Morrigan sujetó su rostro y jugó moviendo sus manos por el torso de un atontado Dante. Pasó sus dedos por los marcados y sensuales pectorales y luego tomó una de las manos del muchacho entre las suyas. Metió los dedos en su boca y los lamió seductoramente, mirándolo a los ojos para incitarlo; ella se acercó un poco más y sonrió al sentir que la entrepierna del chico estaba cobrando vida de a poco. La misma mano que hubo tomado la posó sobre su seno izquierdo.
-Acaríciame...-Le susurró ella, sonriendo y muy cerca de sus labios. -No seas tímido.
"Maldita sea, no puedo...Mi cuerpo no responde"
-¿Qué ocurre, querido? -Ella le tomó el rostro con ambas manos.
-...B-Basta...-Dijo Dante torpemente. De pronto, el antes atractivo perfume natural que ella emanaba le resultaba asquerosamente familiar, ya había sentido antes un hedor como ése. Ya lo sabía, cosas como ella estaban por todas partes; ¡Estaba en presencia de una maldita sucubo!
-¿Uh? No te ves bien. -Morrigan se acercó para intentar darle otro beso, pero entonces sintió un fuerte golpe en el estómago que le envió derecho al sillón verde. Miró al peliblanco con sorpresa y molesta le preguntó qué le ocurría. Intentó incorporarse, pero era tarde, el hijo de Sparda se habia acercado a ella y le apuntaba en la sien con Ivony.
-Bien, nena. Empieza a hablar...
-Yo no sé de qué hablas. -Dijo la chica tratando de parecer confundida.
-Casi caí en tus garras, pero en el mundo con el que estoy condenado a convivir debido a mi sangre he aprendido a identificar a cosas tan repugnantes como tú. Cosas que nos engañan con dulces palabras, nos seducen con su silueta de sirena y nos emboban con sus hermosas voces, pero en el fondo, están más que podridas, ¿O me equivoco, sucubo...? -Diciendo ésto, posó el dedo sobre el gatillo y le sonrió con malicia.
Morrigan le devolvió la sonrisa.
-Uf, cierto, por un momento creí que te tenía... -Y tras decir ésto, una ráfaga de viento sacudió el lugar, logró apartar de ella a Dante, y cuando éste levantó la vista, vio flotando sobre él a la mujer en su verdadera forma, ella se reía burlona agitando sus alas de murciélago. Le guiño el ojo y le dijo. -Es una pena, nos hubiésemos divertido tanto.
-Lo siento, pero yo cazo demonios, no me dedico a realizar eventos. -Entonces, le dio un disparo directo a la cabeza, pero ella lo esquivó con sorprendente velocidad. -Ju, eres buena, realmente buena.
-Muchos me lo han dicho. -Morrigan lo abrazó por detrás y lo levantó por la cintura para luego azotarlo contra una de las murallas.
Sorprendido, se separó del duro objeto y la miró con odio limpiándose un poco el sudor, cuando se percató ella la estaba desvaneciéndose entre un resplandor color violeta.
-Ten cuidado caza-demonios, ésta vez, el cazado serás tú. Recuerda éste nombre; Albert Wesker. Y ten mucho cuidado lindura. -Y antes de desvanecerse completamente le guiñó un ojo y le lanzó un beso.
-Tsk..Mujeres. -Dante caminó con pereza hacia las escaleras, como si nada hubiese pasado, mientras pasaba su mano derecha por su hermoso cabello.
¿Y quién se creía que era? ¿Albert Wesker? ¿Qué clase de nombre era ése? ¿Él, cazado? Eso le causó risa, no había nacido quién pudiese detenerlo y dudaba mucho que a esas alturas de la vida un hombrecito con complejo de chico malo pudiese pararle ahora. No pensó más en el asunto y caminó con tranquilidad hasta la habitación donde Amaterasu estaba durmiendo. Y en efecto, ella estaba plácidamente dormida, entregada por completo a los brazos de Morfeo mientras movía la colita afelpada.
"Ella...¿No se enteró de nada?"
A Dante le había bajado una gotita de sudor por la sien, pero luego sonrió mientras la miraba, era mejor así. Lo que había ocurrido en el primer piso ahora quedaba como un mal recuerdo. Se sentó al lado de la pequeña durmiente y jugó con uno de sus mechones de pelo, entonces, una pequeña manita sujetó la suya.
-Ugu...-Masculló Amy entre sueños, sujetando fuertemente la mano masculina.
-Pequeña...-Sonrió el peliblanco sin dejar de mirarla absorto por tanta belleza.
Si, era todo demasiado distinto, ahora podía corroborarlo. Un beso no tenía valor si era dado a alguien por el que no sientes absolutamente nada. Era extraño, cuando la sucubo hubo besado sus labios, él no sintió nada agradable. De hecho, habia sentido asco y la hubiese separado antes de que eso ocurriera de haber estado más atento a sus tácticas naturales de seducción. En cambio, el sólo hecho de pensar en rozar siquiera los labios de la diosa del sol le causaba esa hermosa sensación de una agradable embriaguez de bienestar que le hacía olvidar todo, si había algo que anhelaba ahora con pasión, era el poder probar el sabor de la boca de la muchacha de blanco cabello.
