-Muchísimas gracias. -Dijo la chica antes herida sentada cómodamente en el sillón verde mientras acariciaba su muñeca derecha.

-Uhn...-Amaterasu mantenía su distancia recelosa de aquella extraña mujer. Había algo en ella que le daba mala espina, era imposible saber qué clase de alma poseía, no sabía si ella había sido capaz de ocultarla o si ella misma se encontraba demasiado agotada a esas horas de la noche para poder captar algo fuera de lo normal. -¿No quiere que cure sus heridas, señorita?

-No, descuida nena, sólo son rasguños. -Respondió la misma.

-Bueno...Y tú eres...

-Morrigan, a tus servicios, cariño. -Le dijo a Amaterasu cruzándose de piernas.

-Tu voz es muy suave, debes tener un rostro precioso. -Dijo la diosa sentada en el borde del escritorio mientras movía sus piernecitas que en esos momentos se encontraban colgando.

Dante se le acercó a una confundida Morrigan ofreciéndole una taza de té caliente, la peliverde no comprendió el comentario de la más baja.

-Ciega. -Susurró el chico de ojos violetas cuando se inclinó a entregarle la infución a la súcubo.

Ella posó sus ojos en Dante y empezó a beber lentos y delicados sorbos al humeante líquido. Ya estaba dentro del campo enemigo. Tenía clara su misión, la de seducir al hijo de Sparda para, una vez bajo su poder, llevarle de la mano hacia dónde se encontraba su "querido y anhelado" Albert. No le costaría demasiado, no era la primera vez que un demonio caía en sus artimañas, y ésta no sería la excepción, a demás, sería un deleite para ella puesto que el chico no estaba nada de mal. Era un hombre realmente hermoso, podía satisfacer sus necesidades; de todo tipo, por supuesto.

-Ah, eres tan gentil. -Exclamó la chica de ojos color oceáno apoyando su nuca en el respaldo del sillón. -No sé qué hubiese hecho ahí, desvalida y sin ayuda hasta que llegaste en mi auxilio mi noble caballero. -Le sonrió coquetamente, haciendo que el ego de Dante subiera un poco más, éste le respondió con una sonrisa.

-Bueno, qué clase de hombre sería si te dejo sola. -Estuvo a punto de agregar otro comentario pero se detuvo a observar a Amaterasu cerca de él, sin embargo, ella movía las orejas claro gesto de que no comprendía lo que ocurría. -Ehm...¿Cómo fue que tú..?

-¿Oh? -Ella alejó sus labios de la taza para contarle su aventura. -He llegado aquí por obra de los seres oscuros, los "Darkstalkers". Ugh, qué criaturas repugnantes. No querían dejarme en paz y yo sólo soy una pobre muchacha indefensa. Caí en sus garras y corrí lo más lejos que pude, cuando reaccioné, me encontré de bruces con tu...tienda y entré desesperada por ayuda. Creo que eso es todo. -Sonrió cerrando los ojos y volviendo a beber.

Amaterasu escuchó atentamente esas palabras, pero algo no le concordaba. Tenía un ligero cosquilleo dentro que no la dejaba estar quieta y a pesar de la amabilidad con la que Morrigan le trataba, no lograba caerle bien del todo. Pero simplemente se limitaba a escucharla y callar ése molesto sentimiento llamado "desconfianza" sasonado por otro molesto pensamiendo que se le conocía como "mal presentimiento". Sin embargo, a Dante no parecía molestarle en absoluto. Es cierto que le resultaba algo sospechoso que hace unos instantes pareciera como si Morrigan hubiese estado herida de muerte y que ahora se encontrara como si nada, pero había visto de todo en la vida y se quedó con el pensamiento de que la madura joven tenía cicatrización de las rápidas.

-Disculpa, espero no suene del todo abusador lo que quiero consultar. -Morrigan se puso de pie depositando la taza ya vacía a su costado izquierdo. Pero, ¿Podría pasar aquí la noche? Es tarde y temo volver a casa sola. -Se acercó lentamente al chico de ojos violeta y le tomó suavemente por los hombros. -Por favor, te lo ruego, estoy demasiado asustada. -Y diciendo ésto, posó su frente en el pecho del semi-demonio.

-Ah... -Dante se estremeció ante aquel contacto y le acarició el cabello tan claro y hermoso como sus ojos. -P-Por supuesto.

-"Ésta mujer..." -Amaterasu cerró sus ojos y pudo percibir como el aroma de Dante se mezclaba con el de la súcubo. -"¿Qué estarán haciendo en medio de mi oscuridad? Creo que... Será mejor no intervenir...Por un momento pienso que estoy demás." -Pensó Amy. Después de todo, ella había pedido socorro a Dante, no a ella, y se veía más confianza con él. No había lugar en ése momento para ella. La peliblanca no había hecho nada por Morrigan, no merecía crédito.

Y con ésta mentalidad, sonrió debilmente hacia el lugar donde estaban los otros dos demonios.

"Uh, es raro. Por un momento sentí un molesto calor dentro de mí."

