-No pude evitar percatarme señorita, de que usted posee una gracia sinigual. -Y diciendo ésto, le hizo un gesto a los músicos que él mismo había contratado para la ocasión y les hizo cambiar el tono de las festivas melodías a unos compases más lentos. -¿Me haría el honor de bailar junto a mi la siguiente pieza? Me ofendería el que una dama tan maravillosa como usted me rechazara.
-Y-Yo...-Felicia se había sonrojado por el repentino cumplido, y antes de poder responder, ya se encontraba entre los brazos del pelinegro.
-Oh, no. Una hermosa princesa como tú no puede andar por ahí usando esas ropas. -Dijo Tony al sentir el áspero tacto del abrigo.
-¡N-No! -Felicia sujetó fuerte la capa contra su cuerpo. -E-Es que tengo mucho frío, y-y no se atreva a ofrecerme su abrigo, no puedo aceptarlo. -La chica movió su cabecita a todos lados haciendo el movimiento de negación. Stark simplemente le sonrió.
-Ni modo, nunca he podido negarme a una chica tan bonita. -Y diciendo ésto atrajo a una sonrojada gatita hacia su cuerpo; la tomó delicadamente de la cintura con una mano y con la otra sostuvo la mano cubierta con un fino guante largo. Después de una nueva indicación hacia los músicos, comenzó a danzar con ella bajo la luz de los faroles que habían adornado el lugar. Las personas le hicieron un espacio especialmente dedicado a ellos dos y los miraban encandilados.
Anthony la guiaba con gracia y delicadeza al compás de la lenta y agradable melodía que resonaba en el sitio. Ella estaba contenta, muy contenta, la estaba pasando de maravilla y sonreía cada vez que el multimillonario la miraba a los ojos.
Vergil observaba aquel espectáculo a lo lejos, alzando una ceja. Esa escena había capturado su atención de una manera peculiar, no sentía nada agradable admirando aquello. Más bien, en cierta forma le repugnaba, pero por motivos desconocidos no podía evitarlo, y cada segundo, aquella rabia interior crecía más y más. Cerró sus ojos molesto, y arregló un poco sus cabellos blancos.
"Bah, ésto no tendría que importarme en lo absoluto"
Los aplausos estallaron una vez más una vez la canción llegó a su fin. Stark agradeció al público saludando con la mano, mientras Felicia lanzaba besos con una sonrisa enorme en su cara.
-Oye preciosa. -Le susurró el más alto al oído. -¿Quisieras ir a otro lugar más cómodo? -Le tomó la mano, pero la chica de ojos azules dudó de aquella petición y miraba inquieta el lugar donde se encontraba Vergil escondido.
-N-No debo...-Felicia intentó zafarse del suave agarre, pero Tony le insistió sin dejar de sonreír. -D-De verdad, yo prefiero que no, lo siento. -Ella se había dado la media vuelta con la intención de echarse a correr, pero antes de que eso ocurriera, el mayor en un intento de detenerla la sujetó por la parte de atrás del abrigo, haciendo que el mismo cayera al suelo.
Felicia había quedado al descubierto, con sus orejas y cola alerta, observó en todas direcciones notando que la cara de la gente se desfiguraba en muecas de terror.
-Pero...¿Qué eres tú? -Preguntó Stark sorprendido, pero aún así, era el único en todo el gentío que no estaba asustado.
-¡Demonio! -Gritó una mujer a lo lejos, y acto seguido, la gente comenzó a correr en todas direcciones chocando los unos con los otros y atropeyándose para evitar acercarse a aquella cosa en forma de mujer.
-¡No! ¡Se equivocan! -Gritó la gata, pero nadie la escuchaba, excepto el hombre que hace poco había bailado con ella, fuertemente, éste la sujetó por el hombro.
-Descuida, no te haré daño. -Le dijo Stark sin perder la calma. -Discúlpalos, son buenas personas pero le temen a lo desconocido, en ésta ciudad se han visto tantas masacres que lograron hacerlos tan sensibles como un gato asustadizo. -Luego, la miró directamente a la cara. -Pero es imperativo que me digas quién y qué eres...¿Eres una mutante acaso? -Le preguntó a la confundida muchacha. -Si es así conozco personas que te pueden ayudar, pero debes confiar en m...
-¡Muere mounstro! -Gritó desde atrás un hombre con los ojos desorbitados, corriendo hacia Felicia con una silla de fierro en mano dispuesto a acestarle a la chica un golpe certero y mortal en la cabeza, pero antes de que eso ocurriera, se vio una sombra oscura atravesas al lugar seguido del ruido de una hoja afilada al moverse. Acto seguido, el hombre cayó partido en dos al suelo, sólo podía admirarse el torso unido por las entrañas a las piernas del infeliz rodeados por un charco de espesa sangre.
