-De verdad...Me alegro de verlos. -Y diciendo ésto, abrió lentamente sus ojos, los cuales emanaban un hermoso resplandor.

-A-Amy...-Titubearon los dos al verla.
-Dante...-Dijo ésta última y se abalanzó a abrazar al demonio sonriendo con mucha paz en su delicado rostro, luego se paró en las puntitas de sus pies y tomó la cara del muchacho de blanco cabello entre sus finas manos, mirando su rostro detenidamente. -Si, eres tú. -Dijo tranquila y sonriente al ver esos hermosos ojos violeta. -Eres, totalmente distinto a cómo te veía en la oscuridad...Tus garras, no están. -Tomó sus manos con sorpresa, evidentemente, el Devil Trigger que ella podía ver no era más que el interior de su amado, era la única "cara visible" que un demonio como él podía haberle ofrecido en su ceguera.

-Amaterasu...-Dante la sostuvo por los hombros y la miró a los ojos, sonriendo inevitablemente lleno de alivio. -Finalmente, tú...-Y sin palabras por la hermosa sorpresa, la envolvió entre sus brazos rápidamente.

"Bueno, y esa es mi entrada para retirarme"

Pensó Deadpool sonriendo con amargura, entonces, se dio la media vuelta para irse, pero una manita le sujetó suavemente del antebrazo, Amy estaba aún entre los brazos de Dante, pero ella le miraba sonriendo ampliamente:

-¿Deadpool? Eres tú..¿Mi querido guardaespaldas Wade Wilson? -Le dijo a un abrumado mercenario que la miraba sin decir palabras, pero no pudo evitar sentirse admirado cuando la más baja saltó desde los brazos del demonio para abrazarle con ternura. -Gracias, Wade, eres un estupendo amigo.

Wilson sonrió con dolor una vez más, pero luego, suspiró sin más. La persona que más amaba ahora era feliz y eso debía bastarle.

-Escucha atentamente, pequeña. -Acarició una de las afelpadas orejas como cuando ambos estaban en Latveria. -Debo agradecerte yo ésta vez, tú me salvaste de mí mismo, y por eso te debo la vida, prometí protegerte y lo haré, con verte a salvo me daré por pagado.

-Ehm...Amy, ven.. -Un celoso Dante la atrajo de nuevo a sí mismo. -P-Pero...¿Qué haces vestida así?

-Oh, es cierto. -Dijo Deadpool mirándola fijamente.

Amaterasu no vestía su tradicional kimono. En su lugar estaba vestida con un hermoso uniforme escolar de falda roja; sus piernas estaban cubiertas por unas ligas blancas que cubrían hasta la mitad de su muslo, y en su cuello había un bonito moño rojo que prendía del cuello de una blusa blanca.

Dante y Deadpool al notar el detalle de la falda y las medias ligas la miraron con un sonrojo demasiado notorio y ambos se aguantaron las ineludibles ganas de babosear.

-Oh, ¿Ésto? -Dijo sonrojándose mientras observaba las blancas mangas. -E-Es un traje que el doctor Stephen creó para mi con magia. V-Verán, m-mi kimono quedó muy maltratado después del ritual y, b-bueno, él dijo que me lo tendría como nuevo en un rato.

-"Viejo verde, crear algo como eso..." -Pensaron Wilson y el peliblanco al unísono.

Entonces hizo su aparición el hechizero supremo y los miró nuevamente con una ceja alzada. Se cruzó de brazos y les interrogó en qué diablos estaban pensando, pero ellos hicieron gestos negativos con sus cabezas y no pronunciaron una sola palabra con respecto a la apariencia de Amaterasu; Vincent le pasó a Dante un paquete de papel maché donde estaba el kimono de la muchacha cuidadosamente envuelto.

-Bueno, ahi está tu ropa, diosa. Como nueva. -Miró a Amaterasu y sin esperar otra palabra, se fue en dirección opuesta a esperar a Nick Fury afuera del lugar donde estuvieran todos los demás héroes reunidos ya mencionado anteriormente.

-B-Bueno..-Habló Deadpool ésta vez. -Supongo que ustedes tendrá mucho de qué hablar...Yo...Me voy...-Siguió sin decir nada nuevamente, caminando por el mismo lugar donde antes se hubiese dirigido el mago.

Ambos observaron al mutante alejándose y luego se miraron a los ojos del otro. Dante notó que definitivamente los ojos de la diosa se veían completamente distintos; tenían un brillo realmente esplendoros como nunca los había notado antes, podía ver que ahora ella se sentía feliz y completa, más aún, por volver a estar juntos de nuevo:

-Eres realmente hermoso...-Habló Amaterasu mirándolo fijamente. -¿Sabes? Realmente no me hubiese molestado si tu apariencia interior hubiese sido la misma que la exterior, pero realmente ver que realmente posees el rostro de un ángel me deja en paz... ¿Seguro eres un demonio...? -Tomó con cuidado la cara del chico entre sus pequeñas manos. -¿No eres un ángel...?