/

Dante había acarreado un colchón sobrante con todas sus fuerzas hacia el primer piso, y Morrigan le agradeció nuevamente la cama improvisada. Le agradeció nuevamente y le dio un beso en la mejilla.

-¿Es frío aquí? -Preguntó débilmente la chica, recibiendo una respuesta negativa. -Ah, ya lo pensaba yo. Tengo demasiado calor. -Tras decir ésto, ella se quitó lentamente el pantalón rojo, dejando a la vista una pantaleta de encaje color violeta.

-"Pero qué..." -El peliblanco la observó anonadado.

-Lo siento, pero creo que así dormiré más cómoda. -Fue la única respuesta de ella.

Dante tragó saliva lentamente. Observó esas largas y bien formadas piernas. La piel era tan blanca como el papel y aquella delgada ropa interior lo obligaba a llenar su mente de sucios pensamientos. Una delgada gota de sudor bajó por su sien y su rostro se puso caliente. No sabía por qué esa muchacha le había causado esa repentina atracción física.

Se pasó la mano por su cara y mantuvo un momento sus ojos cerrados, sin embargo, pudo sentir el dulce aroma que despedía Morrigan. Fue para mucho peor, ya que eso le tentó más aún a seguirla observando. Cuando abrió sus ojos, notó que sigilosamente la sensual muchacha se le había acercado quedando a dos pasos de él. Ella le tocó la cara con su mano izquierda.

-¿Te sientes mal, cariño? -Le preguntó Morrigan cerca de su caliente rostro.

Había algo que lo impulsaba a dejarse tocar, no podía evitarlo. Era algo mucho más fuerte que él en esos momentos. En su mente se había borrado todo pensamiento, sólo la miraba a ella, sólo existía en esos momentos la misteriosa y agraciada Morrigan para él, lo olvidó todo en esos instantes, incluyendo a Amaterasu que yacía dormida en el piso superior.

-Oye...-Dante la miró a los ojos, no pudo evitar sonreír al notar el deseo en el rostro femenino. -¿Qué es lo que pretendes? ¿A dónde quedó la timida chica de antes? -El chico se sentía maravillado, deseado, caliente, confundido. No podía entender el por qué, pero en esos instantes anhelaba a la peliverde.

-No lo sé, tú dime. -Morrigan se había desabatonado los tres primeros botones de la blusa blanca, dejando a la vista un escote y unos pechos redondos, grandes y perfectos. -Estoy asustada, ¿Por qué no me cuidas ésta noche? -La mujer juntó su frente con la del peliblanco y se relamió golosa. ¿Qué más podía desear? Tendría su recompensa por su traición por adelantado y con un sensual demonio que había caído en su trampa. Eso hacían las sucubos después de todo; seducir y destruir. ¿O no? -¿Te gusta lo que ves? -Pregunto seductoramente desabotonándose otro botón y corriendo un poco la blusa, dejando a la vista uno de sus rosados pezones anhelantes de atención.

-No podría darte una respuesta más obvia. -Impulsado por ése inesperado deseo, sin comprender el por qué su cuerpo y su mente de la nada comenzaban a vivir para ella, le dio un suave mordisco en el cuello sacándole un gemido.

-Tu amiga... -Pronunció la chica con los ojos cerrados. -¿No despertará?

-¿Quién..? -Dante levantó sus ojos color gemas y ella pudo notar que habían perdido su brillo, carecían de control y sentido, únicamente era visible la lujuria en ellos.

-Excelente. -Susurró Morrigan tomando lentamente el rostro de Dante y le dio un beso introduciendo su lengua en un lento compás.

Lo tenía justo dónde quería.

/

-Sólo escucho susurros. -Dijo una Felicia caminando por la ciudad cubierta por una capa oscura para que las demás personas en ese sitio no notaran la "anormalidad" en su cuerpo.

-¿Nada más? -Preguntó Vergil caminando a su lado, ambos perdiéndose entre la multitud de gente. Para los demás sólo eran otros humanos normales, parte del gentío que se movía inagotable aún aquellas horas de la noche.

-Creo hay una feria por aquí cerca, huelo a comida. Mucha comida. -Pronunció la muchachita de cabellos celestes.

Ambos caminaron para dar su siguiente golpe. Aunque sería "ambos" entre comillas, puesto que Felicia no sería partícipe del atentado que estaba por ocurrir; había intentado convencer al demonio por todos los medios de que no hiciera semejante atrocidad, pero lo único que obtuvo por respuesta fue una gélida mirada. Era una negativa rotunda.

El hombre del abrigo azul lo había planeado desde hace días una vez llegaron a las afueras del sitio urbano. Aquel detestable lugar dónde había tenido su bonia reunión familiar con su querido hermanito. Si era verdad que Dante aún vivía ahi, pretendía ajustar cuentas de una vez. Con o sin ayuda de la gata a su lado, mientras le ayudara con la ubicación exacta de su presa le bastaba y sobraba.