-Lo siento, llegué tarde a la fiesta. -Dijo un Vergil moviendo a Muramasa en el aire, provocando que los gritos se oyeran aún con más estruendo. -¿Y tu "amigo"?
-Está conmigo. -Felicia se dio la vuelta pero se halló sola entre todo ese mar de gente. -¿Nya? Pero si estaba aquí hace un minuto.
-Da igual. -Dijo un Vergil aliviado al ver que ese molesto hombre había desaparecido. Cerró sus ojos y comenzó a concentrarse en los desgarradores gritos de las personas que estaban al rededor, sonrió malignamente y desapareció en la muchedumbre.
-¡Vergil! -Felicia, temiendo lo peor, corrió en la misma dirección que el demonio, pero lo único que recibió fue una enorme salpicadura de sangre en su rostro.
-Qué débiles. -El peliblanco le había quitado la vida a cinco personas con un solo movimiento de su katana, levantó su cara y vio a una Felicia cubierta de sangre de sus víctimas.
Ella había entrado en shock y se dejó caer de rodillas al suelo. No podía creer lo que había visto. Siempre presenció como Vergil le quitaba la vida a demonios o a los darkstalkers que vagaban a sus anchas por ese mundo, pero nunca desde que había comenzado a compartir el camino del muchacho, lo había visto degollar a personas inocentes; personas que tenían familias, que amaban, que nada tenían que ver con la maldad. Sus ojos color zafiro se llenaron de lágrimas y su cuerpo comenzó a temblar completamente, no apartaba su mirada de la de Vergil.
-¿No te gusta? -Dijo éste último acercándose al lugar donde estaba la chica y se agachó hasta quedar a su altura. -Pues, empieza a acostumbrarte. -Masculló cerca del rostro de ella con una mirada y con una cara carentes de expresión alguna.
-¡Aléjate de mí! ¡Mounstro! -Gritó Felicia asustada, y con un rápido movimiento de su garra, le dejó al demonio una enorme marca de rasguño en su cara.
Ella lo miró perpleja y luego observó su propia pata, no podía creer lo que había hecho, nunca fue su intención herirlo. Dolida, trato de acercarse al herido cuyo rostro se había llenado de sangre a causa de los dolorosas marcas, pero él la miró con un desprecio aterrador.
-Tú, maldita...¡¿Cómo te atreves?! -Vergil había alzado su mano para golpear a la chica en el rostro, pero el contacto de un frío metal en su muñeca lo detuvo, estaba siendo sujetado por un hombre de extraña armadura roja y amarilla.
-Esa no es forma de tratar a una dama. -Dijo éste último. -No puedo soportar ver tal injusticia, no tendrás más opción que enfrentarte al invencible Ironman.
-Pfff... -Vergil se soltó del agarre y dio un salto hacia atrás tomando distancia, cabreado. -No tengo tiempo para alguien tan endeble como tú, ni siquiera necesito mi espada, tendía que acabar contigo usando un abrelatas.
-Me he cansado de los chistes de latas intentando desmerecer mi armadura, tu chiste está más que desgastado. Ahora tengo otro motivo para patearte el trasero. -Dijo Ironman elevándose en el aire.
-Atrévete. -El menor tomó su katana con ambas manos y dio un salto en dirección a Stark.
Moviéndose velozmente, el hombre de cabello negro pudo esquivar aquel sorpresivo movimiento, el muchacho era tan rápido que a penas si pudo reaccionar. Supo que ésa no sería una pelea fácil, pero no estaba dispuesto a cederle la victoria. Usó los láser en sus manos apuntándolo directamente al rostro, pero el joven de negros ojos aparecía y desaparecía como por arte de magia. Intentó usando un detector de calor para ubicar exactamente la posición del chico, pero era muy difícil poder asestarle un golpe directo, dispararle tampoco funcionaba. Era prácticamente imposible el rozarle siquiera.
Flotó rodeando a Vergil y silenciosamente se le acercó por detrás golpeando su espalda con una patada que lo mandó a unos cuántos metros de donde él se encontraba, pero estaba comenzando a cansarse, y eso que a penas le había dado un golpe. Fuese quién fuese, aquel muchacho de cabello blanco no era normal, no era humano, no era nada que él hubiese visto antes. Sudando un poco, tomó una viga que se asomaba entre uno de los edificios ya rotos y se lo lanzó con exagerada fuerza, logrando atravesar al desatento demonio por el estómago, dejándolo incrustado en forma diagonal apuntando al suelo.
-¡NO! -Gritó Felicia. -¡Le mató! ¡Le mató! -Ella corrió hacia la ubicación del demonio, pero, para sorpresa tanto para ella como la de Ironman, Vergil empezó a deslizarse por la viga lentamente y con mucho esfuerzo. Un hilillo de sangre bajaba por su labio inferior y terminó de salir completamente con una inaguantable mueca de dolor.
