La luna iluminaba el cielo sin estrellas, dando indicios de lluvia al dia siguiente.

Ése lugar no le agradaba en nada a Amaterasu. Aunque había soportado estoicamente las primeras semanas, el ambiente ahí le resultaba insoportable lleno de malas vibras y restos de espírtus agobiados que la atormentaban al ser una entidad sagrada.

Se incorporó en el sillón que estuvo usando como cama desde que había llegado a "Devil May Cry" e intentó percibir los alrededores con sus ojos cerrados para hacerse valer de sus sentidos una vez pasara de las manos del demonio a los de su nuevo "dueño", aunque para ese entonces quizás hubiese ya encontrado la forma de haber huído aun sin tener que su poder en la totalidad que le hacía falta. Aunque por más que tratara de convencerse, sabía que aquel odioso chiquillo no era alguien fácil de vencer, pudo notarlo cuando se encontraron por primera vez en la fortaleza de Doom.

El sólo hecho de recordar aquel elevado nivel de energía le erizaba los pelos. Estaba temerosa de enfrentarse a un poder tan grande con su verdadera fortaleza sellada dentro de ella. ¿Por qué no podía liberarla por sí misma? ¿Tan necesario era el amor y la amistad que sus seres queridos le entregaron?

Alzó su mano derecha al aire lo más que pudo y trató de divisarla entre la oscuridad de su vista, pero sólo veía un débil vaho de energía color naranjo que se extendía tan débil como un hilo a lo largo de la longitud de su brazo. Bajó su extremidad y dio la cara al techo simplemente. Sus ojos empezaban a pesarle de nuevo.

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-¡Ammy! -Escuchó a lo lejos. Con sus orejas en alto y sus ojos bien abiertos, recién despierta, se puso de pie con rapidez cuando oyó esa voz, y vio un pequeño círculo verde que danzaba por los alrededores a unos cuántos pasos de ella.

-¿Issun? -Preguntó una sorprendida Amaterasu, observando con alegría aquel que había sido su mejor amigo y compañero de aventuras. -Issun...No tienes idea de lo mucho que te he...

-Yo también, bola de pelos. -Se detuvo bajo los pies humanos de la chica y le dijo con voz juguetona. -Juguemos juntos como en los viejos tiempos.

-¿Jugar? ¿Ahora? -Amy le miró incrédula. y vio que nuevamente empezó el diminuto chiquillo a dar saltitos por el suelo feliz de la vida, como si nada hubiese pasado.

-¡Vamos, Ammy! ¡Juega con nosotros! Todos te extrañamos mucho. -Y diciendo ésto, se alejó hasta cierto punto de la habitación y dejó ver a la multitud de gente que vivió en Nipón, todos con una enorme sonrisa en su cara y que le extendían sus brazos gritando: "Ven con nosotros, Amaterasu"

La mencionada se dejó llevar por la emoción, algo dudosa en un comienzo, empezó a correr con los brazos extendidos y un nudo en la garganta hacia sus personas más amadas. Pero entonces, la voz de Issun comenzó a oírse como un disco que iba disminuyendo su velocidad, y una vez que había llegado a su destino, observó con horror como los rostros de aquellas gentiles personas se desfiguraban para transformarse en rostros maquiavélicos, deformes y cadavéricos.

Intentó retroceder, pero ellos extendieron sus brazos esqueléticos como garras hasta ella y la aprisionaron arrastrándola con fiereza hasta ellos. Era tanta la brutalidad que Amaterasu podía sentir que le abrían la piel a carne viva y que se la quemaban con brasas ardientes. Una vez metida entre la deforme multidud, uno a uno empezaron a rasgar su piel, haciéndola caer en tiras y enterrando sus afilados dientes en sus músculos descubiertos. Lamían desesperados la sangre que brotaba de aquellas heridad y continuaron clavando sus garras en su estómago mientras aprisionaban sus extremidades para evitar que se moviera.

