-Sujétate muy bien. -Fue lo único que dijo Deadpool. Una vez sintió un fuerte y seguro apretón en su cuello, dió un salto en el aire, sujetando una de las piernas de Amaterasu para ayudarla a evitar una caída.
Dante hizo lo mismo.
Ambos se miraron en el aire y apuntaron directo a la cabeza del oponente. Nuevamente las balas comenzaron a chocar cayendo hacia el suelo como una lluvia metálica. Dante se dejó caer y se impulsó hacia la pared para correr sobre ella y así conseguir atacar al mercenario por el costado. Éste último reaccionó bloqueando el arma de fuego del peliblanco usando su katana como escudo para frenarle. Los ruidos de metal chocando el uno contra el otro rezonaban en todo el lugar, y sólo se veían como dos sombras rojas se movían de un lado a otro, acompañado por aquel delicioso sonido de disparos, haciendo rugir los cartuchos de sus preciados tesoros que eran sus armas.
Era toda una agitación, las murallas llegaron a retumbar y comenzaron a agrietarse debido a la fuerza de los estrepitosos movimientos que se dieron lugar en tal interesante batalla. Hacen falta palabras para describir la grandelocuencia de tal enfrentamiento, dos personas tan iguales y a la vez tan distintas frente a frente con un sólo fin en común. Dejáronse llevar hasta la cumbre máxima de la adrenalina y continuaron hasta el punto de que ni ellos mismos podían ver sus propias ejecuciones al atacar.
-¡Cómete ésto! -Gritó Deadpool dejando caer un par de granadas.
Las explosiones no tardaron en oírse, y entre la nube oscura pudo ver a Revellion acercándose girando en círculos hacia ellos como si hubiese sido lanzada cual boomerang.
Wade dio unos giros en el aire y sujetó a Amaterasu contra sí, evitando el roce de aquella espada de proporciones bíblicas. Luego, el dueño de la espada hizo su aparición y le propinó un fuerte puñetazo al mentón de forma ascendente. Una vez lo alejó de su apreciada Revellion, la tomó nuevamente entre sus manos y la hizo girar entre ellas acercándose al, en ese momento, aturdido mercenario.
Logró cortar uno de sus brazos, sacando un grito de parte de Deadpool y uno de parte de la muchacha que sintió como la sangre del mutante había salpicado en su rostro. Lo había conseguido, había logrado distraerlo. Sólo otro golpe más y la chica ya sería suya. Porque era ella, siempre fue ella su objetivo, y el objetivo de su misterioso cliente. Nada le importaba más que tenerla cautiva ahora. Se sentía nuevamente vivo, se sentía como el viejo Dante. La llama de valor y adrenalina en su interior brillaba más ardiente que nunca.
El atacado bajó la guardia buscando entre los escombros su extremidad arrancada de raíz, los tendones colgaban a carne viva, y aunque sabía que en unos instantes estaría como nuevo, el dolor lo estaba matando. La adrenalina en su sangre lo había abandonado y ahora se sentía tan vulnerable como en cualquier otro momento de su vida.
Lo había conseguido, el descuido de Deadpool había acarreado consigo el descuido hacia Amaterasu y rematando al mercenario con un disparo final al pecho, logró hacer que la muchacha cayera de bruces al suelo.
-¡DEADPOOL! -Gritó Amaterasu incorporándose un poco. Una mano la sujetó del brazo. -Deadpool...-Suspiró aliviada. Y, mirando sin mirar hacia arriba, sonrió al creer que su amigo había ido en su ayuda, pero estaba equivocada, y lo comprobó cuando se le susurró al oído lo siguiente: "Nombre equivocado".
-Ama...Amy... -Dijo entre susurros un débil Deadpool sentado en el suelo apoyando contra los restos de una muralla.
Y antes de que pudiera pronunciar una palabra más, con dolor vio como una vez más la diosa del sol era apresada y llevada lejos por el muchacho de cabello blanco, hacia un destino y un futuro incierto.
-No me importa el dinero, ya. -Dijo Deadpool de brazos cruzados ante el ya recuperado Víctor, el cual yacía ileso como si nada sentado en su trono, vociferando maldiciones.
-¡TE PEDÍ UNA COSA! ¡SÓLO UNA COSA! Y haz fallado miserablemente. -Bajó su mirada siniestra para encontrarse con los desinteresados ojos del mercenario bocazas.
-No me importa. -Repitió Deadpool aún de brazos cruzados.
-¡Maldita sea! ¿¡Es que ya nadie me respeta en éste sitio!? -Gritó lanzándole la copa de cristal directo a la cabeza del otro hombre, el cual dobló su espalda hacia atrás evitando el improvisado proyectil.
-Uy, qué carácter. -Musitó el hombre de la katana. -Eres un muy mal perdedor, Doom.
Pero el mencionado ignoró al fulano de rojo ésta vez, y agarró con frustración su rostro entre sus dos manos. Había estado tan cerca, tan cerca. Lo que había llevado meses de investigación y esfuerzo había sido arrebatado en un instante, era como si lo ocurrido con el miserable de Reed Richards se estuviese repitiendo una vez más. El odio y el resentimiento lo inundaron completamente y lo enceguecieron de ira durante unos silenciosos e incómodos minutos que reinaron la estancia de Doom.
