XXXIV
"La muerte es una amante despechada
Que juega sucio y no sabe perder" J.S
Nojiko despertó al notarlo agitado. Ace se debatía en sueños contra algo impreciso que lo hacía tornarse de un lado a otro. Se preguntó si habrían vuelto a él los recuerdos de Impel Down, pero ni siquiera cuando aquellos eran más recientes le perturbaron el sueño de esa manera.
—Ace... —lo agitó suave, buscando despertarlo— Ace...
Se sorprendió al verlo sentarse de inmediato, con la respiración alterada y sus manos cubriéndole el rostro.
—¡No! —algo le hizo entender a Nojiko que se trataba de su nombre— ...Ah, estás ahí, No —se volvió hacia ella con alivio— ¿Todo bien?
—Eso parece —los dedos se perdieron entre los cabellos oscuros en una caricia maternal y sonrió para calmarlo—. Estoy aquí, puedes comprobarlo si quieres. Y no creo que me falte nada.
—Es bueno saberlo —Ace buscó acomodo en su regazo como un niño indefenso—. Perdona si te corté el sueño.
—Estará bien si me confías el tuyo.
—No vale la pena —declinó con el rostro oculto entre sus pechos y afianzó el abrazo, incorporándose un poco. De la piel de Nojiko se elevaba un aroma suave a almendras que calmó sus temores y atrajo toda su atención—. Será mejor que lo olvide... Acabo de comprobar que no falta nada. De hecho, sobran cosas…—sonrió maligno, cuando el roce de su cuerpo contra el de ella, provocó la caída de lo poco que la cubría y una reacción inmediata de consentimiento a romper límites— ¿Vas a dejar que te quiera, No?
—Denegado, si no me cuentas tu sueño —le devolvió la sonrisa, apropiándose de una de sus palabras favoritas y se abandonó al cerco de sus brazos—. Cuando me buscas tan ansioso es porque algo te perturba.
—Lamento que pienses eso… —dejó el regazo, para mirarla a los ojos— Oi, No… Cuando te busco, lo único que me enloquece es el modo en que respondes a mi deseo… —su boca presta le robó el aliento con un beso impidiéndole gemir hasta agotar el aire. La peliceleste, incapaz de liberar su ansia, en un acto desesperado redujo las fuerzas y correspondió a su voluntad.
—Solo que ahora no pretendo luchar contigo —ella exhaló profundo, buscando atenuar su respiración agitada. Cerró el espacio vertical entre corazón y pecho, muslos contra caderas y toda su naturaleza invitó a desatar la pleamar con un movimiento sinuoso—. Búscame y cálmate la sed
—Pero qué chica tan complaciente y resuelta —el tono ladino estaba cargado de satisfacción. Nojiko no acostumbraba a consentir fácil y lo tomó desprevenido—. Me pregunto si habrá una trampa... Pongo a que sí, o no serías tú.
—No, no la hay —ella sonrió divertida— ¿Y si la hubiera, renunciarías?
—Venga la trampa, —sus palabras tan resueltas como sus manos— consigue lo que quieras si a cambio me hace sentir que estás viva... y yo también.
—¡Ac...! —el grito de Nojiko sucumbió en el abismo de su garganta. Los labios sellados por el intercambio de roces húmedos, lengua contra lengua, acrecentó la avidez por el gusto y el tacto de la piel ajena. Conforme se dejaba rendir por él sobre las mantas, ofreció su mundo a la codicia de quien lo invadía, acoplándose en un ajuste perfecto de curvas y formas que se reclamaron con extraña complicidad. Ace había cambiado su modo para con ella, no era dominante ni tierno… Simplemente profundo, como si buscara algo nuevo, una sensación escondida en el confín de su vientre...
—Mírame, No —la instó, conforme el encuentro se tornaba cada vez más intenso— Oi, vamos…
—No me obligues… —la peliceleste negó, dejando escapar un suspiro— No puedo…
—¡Hazlo! —fue tan impositivo como su virilidad irrumpiendo en aquella fragua de carne sublime. Nojiko gimió sin poder obedecerlo— ¡Que me mires, No!
—¡Entiéndelo! —gritó en respuesta, abriendo los ojos con una ira que reveló su proximidad al clímax y su derrota— ¡Maldita sea, Ace!—su jadeo fue más constante y una lágrima corrió mejilla abajo, hasta desvanecerse junto con su orgullo— ¡Sabes que te amo demasiado! ¡Mirarte hará que pierda el juicio!
—Vuélvete loca, entonces, No. Trastórname… —sonrió entre maligno y tierno, estrechando el acople a punto de fundir las pieles cubiertas de humedad. Batiente contra dintel, ola contra roca—…Y voy a darte lo que buscas.
—"Darte lo que buscas…" —Las palabras estallaron en la mente de Nojiko una y otra vez.
—No te contengas, No... —esta vez fue su jadeo quien la alertó del fin y el detonante para que ella se entregara por completo a la locura, olvidando las posibles consecuencias.
El grito de Nojiko se unió a su estallido en un acople armónico, desbordándose las aguas en la plenitud de no hallar barreras.
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"¡Debo marcharme ahora, pase lo que pase, sobreviviré!... ¡La muerte no puede alcanzarme o perderé a No y a mis hijos, rayos, me necesitan…!"