¿Cómo podría torturarle? Se le ocurrían una y mil cosas divertidas, divertidas para él, claro está. Sería gracioso que ésta vez fuera Dante el que pereciera y desapareciera por siempre en sus manos, volviendo al infierno donde debería estar. Consideraba que su hermano era aún más digno que él de visitar dicho sitio mucho antes de tener él tal "honor".

-No puedo sentir nada. -Felicia le sacó de sus pensamientos. -Hay mucha gente, demasiados olores y los parlantes hacen interferencia en el sonido. -Ella estaba agotada de tanto caminar y de tanto tener que abusar de sus sentidos para hacerlo feliz.

-Esfuérzate. -Fue todo lo que Vergil le dijo.

Dieron a parar a un escenario que, por lo visto, dejaba en claro la celebración de la inauguración de un centro médico infantil. El anterior había sido destruído por motivos desconocidos, un incencio o algo así era lo que susurraban las personas en el público, pero nadie lo sabía con certeza. Vergil le hizo una seña a Felicia para que continuara su camino, pero ella no le hizo caso, se distrajo observando al hombre que había subido al palco en esos instantes; era un personaje ya mayor que ella, pero muy atractivo, usaba un fino bigote, penetrantes ojos negros y un peinado y cuidado cabello del mismo color.

-Señor Anthony Stark, ¿Qué se siente ayudar en ésta noble causa? -Preguntó un diminuto viejecito sudoroso de traje café que miraba al mencionado con admiración y brillo en su mirar. -Gracias a usted los niños enfermos podrán tener una segunda oportunidad en la vida, ésto debe ser emocionante para usted.

-En efecto, mi querido señor alcalde. -Contestó Tony con un vozarrón prepotente pero exquisito. -Es un honor para mi poder aportar a la sociedad un pequeño granito de arena. Me llena con una indescriptible alegría que es dificil explicar con palabras. Simplemente me queda desearles a todos buena suerte y decirles a esos hermosos querubines que nunca dejen de luchar en la vida; que nunca se den porvencido, el fracaso no es opción. Ustedes son los arquitectos de sus propias vidad, si la vida les ofrece una oportunidad para mejorar su destino, no lo duden y acepten esa oportunidad con los brazos abiertos. -Comunicó sus pensamientos a una atenta multitud que estalló en aplausos y vitoreos para Stark. Él sonrió satisfecho, le entregó un ramo de rosas a una niña pequeña que, con ayuda, subió en silla de ruedas a obsequiarle un presente y un abrazo. -Ahora, vino y baile para todos. -Nuevamente la gente aplaudió y gritó su nombre con alegría.

A lo lejos, una admirada Felicia observaba la escena y talló sus ojos que habían estado al borde de dejar caer unas lágrimas.

"Hay esperanzas para hacer de éste un mundo mejor."

-Basura. -Dijo Vergil asqueado.

-¡Vergil! -Felicia lo recriminó por el comentario, había sido sólo una palabra pero ella sabía que escondía más de un significado.

Observaron un poco más mientras la gente se ponía a celebrar un nuevo comienzo para los más desafortunados. Felicia, curiosa como ella sola, no pudo evitar acercarse a la multitud para admirar mejor la alegre escena. Vergil simplemente la miró alejarse, sólo cerró sus ojos con molestia ante la incansable actitud de la chica de inclinarse al lado de los humanos.

Ella estaba contenta, hace tiempo no se veia rodeada de tanta dicha. La música la envolvía y ella comenzó a bailar por su cuenta. Las notas se metieron en su piel y dejaba guiar sus extremidades a cada ritmo que ella escuchaba. La gente se volvió a verla bailar y comenzaron a aplaudirle aquellos que estaban más cerca. La misteriosa chica de capa negra bailaba de una forma tan grácil, coordinada y coqueta que había comenzado a acaparar la atención y se encontraba siendo una bella atracción para aquellos del sexo opuesto, siendo opacada levemente por unas celosas miradas femeninas.

Vergil la observó de lejos mientras entregaba aquel espectáculo. Lo que comenzó en él como un sentimiento de vergüenza ajena, menguó hacia un sentimiento de interés de su parte. La manera en que ella movía su cuerpo y la dulce voz que oía desde sus labios al cantar las diversas canciones inevitablemente lo obligaron a prestarle atención especial a su pequeña acompañante. Ella le había sorprendido ésta vez, y mucho. Nunca había visto tal espíritu.

Pero de pronto, la voz de Felicia se detuvo en seco cuando una mano masculina tocó suave pero firmemente su hombro derecho, ella se volteó sin entender y se vio cara a cara, -o mejor dicho, pecho con cara debido a su pequeña estatura- con el mismísimo Tony Stark que la miraba sonriendo de medio lado.

-No pude evitar percatarme señorita, de que usted posee una gracia sinigual. -Y diciendo ésto, le hizo un gesto a los músicos que él mismo había contratado para la ocasión y les hizo cambiar el tono de las festivas melodías a unos compases más lentos. -¿Me haría el honor de bailar junto a mi la siguiente pieza?