Se acostó al lado de Amy y la movió con suavidad para atraerla a él. Ella le devolvió el abrazo aún en sueños, sintió la calidez del contacto del muchacho seguramente y se acercó a él para que le convidara un poco de su calor y dormir más a gusto. Entonces, ella abrió un poco los ojos y le llamó por su nombre. El demonio acarició una de las orejas y la invitó a continuar su sueño.
"Perdóname, Amy...No volverá a ocurrir..."
Pensó recordando el desagradable acontecimiento, sintió náuseas con sólo imaginaro de nuevo. Y abrazó a la más pequeña para cubrirse de su dulce escencia y así desprenderse del desagradable hedor de la sucubo de su cuerpo.
"Si, definitivamente no dejaré que vuelva a ocurrir"
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-O sea, que me fallaste. -Dijo Wesker, alzando una ceja con sus manos cruzadas tras su espalda, paseándose de un lado a otro delante de Morrigan que yacía parada a pocos pasos de él.
-No te me enojes. -Le contestó ella flotando nuevamente por sobre la cabeza del rubio. -Tú mismo lo dijiste, es demasiado poderoso, ni siquiera una pobre muchachita como yo podría con él. -Dijo acercándose a Albert y abrazándole suavemente por el cuello desde atrás.
-Descuida...Ya está casi todo listo, mucho me temo que deberé hacerlo por mi cuenta. -Wesker se alejó de la peliverde dando unos pasos para sumergirse en un computador que contenía información sobre nuestro ya renombrado caza-demonios.
No era el único descendiente del demonio Sparda, podría quizás hacerse con su hermano gemelo. Pero aún así reconocía que con ambos era una tarea complicada, si quería volver a recuperar el poder que se había debilitado con el paso de los meses debería hacer unos pequeños sacrificios como el tener que ensuciarse sus manos, o el tener que sacrificar a una parte importante de su plan en su siguiente movimiento.
-¿En qué piensas, cariño? -Le invocó Morrigan sentada de piernas cruzadas en la mesa de metal, observándolo con interés.
-Nada. -El hombre se le acercó de apoco y de un movimiento la empujó del pecho para dejarla acostada cuán larga era en el lugar, luego se posesionó sobre ella. -Lo siento, querida. ¿La pasaste mal con ese crío?
-Fue divertido, aunque él no supo satisfacer mis necesidades. -Sonrió la muchacha una vez se recobró del pequeño susto que le ocasionó ese "ataque" repentino.
-¿Podría yo cumplir ése deseo? -Wesker desabotonó su camisa mientras corría una de las piernas de la sucubo. Obtuvo una suave mordedura en el cuello como respuesta y dejó que ella abrazara su torso por debajo de la oscura camisa.
"Mi pobre y querida Morrigan, piensas que eres mi adorada reina, pero la triste realidad, es que eres sólo uno más de mis peones..."
Pensó Albert mientras sujetaba a Morrigan por el cuello en tanto pasaba su lengua por una de sus mejillas. Al poco rato, podían oírse gemidos femeninos resonando suavemente en el oculto laboratorio.
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Una sombra atravesó la oscuridad de la noche. A los ojos de cualquiera era totalmente invisible, sólo algunos pocos dignos de su presencia se percatarían de que él estaba pasando por ahí.
Habían pasado largos años, pero aún así él seguía siendo el mismo. Nada había cambiado, ningún ápice de su maldad y poder habían disminuido, simplemente se habían mantenido apagados durante un buen tiempo. Despertó sediento de sangre, y fue la sangre lo que sació su necesidad. Le encantaba de sobremanera el recordar que por sus puños había pasado la sangre de gente inocente, y recordaba con desbordante malicia los rostros de dolor que sus víctimas mostraban cuando ya su muerte era algo inevitable para ellas.
Y recordó a esa persona, si, esa persona aquella que le dio cara sin miedo alguno, que a pesar de estar igualados en poder nunca se echó atrás y que sacrificaba su vida propia por las patéticas almas que él iba apagando a medida que realizaba un movimiento. El amor, la amistad, el compañerismo ¡Bah! ¡Qué sentimientos tan burdos y falsos! Esos conceptos tan triviales no servían si se quería triunfar en la vida. Él no acarreaba ningún sentimiento con él en su corazón, por eso estaba donde estaba, en lo más alto de la cumbre del éxito aunque muchos le odiaran por eso. Y era por ello que había sobrevivido tantas veces, esa persona, en cambio...
"Por un momento creí que había perecido entre mis manos en su inútil intento de salvar vidas"
Aún así, esa persona era perfecta, si tan solo hubiese podido fusionarse con ese ser en esa ocasión...Pero entonces ya había sido arrebatada por unos hombres de acero y llevada inconciente en un raro "pájaro de metal" muy lejos de dónde él estaba, aunque no le tomó mucho tiempo el encontrar su ubicación. ¿Pero cómo podría llegar hasta ella y absorver su cuerpo y alma sin tener que perder valioso tiempo en ello? Fácil, oyó rumores de que un joven de boca floja estaba dispuesto a servirte por una buena suma de dinero y por el placer que le producía el enviar demonios a donde pertenecían. Fue información valiosa para él.
Y ahora iba camino a cobrar lo que le pertenecía. Había tenido un retrasos por culpa de unos inútiles que osaron desafiarle en batalla en el vano intento por acabar con su vida y su reinado del mal. Pero eso ahora ya daba igual, lo único que debía hacer ahora...Era ir a por la diosa del sol.