Y mientras estrujaban entre sus afiladas uñas sus entrañas, lo único que podía oír a demás de sus propios gritos era lo siguiente: "Incluso los dioses merecen ser castigados" Ésta frase se repetía a coro una y otra vez. Mientras que, a lo lejos, le pareció ver a un hombre vestido de negro, majestuoso y de mirada profunda, macabra y oscura, que sostenía una cadena en su mano derecha. Y con horror observó como su rostro, un cráneo humano sin piel ni músculo, ardía impacible en llamas.

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Dante cayó de la cama al oír aquel desgarrador grito femenino. Aún recién despierto sólo alcanzó a hecharse encima una de sus pistolas y bajó de un salto al primer piso. Lo que vio le desgarró el alma; Amaterasu estaba de rodillas tirada en el suelo, agitando sus brazos a su alrededor, como tratando de sacarse algo de encima, sus ojos estaban desorbitados y se escurrían lágrimas de desesperación de ellos.

-¡LO SIENTO! -Gritaba ella con desesperación agarrando su cabeza entre sus manos. -¡LO SIENTO! ¡PERDÓNENME! ¡LO SIENTO! -Seguía gritando sacudiendo sus cabellos de un lado a otro cada vez más sumida en el abismo del horror.

-¡YA DETENTE! -Oyó gritar a lo lejos como antes hubiese hecho cierto amigo mercenario suyo hace tiempo. -Sintió unas cálidas manos tomando sus hombros con suavidad.

-¡El infierno! -Gritó nuevamente la muchacha. -¡EL INFIERNO! ¡Puedo verlo! -Se agitó con tanta violencia que casi golpeó a Dante con uno de sus brazos, pero él logró esquivar aquello sin problema, más preocupado por esa niña que de su seguridad propia. -¡Me duele! -Dijo sin parar de llorar. .¡Me duele demasiado!.

-¡Basta! -Dante tomó la cara de Amaterasu entre sus manos y juntó su frente con la de ella. -Es una pesadilla, sólo eso es...Una pesadilla, vuelve en tí. -Le dijo ésto último en un tono bajo de voz.

Calaron en ella esas ahora, palpables palabras, acompañadas por aquel olor dulzón de ángel único que había probado gustosa la primera vez que su ser había llegado a ése lugar.

-T-Tú...-Titubeó Amaterasu reaccionando del todo. No había sido una pesadilla, había sido una horrible visión, una visión de aquello que le esperaba una vez exhalara su último aliento.

-Mira que eres... -Dijo Dante separándose un poco del rostro de la chica. -Tantas molestias que me causas y encima no me dejas dormir. -Le secó las lágrimas a la diosa con la muñeca izquierda y le dio la espalda para desaparecer por las escaleras y conseguir su sueño reparador.

-O-Oye... -Tartamudeó Amy acercándose lentamente al sofá y recostándose un poco sobre él, moviendo una de sus orejas en dirección hacia donde estaba el cazador. -Gracias. -Y antes de que Dante pudiese articular palabra, Amaterasu se acurrucó sobre los suaves cojines para continuar con su intento de una noche tranquila.

"Tsk...Demonios y dioses, son tan complejos y tan insoportablemente idiotas como los

humanos"

Ésto pensó dicho hombre que había aparecido en la visión, o pesadilla, de la diosa del sol. Echándose su cadena al hombro, desapareció atravesando una de las paredes contrarias de la habitación.

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-Despierta. -Oyó nuevamente esa voz grave por encima de ella. -Nena, agradece que te traje algo de comer. No quiero que mi cliente te encuentre en mal estado.

-No tengo hambre. Amaterasu volvió a cerrar los ojos, pero aun sentía la presencia del peliblanco. -No tengo hambre. -Repitió volteándose de cara el techo, entonces, sintió la respiración del caza-demonios muy cerca de sus labios, deduciendo que sus rostros estaban más cerca.

-Mala suerte. -Sonrió Dante. -Porque aquí mando yo.

Amaterasu se estremeció al sentir de nuevo ése aroma tan cerca de su nariz. Se estremeció al sentir ese singular y maravilloso dulzor envolviendo su piel nuevamente, sus mejillas se sonrojaron y sus latidos se aceleraron de nueva cuenta. Sin mencionar que le dio un molesto escalofrío al sentir el roce de las hebras del blanco cabello del chico rozando su cara.

