Abrió con algo de inseguridad la pesada puerta de metal, aún sintiéndose incapaz de poder observar a la diosa a los ojos. Dante estuvo dubitativo de caminar hasta la habitación donde ella se encontraba y simplemente se detuvo en medio de la soledad del lugar mirando sus pies, pero no, así no actuaba él. Estaba decidido a protegerla con su vida y eso sería lo que haría.
Lo ocurrido con Akuma no era más que una prueba para él que la vida le había puesto en frente para corroborar si era merecedor de alguien tan maravilloso como ella, y había vencido, con esfuerzo pero lo hizo. Si es así como las cosas debían ser, estaba dispuesto a correr otros riesgos tan absurdos como todo lo anterior y lo que vendría con tal de tener a Amaterasu siempre a su lado, sana y salva.
-Oh, Dante. -Escuchó la voz de Chris que lo invocó acercándose a su posición.
-¿Está ella bien? -Pregutó sin saludar.
-Muy bien, pero ya nos habló de su problema de ceguera. Es una verdadera lástima. -El mayor se lamentó bajando la mirada y rascándose la mejilla derecha intentando convencerse de lo cruel que era perder uno de los sentidos más vitales y necesarios. Sobretodo en una muchachita como ella.
-Ella es muy poderosa. -Habló Dante sonriéndole como si hubiese leído sus pensamientos. -Simplemente debe reponerse, deseo con ansias ver su potencial.
Redfield sonrió al notar lo convincente de las palabras del albino.
-¿Se quedó con tu novia? -Dante avanzó unos pasos pasando al hombre y éste lo miró con los ojos abiertos.
-Óyeme t-t-tú, no tienes derecho a m-meterte en la vida de los demás. -Le reprimió Chris con un sonrojo en su cara y con un sudor recorriéndole la misma, pero se detuvo al notar que el chico giraba su cabeza y le guiñó un ojo en forma de burla.
-No estaba seguro de que fuese tu novia, pero ahora lo corroboraste. -Provocó con esas palabras una molestia de parte del ex-miembro de S.T.A.R.S. y se la quitó tosiendo un poco. Se arregló la chaqueta y le dijo.
-En veinte minutos más nos veremos en la zona de la mesa central para discutir unos asuntos con el señor Fury. No te tardes. -Le dio la espalda y desapareció para dejar ver nuevamente a un solitario chico de ojos violeta.
Satisfecho por su acción, continuó con su camino.
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Jill era realmente cálida, esa bondadosa mujer acariciaba con dulzura sus blancos cabellos como la madre que nunca recordó haber tenido alguna vez. Eso la hacía sentir muy tranquila y segura, tanto como cuando Dante la acariciaba a ella antes de dormir -y durante, cuando a veces entre abría los ojos-. La dulzura con la que ella le hablaba la hizo sentir cómoda inmediatamente, y pudo explayarse tanto con Valentine como aquel buen hombre que hubo de dejarlas solas hace un momento.
Les hubo de confesar todo lo que sabía y había experimentado -Reservándose ciertos detalles personales, por supuesto- y ellos la habían aceptado tan bien y la recibieron tan corteses y a sus anchas que ella se sintió tan aprobada que quizo abrazarlos nuevamente. Se sintió demasiado a gusto.
La rubia la hizo recostarse para que pudiese recuperar fuerzas, no sin antes obtener un abrazo de agradecimiento de parte de la más bajita al revelarle que pronto ella recibiría una poderosa ayuda de un misterioso pero bonachón hombre que estaba dispuesto a socorrerla para que recuperase su visión. Amy estaba contenta, estaban sucediendo demasiadas cosas buenas como para ser verdad.
Una vez que Jill la dejó sola para que se sintiera más a gusto, se dejó caer sobre la almohada y pegó sus invidentes ojos en el techo. Su sonrisa había desaparecido para dar paso a una cara de seriedad. Recuperar la vista, ¿Eh? Era algodemasiado benefactor para ella; una vez más debería enfrentarse al poder de la incansable oscuridad para rescatar al mundo que era su hogar. Era estupendo, podía limpiar su conciencia y enmendar su error pasado al fallarle a la aldea Kamiki, su destruída casa... No sentía miedo, haría lo que fuese para que el planeta volviera a ser el Edén que todos los seres vivientes merecían.
