-Delicioso. -Dijo una sonriente Amy mientras bebía una taza de capuccino que el mismo Dante había preparado para ella.

-¿Nunca lo habías probado? -Preguntó el peliblanco ordenando unos papeles sobre el escritorio, observándola mientras yacía sentada del otro lado en una silla con ambas manitas envolviendo el tazón rojo. Ella negó con la cabeza a la pregunta.

Dante la miró serio y después bajó la mirada, posteriormente, miró hacia la puerta principal de "Devil May Cry". Ése día en especial no era como los anteriores, le resultaba demasiado desagradable y pareciese que el aire estuviese demasiado cargado, pero no había rastro de demonios alrededor de ellos. Como siempre, los malignos brillaban por su ausencia, y eso era curioso puesto que en esos instantes se sentía como desagradado. Ni siquiera la compañía de la loba lo calmaba.

Sentía algo extraño en su corazón, era una congoja que no le dejaba estar tranquilo. Era como si algo en su interior le pesara y le revolviera el estómago hasta el punto de sentir náuseas. Sus manos tiritaban y se sentía algo torpe, pero evitaba seguir pensando en eso; él estaba con Amy, nada podía salir mal, a demás, si llegase a venir "aquel" usuario a reclamarla tenía muy claro que le daría una rotunda negativa, podía meterse el dinero en el...

-Dante...-El tazón estalló en el suelo, esparciéndose sus trozos en el suelo de madera y derramando lo que quedaba de contenido sobre el mismo, el cual desaparecía en hilillos entre las hendiduras. Sus manos y piernas estaban moviéndose temblorosamente y volteó su mirada hacia la puerta.

Dante se colocó de pie y sacó a su querida Rebellion caminando hacia la puerta de la oficina.

-Lo sé, yo también lo sentí. -Sonrió. -Creo que tendremos acción ésta noche, lindura.

Llegó hasta ese lugar una ventolera que abrió la puerta de par en par y entraron unos escombros junto con ella, el cielo estaba oscuro y se oyó el rugido de un trueno, cuyo rayo anterior había iluminado toda la estancia, dejando ver una silueta en el umbral una vez el fuerte haz de luz hubo desaparecido. Estaba parado un hombre robusto cubierto por una capa tan negra como las penumbras de la noche; sólo se podía ver su mentón y parte de su boca que sobresalía de entre las ropas.

-Dante. -Resonó el vozarrón en el lugar, el misterioso hombre dio pasos pesados hasta él. De la manga dejó ver su mano y tiró al suelo una bolsa llena de billetes. -Gracias por el favor concedido, ahora entrégamela. -Apuntó a Amaterasu con el dedo, la cual se había puesto de pie, totalmente atenta a lo que ocurría.

El peliblanco la miró y luego se volvió hacia el misterioso fulano.

-Yo creo que no. -Dijo Dante con toda la tanquilidad del mundo.

-¿Disculpa?

-Lo siento, de verdad no es mi estilo rechazar una oferta como ésta. -Tómo la bolsa y la lanzó lejos. -Pero tampoco es mi estilo prestar mis servicios a alguien como tú. -Lo miró de reojo. -Tú no eres un usuario común, ¿Verdad? Eres demasiado especial, pero no en el buen sentido de la palabra. De hecho me das algo de asco, el sólo hecho de tenerte en éste lugar me provoca escalofríos. A mí no puedes engañarme y a ella tampoco. -Enterró furioso a Rebellion en el suelo. -Muestra tu verdadera identidad, asqueroso aliado del maligno que yace en el inframundo.

-Ku...-Rió con malicia. -Realmente te subestimé, pequeñajo. -¡Gohadouken!

-¡Dante! -Amaterasu envolvió al muchacho en un débil manto rosa de pétalos de cerezo y lo ayudó a moverse lejos del lugar; aquella bola de energía había logrado destruir la mitad del lugar en menos de un par de segundos.

La capa voló en el cielo dejando ver la identidad del misterioso cliente de Dante.

-És él... -Amy tembló al sentir de nuevo aquella presencia ya en su totalidad, esa maldad pura que emanaba el cuerpo del hombre la perturbaba hasta el día de hoy. Sintió como si sus rodillas fuesen a doblarse del miedo en cualquier momento, ése potente halo de reciedumbre penetraba con tal poder en su piel que lograba hacer que sintiera un enorme frío en el corazón.

-¿...? -Dante la miró con confusión.

-Volvemos a vernos, diosa. -Aquel hombre de cabello rojo de puso en pose de batalla al verla. -Tú y yo teníamos algo que quedó pendiente.

-¡Akuma! -Ella corrió hasta él con su mirada llena de furia, aunque estuviese ciega, podía percibir su energía y su apestoso hedor a demonio. Y con la poca fuerza que ella tenía en ese entonces logró crear entre sus manos una bola de fuego, lista para acertarle en el estómago al despreciable ser que habia acabado con todo lo que ella amaba.

El fuego era débil, pero aún así sería capaz de causarle tanto daño como para hacer que su cuerpo conociese el dolor que había provocado en ella, aunque lo haría de forma física. Sin embargo, sintió esas ásperas manos frenarla y apretar las sus muñecas pálidas y frágiles, pretendiendo estrujarlas para llevarla hasta la tormentosa cúspide del pesar y la tortura una vez que quebrara sus huesos como un montón de ramitas. Oyó en la oscuridad el ruido de los disparos venir desde las armas del joven de ojos violeta.

-Tsk.. -Se quejó Dante al ver que los poderosos proyectiles apenas si le habían hecho cosquillas al demonio; éste último contrajo los músculos de su brazo donde hubieron llegado las balas e hizo fuerza en dicha extremidad para dejar verlas sobresaliendo de entre su carne, pujando hasta que finalmente cayeron al suelo dejando ver unos traviesos hilillos de sangre.