Dante se alejó de súbito al notar que la supuesta demonio se levantó con violencia mientras sudaba un poco, respirando agitadamente.

-Come. -El hijo de Sparda acercó una cucharada de arroz a los labios de ella. Pero la chica se negó moviendo la cabeza. No quería ser alimentada por un chico tan pedante como él. También detestaba aquella sensación que él producía en su cuerpo cuando se le acercaba. -Come. -Repitió con un tono más severo.

Amaterasu cerró sus labios con fuerza y frunció el seño. No quería dejar que esas manos tocaran sus labios, no podía permitirlo, no estaba dispuesta a darle en el gusto.

De pronto, sintió un sacudido violento en el sillón y se percató de que Dante jalaba con brusquedad sus cabellos por la zona de su nuca, sacándole un grito y una súplica. Pero antes de poder decir otra cosa, sintió la unión de sus labios con los del chico demonio. Fue una unión violenta, un beso forzado, pudo sentir el arroz pastoso traspasándose desde la boca contraria a la propia.

La diosa se sacudió con rudeza, estaba aprisionada por el agarre del muchacho alto y nada podía hacer. Tampoco es que quisiera alejarlo del todo. De nuevo ese sentimiento masoquista se despertó en ella y lo único que atinó a hacer fue sujetar la muñeca izquierda de Dante con su mano, le apretó desesperada, le clavó con fuerza las uñas, pero el chico ni se inmutó, fuera de eso, no oponía más resistencia.

Se separaron después de un largo par de minutos. Ella se creía libre, si le decía que le obedecería, que comería lo que él le pusiera enfrente, quizás no la obligara a sentirse así de nuevo. No alcanzó a articular palabra, cuando de nueva cuenta Dante la agarró del cabello y volvió a darle aquel molesto beso para alimentarla como si fuese un pequeño petirrojo en el nido.

Pero ésta vez fue distinto. Amaterasu le sostuvo el brazo ésta vez, con más rudeza aún, y llegó a morder el labio de Dante cuando se descuidó por sólo dos segundos. Diablos, ella podía sentir la sangre del chico, sintió incluso como un hilillo del líquido carmesí se escapó por la fisura de su propio labio inferior, pero aún así, él se negaba a alejarse. Sólo le sacó un grave y casi insonoro quejido.

Entonces, algo ocurrió. El peliblanco se separó un par de segundos de ella y luego volvió a besarla. Sin embargo, en ese beso no hubo alimento alguno, lo único que Amy sintió fue los labios cálidos y suaves de Dante contra los de ella. Su lengua estaba siendo incitada a moverse al ritmo de la del demonio y ella, simplemente se dejó llevar por el deseo que aquel chico le provocaba. La mano de la diosa subió impulsada al hombro de aquel de mirada violeta, el cual movió suavemente su mano libre deslizándola desde la rodilla hasta el muslo, sintiose bastante bien el tocar es suave e inmaculada piel. Sin embargo, se detuvo de bruces cuando se percató de que la mitad de su mano estaba desapareciendo bajo la falda de blanco kimono. Se separó de ella. Lo único que la unía ahora a esa chica era un hilillo de saliva que compartían de un labio a otro.

Se sentó violentamente en el suelo, y sus ojos se encontraron nuevamente.

Por un lado, unos puros y ciegos ojos color noche, los cuales escondían una profunda tristezay por otro lado, unos ojos color violeta que habían presenciado una y mil desgracias y que aún así se ocultaban tras una máscara de rudeza.

Dante dio un grito al sentir que ella le provocaba aquellos sentimientos de nuevo.

Molesto, salió de "Devil May Cry" dando un portazo. En tanto, una confundida Amaterasu permaneció sentada en el sillón color césped, ésta vez, mirando al vacío.

¿Qué había sucedido? ¿Por qué lo había permitido? ¿Por qué él le causaba todo eso de una forma tan insoportable? Y lo más importante de todo... ¿Por qué le gustaba tanto?