Navegó imaginariamente entre las blancas sábanas que se unían haciendo un sólo ser junto a su piel y se dejaba envolver por el dulce perfume natural que antes había hecho contacto en su cuerpo. Era excitante Nunca había olfateado algo tan exquisito, tan rico y puro. Comenzó con el acelerado latido de su corazón, luego, surgió una llama que le quemaba las entrañas lentamente, aquel calor subió por su garganta y dejó salir un ligero gemido, entrando en un profundo trance mientras tenía sus ojos cerrados.
Dejó que el perfume convertido en su mente, como un manto de seda rosa, cayera sobre su cuerpo y la envolviera en un abrazo. Y llegó a su recuerdo, el tacto... El tacto y la voz de Dante, el dulce tamborileo de su corazón que resonaba aún en sus oídos y el calor que despedía desde su ser.
Estaba consciente de que era imposible de que un demonio lograra todo eso; ella ahora les temía, eran lo que más detestaba. Pero quizás, en ése instante, dejándose llevar por un lado masoquista que quizás no conocía de ella misma, recordó el agarre que el hijo de Sparda hizo en su cuello. Y el corazón se le aceleraba nuevamente. El interior del muchacho había aflorado muy por sobre su escencia demoníaca y dejaba ver un alma que ella jamás había presenciado. Pero no, quizás eso era lo que él quería. Hacerla caer en una trampa para usar su cuerpo y alma para hacer realidad sus fines malévolos.
"No se lo permitiré"
El ruido de una puerta abriéndose de golpe, la sacó de sus pensamientos. Dante estaba apoyado en el umbral, masticando un trozo de pizza de queso que sujetaba con firmeza y egoísmo en su mano derecha. La masa de su comida se deshacía entre sus dientes y el queso se mezclaba entre los mismos en un movimiento hipnotizante.
-Nadie dijo que podías descansar en mí cama, nena. -Dijo una vez tragó su comida.
-¿Por qué me dejaste aquí, entonces? -Preguntó Amy incorporándose nuevamente.
-A las cosas inútiles uno tiende a dejarlas por costumbre en cualquier sitio. -Dijo Dante sin parar de mirarla. Le molestaba que ella nunca cruzara sus ojos con los de él, le parecía una falta de respeto hacia su persona. No se sentía superior a ella (no del todo) pero le molestaba que no le prestara atención cuando le dirigía aquellas palabras con intención de encontrar su debilidad. -Hey... -Dijo Dante llamando la atención de la más baja. Se sentó de manera brusca en la cama, cerca de Amaterasu, llevándose otro mordisco de su preciada pizza a la boca, y masticando la miró a esos oscuros ojos.
Era interesante, al fin un intercambio de miradas. Logró captar unos ojos negros como el carbón, profundos, escondiendo algo dentro de ella, algo indescifrable, un misterioso y atractivo enigma. No había sentido nunca algo como eso. Se acercó un poco más al rostro de la muchacha de cabello color luna y siguió observándola fija y detenidamente. Se perdió en el universo infinito dentro de esos ojos, pudo sentir un momento que los recuerdos más hermosos y dulces de su vida estuviese experimentándolos una vez más. Ella y esos ojos preciosos, le provocaron un sentimiento ya olvidado en los lugares más recónditos de su corazón. Sintió deseos de llorar, lentamente el nudo subió por su garganta, pero se contuvo y sacudió su cabeza de un lado a otro.
-Estás muy callado. -Amaterasu levantó su mano izquierda para tocar a Dante, pero éste último le golpeó en la misma y la empujó un poco haciéndola perder el equilibrio.
-No me toques. -Dante la miró con una mezcla de susto y rabia. Luego, se puso de pie y la miró confundido.
No, no la odiaba. No podía, no sabía el por qué, pero no le nació hacerlo, el odio ni siquiera estaba presente en su corazón en ese instante.
-S-Seguro ésto es una de tus trampas. -La tomó del brazo levantándola con brusquedad, sacándole un quejido y le dijo. -Duerme donde quieras, sólo...No te me acerques. -La soltó de nuevo, aunque ésta vez, lo hizo con más delicadeza, no podía dejar de mirar esos...Esos maravillosos ojos... Era como observar el cielo de una noche sin estrellas. Cargada de profundo misterio y dudas, pero no dejaba de ser algo malditamente hermoso.
