XXXIX

"Ahora que me despido, pero me quedo". J.S

El escobillón cayó de las manos de Luffy sobre el rostro de Ace, que despertó de un salto.

—¡Rayos! ¿Qué diablos...? —pasó la mano por la frente, donde el golpe le escocía— ¡Tenías que ser tú, Lu! ¿Qué demonios haces barriendo la casa a estas horas?

—Er... etto... —Nami lo observaba con expresión asesina— Hay polvo en el suelo y... —la mirada de la navegante echó fuego— ¡Nami dijo que había que barrer para que no hubiera ceni...! —La pelirroja murmuró su seguidilla "idiota, idiota, idiota" por lo bajo e hizo un molinete con el escobillón— ¡Naaaami! ¿Por qué me pegas?

—¡Por no saberte explicar! —la navegante se cruzó de brazos y enfrentó al mayor— Si no quieres que tus hijos se enfermen, Portgas D. Ace, lo mejor que podemos hacer es tener la casa limpia. El polvo se está acumulando en el suelo.

Ace la observó pasmado, abandonó el diván aún con sueño en los ojos y su mirada cayó en el objeto que dejara a su hermano. Por un momento, lo había asaltado el temor de que Luffy no se tomara en serio la responsabilidad de cuidarlo, pero éste continuaba en su lugar y bien envuelto.

—Voy a ver a No y a los niños —dijo estirándose—. Los ayudaré después, si aún no terminan.

—Eso, si te deja entrar —masculló Nami, que todavía no lo perdonaba. Su mandíbula casi dio contra el suelo, al verlo acceder a la habitación de Nojiko, sin que mediara el cerrojo— ¡¿Qué... ya se ablandó?! ¡No la reconozco!

—¡Shishishi... acuerdo misterioso! —Luffy celebró con una carcajada que hubiesen vuelto a la normalidad y saltó sobre ella. La pelirroja, tomada por sorpresa, cayó sobre el diván. Si fue impensado o intencional el beso, nunca lo supo— ¡Oi, lo siento Nami! ¡Lo siento, perdón! ¿Te he mordido?

—Si realmente lo sientes tanto, bájate de una vez —sonrió irónica y satisfecha—. Esto va a costarte caro.

—Bueno, —Luffy se acomodó el sombrero y puso cara de desentendido— como no tengo dinero, puedo decirle a Ace que me dé parte de la "herencia" que tenía en la vasija y tú registraste.

—¡No te atrevas! —gritó enojada, pero su rostro tomó después la expresión de "chica que se deja vencer por las circunstancias"— Supongo… supongo que con el capitán siempre se puede llegar a un acuerdo.

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Ace, sentado en el lecho junto a Nojiko, intentaba mantener quieto a Edward. El bebé se revolvía entre sus manos, buscando el modo de gatear sobre la cama. Anne y Rouge eran sometidas a la horrible tortura del peinado, a la que respondían con sus mejores gritos.

—Si no les halo... ¿Por qué se quejan?

—Puedo dar el ejemplo. —sonrió el moreno, divertido— Aunque sé que te gusto bien desgreñado ¡Vuelve acá, Ed! —se inclinó para atrapar al niño antes de que llegara al borde— ¡Cielos, estoy empezando a considerar a Dadan!

—Entonces... ¿Nami sigue rabiosa contigo?

—No la culpo. Te quiere mucho, No. Dudo que quiera hacerme el favor otra vez de cuidar a los bebés, aunque sea por una hora.

—Si les explicamos el por qué, ambos lo entenderán. —la peliceleste acabó de anudar los lazos a Rouge, que dejaba de llorar para concentrarse en el cabello de su hermano— Ahora ya puedes contarlo ¿No?

—¡Oi, Rouge, suéltalo! —el regaño del padre ante los tirones de pelo que la niña propinaba a Edward, provocó que volviera el llanto— No, sinceramente... ¿Crees que podamos educar a estos pequeños salvajes?

—Mírate a ti mismo —Nojiko rió sin malicia—. Algún día voy a tener que ir personalmente a dar las gracias a esa tal Makino.

—¿A esa tal Makino? —Ace alzó una ceja y buscó abrazarla, sin dejar de sostener a Ed— Nunca te había oído hablar así de otra mujer, ni siquiera cuando el asunto de Domino.

—Ah, pero a ésta sí tengo cosas que envidiarle —alzó el rostro, para que sus mejillas rozaran en una tierna caricia—. Y tú la recuerdas con mucha simpatía. Luffy me dijo que incluso te ruborizabas con su presencia.

—¡Ese bocazas!

—No es mentira, entonces —ella lo miró de reojo, divertida—. Esa mujer te sacudió las fibras.