Todo con ayuda de Dante...Ah, Dante. Eso era una de las mejores cosas que podía desear, ver el verdadero rostro de su defensor y querido demonio guardían.
Se volteó hundiendo su rostro en la almohada y luego volvió a levantarlo un poco para dejar ver esos azabaches que tenía por ojos. La única forma en la que ella recordaba al hijo de Sparda era la forma de un abominable ser de extraño y algo deforme blanco, vistiendo un abrigo largo rojo que dejaba al descubierto unas garras y brazos animales que en un comienzo la hicieron temer por su seguridad cuando lo vio por primera vez entre el manto de negrura que era ahora su mundo, aquel día en que montaba la espalda de Deadpool y lo sintió aproximarse.
Seguía sin poder convencerse como aquel instante su vida había dado un vuelco gracias a él. Le debía todo, su seguridad y su vida. Gracias a Dante ella podía continuar y pudo llegar tan lejos como lo había hecho. Se había hecho una parte tan esencial en su vida que ya no podía imaginarse sin él. Y tan sólo en unos momentos -u horas- podría ser capaz de ver el rostro que escondía al diablo que ella observaba. Ese rostro demoníaco ya no le atemorizaba, no más. Como el famoso cuento de la bella y la bestia en que esa joven muchacha pudo ver más allá de lo superficial y cayó rendida ante los buenos sentimientos y el encanto de un bondadoso corazón oculto en un ser que a la vista de cualquier ingenuo no era más que una abominación de la naturaleza.
Ya no importaba realmente, mientras Dante luchara y estuviera por siempre a su lado...
Se acurrucó haciéndose un ovillo sobre la cama, aunque era suave no se sentía del todo cómoda, hacía falta aquella escencia tan exquisita y grata que sólo podía ofrecerle...
-¡DANTE! -Se levantó llena de fascinación al sentir la única fragancia en el mundo que la embriagaba de dicha.
-Ama...-Pero antes de que el nombrado pudiera siquiera decir algo, se vio rodeado por los brazos de la más baja, los cuales se ingeniaron para envolver completamente su torso. La miró hacia abajo con extrañeza y sólo vio moverse las lanudas orejas agitándose, mientras la cara de la chica estaba escondida en su pecho.
-Lo siento...-Fue lo único que escuchó. Y Dante no comprendió.
Amaterasu lo abrazó con más fuerza todavía, aunque sin hacerle daño. Le confesó en ése instante, el miedo profundo que tuvo a que estuviera molesto con ella por haberle causado tantos problemas como hasta ahora. Y sólo en ése momento de soledad en aquella habitación de regular tamaño pudo darse cuenta de varias cosas. De lo agradecida que estaba de que él se convirtiera en su confidente y protector. Era una de las cosas más hermosas que alguien hubiese hecho jamás, en tanto tiempo por su ahora insignificante persona.
-Perdóname, por mi culpa, estuviste herido. -Ella lo miró y él pudo notar como comenzaban a emanar lágrimas de sus luceros. Amy también pudo sentir en ése momento el doloroso temor que sintió cuando creyó haber perdido a Dante para siempre una vez la flama de su vida había amenazado con desaparecer cuando se enfrentaron a Gouki horas atrás. Le dijo que temía volver al abandono que ella sintió. Todo lo malo lo había olvidado cuando él entró a su vida; llegó a ella como una luz de esperanza para impulsarla a nunca más rendirse; su existencia sola le brindaba las fuerzas y le hacía sentir que no todo estaba perdido.
Le rogó disculpas nuevamente por todo aquello que pudo herir sus sentimientos alguna vez, algo que ella hubiese pensado o dicho y volvió a apretarlo con fuerza. Sus pensamientos para con él habían cambiado del todo y ya no representaba para ella un enemigo ni tampoco uno de esos detestables seres de oscuridad. Porque...