-Guíame. -Fue lo único que dijo Amaterasu una vez el chico de ojos violeta la liberó. -No puedo ver. Si quieres hacerme dormir el basurero, al menos llévame hasta él. -Lo miró penetrante. -Soy una criatura ciega e inválida ante cualquier persona que desconozca mi historia, pero puedo ver a través de tu alma. Puedo observar tu aura, tus debilidades, tus miedos, tus alegrías... Puedo saber a qué distancia estás de mí, si estás a mi lado o no. Pero no puedo hacer lo mismo con los objetos, ¿verdad, señor demonio? -Le sonrió de forma burlona, sacando un sonido de molestia de parte del más alto.
"Ciega, ¿eh?... Aún así, de verdad por un momento sentí como si me mirara fijamente. Me hizo sentir..."
Dante tomó una de sus manos y la hizo recorrer el pasillo hasta las escaleras. Después de hacerla bajar con cuidado, la sentó en un sillón doble de color verde y le lanzó una manta color tierra a la cabeza. Una vez que terminó de ver divertido como la chica trataba de sacarse el molesto trozo de ropa encima, se acercó hasta ella y la miró despectivo nuevamente.
-Y ésto es más de lo que merece un demonio como tú. -Se cruzó de brazos y bajó la cabeza hasta la altura de la de Amy. -Yo...No soy como tú.
-Claro que no. Somos muy distintos. -Amaterasu bajó su cara y apretó la manta entre sus blancas manos. -Quizás, no del todo.
-¿Disculpa? -A Dante le habían parecido interesante esas palabras, pero Amaterasu le dio la espalda y se cubrió hasta por encima de los ojos.
-Sólo ignórame, como te propusiste desde el comienzo. -Y al par de minutos, la diosa del sol cayó en un profundo sueño.
/
Habían sido unos días difíciles para Deadpool, estaba cansado de investigar de aquí para allá, de recorrer cada lugar y ciudad de cabo a rabo sin rastros de Amy. Estaba sumergiéndose cada vez más en una inminente desesperación, y sin ningún amigo ante el cual recurrir, no le quedaba más que darse por vencido.
"No, no pienso hacer tal estupidez"
De nueva cuenta emprendió viaje, ésta vez por una pequeña aldea diminuta muy lejos de dónde él vivera anteriormente. No tenía idea de cuánto tiempo llevaba en su búsqueda, pero no sentía cansancio, no sentía sed ni hambre. Aquellos mundanos e inútiles placeres podían posponerse.
No se molestaba en preguntar a los aldeanos por la muchacha, le bastaba con romper un par de casitas por aquí y por allá hasta que alguien decidiera confesar la ubicación o el avistamiento de un loco de peinado emo y una chica con orejas de animal.
La gente lo tomaba por loco, pero él ya estaba acostumbrado. Los locos eran los demás, no él. Hablaba con verdad, ¿Por qué tendría que estar demente? Él sabía que no lo estaba.
-Detente por favor, no permitiré que sigas molestando a más gente inocente. -Escuchó a una voz femenina tras él.
Alzando una ceja en forma desinteresada, se volteó para encontrarse con una jovencita china, de vestimentas azules y ojos y cabello color chocolate, el cual descansaba en la forma de dos moños circulares a los costados de su cabeza.
-¿Quién te crees que eres para decirme tal cosa, niñata? -Le preguntó un despreocupado Deadpool apuntándole con el dedito acusador.
-Me creo alguien con el poder suficiente como para llevarte a la cárcel por acoso y actos vandálicos.
-Preciosa, nadie ha podido detenerme. ¿Qué posibilidades tienes tú? -Hizo ademán de sacar su katana, pero antes de reaccionar, ya se encontraba lleno de chichones tirado cuán largo era en el suelo. -Auch...
-Ahora sabrás el por qué me dicen la mujer más fuerte del mundo. -Dijo la muchacha desde arriba mientras hacía sonar los huesos de sus dedos en señal de superioridad.
-Ay si, y antes de que me golpees otra vez quisiera preguntarte una cosa. -Dijo un Wade medio moribundo contra el suelo de tierra donde había quedado incrustado.
La chica de ojos cafés lo miró alzando una ceja.
-Ya veo.
-La busco, se busca. No quiero ni puedo permitir que la lastime. No lo sé, no quiero permitirlo. Nunca se me dijo el por qué era tan necesaria, mi superior nada me informó. -Dijo Deadpool moviendo agitadamente sus manos sentado sobre una roca cubierto de vendas y parches que la misma ejecutora de sus heridas se había preocupado de curar.