—Ace… —por lo general dormía con efecto narcoléptico, pero la voz de Nojiko o su tierno contacto lo hacían abandonar el estado onírico tan rápido como el llanto de sus hijos— Ace…
Otra vez lo veía incorporarse con la respiración agitada y las manos cubriéndose el rostro.
—¡No! … Estás conmigo, No —suspiró aliviado y con la mirada buscó inquieto algo en la oscuridad— ¿Los niños? ¿Están los niños?
—Duermen todavía —Nojiko lo atrajo hacia su pecho, sabiendo que aquel gesto calmaría el sobresalto—. Yo estoy aquí.
—Siento que pase otra vez…—volvió a rendirse a la ternura que ella le ofrecía— Justo cuando más necesitas descansar, no hago otra cosa que preocuparte.
—¿Por qué esa obsesión con saberme a tu lado, Ace? Hay algo recurrente en tus sueños y aún no entiendo si es temor a la muerte o a una separación como pareja. —fue directa, sin dejar de mostrarse afectiva— Ya no está Domino, tu abuelo ha controlado al Gobierno para que nos deje en paz, me recuperé bien del parto y no hay riesgo de futuras complicaciones… tampoco te he dado motivos para pensar que quiero a alguien más —rió al verlo levantar la cabeza de inmediato. Pero no dijo nada y volvió a sumirse en la agradable sensación de ser acariciado por ella— ¿Tiene que ver con lo que hablaron tú y Shanks en la tarde? ¿Estamos en peligro de muerte otra vez?
—No lo creo. —suspiró acomodando el rostro sobre su regazo, el aroma sutil a almendras lo hizo adormecer— Solo sé que no quiero perderte, por nada ni por nadie.
Anne y Edward despertaron al unísono, interrumpiéndoles cualquier posibilidad de idilio.
—Quédate en cama, No. —sonrió semidormido, incorporándose con lentitud— Yo te los alcanzo.
Nojiko lo observó alzar a Rouge para darle un beso en la barriga, la bebita correspondió atrapándole un mechón de pelo que tironeó con fuerza, a la par que dejaba de llorar para sonreír encantada.
—¡Oi, me estás atacando! Pero qué chica más traviesa, la niñas buenas no le hacen eso a papá —El jalón sirvió para despertarlo del todo y hacerle olvidar sus pesadillas. Rió sorprendido ante el nuevo paso, mientras en broma forcejeaba con ella. La niña desistió del juego para llorar a lágrima viva, hasta que la elevó varias veces y pareció olvidarse del enojo— ¡Tenemos una pequeña monstruo malcriada, No!
En otra ocasión, hubiera correspondido feliz a aquella escena. Pero tenía la sensación de que algo estaba mal.
Anne no había despertado y parecía dormir con la narcolepsia del padre. Edward continuaba su pataleta, a la que Ace intentó no hacer caso hasta cambiar a Rouge y entregarla a su madre.
—¿Qué? —lo observó serio, poniéndole un chupete en la boca para intentar calmarlo— ¿Vas a ponerte celoso también de tu hermana? ¿Puedes esperar un poco?
—Aguuu aguuu wo —el bebé agitó el chupete, hizo un puchero y lo lanzó al aire.
—Está visto que no me respetas, Ed. —Ace suavizó el modo ante el llanto incontenible del niño. Luego de cambiarlo, terminó colocándolo sobre su hombro, cerró los ojos y rozó su mejilla con la de él— Todavía no dices media palabra, pero ya sabes replicar. Diablos, te me pareces demasiado.
—¿Quieres decirme qué te pasa, Ace? —Nojiko lo miró grave— No eres de los que se preocupan por gusto, ya deja de aparentar que todo está bien.
Él se acercó para darle al niño y terminó sentándose a su lado.
—Voy a ausentarme por unos días, No.
Ante la determinación en sus palabras, Nojiko fue presa de un escalofrío. Se obligó sin embargo a contenerse, alimentar a los bebés era lo más importante y su leche podía sufrir cambios si daba rienda suelta a las emociones.
—Luffy y Nami te ayudarán mientras esté lejos. Confío en regresar pronto, esta vez no demoraré. Nunca me he sentido tan anclado a una isla… y fuera de mi madre, jamás debí tanto a una mujer.
Recibió la callada por respuesta. Rouge jugueteó con el lazo que anudaba el batín de su madre, Edward continuó alimentándose.
—¿No? —la miró a los ojos y descubrió su confusión— Lo último que quiero que creas es que voy por otra.
Pensó en lo extremadamente infantil que estaba siendo, al aclararle tal cosa. Acomodó mejor a los niños en sus brazos, a la par que trataba de permanecer serena e impasible. Había dicho siempre que podía marcharse cuando quisiera, que ella no lo ataría. Sin embargo, tuvo celos y no solo de su libertad, por primera vez Nojiko sentía ira hacia lo que apartaba a Ace de su lado, sin importar lo que fuera.
Lo vio ir por Anne, que a todas luces era su favorita, aunque Nojiko sabía que adoraba a los tres y besarla mientras dormía. Lo vio recoger su sombrero y acto seguido acercarse para besar a Ed, que de un manotazo lo apartó para seguir mamando a gusto y a Rouge, que correspondió halándole el cabello. Ella misma se odió por aceptar el asedio a sus labios, cuando en esos instantes le deseaba lo peor.
