XXXVI

"Incluso en estos tiempos
todos los días tienen ese instante
en que me jugaría la primavera
por tenerte delante
". J.S

Era época de lluvias y la cosecha podía perderse. Nojiko se veía imposibilitada de hacer la recolección, por ende, no entregaría a tiempo la parte que cubría el contrato hecho por Bellemere con la tienda. Nami se apresuró a tranquilizarla.

—Todavía recuerdo cómo hacíamos la recogida junto con Bellemere, lo que no sé qué será peor: si dejar a Luffy con los niños, o llevármelo y que se coma la mitad de la cosecha.

—¿No le confías a Luffy tu vida, Nami? —Nojiko la miró, haciendo un amago de sonrisa— Creo que puedo dejarle a mis hijos con toda confianza.

—Es distinto. Los enemigos más molestos no llegan a la altura de ese trío, —suspiró la pelirroja— ni te desesperan a base de gritos.

—Si continúas pensando así, nunca serás madre —la peliceleste se tornó seria—. Y en algún momento tendrás que planteártelo.

—Dentro de muuuuuchos años quizás —se encogió de hombros—. Bueno, volviendo a los mandarinos, Luffy es bastante torpe y dejará los gajos de forma tal que nunca más colgarán frutas de ellos. ¡Por Dios! Lo imagino saltando de árbol en árbol y al final recogeríamos menos de la mitad gracias a su estómago.

—Tu capitán no entiende las cuestiones de tierra firme, bueno, en un principio tampoco Ac… —Nojiko cambió el tema, al ver que se traicionaba— Acabemos de una vez. Mejor dejarle los niños a Luffy ahora que duermen y le será más fácil. De cualquier forma, estaremos cerca, puede avisarnos cuando despierten.

—Qué madre tan fiada.

—Mientras Luffy los esté cuidando, sé que no habrá quien se acerque a la casa con malas intenciones. —Nojiko tomó los fardos para la recogida, lanzándole uno a su hermana— ¡A ver quién trae la mayor parte, antes de que empiece la lluvia!

—El chaparrón se nos viene encima… —Nami observó las nubes, preocupada y al ver que la peliceleste ya entraba al sembrado, dijo para sí— Aunque a ti parece haberte caído desde hace unas semanas.

/

Luffy trepó de un salto al lecho y se acomodó, sentándose de piernas cruzadas frente a la cuna donde los niños dormían. Después de mucho pensarlo, chocó puño contra palma.

—¡AHHHH, Shanks lo ha hecho otra vez! —el grito hizo que los trillizos se agitaran, amenazando con despertarse. El moreno llevó de inmediato las manos a la boca, obligándose a callar— No es mala intención de su parte... pero no quiero que Ace deje a la familia, como pasó con el padre de Ussop. Ace no es muy inteligente y parece que nunca va a darse cuenta de que al final lo único que buscaba era esto mismo... Nojiko lo quiere como no lo ha querido nadie... Siquiera yo, que soy su hermano. Bueno, ¡yo no puedo darle lo mismo! ¡Shishishi! —una amplia sonrisa apareció en su rostro, pero fue perdiéndose con sus cavilaciones— Solo pudo irse a algo en extremo importante, y que solo le incumbía a él ¿Kurohige otra vez, Shirohige, el Gobierno Mundial? —terminó en una cómica posición, halándose los cabellos— ¡Ñaaaa, no lo sé, me cansa pensar!

Edward abrió por un instante los ojos, el ceño enfurruñado.

—Agu woo —protestó con el chupete aún en la boca, para volver a caer dormido. Eso de comer algo más sólido, además de la leche materna, estaba dando sus resultados. Con el estómago bien lleno dormían mejor.

Empezaba a aburrirse de vigilarle el sueño a sus "nakamas" y miró alrededor buscando algo con lo que pudiera entretenerse. Por desgracia, Nojiko era demasiado ordenada como para dejar alguna cosa fuera de su lugar. Abrió la gaveta de una de las mesas junto a la cama, para encontrar el libro donde ella anotaba el progreso de sus niños, el log pose de muñeca de Ace y una llamativa cajita con círculos de goma.

—¡Suggggoooi! —se entretuvo en inflar uno, dejando el resto en su lugar. Lo último que quería era que Nojiko lo regañara. También había un enorme tubo de crema, que daba a la hermana de Nami ese delicioso olor a almendras en su piel— Ané... ¿Si le hecho crema pesará más cuando lo infle? —y vertió parte del contenido dentro del globo de goma.

