos —dijo serio y añadió menos formal—. Realmente envidio a este chico —señaló hacia atrás con el pulgar—. De una prole como la que usted le ha dado, solo pueden salir grandes hombres.

—Gracias, Shanks —contestó ella simplemente. Sabía por Luffy que Akagami prefería el trato sencillo y le dedicó una sonrisa—. Espero saberlos educar para que así sea.

—Los malcrían demasiado —masculló Nami, pasándole a Anne Belle y dejando el varón al cuidado de Luffy— ¡Procura sostenerlo bien! Iré a traer algo de beber.

—Shishishi… Ojala que no se salga esta vez. —lo colocó sobre su hombro, tal como Nojiko le había mostrado que se hacía cuatro meses atrás. La primera ocasión que lo intentó, Nami estuvo a punto de darle un buen golpe imaginando las locuras que Luffy podía hacer con él, pero quedó helada cuando vio que podía lograrlo. La seriedad en el rostro del moreno le dijo entonces que todo estaba bien— ¿Sabes que quería llamarlo como tú y Ace no aceptó?

—¡Luffy! —el mayor dio un salto, al ser tomado por sorpresa— Yo no…

—Solo un loco diría que sí. —apuntó Beckman, que había callado mirando la escena. Tomó la jarra de cerveza que Nami le tendía y la alzó— ¿Cierto, capitán?

—Es que ya le había puesto ese nombre a nuestra mascota —Luffy echó atrás con cuidado el sombrero y mostró al lagarto, que dormitaba sobre su cabeza.

—¡Luffy! —Ace parecía bien dispuesto a usar su habilidad contra él de ser preciso para callarlo.

—¡Jojo! El animal es incluso más apuesto —por primera vez, Lucky Roo abría la boca, ya libre de comida—, qué injusticia con él ¿verdad, jefe?

—No me considero un tipo feo —Shanks estalló en carcajadas y alzó su bote de cerveza— Y está bien con lo del niño, supongo que había tres nombres con más derecho para un hijo de Ace. Y de los grandes… Roger, Garp, Edward… ¡Me basta con ser considerado una especie de tío político irresponsable! ¡Propongo un brindis por esta familia, incluido el lagarto!

La expresión de Ace cambió a grave al escuchar el nombre de su progenitor, pero se unió al resto en el kampai.

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El Instructor de Marines Garp dejó por un instante de hacerles muecas a los bebés, que lo observaban desde la cuna. El varón bostezó y Ace se apresuró a voltearlo para que durmiera. Rouge y Anne gimotearon molestas, reclamando su atención. Nojiko pidió a los hombres que la dejaran sola, visto que los niños estaban a punto de tomar una siesta y ella podría descansar un poco.

Duerme todo lo que puedas, No. —Ace entornó la puerta— Estaré en el recibidor con el viejo.

¿Puedes encargarte de vigilar a Nami y a Luffy? —ella sonrió al pedírselo— No permitas que peleen hasta que los niños despierten.

De acuerdo, pero creo que tu hermana va a necesitar una mordaza —habló para sí mientras abandonaba la habitación y Garp tras él.

Tengo que reconocer que esa bruja es de las mejores. En mis buenos tiempos, yo tampoco hubiera dejado escapar una así. ¡Bwa ha ha ha! —y pasó casi instantáneamente a una actitud seria— Por cierto, estoy bastante sorprendido de saber que no vas a ponerle a ese niño el nombre de tu padre.

Sabe lo que pienso de ese bueno para nada. Y la sola mención de ese nombre puede acarrearle a mi hijo un sinfín de problemas. Edward será el que lleve y no otro —se detuvo, cruzándose de brazos—. No reconozco más progenitor que Shirohige.

Pues ahora escúchame, mocoso testarudo. —Garp bajó su puño contra el cráneo de Ace— Tienes veinticuatro años, una mujer que hará su vida contigo y tres críos que valen más que cualquier tesoro ¡Y todavía te das el lujo de pensar como un chiquillo de trece! —Ignoró la expresión rabiosa en el rostro del joven— Roger quiso protegerte a toda costa, ¡y se las arregló para convencerme a mí, su archienemigo jurado, con tal de lograrlo! ¡Pude matar a tu madre, contigo aún en su vientre, de haberlo querido! Sin embargo, respeté su deseo porque él mismo era digno de respeto. Fue a la muerte con una sonrisa en los labios pensando que eras, quizás, lo único que valía la pena de todo lo que había hecho en su vida.

Me legó esta sangre maldita, que todos persiguen sin preguntarse lo que hay de bueno en ella. —Ace cerró los puños, desafiante— Como lo harán también con mis hijos y por los que incluso tendré que matar, si los marines llegan a encontrarlos. Que permanezcan en la ignorancia respecto a lo que fue mi padre, o que lo odien por lo mismo que yo, es lo mejor que puede suceder.

Y seguir dándole curso al odio cuando está en tus manos ponerle fin ¿Has pensado en que tus hijos pueden achacarte lo mismo, cuando crezcan? —el ex Vicealmirante se atusó la barba— Venga, Ace ¿qué vas a decirles, entonces? ¿Qué un arrebato pasional con su madre el día menos preciso del calendario, ha sido la causa de heredarles esa misma sangre que ahora detestas?

¡No es igual! Siempre hablé con Nojiko al respecto, que estaba preocupado por las consecuencias de tener descendientes... Apuesto a que él ni siquiera lo pensó cuando estuvo con mi madre…

Sé realista, mocoso idiota ¿Cuánto tiempo iba a pasar sin que una bruja te enredara en serio? Ese cuento de la libertad y la soltería solo funcionan hasta cierto punto ¡Coge mi ejemplo! —Garp sonrió orgulloso— Metido hasta los tuétanos con ella, es casi imposible que no termines siendo padre ¡Exactamente lo mismo que le ocurrió a Roger! ¡La sangre, la sangre! ¡Idioteces! Un hombre de verdad, no importa de la sangre que sea, busca siempre un primogénito que continúe perpetuando la estirpe. Y cuando lo consigue, debe legarle lo mejor de sí mismo para que éste sea a su vez mejor. Eso es lo importante y lo que Roger quería. Por desgracia, no se le permitió demostrarlo.

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El pelirrojo había acaparado la atención de Ace el resto de la tarde y por alguna razón Beckman impidió que nadie interrumpiera la charla, siquiera Luffy, por más que lo intentó. Despidieron a Shanks en la noche y Nojiko y él se recogieron pronto en su habitación.

La chica lo notó en demasía callado, pero si Ace decidía reservarse los motivos, no iba a insistirle. De modo que alimentó a los bebés, cediéndole después a las niñas, que habían hecho acostumbre dormirse sobre su pecho. El varón se negó a dejar de mamar. Ace, tendido con las dos bebitas encima, observó al pequeño que chasqueaba la lengua con satisfacción al recibir su alimento.

—No... ¿Aún podemos cambiar el nombre a nuestro hijo?