-Siempre he dicho que si quieres que algo se haga bien, debes hacerlo tú mismo. Diciendo ésto se colocó de pie y caminó hasta asomarse por el balcón que le proporcionaba una vista completa de su imperio. Le apenaba dejar a su gente, pero debían hacerse sacrificios con tal de expandir su preciado reino (y ego) hasta más allá del horizonte, hasta más allá donde se escondía el sol. Y mientras miraba el atardecer, comenzó a soñar despierto una vez más con esa hermosa utopia que tanto anhelaba. -Cumpliré mi sueño. Un mundo ideal, ése es mi objetivo. Y tú. -Dijo volteando a ver a un desinteresado Deadpool. -Ya no me sirves para nada. -Tras pronunciar éstas palabras, dejó ver un destello de luz proveniente de la palma de su mano y lo dirigió hasta aquel que vestía del color de la sangre. Tras el impacto, su víctima había desaparecido. Algo consternado, miró a todos lados para lograr encontrar a Deadpool, pero al no notarlo nuevamente dio cara hacia el horizonte, poco le importaba ahora un mercenario inútil.
Mientras que a varios metros de allá, un Deadpool corría atravesando lo que era el espejo follaje que separaba a Latveria del mundo exterior. Una vez más el teletransportador le había salvado el pescuezo. Ahora debía encontrar a Amy. Tenía una promesa que cumplir.
La de protegerla con devoción hasta el final.
Nuevamente apresada.
Maldijo su mala suerte. Aunque ésta vez, el misterioso captor había sido un poco más gentil y la había dejado sin atadura alguna sobre una superficie blanca que obviamente supuso era una cama.
-Deberías respetar a tus mayores. -Le dijo Amaterasu sin "mirarlo" directamente.
-¿Disculpa? -Dijo Dante alzando una ceja mientras dejaba reposar su abrigo sobre un perchero. -Sólo eres una niñata. -Le dijo con desprecio. Era tan bajita que apenas llegaba a su pecho y ese rostro algo delicado, acompañado de esa apariencia de muñeca, le daba un toque infantil que no ayudaba en nada a su afirmación.
-Soy la Diosa del Sol, Amaterasu. Tengo más de mil años, por si no lo sabías. -Le aseguró mirando a un punto fijo en el infinito. No se molestaba en tratar de ubicar a Dante. Pasó de sentir un profundo odio hacia los demonios a temerles profundamente. Ella estaba muerta de miedo, pero no quería dejarse intimidar. Ése aura encerrado en el cuerpo del peliblanco le erizaba los pelos, pero aún así...Había algo. Ese algo no la dejaba en paz, trataba de descifrar la enredada alma que poseía el joven. Le costaba demasiado. No era como los demás demonios, había algo que lo hacia resaltar entre los demás. Pero...¿Qué podría ser?
-Claro, todos los demonios son iguales. -La miró con poca simpatía. -Todos mienten una y otra vez, tanto como los humanos. -Entonces, miró al techo reflexionando un momento, y cerró sus ojos suspirando. -Creo que soy demasiado injusto... Los demonios no sois tan mentirosos.
Amaterasu volteó su cabeza rápidamente hacia donde estaba parado Dante.
-¿Qué dices? ¡Los demonios son lo peor! ¡No soy como ustedes! ¡Ustedes son la peor escoria del mundo! ¡Deberían perecer todos! -Gritó parándose con violencia.
Entonces, una ráfaga de viento movió sus cabellos y sintió sobre su cabeza la respiración de Dante y pudo oír los latidos del corazón del chico mitad demonio algo exhaltados. Ella se paralizó por un momento. Dante había llegado a hacia su persona tan rápido que a penas si tuvo tiempo de reaccionar.
-No tienes una sóla idea de lo que estás diciendo. -Dante la sujetó firmemente del cuello, aunque sin hacerle daño, y se agachó hasta quedar a la altura de Amaterasu. Intentó que sus miradas hicieran contacto, si no podía "verla" a los ojos directamene, debía ver a través de su alma. -Llevas razón, lindura. Los demonios son la peor escoria, pero si hay algo que he aprendido en todos éstos años viviendo como demonio y humano a la vez, es que no hay nada más nocivo y repulsivo que un humano. El verdadero motivo por el que el mundo está tan insoportablemente pútrido, es por ellos. Que no se te olvide. -La soltó con suavidad y le dio la espalda, dejándola sola en la habitación para buscar algo de comida.
Amaterasu se dejó caer al borde de la cama, todavía en shock por el actuar del joven.
Él hablaba con verdad, maldición, si hablaba con verdad. Sólo en ése entonces le fue posible descifrar un poco de su ser. Dante...Dante no era del todo demonio, eso era aquello que ocultaba su interior. Y ahora lo había visto con los ojos de su alma. A pesar de que un gran poder maligno descansaba en su interior, algo en su corazón le decía que podía confiar en el hijo de Sparda.
Se llevó ambas manos al pecho y cerró sus ojos, luego, una de sus manos se deslizó suavemente zurcando por la zona del corazón hasta llegar a su cuello, apretándoselo de la misma forma que antes hubiese hecho el muchacho de ojos violeta. El dulce olor de esa piel se quedó impregnada en su cuerpo.
Para ser una de esas desagradables entidades, olía muy bien. Se dejó caer de espaldas y se sumergió en el embriagador aroma de ése ángel disfrazado de demonio.