-Cuando estás a mi lado...Puedo sentir un hermoso calor aflorando en mí, un calor que me llena de confianza y que me hace sentir realmente maravillosa. Me siento hermosa contigo y me siento realmente competente para todo lo que me proponga con el sólo hecho de sentirte cerca mío. Y si llegases a irte... -Le miró a los ojos color lavanda. -No quiero que me llegases a faltar...Si Dante se va...-Hundió nuevamente su rostro en el pecho. No esperaba que Dante dijera algo, pero sintió una suave caricia en su cabeza, cuando hubo alzado su mirada, sintió en los labios del demonio sobre los suyos propios.
Abrió sus ojos de par en par. De nueva cuenta esa unión de bocas había ocurrido entre ellos, pero ésta vez, sin embargo, era algo distinto. Algo confundida, se dejó besar por el muchacho de cabello blanco. Pudo sentir la respiración de él chocando contra su rostro llenándola de una agradable tibieza y del dulzor de la esencia natural de su piel. Aquello era tan nuevo para ella que le costaba convencerse de algo como eso estuviera ocurriendo. Era tan difícil de explicar dicha sensación tan nueva y deliciosa para ella que sólo pudo atinar a cerrar sus ojos y dejarse llevar por aquel bello tacto como lo era el cálido y magnífico ritual de amor conocido como "beso".
La diosa se separó un poco de la boca del demonio, pero sólo para recobrar un poco el aliento y nuevamente se acercó a la cavidad tan deseada, formando una nueva unión entre ambos. Sintió como el estómago se le revolvía por los nervios, pudo sentir también como sus extremidades temblaban ante la conmoción y que sus mejillas se ruborizaban por el calor del momento. Inexperta y dubitativa, se dejó guiar en el comienzo por la hábil boca del chico; sus manos empezaron a inquietarse y buscó los blancos cabellos del más alto para poder acariciarlo entre sus pequeños dedos. Dante a su vez hizo lo mismo y sus manos desaparecieron en el manto blanco que representaba el cabello de su enamorada.
Dante estaba lleno de éxtasis, se había dejado absorver por aquel hermoso intercambio de dulce aliento, moviendo sus labios como si estuviesen haciendo una pequeña lucha. Decidió dar el siguiente paso y sumergió su lengua en la cavidad semi-abierta de Amaterasu para buscar la de ella y poder llevar esa lucha a otro nivel. La incitó a seguir con el juego, moviendo grácilmente su sinhueso para que ella le imitara. La chica enceguecida por la ternura y la pasión mezcladas no se hizo de rogar y le imitió sin queja alguna. El joven la sintió temblar deliciosamente entre sus brazos y la atrajo más hacia su persona para hacerla sentir segura.
Aquella extraña sensación recorrió las extremidades de ambos y desesperados comenzaron a pasar sus manos por el torso del opuesto para recibir más de aquella magnífica y única emoción que reinaba en el lugar. Anhelaban en esos instantes fundirse en el alma del otro. Embobados por la sed del opuesto, se pusieron más feroces a la hora de besarse, con los sentidos turbios y con las venas desbordantes de calor y amor, culminaron aquella unión con un gemido de parte de ambos y se separaron algo agitados, poniendo fin a aquel fantástico encuentro entre jadeos de pasión.
Una vez todo acabó, se abrazaron en silencio. Las palabras en esos momentos sobraban, simplemente sonrieron al sentirse del todo seguro de sus sentimientos.
¿Era quizás muy pronto aún para pronunciar un "te amo"? ¿Podría eso complicar todo lo que debian efectuar a futuro? ¿Qué consecuencias podría acarrear el extraño amor entre un demonio y una diosa?
Eso no les importaba en esos momentos, preguntas tan vanas como aquellas se encontraban ahora muy lejos de sus mentes.
Nuevamente Amaterasu levantó su cabeza y cerró sus ojos para luego estirar sus pequeños pies en un algo inútil intento por quedar a la altura del chico, y de nueva cuenta le ofreció la roja flor que representaba su boca para invitarle a unirse otra vez y ser uno sólo a través de sus labios.
Dante sonrió y se inclinó para besarla una vez más, pero antes de poder hacerlo, una voz conocida resonó en la habitación.