-Las armas de fuego, tan vulgares e innesecarias. -Akuma tomó bruscamente a Amaterasu del cuello y la levantó por el aire, estrangulándola mientras sonreía bravío ante la expresión de dolor de ella. -Siempre es divertido matar a un dios.

-¡Suéltala! -Ésta vez Dante le apuntó con sus dos armas y mirándolo con odio, pero lo único que ocurrió fue que Akuma estrujara con más energía la faringe de la muchacha.

-Muy mal, hijo de Sparda. -Akuma lo miró seriamente. -Si haces un sólo movimiento en falso, haré que veas como la asesino en primera fila, disfruta el espectáculo.

Amaterasu sentía dolor en esa zona, y lentamente iba perdiendo la conciencia por la falta de aire. A cada exhalación que daba, el demonio la iba apretando más fuerte con esos gruesos dedos para que perdiera la vida de una vez. En su estado nada podía hacer, sólo clavaba las uñas en el brazo de aquel negrero hombre, pero era inútil, a penas le causaba espasmos producto del dolor que le ocasionaban sus afiladas garras como navajas.

Pero entonces, un rayo violeta se incrustó en uno de sus costados y lo hicieron doblarse por la molestia del ataque sorpresa, liberando a la loba del mortal agarre. Ésta última, algo mareada, intentó levantarse para alejarse del demonio.

-Pff, el único que tiene derechos a dar espectáculos y ser la estrella del show soy yo. -Dante le sonrió burlonamente mientras movía grácilmente su guitarra invocada recientemente entre sus manos. -Ahora, permíteme callar tu molesta voz con algo de buena música. -Y moviendo sus dedos volvió a emitir esas efímeras notas haciendo que se clavaran como un montón de agujas en el cuerpo de Akuma. Sin dejar de mirar a Amy alejándose para percatarse de que estuviera a salvo, continuaba con la ejecución de esas divinas melodías cuyas notas se fundían en una canción mortal. Una vez Gouki yacía atontado en el suelo, corrió hasta su cuerpo algo debilitado y le acestó un fuerte golpe en la nuca con su afilado instrumento, el cual se incrustó en el cuello dejando una enorme herida que despedían borbotones de oscura y densa sangre. -Ouch, eso te dolerá mañana. -Diciendo ésto, le pisoteó la cabeza furioso con el afán de separarla del cuerpo del demonio, pero éste sostuvo si pie con su mano izquiera y tomándole del mismo lanzó a un sorprendido Dante al otro extremo del lugar.

-Sin entrenamiento ni métodos dignos de lucha, todo lo que hagas contra mí resultará en un intento fútil. -Akuma movió hacia atrás su cabeza y nuevamente su piel se unió cerrando la lesión. -Prepárate diosa. -Invocó nuevamente del Gohadoken mientras la miraba. -Tu fin ha llegado.

Y antes de hacer cualquier cosa, el sonido de un poderoso motor resonó entre los cielos. Dante divisó hacia el exterior a lo lejos y no dudó en acarrear a Amy a sus espaldas, la cual estaba aún recuperándose de su estado y salió con la intensión de huir lejos de ahí. Por encima de sus cabezas vio una aeronave que se situaba muy cerca, haciendo que ráfagas de viento sacudieran todo el lugar y le fuese imposible mantener su equilibrio.

"Y ahora, ¿Qué pasa, eh?"

Cabreado observó a una escalera descender desde la nave y oyó una grave voz desde el interior.

-Dante, sabemos que estás con la diosa. Ven con nosotros antes de que Akuma acaba con ustedes. -El mencionado dudó, pero miró hacia atrás algo atemorizado por la fuerza que vio en ese engendro del mal y sin más objeciones no le quedó otra que subir, ayudando a la muchacha, hasta llegar a la nave, en tanto un plácido Akuma les observaba desde el suelo con la intención de volver a encontrarlos. Dante le había parecido muy débil y no le costaría matarlo la próxima vez que le ubicara.

/

Como recién despertados de una pesadilla ellos dos se dejaron caer al suelo del enorme porta aviones.

-¿Estás bien, Amy? -Inquirió el chico mirándola con evidente preocupación, pero una voz grave lo sacó de sus pensamientos y vio a cinco héroes que les observaban parados a metros de ellos, mirándolos desinteresadamente y curioso a la vez, se colocó de pie y los miró a todos y a cada uno de ellos con detención. -¿Y ustedes son...?

-Steve Rogers, conocido como Capitán América. -Dijo el hombre vestido de azul tendiéndole la mano, pero Dante lo miró burlón y dijo abriendo sus manos a los lados como solía hacer al mofarse. -¿Qué es ésto? ¿Un reunión de hombres en leotardos?

-¡No me dijeron que traeríamos a éste desgraciado acá! -Gritó un hombre de oscura máscara y traje amarillo.

-Tranquilo, Logan. -Dijo calmadamente el Capitán América, pero Wolverine dejó ver sus afiladas garras ante el peliblanco. -Él y yo tenemos cuentas pendientes. -Sonrió maliciosamente.

-Ah, perfecto. -Exclamó molesto Dante, mientras veia que una muchacha de coleta rubia se llevaba a Amaterasu. -¡Oye, tú..! -Pero antes de poder hacer algo, el mayor le había cortado el paso colocando sus garras cerca de su rostro.

-Hace tiempo que quiero patear tu inmundo trasero. -Masculló el vengador muy cerca de la cara del peliblanco.

-Je, bueno. -Se alejó de un salto y le miró apuntándole con Evony. -La batalla con ese demonio me dejó con gusto a poco, así que espero poder usarte como premio de consuelo al menos.