Epílogo

A kaizokou ou16, con todo mi agradecimiento.

"Pero si me dan a elegir

entre todas las vidas, yo escojo…". J.S

La llegada del verano los llamó hacia las costas, como a otros habitantes de Cocoyashi, a pasar el día completo entre baños de sol y agua salada. Buscaron lugar en una especie de islote rocoso, donde se dejaron caer junto a una palmera. Nami arrojó de inmediato bolso y ropa como si le dieran erupción, recogió su cabello en un moño aprestándose a tomar el sol. Luffy se armó de cuanto salvavidas encontrara a la mano, visto que no podía aventurarse a nadar y tampoco quería un golpe de amor. Se preguntó si el pegajoso afecto de Hancock hubiera sido preferible, pero como mismo lograra llegar a Rey de los Piratas, tenía que demostrar la supremacía de ser el único capaz de mantenerla fiel a su lado. En tanto, Nojiko se dejaba rodear por sus hijos, todos gritando a la vez plenos de entusiasmo.

—¡Mi velero! ¡La pelota! ¡El cangrejo inflado!

—Tchhhh. —la peliceleste llevó un dedo a los labios y los miró reprobatoria— Nada de escándalo, ¿qué modales son esos? ¿Cuándo me han oído gritar?

—Papá grita bastante… —musitó el niño.

—Solo cuando lo sacan de quicio. A ver, uno a uno…

—¡La pelota! ¡El cangrejo inflado! ¡Mi velero!

—¡El cangrejo inflado! —en los ojos de Luffy aparecieron estrellas— ¡Yo también lo quiero!

—Que te pongas a la par de los niños, es el colmo. —la navegante lo hizo sentarse de un tirón— ¿Para qué quieres eso?

—Tengo tres salvavidas, pero ninguno con forma de cangrejo.

Por suerte, Ed impuso control a sus hermanas con el primer juego del día.

—¡Una carrera hasta la cruz de los abuelos! —señaló el peñasco— Quien llegue primero...

—Está muy lejos y los quiero a la vista. —atajó Nojiko, antes de que tomaran posición de arrancada.

—¡Si se ve desde aquí! —Rouge pateó la arena— ¡Papá nos dejaría!

—¿Estás replicándome? Te llevo de regreso a la casa.

—¡No quiero volver!

—Oi ¿quién no le hace caso a mamá? —Ace acababa de atracar junto a ellos y Luffy, seguido por los niños, le fue encima de inmediato. Nojiko se incorporó, quedando separada unos pasos de él y aguardó para recibirlo.

—¿Qué me trajiste? ¿Qué trajiste? ¿Qué me trajiste? —los niños repitieron su seguidilla hasta que él les mostró cuán cargados venían los tres bolsos de viaje.

—¡Oee, Ace, qué me trajiste!

—Lo siento, Lu. Te enviaban un pedazo de carne desde Amazon Lily, —sonrió mirando a Nami— pero no va conmigo eso de prestarme de recadero… Eh, ¿me dejas abrazar a No? —el mayor intentó desprenderse de aquella amalgama de brazos y piernas elásticas que apenas lo dejaban mover— El osito de tu salvavidas no es tan agradable como su pecho.

—Papá quiere coger las naranjas temprano… —Rouge sonrió maliciosa, convirtiéndose en el vivo retrato de su padre— ¡Uaayyy!

Ace alzó de un tirón a la pelinegra e intentó ponerle gesto serio.

—¿De quién aprendes esas cosas, de Nami?

—Lo dice mamá… ¡uuayy! —Rouge gritó asustada, como siempre que su padre y Garp la lanzaban hacia el cielo para atraparla otra vez.

—¿A quién doy la palmada educativa, entonces? —observó malévolo a Nojiko, mientras dejaba ir a la niña— ¿O un beso estará mejor?

La peliceleste retrocedió, permitiéndole abandonar la embarcación, y una vez en tierra se aferró a él en el abrazo.

—Espero que no hayas hecho algo realmente malo como para atraer al Gobierno Mundial. —sonrió ella y Ace le correspondió amplio.