-¡Imposible! -Gritó el de la armadura roja, sus ojos no daban precio a lo que veía.
-V-Vergil...-Felicia lo observó desde lejos con sus ojos llenos de lágrimas.
Vergil había recogido a Muramasa que había caído a pocos centímetros de él y se irguió luego, completamente para dejar ver como con una rapidez inhumana su enorme herida se iba cerrando grotescamente, cubriendo la misma con tejido rojizo y luego con su piel clara.
-¿Te atreves a desafiar al hijo de Sparda? -Después de decir ésto, levantó sus ojos mirando a Tony con odio e invocó el torbellino de espadas a su alrededor, sólo se podía admirar el brillo azul que despedía de su cuerpo y embistó con fuerza contra Ironman, clavando sus preciadas armas una a una atravesando la armadura del hombre mayor y que de cuyos horificios salían borbotones de sangre. Remató finalmente con un golpe directo hacia el rostro y dejó al hombre de hierro incrustado en el asfalto, el cual dio un feroz grito antes de quedar inconsciente.
La gata corrió en dirección al herido y acarició el rostro metálico que cubría la verdadera identidad del héroe de rojo, a pesar de que había apoyado a Vergil, miró al mayor con dolor y le dio las gracias por la ayuda en un susurro. Después, se levantó del suelo y miró con temor a Vergil. Él observaba al horizonte en la dirección en la cual había planeado ir en primer lugar. Ella se sintió pésimo, se sentía responsable de toda esa horrenda masacre; las personas habían huído y sólo quedaban ellos tres en el lugar, y en ése desolador escenario, ella lloró en silencio nuevamente. Por su culpa habían muerto personas que a nadie habían hecho daño y personas inocentes estaban heridos. Si no hubiese ido ahí en primer lugar...
Vergil comenzó a caminar sin esperarla si quiera; ella había dudado de seguirlo, el miedo volvió a ella, recordó la escena en la que el peliblanco degollaba a esas pobres personas y la mirada que le dirigió cuando ella lo hirió. Sin olvidar que a demás le había hecho perder su "tiempo valioso".
-¿No vienes? -La grave voz del muchacho la hizo voltear con sorpresa.
-Yo...-Ella corrió hasta a él y lo miró directamente a los ojos. -Disculpa por...
-No hablemos de eso. -El chico siguió caminando y la muchacha continuó detrás de él.
"Debo ser una tonta, no debería estar con él...Pero...¿Por qué sigo aquí? No me gusta sufrir, lo odio. Odio sufrir, sin embargo... No puedo evitarlo, le debo mi vida, es todo lo que tengo y gracias a él sigo aquí. No descansaré hasta sentir que mi deuda está ya saldada"
Se detuvieron en una casa abandonada, era un edificio ya derruido que era ocupado frecuentemente por vagabundos que iban ahí a emborracharse y/o a drogarse. Esa noche, sin embargo, no había nadie.
Producto del abandono, había una maleza tan alta que llegaba hasta sus cinturas y debieron subir por unas desgastadas escaleras hasta el segundo piso polvoriento, donde Felicia juntó unos trozos algo grandes de tela en un rincón y se acurrucó para descansar. Vergil se quedó mirando por una ventana de vidrio trizado, a lo lejos.
Ella rompió el silencio.
-De verdad...No fue mi intención herirte, sentí miedo. Es todo. -Sus ojos azules se nublaron por un momento, sintió entonces un calor cerca de ella, y exaltada vio que el peliblanco se había agachado hasta su altura para mirarla a los ojos, pero ella no pudo evitar fijarse en el prominente rasguño.
-Que no vuelva a ocurrir. -Dijo Vergil secamente, la chica asintió con la cabeza.
Maldición, nuevamente "aquello" estaba despertando dentro de él, al ver el rostro de la fémina, recordó la escena en que se encontraba en los brazos de aquel excéntrico hombre, bailando como si fuesen uno sólo. Se llenó de una "injustificada" rabia momentánea que creyó era causada por el cansancio y por la pérdida de tiempo con el hombre de ojalata. Para olvidar ese molesto momento, su cuerpo le reclamaba tomar nuevamente a la gata para sentirla suya otra vez, no quería que alguien más la tocara, era suya, era aquella que le servía, era sólo su hembra.
Él la abrazó por la cintura y la elevó hasta sentarla en sus piernas, donde su miembro comenzaba a reaccionar por el repentino roce de ambas entrepiernas. Comenzó a morder el cuello y luego bajó hasta los pechos de la muchacha lamiendo el recorrido en el proceso.
Felicia simplemente cerró sus ojos y se dejó tocar por Vergil. Ya estaba resignada a recibir lo que vendría a continuación...