-Amy... -La miró con mucha ternura, aquellas dulces palabras calaron tanto en él que se dejó llevar por sus más ocultos impulsos y se inclinó a besarla en los labios como la última vez mientras la abrazaba por la cintura para no sentirle lejos de él.

/

El ritual ya casi estaba listo, debía admitir que aquel lugar no era para una dama como ella y que se sentía profundamente incómoda. Pero siempre con la frente en alto debía aceptar todo lo que viniera, al igual que el destino que escogió para sí misma, sin embargo admitía que toda la adreanalina que sentía en el momento era agradable y sobretodo exitante. Emocionada cerró sus párpados y se preparó para abrir su tercer ojo y prevenir los siguientes conjuros para liberar al temible "Dread Lord":

-¿Por qué no acabas de una vez?

-Paciencia, Víctor. -Le dijo una Trish aún sin abrir los ojos en aquel tétrico pedestal de piedra, el cual yacía en un lugar muy lejos de la humanidad, donde sólo personas lo suficientemente capacitadas, -tanto física como espiritualmente- podrían acceder. -¿Por qué no admites que sin mi no puedes hacer nada? -Dijo mofándose ante el soberano de Latveria, éste último gruñó por lo bajo y se cruzó de brazos dándole la espalda.

-Mejor háblame cuando al imbécil de Dormammu se le ocurra aparecer. -Bajó su mirada y pensó para sí mismo. -"Y en cuanto la diosa sea mía, lo destruiré. Sólo yo seré venerado en éste universo y en todos los mundos que lo conforman"

-Siempre es divertido herir el ego de alguien más. -Susurró la rubia mientras alzaba sus manos sobre el pentagrama que yacía dibujado en la meza de granito cuidadosamente ubicada bajo seis pilares de piedra, algo sucios y cubiertos de moho gracias al paso del tiempo que había asotado el sitio sin piedad.

Todo estaba resultando de acuerdo al plan, Víctor, en su frustración, recurrió a la cazadora independiente de Trish en el pasado, cuando hubo tenido a la diosa entre sus manos, y ahora con la cabeza gacha debió aceptar que necesitaba la ayuda de alguien más para hacerse con la divina deidad que le fue arrebatada por cierto muchacho deslenguado de cabelllo color albo. Intentaría por todos los medios convencer al lord oscuro de una "tregua" aparente, para poder ambos apoderarse del poder que yacía en el interior de Amaterasu, el cual de seguro a Dormammu se le haría agua la boca al conocer las dimensiones de la energía de la diosa, anhelando tenerla para gobernar en su caótico mundo. Y en cuanto menos se lo esperase...Se dispondría a enviarlo de una patada de vuelta a su dimensión, porque él, Víctor von Doom sería la única autoridad en todo el cosmos.

-Señor Doom...Ya está llegando, un poco más tarde de lo que usted creyó. -Le dijo Trish abriendo sus ojos y dirigéndolos hacia él.

-¿Tarde? Todo lo contrario, Dormammu llega a visitarnos justo a tiempo, Doom nunca se equivoca. -Se volteó a mirar el haz de luz que comenzó a abrirse en el centro de la mesa y que como una faz brillante iluminaba desde su ubicación hasta el cielo. De la dura construcción se originó un profundo agujero oscuro que comenzó a arrastrar aquellos escombros débiles que yacían en el suelo.

Trish con esfuerzo debió mantener el equilibrio y la concentración, sino todo su esfuerzo hubiese sido en vano. Sintió con un dejo de asombro que Doom también comenzó a ayudarla con su magia propia heredada gracias a los conocimientos de su difunta madre.

Comenzó todo por cubrirse con una neblina tan negra que impedía la visión, y luego comenzó a calentarse el sitio debido a las lúgubres llamas traídas desde lo profundo del infierno. Se oyeron los gritos de dolor de las víctimas proveniente del abismo subterráneo que estaban pagando con castigos despiadados y desalmados todo aquello que hubieron hecho mal en un pasado. Las manos de los martirizados comenzaron a asomarse por el agujero y desesperados rasgaban la piedra, haciendo que sus pútrias uñas se rompieran con el roce del duro material y sus pedazos se esparcieran por la misma en un desesperado intento por volver a ver la luz del día, pero no fue así. Nuevamente las llamas ardieron y arrastraron a los difuntos donde pertenecían.

Y entonces, apareció, emergiendo de entre la lumbre, se materializó lentamente con los ojos cerrados el Lord de la Dimensión del Caos. Su cabeza flameante, su elevada estatura y toda su imponente figura eran característicos. Ambos, aquellos que lo llamaron al mundo de los vivos, no tuvieron la menor duda de que se trataba del mismísimo Dormammu en persona.