Era doloroso el hecho de la ubicación incierta de Amaterasu, intentó dejar de lado el dolor, pero se sentía tan infeliz ahora. Le había fallado, había fallado a aquella sagrada promesa que se hizo a él mismo y que le hizo a la diosa mientras estaban ambos en el mismo cautiverio. Si algo extrañaba era sentir esa dulce mirada negra como las penumbras que emanaban los más puros de los sentimientos humanos que moraban por los corazones de aquellos que eran merecedores de tal tesoro.
-¿Es ella importante para tí? -Habló la muchacha china en un tono mezclado de seriedad y preocupación. -¿Lo es? -Preguntó nuevamente al no obtener ninguna respuesta de parte del mercenario misterioso.
-No lo sé. -Fue lo único que atinó a decir Wilson. -Me sentía increíblemente bien cuando estaba con ella, me encantaba escuchar su voz, oler su cabello, sentir sus pequeñas manos entre las mías, amaba sentir la calidez que su persona emanaba. Realmente, no me importa verla como un objeto como mi superior hizo, al principio creí que podría tener esa mentalidad fría, pero...Una vez me sumergí en esa mirada...Todo cambió.
Se oyó hablar de esa forma a Deadpool, era una manera de expresarse que nunca había usado antes, ni siquiera cuando había empezado a desarrollar sentimienos hacia Syren. Nunca se había escuchado a sí mismo pensando ni hablar así. Era algo extraño, el no ser como siempre, pero supuso que era normal que una persona como ella provocara algo como eso en un ser tan poca cosa como lo era él mismo.
"Está enamorado."
Fue lo único que pensó la muchacha sentada a su lado.
Ella siguió haciéndole preguntas, muy interesadamente respecto al tema de lo ocurrido en Latveria. El cómo, el cuando, el quién y el por qué eran lo único que a ella importaban en ese instante. Pero se detuvo al notar que recordar todo aquello resultaba doloroso para el enmascarado. Tenía mente fría para sus cosas, pero todo poseía un límite, y sentía que estaba traspasando el suyo.
"Quizás he sido muy dura."
Posó su mano izquierda en el hombro de su nuevo amigo y le sonrió tiernamente, contrastando el semblante tan serio que antes había adoptado. Deadpool se sorprendió demasiado por éste cambio tan repentino, y observó con sorpresa que ella sacaba de entre sus ropas una pequeña radio negra.
-¿Nick? Aquí Chun-Li, reportándose. -Habló al aparato, y después de saludar cordialmente a la profunda voz masculina que le respondió con un saludo, siguió hablando. -He encontrado información sobre la diosa. -Ante éstas palabras, el mercenario abrió bien los ojos, ¿Cómo ellos conocían a Amy? ¿Qué querían con ella? ¿Querían hacerle daño también? -Al parecer la diosa fue llevada hacia la residencia de Víctor von Doom, un testigo dice que hubo un ataque en la fortaleza y que fue sustraída por un misterioso joven vestido de rojo. -Contaba al hombre del artefacto transmisor con su semblante serio nuevamente en su rostro.
-Ve con el testigo al punto C, te daré las coordenadas de la ubicación enseguida. -Contestó Fury del otro lado. -Hay que evitar que el tema se exponga cada vez más para evitar una catástrofe. Los demás no tardarán en moverse para hacerse con la diosa del sol y debemos llegar a ella antes que ellos.
-Entendido, señor. Recibiendo datos. Cambio y fuera. -El sonido de estática había indicado que la conversación había finalizado.
-¡Wow! -Exclamó un alarmado Deadpool. -¡Wow! ¡Wow! ¡Wow! Nunca me niego a hacer cosas raras, pero ésta en particular me desagrada. Y eso que hay poquísimas cosas que me desagradan de verdad. ¿Qué quieren con Amaterasu? ¿Por qué la necesitan ustedes? ¿Y a quiénes se referían con ellos?
Antes de que pudiera seguir hablando, una sombría Chun-Li se acercó a su rostro y con una mirada le dejó en claro que si no guardaba silencio podía perfectamente decir que el "testigo" pereció misteriosamente en el camino y nadie sabía su paradero.
Chun-Li simplemente le dio la espalda y le dijo que lo siguiera.
-Tú tranquilo. Por ahora, lo único que debes hacer es confiar en mí.
