A Kaisokuou16 (Alex), Gabe Logan, Ari y Nami chan, gracias por seguir fieles, aún cuando me ha costado tanto trabajo poder actualizar. Sigo sin posibilidad de conexión… así que sólo puedo hacerlo cuando me han el favor. Gracias por entender!

XXXVII

"Se anuncia entre los dos tiempo inestable

Asoman a tus ojos las tormentas". J.S

La irritación de Nami lo tomó desprevenido, y la mirada de Luffy pidiéndole explicaciones como nunca lo había hecho. Ambos llevaban a los niños dormidos en sus brazos, de modo que asumió esas eran la razones del enojo. Sin duda, sus hijos no le habían hecho fácil la convivencia a ese par acostumbrado a dormir hasta tarde y a tomarse la vida como un juego. Cuando intentó besar a los gemelos de cabello negro, Nami lo observó como si se tratara de un pejesapo y aunque Luffy no abrió la boca mientras acariciaba a Anne, se notaba inquieto ante la situación.

—¿Dónde está No? —preguntó serio, al ver que mantenían sus expresiones— ¿Pasó algo en mi ausencia?

—Está donde mismo la dejaste —Nami no pudo más, bastante difícil era ya hablar en bajo tono para no despertar a los bebés—. Y al menos podías habernos alertado de que nos tocaba cargar con tu responsabilidad, Portgas D. Ace.

Se marchó en dirección a los sembrados de mandarinos, alegando que los niños necesitaban del aire fresco y no el viciado que se respiraba en la casa. Ace contempló su actitud, boquiabierto. Que le echara en cara la falta de compromiso con sus hijos en el tiempo que se halló ausente lo había dejado atónito.

—¿Qué pasa con Nami? No creí que la molestara tanto quedarse con los niños ¿Lu? —pero su hermano le sostuvo la mirada y sus palabras fueron pocas.

—Creo que mejor vas primero con su hermana.

—Tienes razón, necesito ver a No. —dejó sobre la mesa el envoltorio que traía consigo, indicándole con un gesto que cuidara de él y se dirigió de inmediato hacia la habitación de Nojiko.

Luffy lo miró pasar de largo hasta la puerta, que golpeó ligera contra la jamba, quedando un hilo por donde escaparían las palabras. Definitivamente, no sería el agradable recibimiento de familia, sino una situación desapacible en la que no podía intervenir.

/

Encontró a Nojiko acomodando las pequeñas almohadas de la cuna, dejándola lista para cuando los niños terminaran su comida. El sobresalto que le provocó tomándola de sorpresa por la espalda casi le vale una bofetada. Pero ella notó pronto quién se había atrevido a cubrir sus pechos con las manos, en espera de fuertes latidos por el retorno. Su sonrisa hizo que se sintiera mejor, hasta que percibió el malestar en su rostro. Ace dejó de mostrarse feliz, la conocía como para saber cuándo ésta era más mordaz que alegre.

—Qué bien que pisas tierra ¿Te falta algo?

—¡Nada! —la estrechó tan fuerte que ella le palmeó el brazo en protesta— Nada, ahora que estoy de vuelta. ¡Rayos, nunca pensé que extrañaría tanto la casa!

Y fue el abrazo la alerta de su temperatura. Sin embargo, ella le restó importancia, todo iba bien a pesar de haber pescado una gripe por culpa de aquel clima tan húmedo, y las fiebres se bajaban con los medicamentos que ponía en su mano el doctor del pueblo.

—Con razón Lu y Nami estaban con esas caras. —se paró frente a ella, preocupado— ¿A qué se debe la fiebre y esa gripe horrible, No?¿Qué locura hiciste mientras estaba fuera de casa?

—La cosecha de las mandarinas, como siempre —respondió seria—. Solo que esta vez había descuidado los cultivos, y como no cesan las lluvias, si no recojo a tiempo, la mitad de las frutas acaba pasada. Nami ayudó, pero no fuimos tan rápidas como para evitar el chaparrón. Lo que menos pensé fue que pescaría una gripe.

—¡No había necesidad de eso, No! —era la primera vez que Ace se irritaba de ese modo con ella— Podías haberme esperado. A veces me pregunto si realmente pretendes contar conmigo para algo, qué diablos.

—¿Contar contigo? —el tono de sorpresa lo hirió— Debo entregar una cantidad grande a la tienda. Fue el contrato con Bellemere tiempo atrás, y lo que me ha permitido vivir independiente hasta ahora. Aún con el apoyo de Nami, perdimos una parte de la cosecha y no podemos darnos el lujo de que pase, con tres niños que alimentar. Ni siquiera tenía idea de por qué te marchabas, menos si ibas a volver…

—¿Eso pensaste? —la expresión de Ace fue aún más sombría— ¿Que no iba a regresar?

—Simplemente, que podías demorarte si estabas analizando las responsabilidades y tu falta de libertad en estos momentos. Lo cual no sería extraño, la vida normal no es opción para un pirata y todavía estás a tiempo de elegir otra cosa que se avenga mejor a ti.

—¡No era opción dejarlos por nada ni por nadie, Nojiko! Te dije que volvería pronto ¿Qué acaso no sabes lo que significan para mi los niños y tú? Siquiera confías en la palabra que te doy —la ira mezclada con la hiel de lo que estaba sintiendo provocó que elevara el tono— ¡Responsabilidades, falta de libertad! No puedo temer lo que he buscado por voluntad propia, y yo vivo sin remordimientos, recuérdalo.