—Nada excesivo, solo que algunas despensas marines tendrán que ser repuestas… Como la familia ha aumentado… —apartó el bolso de viaje donde traía las provisiones y dio a Nojiko los dos restantes— Iré hasta la casa a guardar el botín que puede echarse a perder. Si quieres, espera mi vuelta para repartir los regalos.

—¡Yo quiero llevar la comida!

—Ni que estuviera loco. —la mano de Ace se movió a velocidad de un rayo, deteniéndolo— ¡Ahí va también la leche y la carne de mis hijos!

—¡Robarle la comida a los niños es caer bajo hasta para una ladrona como yo!

—Ah, Nami… —Ace hurgó en el bolsillo, sacando una hermosa cadena con medallón— ¿Esto compensa los malos ratos que te ha dado el trío?

—¡Ni hablemos de eso, todo está de maravillas! —en el rostro de la navegante apareció una enorme sonrisa— ¡Rouge es un amor, Anne Belle divina y Ed no puede ser más tranquilo! ¡Adoro esta familia!

—Mientras esperan a papá, ¿qué tal si van a bañarse o a jugar?

—¡Mi velero! ¡Mi velero! ¡Mi velero! —el coro de los trillizos fue perfecto y Nojiko terminó dándoles lo que pedían, mientras contemplaba a Ace perderse tras la línea de árboles caleta.

—¿Trajeron los bajeles que compraste, Luffy? No se despegan de esos juguetes.

—Shishishi… ¿Te parece ahora que fue dinero bien invertido?

—Al menos, los han cuidado… —la navegante observó como las niñas iniciaban una competencia en la orilla, mientras que el chico se entretenía en desarmar el suyo—¡Ese Edward! —gritó molesta— ¡Acaba de romperlo! ¡Es la última vez que gasto dinero en él!

Anne y Rouge se habían acercado a la orilla, para hacer competir sus barcos. Ace, ya de vuelta, observó cómo el chico desarmaba por quinta vez el suyo.

—Oi, Ed. ¿Qué no te cansas de desarmar todos los juguetes?

—No —el niño siguió concentrado en organizar las piezas. Armó parte de la cubierta y se ocupó del resto de los detalles—. Me gusta hacerlo.

—¿Desmontar cosas? —Ace lo miró dudoso, hundiéndose después en el sombrero, mientras se dejaba caer junto a él.

—Hacer barcos. —terminó de colocar el ancla y miró al padre buscando aprobación— Y planos de ellos.

—¿Así que vas a convertirte en un maestro de los astilleros?—Que su hijo definiera tan temprano una vocación, completamente distinta de la lucha generacional por la carrera de pirata o marine, lo tomó de sorpresa— Tendrás que volverte muy fuerte para eso. No te será fácil superar al Sunny y al Oro Jackson.

—¡Haré uno tres veces mejor! —Ed asintió sonriendo y contrajo los incipientes músculos del antebrazo derecho— ¡Por eso no me quejo cuando tengo que entrenar!

—Diablos, sí que me recuerdas a Luffy. —Ace lanzó una carcajada y despeinó al niño con su manaza— Pero hijo mío al fin, no eres un llorón.

—¡Ahhhh, Ace! —le gritó el menor al oído, que acababa de llegar junto a ellos completamente mojado—¡Voy a patearte hasta que pidas misericordia!

—¿Quién va a pedirte nada? —lo miró de soslayo— ¿Acaso dije una mentira?

—¿Eras un llorón, tío Lu? —en el rostro de Ed apareció la sonrisa ladina de su padre.

—¡Ace lo es más que yo!

—Esa es una opinión sin fundamento, hermanito.

—¡Tío, acabas de pisar mi bajel! —gritó Ed, molesto ante el infantil manoteo que armara Luffy con su padre— ¡Le zafaste la proa!

El moreno dejó a un lado el ataque y se inclinó reverente.

—Lo siento, de capitán a capitán. —esperó a que el niño rehiciera el desastre— ¿Vale?

—De acuerdo, tío Lu. —le devolvió la sonrisa, que desapareció apenas sus hermanas llegaron con su característico alboroto— ¿Y ahora qué?

—¡Mi velero ganó la competencia! —la pelinegra alzó el juguete con satisfacción— ¡Ya puedo ir al Nuevo Mundo!