Había comenzado a llover, las gotas entraron por la ventana mojándolo. Con un resoplido, abandonó el juego para ir a cerrarla, no sin antes anudar el globo y ponerlo en uno de los bolsillos de su pantalón.

El llanto de Rouge se elevó sobre los de sus hermanos, despertándose los tres al unísono y todos mojados.

—¡Oooosu, vamos allá! —Luffy bajó la barandilla de la cuna y buscó con la vista los pañales limpios y unas ropas para cambiarlos. Estaban en el otro extremo de la habitación, de modo que no podía dejar a los niños desprotegidos. Intentó volver la baranda a su sitio, pero ésta se había atascado. Los gritos de Ed, Anne y Rouge iban subiendo de tono— ¡AAhhh, cállense! —Por suerte las habilidades de la fruta ayudaban en estos casos, podía estirarse y alcanzar lo que quería sin moverse del sitio— ¡GOMU GOMU NO...! ¡Déjenme concentrarme! ¡PISTORU Noo, ROCKETTO, waaaa, GOMU GOMU NO FUSEN!

—Awouooo

—Agu

—¡Wou wouu aguuu!

Inflarse como un globo había sido el remedio para que los niños quedaran callados, mirándolo con el entusiasmo en los ojos. Logró cambiarlos sin problemas, vistió a Ed con una bata de lunares y lazos rojos, y a Rouge y Anne con dos pequeñas camisas de marine que le había regalado abuelo Garp al varón. Lanzó al cesto los pañales sucios y se le ocurrió una idea genial para pasar la tarde.

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Nojiko y Nami llegaron empapadas al recibidor. La última fue de inmediato al cuarto de baño a buscar toallas. Los gorjeos de los niños y la risa de Luffy se escuchaban incluso con la puerta cerrada. La peliceleste suspiró más tranquila, mientras se secaba.

—Parece ir todo bien. —sonrió al mirar a Nami— Al menos se oyen felices.

—Hasta que no lo vea, no lo creeré —la pelirroja lanzó la toalla sobre el diván y fue tras Nojiko, que ya abría la puerta de la habitación.

El espectáculo no podía ser más divertido. Luffy, acostado sobre el lecho, había enlazado con brazos y pierna a los niños, que se entretenían rebotando sobre su cuerpo de globo. Nojiko quedó plantada en el lugar, con una gota de sudor en la frente y los ojos abiertos. Más ágil que su hermana, allá iba la pelirroja a capturar a dos de los pequeños.

—¡Lo sabía! ¡Se lo dije a Nojiko, que no confiara en ti y ella...! —los gritos de Nami superaron al llanto de los gemelos de pelo negro, que se habían quedado sin diversión. Anne continuaba rebotando, hasta que Luffy la asió con un brazo, desinflándose, para después dársela a Nojiko, aún impresionada. El golpe no se hizo esperar— ¡Son niños, idiota, no chinches de circo! ¡Podían haberse caído!

—Oi, Nami. Los tenía bien sujetos —se frotó el chichón que le cubría media frente— Si siempre cuidé a mis nakamas, cómo no voy a hacerlo con mi familia.

—Por favor, —la peliceleste les señaló con un gesto de cabeza la puerta. Puso a Anne Belle en la cuna y tomó a los gemelos— violencia delante de los pequeños, no...

—¿Cuidaste a tus nakamas, eh? —Nami lo arrastró fuera de la habitación, para no alterar a los bebés con sus gritos— Puedo darte unos cuantos nombres que te harán recordar en qué nos metiste...

Nojiko quedó sola con los niños. Tras alzar la barandilla de protección, los dejó con sus juguetes para cambiarse la ropa mojada y cayó después sobre los almohadones pensando en descansar, aunque fuera un instante. Aún escuchaba a Nami con sus exclamaciones ¡Skypiea! ¡El reto con Foxy! ¡Thriller Bark! Nojiko suspiró, y sin poder evitarlo, la imagen de Ace apareció en su mente junto al deseo de verlo otra vez.

—De verdad que te necesito. —la peliceleste sonrió, qué fácil era reconocerlo cuando no lo tenía delante y el orgullo dejaba de imponerse.

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La pelirroja observó pálida el objeto que Luffy le había mostrado, buscando hacer las paces y calmarla.

—¡¿Qué es eso, por Dios?! ¡Qué no es un globo y... tiene algo adentro...! ¡Luffy, qué estuviste haciendo en mi ausencia!