—Sabes que nunca he puesto en duda tu palabra, no confundas las cosas. ¿Realmente crees que está bien eso de marchar sin decir nada, siquiera a Luffy y a Nami, que tuvieron que asumir tu rol? —Ace sintió que lo regañaba como si se tratara de uno de los niños, más aún al verla cruzarse de brazos en espera de una respuesta— Siempre he dicho que puedes irte, pero al menos merezco razones para poder entenderte.

—Las tengo, y no había otro modo para hacerlo, créeme... —Qué duro se le hacía lidiar con ella, cuando lo que deseaba era tenerla en brazos y sin más explicaciones. Buscó hablarle al oído y revelarle los hechos—… ¡Pero No, todo salió bien!

—Todo salió bien. —la ira de Nojiko subió repentinamente de grado— ¿Te marchaste a correr un riesgo sabiendo que podías morir y dejar a tus hijos huérfanos, sin decirme nada? ¿Tenía que esperar a enterarme por la prensa de los Marines? —las lágrimas estallaron junto con su rabia— ¡Esto no es un juego, Ace! No lo digo por mí, ¿entiendes? ¡Tienes tres hijos! ¡Y a diferencia tuya, con buenos recuerdos de su padre!

—¡No iba a decirte que corría peligro, Nojiko! ¿Preocuparte más aún de lo que estabas? Además, Shanks se mantuvo a mi lado todo el tiempo, si eso te da tranquilidad —suspiró, cruzándose de brazos— ¡Mira lo que tengo a mi regreso, cuando se supone que debería ser todo lo contrario!

—O maduras y te das cuenta de lo que acabo de decirte, o simplemente, puedes marchar a tu libre deseo. Pero si lo haces, que sea para siempre —las palabras de Nojiko fueron para él peor que el kairoseki—. La entrega a la familia por encima de todo, sin reparar en sacrificios, es la enseñanza que recibí de Bellemere. No te obligo a hacer lo mismo, pero los niños no merecen verte partir una y otra vez, quedándose con la esperanza de tu vuelta… que puede no llegar NUNCA.

A juzgar por su expresión, no solo el furor había atacado a Nojiko, era evidente que la fiebre regresaba a su cuerpo causándole espasmos.

—Mientras los niños estén pequeños… ahórrales el dolor de adivinar si regresas —pestañeó vencida por el malestar—. No aceptaré palabras, ni compromisos, a menos que lo demuestres con hechos y lo hagas de corazón… Yo, puedo valerme sola…

—Y yo admiro tu capacidad para hacerlo, solo que no será necesario. Me tendrás cerca, —Ace le besó la frente, que ardía, y buscó acomodarla en el lecho— tan cerca que me pedirás distancia. Empieza por tomarte la medicina, Nojiko.

/

Cerró los ojos al salir de la estancia, y al abrirlos se encontró con la mirada severa de Luffy, que lo contemplaba desde bajo su sombrero. Tirado en el diván, con las manos tras la nuca y expresión cansina, le hizo lugar apartando las piernas. Ace no se movió de su sitio. Nami había desaparecido, probablemente incitada por él.

—Mándame al diablo, pero reconoce que esta vez la has hecho buena...

—¿Quién rayos se mete en tus problemas con Nami? —respondió de mal talante. Odiaba discutir con Nojiko, y menos enferma.

—Cierto, pero a veces lo preferiría ¿Sabes? Un buen consejo de mi hermano.

—Ni tengo cabeza para oírte, ni para escuchar a nadie, Luffy.

—Me da igual, hablaré con las arañas del techo, entonces. —hizo como si las viera colgando de la lámpara— ¡Eh, araña! Decirle a ella sin tapujos las locuras que piensas hacer no va con tus modos, pero es preferible —fingió un bostezo—. Así sabrá a qué atenerse.

—¡Mierda, Lu! —le lanzó el sombrero, que cayó sobre el de paja— Ya tuve bastante con la refriega de No como para oír la tuya, además.

—Está bien, me lo debes por cuidar a ciertos nakamas ruidosos —aparentó adormecerse—. No discuto que marcharas, —musitó echándose los sombreros hacia delante— sino que dejaste a todos fuera de la situación. Ya estoy acostumbrado a tus maneras, pero ella no. Sería bueno que recuperaras a la hermana de Nami antes de que decida volver a estar sola.

—¿Quién dice? —Ace lo enfrentó molesto— Las cosas marcharán entre nosotros como debe ser, a partir de ahora.

—Aún así, escuché que cerraba por dentro la habitación. —Luffy se desperezó, abandonando el diván de mala gana— Vuelves al principio...

—No importa, mientras estén cerca y los niños... ¡¿Quién tiene a los niños, Lu?! —Pareció caer en cuenta de que la pelirroja, por mucho que quisiera, no podría cargar con los tres— ¿Dónde los dejaste?

—En el comedor, Nami les está dando de comer.

—¡Nami no tiene leche para eso! Se supone que No debe amamantarlos, aunque ahora con la fiebre...

—Después de que te fuiste, resolvió que era demasiado para ella y que debíamos darles algo más. Tienen el estómago de la familia. ¡Shishishi, Edward casi me convence con su jerigonza de darle un buen trozo de carne!

—¡Los bebés no pueden comer tan sólido a esta edad, Lu! —Ace corrió hacia la cocina, dispuesto a contender con la pelirroja— ¡Mucho menos la carne!

Abrió con ímpetu la puerta para encontrarse con los tres niños sentados en sus sillas, protestando porque Nami apresurara las cucharadas de cereal. Sobre la mesa, un papel escrito.

—Ahí tienes la lista de lo que pueden o no comer, en tanto mi hermana se recupera —Ella lo miró de soslayo y continuó en silencio su labor.