—Yo era un crío todavía, no estaba acostumbrado a tratar con una, excepto con Dadan ¡Pero eso no significa que me gustara! —alegó Ace en defensa—. Hé, vaya... ¿Estás celosa, No?

—Puede que un poco, sí.

El rostro pasmado de Ace hizo reír a Nojiko. Volvía a pillarlo agradablemente con aquella confesión, y algo le dijo que él no marcharía otra vez, a menos que pudiera acompañarlo.

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Ver a Luffy y a Nami enredados en el diván, sí fue una sorpresa para ambos. La navegante no perdió tiempo en quitárselo de encima, arrojándolo al suelo.

—¡Oi, Nami, que el piso está duro! —Luffy se restregó la zona adolorida, incorporándose de un salto y solo entonces se percató de los mayores— ¡Ah, Ace!

—Si terminaste de darle los "primeros auxilios" a tu nakama, supongo que podrás oírme —el moreno se dio cuenta de que el tono serio de su hermano no tenía que ver con lo que había presenciado—. Necesito un favor de los dos.

—¡Si es para...! —la exaltación de Nami quedó ahogada ante la expresión grave en el rostro de Nojiko.

—Sí, es para cuidar de los niños, en tanto Ace y yo llevamos las cenizas de Shirohige a la tumba de Bellemere.

—¿Las... las cenizas de... Shirohige? —a la pelirroja se le había puesto la carne de gallina.

Luffy asintió en silencio con la cabeza, dio dos palmadas ante Ed e hizo un gesto con las manos para que el niño fuera a sus brazos. Ace cargó con la vasija.

—Este envoltorio que dejé a tu cuidado, Lu, son los restos de mi padre.

—¡Sabía que otra cosa no iba a alejarte de Cocoyashi, Ace! —la seguridad en la respuesta de Luffy y ver que Nami suavizaba su actitud lo tranquilizaron— Ya sé que corres tus propias aventuras, pero después de Impel Down creí que las reglas cambiarían. ¡Pude ir contigo y no me llevaste!

—¿Hubieras dejado solas a Nami y a Nojiko, sin protección y entendiéndose con los niños? Mientras estuvieras aquí, al menos podía tener la tranquilidad de que ningún enemigo iba a ponerles un dedo encima. —Ace lo despeinó con su manaza— Confío mucho en ti, hermanito.

—¿Fue Shanks quien te dijo que buscaras las cenizas?

—Me alertó de que el Gobierno Mundial pensaba profanar la tumba de Shirohige para atraerme. —Ace apartó la mano de Rouge, que buscaba desanudar la cinta amarrada al envoltorio— Al parecer, no quedaron muy conformes con mi escape y menos aún con la idea de que la casta del Rey de los Piratas siguiera su curso. De modo que Akagami vino a verme antes de que me dejara llevar por la provocación, y fuimos en secreto a recoger las cenizas del viejo. Por desgracia, las tropas de Akainu se nos atravesaron.

—¡Ahhhhh, me perdí la diversión! —Luffy moderó de inmediato sus gritos, ante la competencia de Ed, al que había asustado— ¡Pero para la próxima, tendrás que llevarme a patear traseros!

—Creo que seguiremos como antes, Lu. Nuestros caminos estarán separados hasta que te des cuenta de que hay cosas de más valor que el One Piece. —Ace miró a Nojiko y sonrió amplio— Tengo respuesta a mis preguntas, un sentido para vivir a plenitud... La verdad es que debo estarme poniendo viejo —rió—, si cada vez tiro más a la casa, no a los adioses con sabor a riesgo y a camposanto.

—Qué remedio. —Nami se encogió de hombros, resignada, tomando a Rouge y Anne de los brazos de su hermana— ¿Se supone entonces que ahora sí estará toda la familia unida?

—Aunque Nojiko da por sentado su derecho a determinar sobre el asunto, —Ace se dirigió a la navegante— quería saber si también accederías a que mi padre descansara para siempre cerca de Bellemere.

—Uhm... Shirohige enterrado aquí —la navegante hizo como si pensara en el futuro—. Podría atraer mucho turismo y dinero si...

—¡Y marines! —la ira de Nojiko y la gota de sudor en la frente de Ace revelaron que no habían descubierto la broma tras sus palabras— ¡Nami, que no se te ocurra algo parecido o dejaré de llamarme tu hermana!

—Ah, qué caras más divertidas. —sonrió, mientras llevaba consigo a los niños hacia el diván, donde Ed estiraba los carrillos a Luffy— Esa me la debía Ace, y valga que no le cobro en monedas contantes y sonantes.