Trish comenzó a dudar; haber llamado a aquel ser cuyo único objetivo en su vida era el de hacerse con todos los universos posibles podría ser un arma de doble riesgo. Si él llegaba a tornarse en su contra... No quería ni imaginarlo, lo único que podrían hacer era enviarlo de vuelta a su "hermoso y querido" hogar, ya que no habría forma de matarle... Era la primera vez que ella estaba ante alguien inmortal.

Dormammu abrió los ojos seriamente y descendió de la mesa dejando una grita en el suelo, luego se volteó y con un solo movimiento de mano cerró él mismo el portal que lo había traído hasta ahí, para después hacer trizas la mesa de un supuestamente resistente material. Miró a Trish desinteresado, pero cuando sus ojos se posaron sobre Víctor, sonrió con malicia.

-Qué placer el verte en persona, Víctor. -Se acercó lentamente el nombrado. -¿Por qué invocaste a mi ser en éste planeta lleno de engendros ineptos e inservibles que de nada pueden servirme para acrecentar la magnificencia supremacía y poderío?

-Mantente en paz, Dormamu, que he ahí mi punto y el motivo por el cual te he arrastrado hasta aquí...Presumido. -Dijo ésto último por lo bajo mientras caminaba dándole la espalda y contemplando al exterior, hacia las lejanías. Trish los miraba de brazos cruzados apoyada en uno de los pilares.

-"Pff, ni las gracias me da, de no ser por mí, la cabeza caliente ni siquiera estaría aquí" -Suspiró con hastío.

Doom se volvió un poco a hablarle al Lord de la Dimensión Oscura para hablarle con calma y con un fingido aire de compadrazgo.

-¿Oyes eso, Dormammu? -Dijo levantanto un dedo al aire.

-No oigo nada. -Respondió algo molesto, pensando que lo trataba como a un idiota.

-Exacto. El el sonido del silencio, ¿No se te hace molesto? -Preguntó el de la armadura. -¿No extrañas el placer que te provoca el tener que haber dejado a aquellas almas que torturas con embeleso entre esas manos tuyas?

Dormamu sonrió al rememorarlo y le preguntó qué planeaba con todo aquello, cuál era el fin de esa repentina pregunta.

-Podrías hacer de éste tu nuevo reino, traer junto a mí el infierno sobre la tierra, ambos lo anhelamos con ansias. -Siguió Doom mirándole cizañero.

-Como ya te dije con anterioridad...A ver si tu pequeño cerebro logra entender. -Masculló ésto último. -No tengo interés en ésta extensión de nuestro mundo. Los "terrestres" son tan endebles y miserables que no captan en lo más mínimo mi atención, por eso pueden considerarse a salvo. Lo siento, Víctor...Yo soy más ambicioso. -Se dio la vuelta para hablar con la mujer que lo había traído para que lo enviase de vuelta a donde pertenecía, pero al escuchar la palabra "deidad" se volteó rápidamente a escuchar el resto de la pequeña charla que el soberano de Latveria tenía para ofrecerle.

Una diosa, y no sólo cualquier diosa, la Diosa del Sol en persona estaba suelta y débil en las tierras, liberada de la prisión de piebra donde antes la hubo encerrado el hada de los bosques para su reposo. La loba -aunque le reveló se encontraba ahora en forma humana- era capaz de poder usar su energía de acuerdo a la alabanza que ella recibiera de parte de aquellos que confiaran plenamente en ella, como su aldea fue destruida y su pacto para con sus hijos se había roto, se había quedado debilitada; podía recuperarse poco a poco debido a sus huesos santos y la energía solar siempre podría protegerla, pero si ésta llegase a agotarse, Amaterasu podría morir.

¿Un dios mortal? Éso es nuevo para mí.

-Eso es lo que he hecho al estarla investigando, pero al encontrarse sellada nadie puede acercarse a ella ni tomar su esencia divina por así decirlo. -Caminó alrededor de Dormammu, su verda capa hondeaba con la brisa del lugar, ayudada también por los movimientos que Víctor realizaba.

-Lo único peligroso de la diosa es cuando entra en un estado conocido como "Shiranui" que heredó de su antecesor. -Habló Trish ésta vez, ya que había sido partícipe de la investigación del tirano de capa verde. -Fuera de eso, a como se encuentra ahora, dudo mucho que pueda hacer un daño realmente grande, pero si la liberas... Su esencia y el mundo podrían ser tuyos...

-Corrección; serán nuestros. -Sentenció finalmente Doom.

A Dormammu se le hizo agua la boca -sólo es una expresión- al imaginarse lo que haría con tal preciada alma. A demás, ella era mortal, y él no, ¿Qué podía perder? Podría aparentar compañerismo con aquel desagradable y petulante autócrata y luego, al tener a la diosa entre sus garras, sólo entonces podría desaherse de él y de esa mujer que le acompañaba. Posteriormente, ya no habría nadie que se le interpusiera en el camino.

-Estimado Víctor Von Doom, has hecho un trato.