—Y entonces, —Ace la observó divertido— ¿debo llevarte la próxima vez que salga?

—¡Bien! Así no te perderás y mamá estará tranquila. —Rouge se cruzó de brazos, empinándose orgullosa— ¡Seré la Reina de las Navegantes!

—Shishishi, tendrás que competir con Nami y ganarle. —una amplia sonrisa apareció en el rostro de Luffy— ¡Pero si es tu sueño, defiéndelo!

—Sí, la navegante más presumida de todas. —musitó Edward— En eso ganas a tía Nami.

—Pero también quiero modelar ropa y atraer hombres fuertes, tan perfectos como papá.

—Rouge… tengo millones de defectos. —la frase "no he sido nada de bueno desde que nací" se había borrado de su mente— ¡Y ser libre no significa volverte una cualquiera!

—Pues yo llegaré a Almirante, como me prometió abuelo Garp. —dijo Anne, seria— Así nadie más perseguirá a nuestra familia. Entre los dos acabaremos con Mariojea y pondremos nuevas leyes.

—¡Hermana traidora! —le gritó Rouge escandalizada.

—Si se aparta de lo que quiere por dejarse influenciar, —intervino Luffy y los niños lo miraron atentos, como siempre que se ponía serio— entonces sí la consideraré una traidora.

—Abuela Bellemere también fue marine ¡yo quiero seguirle los pasos, pero a mi forma!

—Vaya, el viejo estará feliz contigo, —Ace sonrió irónico— finalmente logró su deseo.

—¿Y tú, papá? —Anne lo miró indecisa— ¿Qué crees?

—Que marine o pirata, llevas mi sangre. —suspiró, ajustándose el sombrero— Quizás logres cambiar lo que nosotros no. Como Shanks, apostaré por la nueva generación… Confío en ti, no importa a quien sigas.

—¿Por qué tenemos tantos abuelos, papá? —Edward lo miró confundido y contó con los dedos— Abuelo Roger, abuelo Garp...

—Ése es bisabuelo, en todo caso.

—Sí, pero igual está abuelo Shirohige, abuelo Genzo...

—¡No importa, si los que están nos dan todos los gustos! —dijo Rouge muy alegre, pensando en lo mucho que la consentían Garp y Genzo— ¡También tenemos muchos tíos, somos una familia grande!

—"Somos una familia grande…" —Ace no pudo evitar acordarse de Shirohige.

Contempló meditativo los juegos de los niños, felices y libres de poder divertirse sin preocupaciones, arrojando agua a Luffy y a Nami. Su conciencia ya estaba tranquila, vivían una niñez como la que él deseara tiempo atrás y cada uno de ellos tenía un sueño que cumplir. Si el destino se lo permitía, estaría siempre que lo necesitaran.

Nojiko abandonó el agua para caminar hasta él y se acomodó a su lado, tiritando de frío. Fue instintivo envolverla en un abrazo, dejando deslizar la mano por aquella piel mojada, a la que se empeñaba en atacar la brisa del verano. El calor la volvió un botón cerrado y quedó entre sus brazos, en una imagen que despertaba todo su orgullo de saberse hombre y por ende, protector.

—Oi, No… —susurró con el rostro perdido entre sus cabellos y el aroma a naranjas— ¿Tienes idea de lo que te extraño cuando estoy en el mar?

—Siempre que regresas, me lo haces saber. —lo miró a los ojos y su sonrisa fue una invitación a medianoche— Por eso, ya es tiempo de que conozca algo más que esta isla.

—No lo creo… — reclamó con un beso su compañía en el futuro viaje— ¿Será por tus cosas inesperadas, que me vuelves tan loco?

—Si te revelo ese misterio, perderás el hechizo.

—¿Me tienes embrujado? Oh, el viejo Garp ya me lo había advertido —rió—. Luffy estará contento de poner proa al mar otra vez, ahora que tiene nakamas nuevos —buscó incorporarse, para luego tenderle la mano—. Entonces… ¿Nos divertimos un poco?

Nojiko le ofreció la suya y su respuesta fue segura, al mirarlo.

—¿Por qué no? Soy la mujer de un pirata, después de todo.